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Historias de neurosis (Parte II)
La Orquesta presenta las anécdotas del Movimiento Buena Voluntad 24 Horas, una comunidad de autoayuda para personas con problemas emocionales en la capital potosina
Por: Bernardo Vera
El término neurosis fue acuñado por William Cullen en 1769, para definir a la disciplina encargada del estudio de los trastornos de los nervios.
Con el paso del tiempo, la comunidad científica intentó delimitar los alcances de este campo de estudio, y en 1980, el DSM-III (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, por sus siglas en inglés) lo definía como:
“Un trastorno mental donde la alteración predominante consiste en un grupo de síntomas que es perturbador, inaceptable y ego-distónico. En los pacientes con neurosis el examen de la realidad se encuentra casi intacto y la conducta no infringe activamente las reglas sociales grupales”.
La actualización del propio DSM-III-R publicada en 1987, sustituyó el concepto de ‘neurosis’ por el de ‘trastornos’.
Pese a ello, la palabra neurosis para los integrantes del Movimiento Buena Voluntad 24 Horas de Neuróticos Anónimos, más que un término clínico, se vuelve un símbolo de identidad. Es así que los miembros del Movimiento crean un sentido de pertenencia, volviéndose más unidos y creando comunidad entre ellos.
Fernando, así como casi todos los integrantes del Movimiento mencionados en la pasada edición, cumplen un rol de funcionamiento dentro del grupo, que ellos llaman servicios.
Él es el servidor encargado de abrir juntas o proponer horarios, crear comités dentro del grupo y designar a personas para recibir a integrantes nuevos. Parte de su servicio es informar oportunamente de las actividades que se realizan, así como de las reglas que se deben cumplir al interior del mismo.
Y es que como cualquier grupo, se sostiene bajo una serie de normas, y el Movimiento no es la excepción.
“No hacemos parejas, y se respetan las parejas que ya llegan formadas. Entre familiares y conocidos no nos escuchamos cuando estamos en la tribuna, para no interferir, y para que sintiera una plena libertad”, mencionó, y agrega que la persona que llega es libre de quedarse a escuchar la reunión o acudir en otro momento.
“En mi caso, yo traía como muchas ganas de hablar, y aquí me sugirieron escuchar un poquito, para ver si el grupo me podía ayudar. Ya después empecé a atreverme a hablar en tribuna. También hay compañeros o compañeras que no quieren hablar inmediatamente, y es respetable. Es cuando uno se siente listo o con la confianza de empezar a decir cómo se siente”.
Jocelyn recordó que su madre forma parte del Movimiento en San Luis desde hace mucho tiempo, por lo que está familiarizada con los servicios de guardería y “Neura Teen”, una sala de autoayuda para menores de 14 años. Pero también, tiene muy claro los acuerdos para no coincidir en las mismas juntas con su mamá.
“Al ser familiares, no me puede escuchar como cualquier otra compañera; no puedo escucharla a ella, ni ella a mí. Nunca nadie ha venido a decir ‘tu mamá dijo tal’ o a ella nadie le ha dicho. Tenemos plena libertad de hablar de lo que queramos”.
Otros servicios que ofrecen son el de Casa Hogar, y los encuentros con integrantes de este Movimiento a nivel nacional, con quienes comparten experiencias de vida y conocimientos sobre su enfermedad desde campos de la medicina hasta la religión.
Marcos me refiere que se trata de una terapia “de puertas abiertas”, y profundiza en el aspecto de la buena voluntad –tal como signa su nombre–.
“Aquí una de nuestras máximas es tener el deseo de alcanzar, la tranquilidad; pero más que estar libre, respetar. El respeto a la religión en la que tú creas, porque aquí independientemente de la religión en la que tú creas lo más importante es atender cómo te estás sintiendo. Aquí precisamente no hablamos de política, para no acrecentar diferencias ideológicas, ese tipo de cosas las dejamos fuera, porque lo que nos interesa es que la persona se pueda sentir bien, y eso es entrando un poco más a la parte del sufrimiento”.
Marcos está interesado en romper el estigma de otros sitios: no son un anexo, ni una cárcel; si la persona quiere entrar será bien recibido, y si se va, es libre de hacerlo.
Continuará…
También lee: Historias de neurosis (Parte I)
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Siete altares, siete copas: La fe y la sed. Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Es jueves, siempre lo es.
En San Luis Potosí, el jueves no es un día de la semana, es un estado de la conciencia. Es el momento exacto en que la piedra cantera comienza a exudar un sudor frío, una mezcla de incienso y aguardiente. Hoy, las puertas de los siete templos se abren de par en par para recibir a los que buscan perdón, mientras que, a pocos metros, las puertas batientes de las cantinas reciben a los que buscan olvido.
La tradición dicta siete paradas. Siete altares donde se expone el cuerpo de un Dios que sufre. Pero en este “primer cuadro” de la ciudad, la geografía del dolor es compartida. El parroquiano camina la misma banqueta que el devoto, y a veces, son la misma persona.
En ese cuadro delimitado en el que, por cierto, hay más estaciones para el alivio del cuerpo que para el alivio del alma. (7 Iglesias y al menos 25 bares).
El poeta y ensayista, Alfredo García Valdez, lo supo escribir con el mejor tino: “la cantina es espacio y tema, forma, ambiente, sujeto y paisaje, ese laboratorio donde el alma se descompone para volverse a armar”.
Es el templo lo mismo que de vividores que periodistas, que el del albañil que carga el mundo o del cirujano que sueña con salvarlo. Allí, la melancolía se corona con la misma solemnidad con la que se corona de espinas al que va camino al Gólgota.
¿Qué diferencia hay entre el pecador que se arrodilla frente a la imagen de la Virgen de los Dolores, que el hombre que se desploma sobre la barra de El Tampico, La Montaña, o el Banco?.
Ambos cargan una cruz. Cristo cayó tres veces, y en el suelo falaz de una taberna, ¿quién no ha besado el polvo, literal o figuradamente?
Las caídas en la cantina obligan a levantar el propio peso porque ahí se cae a solas, mientras el cantinero —ese sacerdote de a deshoras— oficia la misa del último trago.
La última cena se repite en cada ronda. “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre”, se traduce en el pan compartido y el vino que quema la garganta antes de que la tormenta estalle.
En las siete estaciones eclesiásticas, se recuerda el sudor de sangre en Getsemaní; en los siete bares, se suda el delirio de la derrota, del desamor, de la euforia y la tristeza perfumada de fiesta y del “sírveme otra” como si fuera el “hágase tu voluntad y no la mía”.
En la cantina también se comparte el vaso, la palabra, la herida y a veces la soledad : La que se tiene o la que viene.
Observo la procesión silenciosa de la fe y la ruidosa procesión de la sed.
Aquí cerca de San Agustín las velas se consumen rezando por los pecados del mundo. El sacrificio del cordero.
En la cantina de más adelante, los vasos se vacían urdiendo poemas que nadie escribirá. Es el punto de encuentro definitivo: el santo sufrimiento.
Unos lo entregan a la divinidad para que tenga sentido, otros lo ahogan en el alcohol para que deje de tenerlo.
Me quedo con esa imagen: la ciudad dividida entre el incienso y el paseo por el duro adoquín en el suelo que conecta lo mismo iglesias que cantinas.
Siento una profunda admiración por la fe que mueve los pies de los creyentes hacia los altares y al mismo tiempo siento una profunda admiración por la impredecible condición humana de aquellos que, a pesar de la caída, piden (pedimos con fe) una última ronda antes de que el mundo se acabe.
Una ronda más antes de la traición. Una ronda más antes de lo que viene, y que con mayor o menor sufrimiento, más o menos espinas y caídas, también nos va matar: la vida.
Es lo mismo cuando el cantinero avisa que es hora de cerrar que cuando el sacristán apaga la última vela.
Todos, tanto los fieles borrachos como los piadosos pecadores- caminamos hacia la misma noche.
Porque hay noches en las que el alma pesa y no siempre se sabe rezar, por lo tanto…se bebe. En este jueves, que siempre lo es, la ciudad lo entiende sin decirlo. Nadie interrumpe, nadie corrige. Es un mismo tránsito, algunos con fe, otros con sed, pero todos con algo encima.
Dos “tradiciones”, una milenaria y otra mundana. Las dos que se encuentran no en la moral, no en el juicio, sino en esa condición profundamente humana que no distingue entre el altar y la barra: el dolor, la caída y la posibilidad, siempre incierta, de poder volver a levantarse.
Culto Público, en jueves, que siempre lo es, pero no tan santo no es tan distinta la oración que el trago, ni la cruz del vaso.
También lee: “Cayetana… me gustaría creerte” | Apuntes de Jorge Saldaña
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SLP registra afluencia récord en Semana Santa
La derrama económica podría acabar superando los mil 250 millones de pesos en todo el estado
Por: Redacción
En San Luis Potosí, la afluencia de visitantes para Semana Santa está superando las expectativas iniciales, generando ahora proyecciones de 800 mil turistas y hasta mil 250 millones de pesos como derrama económica.
Municipios con gran vocación turística como Ciudad Valles, Xilitla, El Naranjo, Aquismón y Tamasopo reportan llenos totales en parajes naturales y sitios emblemáticos.
Entre los puntos con mayor afluencia destacan las cascadas de El Meco y Minas Viejas en El Naranjo, los embarcaderos hacia la cascada de Tamúl en Aquismón, el paraje Puente de Dios en Tamasopo y las cascadas de Micos en Ciudad Valles.
También sobresalen el Jardín Escultórico de Edward James, la Media Luna y Real de Catorce, que registran cifras récord de visitantes.
De acuerdo con el área de Planeación de la Secretaría de Turismo (Sectur), del jueves 2 al domingo 5 de abril diversos destinos se prevé que alcancen el 100 por ciento de ocupación hotelera, además de una alta demanda en restaurantes y servicios como recorridos guiados.
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Ayuntamiento de SLP
Diego “El Cigala” conquista el Festival San Luis en Primavera
El cantautor español se presentó en la Plaza de Fundadores con un show lleno de flamenco, bolero y emoción
Por: Redacción
La Plaza de los Fundadores volvió a convertirse en el gran escenario cultural de San Luis Capital con la presentación del cantaor español Diego “El Cigala”, quien ofreció una noche cargada de flamenco, bolero y emoción como parte del Festival Internacional San Luis en Primavera.
Ante una plaza completamente llena, el intérprete conquistó al público con un repertorio que incluyó canciones de autores mexicanos, latinoamericanos y españoles, interpretadas con la intensidad de su característico cante flamenco, que logró una conexión inmediata con los asistentes.
Durante la velada sonaron algunos de sus temas más emblemáticos como “Lágrimas Negras”, “Piensa en mí” y otros boleros que forman parte de su repertorio internacional, provocando ovaciones y aplausos del público que acompañó cada interpretación en una atmósfera de fiesta y emoción.
Antes de que iniciara el espectáculo, el alcalde Enrique Galindo Ceballos, acompañado de la presidenta del DIF Municipal, Estela Arriaga Márquez, entregó al artista español el colibrí, símbolo del festival, como reconocimiento a su trayectoria y a su participación.
La noche también destacó el talento potosino con la participación del ensamble de guitarras Sul Tasto, que abrió el escenario y dio muestra de la calidad musical local.
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