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Hijos de tigre, pintitos: la dinastía Báez | J.R. Martínez/Dr. Flash

EL CRONOPIO.

Un metodista poblano y una trabajadora social, comprometidos con las causas pacifistas, emigraron a Estados Unidos en plena revolución mexicana, instalándose finalmente en Nueva York. Esta familia partía con un niño de nombre Alberto Vinicio Báez de dos años de edad, que al crecer heredaría las causas de sus padres y trabajaría por la paz mundial. Alberto pretendía seguir los pasos de su padre volviéndose predicador, pero en el camino abrazó el camino de la ciencia convirtiéndose en físico matemático. Sus hijas heredaron el compromiso social y se convirtieron en activistas en favor de la paz, volviéndose famosas a fines de la década de los sesenta y principios de los setenta, cuando el movimiento en contra de la guerra de Vietnam estaba en auge, su música de protesta y de justicia social de estilo folk marcó a la generación de los sesenta y setenta. La cantante Joan Baez, la más conocida de sus hijas y cuyo nombre les será familiar a quienes eran jóvenes en aquella época, fue pareja de Bob Dilan impulsando la carrera de éste. Otra de sus hijas menos conocida es la también cantante Mimi Fariña. Celebre es la canción blowing in the wind en la voz de Joan Báez.

El compromiso social de estas cantantes fue marcado por la herencia de su abuelo y su padre, ambos de nombre Alberto Báez. Su padre Alberto Vinicio asumió el nombre de Albert Baez, al crecer y formarse en Estados Unidos, había nacido en Puebla en 1912, y a los dos años fue llevado por sus padres a los Estados Unidos.

Se recibió en física y matemáticas en 1933 en la Universidad de Drew e hizo una maestría en matemáticas en la Universidad de Siracusa dos años después. Albert Baez es tío del matemático y divulgador científico John Baez, quien trabaja en gravedad cuántica de bucles y las aplicaciones de la teoría de las categorías a la física y colabora con artículos de divulgación en diversos grupos de noticias.

Su carrera científica fue brillante pues se le considera uno de los diez latinoamericanos cuyas contribuciones son sobresalientes, figurando en la lista de los inventores más importantes. Albert Baez, como parte de su trabajo doctoral en la Universidad de Stanford inventó junto a Paul Kirkpatrick, su asesor, el microscopio reflector de rayos-X con el cual fue posible visualizar las células vivas, parte vital de la medicina moderna. Al terminar su doctorado, desarrolló con el uso de materiales transparentes y opacos, en círculos concéntricos usando la difracción en lugar de la refracción, desarrollando de esta manera el telescopio de rayos-X herramienta básica en la astronomía, hoy en día.

Baez era un pacifista, derivado del carácter predicador de su padre, así se negó a participar en el desarrollo de armas atómicas y se dedicó a la educación de la ciencia, así podemos entender la vocación pacifista de sus hijas, que a través de la música se convierte en una importante activista a favor de causas sociales. Joan Baez en su libro And a voice to sing with, describiría a su padre, como una persona con una curiosidad insaciable hacia todo. “Nunca tuvimos las cosas bonitas e inútiles que todas las niñas quieren. Pero en su lugar tuvimos un padre con la conciencia limpia: la decencia fue su legado para nosotras”

Albert Baez comprometido con la educación científica de las naciones en desarrollo trabajó en la mejora de los currículos de física y matemáticas a todos los niveles en un ensayo publicado en el libro Mexican voices / American Dreams, afirmó: “La ciencia es una de las cosas que estos países necesitan para sentar las bases de futuras economías. De lo contrario, siempre serán siervos de Estados Unidos”.

Inspiró de cierta forma la creación del programa de divulgación Domingos en la Ciencia al impactar al padre del físico mexicano Jorge Flores, creador del programa, quien le sugirió la conveniencia de organizar charlas como la que había escuchado de Albert Baez en el Centro Cultural José Martí, en la Alameda Central de la ciudad de México donde presentó experimentos que mantuvo al público con la boca abierta.

No solo los poblanos deben de estar orgullosos de Albert Baez, los mexicanos debemos estarlo por su importantísima contribución a la instrumentación científica que ahora nos permite estudiar el microcosmos y el macrocosmos a través del microscopio y telescopio de rayos-X.

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