#4 Tiempos
Hacer al comunismo despreciable de nuevo | Columna de Carlos López Medrano
Luces de variedad
“Nos engañaríamos a nosotros mismos y al pueblo si ocultáramos a las masas la necesidad de una guerra desesperada y sangrienta de exterminio, como la tarea inmediata de la acción revolucionaria venidera”.
—Vladímir Ilich Uliánov ‘Lenin’, “Lecciones del levantamiento de Moscú” (1906).
“Por lo que a nosotros se refiere, nunca hemos perdido el tiempo en las charlatanerías de los pastores kautskistas y de los cuáqueros vegetarianos acerca del «carácter sagrado» de la vida humana. Éramos revolucionarios en la oposición, ahora lo seguimos siendo en el poder. Para que la personalidad humana llegue a ser sagrada es necesario destruir primero el régimen social que la oprime. Y esta obra no puede realizarse más que a sangre y fuego”.
—León Trotski, “Terrorismo y Comunismo” (1920).
“El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal. Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles, y aun dentro de los mismos: atacarlo dondequiera que se encuentre; hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Entonces su moral irá decayendo.
—Ernesto ‘Che’ Guevara, mensaje a la “Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América latina (1967).

En diversos espacios de la actualidad es frecuente ver a personas que enarbolan al comunismo como una alternativa política viable y hasta deseada. Deambulan en redes sociales luciendo a la hoz y martillo como un estandarte y comparten memes marxistas-leninistas sin ningún pudor. También hacen apología de ideas que han sido rebasadas por la historia debido a su probada correlación con el fracaso. La frivolización y el negacionismo son su norma.
Algunos de ellos son individuos sin mala leche. Gente joven, que acaso en su idealismo y lejanía con acontecimientos claves de la historia acaban por ver en el ideario comunista un opción que podría tomarse en consideración debido a las insatisfacciones que viven en su vida diaria. Como nunca han sufrido en carne propia la miseria y la depredación que están intrínsecamente ligados a tal doctrina, es posible que se vean seducidos por la lectura adulterada que muchos manipuladores les han dado de los hechos.
Sin embargo, igual existe una ralea ya entrada en años que sabiendas de que el comunismo ha derivado en dictaduras, millones de muertes y abusos, se mantienen empecinados y negados ante la evidencia. No se ponen del lado las víctimas: prefieren mirar a otro lado ante las atrocidades que se han cometido para imponer la superstición que tienen como sueño.
Estos personajes manosean la realidad a su antojo con la intención de mover su agenda. Despotrican contra “el capital” e incentivan el caos y el alarmismo para erigir en torno a ello la fantasía de que la solución yace en ese sistema, el comunista, que más bien ha supuesto un desastre en dondequiera que se ha implantado.
De la Unión Soviética a Corea del Norte, pasando por la China de Mao, los Jemeres rojos en Camboya, la Rumanía de Ceaușescu y la Cuba castrista, el comunismo ha tendido a sostenerse por la fuerza, aniquilando de una u otra forma a los disidentes y coaccionando a los individuos para convertirlos en una especie de masa clientelar que trabaja y vive expensas de un líder que se ostenta como la encarnación del pueblo.
En nombre del comunismo y el espejismo de la “revolución”, se han creado campos de concentración, se han realizado ejecuciones sumarias, se ha robado, se han levantado muros y separado familias, se ha cortado la libertad de expresión (entre tantas otras libertades)… y sin embargo el movimiento sigue gozando de relativa buena prensa, a diferencia de otras ideologías totalitarias como el nazismo y el fascismo que afortunadamente hemos logrado encasillar como lo que son, tiranías que van contra el sentido común y que atentan contra los principios elementales a los que aspiramos como especie.
El que el comunismo se mantenga como una opción en el debate es uno de los grandes misterios de la sociología. La planificación de la economía y la supresión de la propiedad privada han llevado crisis, migraciones masivas, escasez y hambre a pueblos enteros, una cuadro ya de por sí lamentable al que hay que añadir la violencia de extracción bolchevique que se ha vuelto la única manera de conservar un cuento que evidentemente no funciona.
La permanencia del comunismo como ente válido en algunos círculos quizás radique en que sus simpatizantes han logrado instalar la idea de que detrás de ellos se encuentra una agenda del bien, una utopía que llevada a las últimas consecuencias acabará por traer un paraíso idílico que en realidad nunca llega y que más bien trae un infierno sobre el camino. Ante las fallas recurrentes la excusa sempiterna es que el credo no fue implantado correctamente. Lo que no dicen es que entre más aplican sus medidas peor sale el resultado.
Los promotores del marxismo-leninismo son, además, especialistas en crear encono y dividir, así como linchar mediáticamente a sus adversarios. En este mundo al revés, quien critica al comunismo se vuelve en automático en un facha, un ignorante, un cerdo enajenado por el imperialismo yanqui, entre otros epítetos que lanzan para anular a las voces críticas.
Pero son precisamente los comunistas los que celebran un sistema terrorista y ruin. Y no solo eso, alguno de ellos portan muy campantes las imágenes de líderes sanguinarios como Lenin, Stalin y Mao, o el que quizás sea el favorito de todos, el Che Guevara, un pobre diablo que se vio consumido por una ideología cuasi religiosa que lo hizo deambular entre el disparate, el estrépito y la barbarie.
Francis Fukuyama se equivocó en 1992 cuando lanzó el famoso libro “El fin de la Historia y el último hombre”. En él, estipulaba que la caída de la Unión Soviética, que sellaba casi un siglo de horrores y fracasos comunistas, daba cierre a la lucha ideológica. En ese entonces quedaba claro que la democracia liberal, con todo y sus imperfecciones, había ganado la partida, mostrándose como la opción más sensata de todas las disponibles.
El paso de los años ha mostrado que esa batalla no ha concluido. La lucha y defensa de la libertad deberá continuar mientras sigan existiendo brotes de deshonestidad intelectual que busquen barrer con todo lo que hemos creado como sociedad, para así levantar, una vez más, las fórmulas que tanto daño han hecho dentro los países que se han dejado seducir y vencer por una fuerza corrosiva que no admite nunca sus errores y que no tiene piedad a la hora de llegar al poder.
De algún modo los comunistas se las han arreglado para distorsionar el ambiente. Así se posicionan como lo que no son. Montados en un peldaño rojo, hablan con una pestilente superioridad moral que no les corresponde. Su presencia es habitual en las universidades, donde profesores adoctrinan a sus estudiantes para renovar la cadena del mesianismo.
Es a esos muchachos a los que hay que dirigirse. No se dejen engañar ni crear la primera versión que les cuenten sobre ningún tema. Indaguen, cuestionen, investiguen. Mantenga siempre su sentido crítico respecto a cualquier activo de la política. Duden.
Fue el comunismo el que dio paso al muro de Berlín, el que produjo las masivas hambrunas del periodo maoísta, el que permitió la masacre de Tiananmén. Fue el comunismo el que llevó al Terror Rojo, a la Gran Purga soviética a finales de los años treinta. El de el Gulag, el de las UMAP. El que produjo el tan discutido genocidio ucraniano. El que sistematizó a las policías represivas. Cientos de miles de asesinatos se hallan detrás del telón de acero. Sus simpatizantes no están para dar lecciones ni señalar a nadie. Tampoco para burlarse de la memoria de quienes padecieron esa charlatanería. Conviene desmontar los mitos que han conformado y recordar su lamentable legado en su justa dimensión. En definitiva, hacer al comunismo despreciable de nuevo.
Contacto: [email protected]
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El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
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Acento Ajeno
Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.
Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.
“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.
Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.
La pregunta para México
Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.
Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.
Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.
Lo que corresponde
A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.
Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.
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El Cronopio
El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.
Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.
En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.
Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.
Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay . Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).
Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.
Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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