agosto 3, 2021

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#4 Tiempos

Precaución | Columna de Ignacio Vela

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Rompiendo paradigmas

Los bancos centrales de todo el mundo se encuentran en un serio dilema

La única herramienta con la que cuentan los bancos centrales es la famosa política monetaria, que al ser singular es por ende lo más valioso. Estos mismos tomaron medidas dramáticas e inusuales para evitar el colapso económico durante la crisis financiera de 2008. Una década más tarde, la mayoría de los grandes bancos centrales del mundo apenas están comenzando a digerir esas decisiones, lo que limita su capacidad para responder a una nueva recesión.

En realidad estamos muy preocupados por cómo actuarán los bancos centrales, ya que nos encontramos en un experimento financiero. Las tasas de interés se mantienen en niveles históricamente bajos, en algunos casos negativos, dando a los bancos centrales poco espacio para hacer nuevos recortes. Ahora que la economía se está debilitando, es probable que sea demasiado tarde para que las tasas aumenten mucho más.

La preocupación es que los bancos centrales hayan esperado demasiado para elevar las tasas a niveles más normales.

La Reserva Federal de Estados Unidos elevó las tasas de interés cuatro veces en 2018. Pero su tasa de referencia, actualmente establecida entre 2.25% y 2.5%, es muy baja según los estándares pasados como son 2008 -alrededor de 5.29- de prácticamente el doble; y no hagamos historia, en 1988 era de 10.22%. El Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Japón están aún peor. La tasa de préstamos clave del BCE es del 0%, mientras que su tasa de depósito es del -0.4%. En Japón, las tasas a corto plazo han estado en territorio negativo desde 2016.

Otro problema es que los bancos centrales todavía tienen cantidades significativas de deuda. La Reserva Federal ha comenzado a descargar algunos de los bonos que compró para reducir los costos de los préstamos a largo plazo. Los bancos centrales de Europa y Japón no han iniciado este proceso.

Los bancos centrales serán los que siembren semilla de la próxima crisis, desafortunadamente, no es una pregunta.

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#4 Tiempos

Dos escritoras potosinas y sus novelas históricas | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Después que Fernández de Lizardi publicara la primera novela en latinoamericana, el periquillo sarniento, en las primeras décadas del siglo XIX, el cubano Félix Varela, considerado como uno de los padres de la patria cubana, publicaba Jicoténcal que sería la primera novela histórica escrita en español.

A partir de entonces una gran cantidad de escritores han cultivado este género histórico en su trabajo narrativo. San Luis Potosí no ha sido la excepción para este tipo de trabajo y en la actualidad contamos con un par de ejemplos de escritoras que han incursionado en este género. A Estas escritoras les une el hecho de ser mujeres, del amor a su tierra, del interés por la historia regional, su rescate y difusión y por el placer de hacer narraciones. Las potosinas en cuestión son Sonia Saucedo Aguilar y María Concepción Nava Muñiz.

Con su trabajo han puesto en escena personajes y acontecimientos históricos que desde su pluma han novelado historias de la zona media y del altiplano potosino. Así, Ciudad del Maíz y Matehuala han sido los escenarios de sus historias que recrean acontecimientos de siglos pasados.

Otra característica de estas escritoras es la ausencia de apoyos y trabajos editoriales en el estado que cobijen este tipo de esfuerzos. Lo que es una constante en nuestro medio. Así, instituciones culturales y académicas sufren de esta debilidad en el terreno editorial. Lo anterior no ha sido un obstáculo para que estas escritoras hayan publicado con su propio esfuerzo una serie de libros que las colocan en el escenario cultural del estado.

Sonia Saucedo Aguilar, quien estudió sociología y que combina sus actividades con la escritura, ha escrito una saga de amor y nobleza situada en Ciudad del Maíz, que lleva el título de “dos razas y una nobleza”. Trilogía cuyo tercer volumen, fue terminado en el año 2018. En esta historia Sonia Saucedo recrea las leyendas y tradiciones de los ricos hacendados, los indios pames, despojados de sus tierras y los italianos que fundaron la colonia en Ciudad del Maíz, en torno a la historia de amor que protagonizan Isabel Moctezuma y Aldo Ferruli, pasando lista a una serie de importantes personajes de la vida política, y militar del estado, como los descendientes del emperador Moctezuma, o Francisco Barragán que llegó a ser Presidente de la República. En el fondo el interés de la autora es dar difusión a la historia de su tierra y en especial la de los italianos que fueron despojados de sus tierras por la influyente familia de los Diez Gutiérrez. Así, en la novela podemos recorrer parte de la historia de los pames y los movimientos pre revolucionarios sucedidos en aquellas tierras potosinas.

Por su parte María Concepción Nava Muñiz, originaria de Matehuala, S.L.P., estudió arquitectura y es especialista en patrimonio cultural. Ha escrito varias obras y entre ellas algunas narraciones históricas como su más reciente libro “oro, pasión y expiación”, donde recrea la vida de Dolores Huerta Careaga, una mujer que sobresalió a las mujeres de la época, previó su solvencia económica, tuvo dos maridos ricos y conoció a Miguel Baigén, del que se enamora locamente, y del que fue capaz de pagar el peso del hombre en lingotes de oro.

Ha escrito las obras: Matehuala una ciudad que agoniza; Matehuala corazón de la guachichila. Retablos barrocos potosinos, Rutas culturales de San Luis Potosí, ciudad virreinal y decimonónica y Un prócer matehualense que habla de la vida de Zeferino Flores, que promovió obras importantes como el acueducto de Laureles a Matehuala, que aproximadamente en 1770 puso a este lugar como una de las primeras ciudades de la república mexicana que tenían agua potable. Como se aprecia en los títulos, la historia regional de Matehuala se ve reflejada en sus libros y los personajes matehualenses forman parte del protagonismo en sus más recientes libros de narrativa.

Con su trabajo estas escritoras, nos proporcionan una vía amena para conocer sobre la historia de Ciudad del Maíz y Matehuala. Felicitamos a estas mujeres emprendedoras y agradecemos el interés por la historia de sus respectivas tierras potosinas y su esfuerzo por difundirla y acercarla al público en general.

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#4 Tiempos

#Editorial | Nueve años de La Orquesta y Jorge, el reportero que puso un medio

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Por: Luis Moreno

El primero de agosto del 2012, La Orquesta arrancó operaciones: era Jorge Saldaña sentado frente al monitor de su propia computadora de casa, en una oficina prestada. En aquel momento, Jorge cumplía con esa labor, quiero suponer, como un acto de amor propio, pues las circunstancias lo habían dejado marginado del juego público como a muchos otros que creyeron en Fernando Toranzo y luego fueron traicionados.

Conocí a Jorge unos meses antes de esa primera publicación, durante una fiesta en la que luego de que nos presentaran dio una locuaz y genial explicación de por qué, gracias al desayuno, la conquista estadounidense sobre México nunca sería posible al 100%. Recuerdo de manera general el discurso, pero mejor sería que algún día Jorge lo cuente.

Así es Jorge, un loco que cae en la casilla de la genialidad y que, como a todos, a veces le gana el loco al genio.

A Jorge, la historia del periodismo potosino debe reconocerle ser un pionero de los medios indie (usando un término de la época en que nos conocimos), pues, como a él mismo le gusta decir: La Orquesta es el primer medio de comunicación que no estuvo respaldado por una gran fortuna, que no sirvió como brazo armado para resolver en la arena pública los problemas de grupo de ricos y que no se anda con la mojigatería de decirse objetivo (creo que la neutralidad es un valor sobre estimado e imposible de acercar, porque ¿quién es dueño de verdades absolutas?).

Durante estos nueve años, La Orquesta ha tenido muchas configuraciones tanto en su esquema de trabajo como en el equipo que lo ejecuta, a veces ha sido más grande y ambiciosa de lo que Jorge pudo imaginar, para luego contraerse. Personalmente, lo veo como una larguísima curva de aprendizaje que nunca va a concluir. Pero estoy seguro que todos quienes trabajamos en ella intentamos tuvimos ratos de brillantez, sacada en buena medida por convección con el talento de Jorge.

Estos vertiginosos 9 años, han servido para que La Orquesta se demuestre a sí misma que es un medio de verdad. Una supervivencia tan prolongada hoy es garantía de permanencia.

Nuestro país y San Luis Potosí, en lo particular, viven una época de cambios que nos emociona ver y narrar, hemos sido testigos de la caída de muchas falsos pilares sociales y esperamos que se derrumben otros tantos. Ahí estaremos para tratar de interpretar el por qué de las cosas.

Por lo pronto, al culto público, le agradezco su paciencia y felicito a todas y todos mis compañeros que han militado en La Orquesta, muy en especial a Jorge, el reportero que puso un medio.

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#4 Tiempos

Crónicas de un voto anulado | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

Ayer, como todos los domingos, desperté algo tarde, tomé café, leí algunas columnas y atendí mis rigurosos planes de hacer absolutamente nada por el resto del día hasta que llegara el momento de la noche en que me dispongo a escribir esta opinión.

Particularmente, el día de ayer tenía pensado no salir a votar en la consulta popular por los motivos que ya había expuesto en este espacio hace algunas semanas y por otros que se fueron sumando desde entonces. También había decidido que dedicaría estas líneas al —me parece— bobo, patriotero e injustificado linchamiento mediático que recibieron las jugadoras mexicanas de softball que dejaron en la basura parte de sus uniformes olímpicos.

Para bien o para mal, mis planes se interrumpieron cerca del mediodía, hora en que uno de mis hermanos me pidió que lo acompañara a vacunarse. Ya de vuelta a casa pasamos por enfrente de la mesa de votación de la consulta, que para sorpresa de nadie se encontraba absolutamente vacía salvo por los seis vecinos y vecinas funcionarias de casilla. Nos seguimos de largo.

Una vez en casa, con muchas preguntas y sin respuesta cierta a ninguna de ellas, sentí la inmediata necesidad de acudir a la mesa de votación y sufragar; al menos para vivirlo en carne propia y no solo a través de los testimonios de otros pocos. Decidido a participar, aún sin saber exactamente en qué sentido, me replanteé los tres posibles escenarios: votar por el «no»; votar por el «sí»; o anular mi voto.

Primero descarté votar por el «no» por razones que para este punto espero que sean obvias; quiero suponer que realmente todas y todos estamos de acuerdo en que los fenómenos de violencia, corrupción y abuso tienen que detenerse, investigarse, repararse. Aunque, claro, también me parece completamente válido y razonable votar «no» a semejante pregunta.

Descarté también votar por el «sí» porque, de nuevo, se trata de una pregunta que no tiene ni pies ni cabeza, es decir, no tiene ningún cauce procedimental definido.

También porque lo que sea que vaya a suceder después pudo haberse realizado sin la consulta y sin todos los costos que representó; la Corte lo menciona muy claramente en la sentencia: se trata de facultades discrecionales, o sea, pueden activarse cuando exista la voluntad para hacerlo. Además porque el gobierno y sus aliados promovieron esta consulta desde la mentira y la desinformación mañosa, repitiendo mil veces el cuento de los “juicios a expresidentes” y otra sarta de falsedades.

Sobre la anulación de mi voto, consideré que al menos para mí ello representaría una buena opción para participar en este ejercicio sin caer en las dinámicas obstinadas de los extremos del oficialismo y de la oposición, que, sin ningún plan, sólo llaman a votar por votar, o a contradecir por contradecir.

Anular también representaría una manera de aportar al total de votos necesarios para la obligatoriedad del resultado sin tener que votar por el «sí» y validar todo lo mencionado en líneas anteriores. No hace falta que lo digan, sé muy bien que los 37 millones de votos jamás se iban a alcanzar en estas condiciones. Sin embargo, la razón por la cual vale la pena sumarse a este ejercicio y buscar el resultado obligatorio es para respaldar a los colectivos de víctimas que ven en esta consulta una buena oportunidad para seguir luchando por la creación de comisiones de la verdad y de otros mecanismos dirigidos a atender fenómenos de violencia sistemática y no solo a hechos delictivos y
responsabilidades aisladas.

Bajo esas dos premisas —pensar la consulta desde el matiz, no desde la polarización sorda y simplona; y la necesidad de que sean las víctimas el centro de la discusión— acudí a la mesa cercana a mi domicilio a emitir mi opinión: una X grande rayada por toda la boleta. Ahora bien, de ninguna manera pretendo presentar mis motivos como correctos o más válidos que otros. Mientras no comprendamos que toda manifestación democrática que se realice de manera consciente —votar en cualquier sentido, o incluso no acudir a votar— es tan válida y respetable como cualquier otra, nuestros procesos deliberativos valdrán para muy poco.

Hay que decir que los votos emitidos por el «sí» o aquellos anulados que coinciden con el objetivo aquí descrito no servirán para nada si este ejercicio solamente inició y terminó el 1 de agosto. Pensar en esta consulta popular como un fin y no como uno de varios escalones es terriblemente equivocado; ante la pequeñez de este gobierno, los grandes esfuerzos de la ciudadanía tendrán que seguir siendo los que lleven la atención a lo más urgente: verdad, justicia y reparación para quienes han sufrido lo peor de nuestros gobiernos, incluido el actual.

El tiempo, el trabajo y la lucha invertida en los próximos meses definirán el verdadero resultado de esta consulta. Mientras tanto, vivir este primer ejercicio de democracia directa me deja —y supongo que a muchos y muchas más— decepcionado, con las ideas nubladas y buscando las respuestas que definitivamente no encontré mirando detenidamente y por varios minutos la tinta indeleble que marca mi pulgar derecho.

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Opinión