junio 23, 2026

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#4 Tiempos

Garantías judiciales e intimidaciones | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

En el 2004, el señor Daniel Urrutia Labreaux se desempeñaba como Juez de Garantía en la ciudad de Ovalle, Chile.

Ese mismo año, la Corte Suprema de Justicia le autorizó asistir a un Diplomado en Derechos Humanos y Procesos de Democratización, organizado por la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Al término del programa, el juez Urrutia presentó ante la Corte Suprema los documentos que acreditaban la aprobación del mismo, así como el trabajo de investigación que realizó: un estudio crítico de las violaciones a derechos humanos que cometió la Corte Suprema durante la dictadura de Pinochet y una propuesta para que se terminara de materializar la transición a la democracia y la reparación del daño a las víctimas de dichas violaciones.

Ya usted podrá imaginar la bochornosa dirección que tomó esta crítica a la Corte Suprema: el tribunal se sintió profundamente ofendido y, acto seguido, le abrieron al juez Urrutia diversos procesos disciplinarios y le fueron aplicadas sendas medidas de apremio.

Durante el transcurso de los años, los problemas (más precisamente, sus superiores jerárquicos) siguieron persiguiendo al juez Urrutia, quien, por cierto, contaba con las más altas calificaciones para los cargos que desempeñó. Se le abrieron más de una docena de procesos disciplinarios de manera arbitraria y, al no encontrar justicia en su país, el caso de Daniel Urrutia llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH).

Defendido por una tercia de muy notables abogados mexicanos, el estado chileno fue condenado apenas el año pasado —más de 15 años después de que se abrió el primer proceso disciplinario contra Urrutia— por violar su derecho a la libertad de pensamiento, a las garantías judiciales y el principio de legalidad. De esta manera, la Corte IDH vinculó a Chile a suprimir de su legislación el artículo que fundamentó la persecución al juez Urrutia.

Vale la pena precisar que los problemas para Urrutia no han cesado aún después del fallo que emitió la Corte IDH. Al juez Urrutia le siguen persiguiendo administrativamente; le siguen revocando sus sentencias; le siguen abriendo procesos disciplinarios. ¿Cómo puede funcionar así un estado democrático y de derecho si las garantías judiciales no son respetadas? Pongo sobre la mesa el caso Urrutia Labreaux vs. Chile como un instrumento útil que nos guíe en la reflexión de lo acontecido la semana pasada.

López Obrador y Rocío Nahle se cargaron con bravuconadas en contra del Juez de Distrito que ordenó la suspensión provisional de los efectos de la Ley de la Industria Eléctrica (LIE), aprobada por el Congreso de la Unión el día anterior al fallo judicial. En la mañanera del pasado viernes 12, el presidente amenazó al juez diciendo que van a ir a la Suprema Corte y al Consejo de la Judicatura para solicitar que revisen su actuar, al tiempo que implicó que el juzgador está vendido a los intereses de la iniciativa privada. Más tarde, la titular de la Secretaría de Energía (Sener) salió a decir una serie de despropósitos en la radio: afirmó que el juez es visiblemente servicial a los intereses de alguien; que no tiene ni idea de lo que está haciendo; que es imposible que en 24 horas haya hecho análisis técnico o económico alguno; entre otras cosas. En fin. La paradoja es más que evidente; las aseveraciones de Nahle parecen ser más un reflejo que un reproche.

Más allá de la opinión que les merezca la validez de la LIE (aprobada en fast track, sin parlamento abierto y sin modificaciones), lo dicho por el presidente y la titular de la Sener tienen un par de implicaciones que hay que subrayar. Por una parte, llama la atención el grave desconocimiento jurídico que revelaron en sus respectivas intervenciones: el Juez de Distrito actuó con entera legalidad y de manera razonable, reconociendo el derecho de quienes tramitaron un amparo a que se detengan los efectos de la LIE hasta que se resuelva la controversia. Lo único que le resta a los inconformes es defenderse en tribunales y con argumentos jurídicos; no con vituperios.

Por otra parte, utilizar la tribuna de Palacio Nacional para intimidar y poner en vilo la imparcialidad de un juez no es cosa menor. Es cierto que es del interés de toda la sociedad saber si las decisiones de los y las juzgadoras se realizan sin presiones internas o externas, sin embargo, ¿no es la cacería de brujas del Ejecutivo, precisamente, una presión a la independencia judicial? La revisión del actuar de los jueces corresponde únicamente al propio Poder Judicial; al Ejecutivo, reitero, solo le toca defenderse con los recursos jurídicos previstos por la ley.

Ciertamente, el caso del juez Urrutia y lo acontecido la semana pasada tienen diferencias sustantivas: el primero consistió en una presión ejercida dentro del mismo Poder Judicial y por un tema de libertad de pensamiento; el segundo consiste en amenazas provenientes de otro de los poderes de la Unión. No obstante, en ambos casos podemos coincidir en que no es sostenible para un estado (que se dice) democrático y de derecho pretender que las y los jueces se alineen a los caprichos e intereses de otros.

Concluyo recordando algunos fragmentos de los votos particulares emitidos por los jueces Patricio Pazmiño Freire y Eugenio Raúl Zaffaroni en la sentencia de Urrutia Labreaux vs. Chile.

«Los jueces solo deben estar sometidos a la ley, y decidir con base a ella las cuestiones que se le presenten. (…) Es imperativo que los Estados no pierdan de vista que las garantías para evitar y contener las presiones externas (…) también implica una necesaria actuación proactiva desde la política pública y la legislación local.», reflexiona Pazmiño.

Zaffaroni, por su parte, considera: «Sabemos que hoy en toda la región los medios de comunicación tienden a una peligrosa hegemonía oligopólica y que, además, ejercen una poderosa influencia sobre la opinión [pública]. Estas falsas noticias suelen afectar a jueces, a quienes se estigmatiza de este modo en lo que algunos especialistas llaman linchamientos comunicacionales.»

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#4 Tiempos

Hagamos Fan Fest, eso lo paga el pueblo | Columna de Haniel Valdés

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Acento Ajeno

 

La clase política potosina parece estar de acuerdo en una sola cosa: es hora de pelearse. Sin embargo para coordinarse y ahorrar dinero público, para cumplir promesas de campaña o terminar las obras conjuntas, para dialogar como adultos o políticos maduros, serios, profesionales, en lugar de andar tirando piedras con cuanta pregunta lanzan mis colegas del gremio, para eso: “no señor, no tenemos tiempo”.

El Mundial de 2026 está dejando una imagen que resume buena parte de la relación entre el gobernador Ricardo Gallardo y el alcalde Enrique Galindo: dos Fan Fest en la misma ciudad, financiados con recursos públicos distintos, promovidos por gobiernos distintos y dirigidos exactamente al mismo público, los potosinos.

Por un lado, el Gobierno del Estado adquirió un paquete de derechos de transmisión para llevar los partidos a San Luis Potosí, Soledad, Ciudad Valles y Rioverde. Por otro, el Ayuntamiento capitalino firmó sus propios acuerdos para organizar transmisiones en Plaza del Carmen.

La pregunta es inevitable: ¿era realmente necesario dos fan fest en la capital del estado?

Porque más allá de los argumentos políticos o administrativos que cada autoridad pueda presentar, el resultado práctico fue que dos gobiernos sostenidos por los mismos contribuyentes terminaron desarrollando estructuras paralelas para ofrecer exactamente el mismo servicio: que los ciudadanos vieran partidos del Mundial en espacios públicos.

Pantallas, logística, promoción, personal operativo, actividades complementarias y derechos de transmisión. Todo por duplicado.

Hasta ahora, ninguna autoridad ha transparentado completamente cuánto costaron los derechos de transmisión en cada caso. Se especula que mientras el Ayuntamiento capitalino gastó unos 11 millones, el “tetrapack” estatal superó los 60 millones.

Estas cifras pueden o no ser ciertas, pero lo que sí se conoce es que tanto el Ayuntamiento como el Gobierno del Estado comprometieron millones de pesos en contratos relacionados con sus Fan Fest destinando recursos para un mismo esquema de transmisiones mundialistas, solo que en dos plazas distintas.

El problema no es que existan eventos para acercar el Mundial a la gente. Eso puede justificarse perfectamente. El problema es la ausencia de coordinación institucional.

¿Alguien analizó cuánto habría costado un solo gran Fan Fest respaldado por ambas administraciones?

¿Alguien calculó cuánto dinero público se habría ahorrado compartiendo infraestructura, producción y permisos?

¿Alguien explicó por qué era mejor tener dos proyectos compitiendo entre sí en lugar de uno complementario?

La impresión que queda es incómoda: la rivalidad política terminó pesando más que la eficiencia administrativa.

Mientras los discursos oficiales hablan de unidad, promoción turística y convivencia familiar, las decisiones muestran otra cosa. Muestran dos gobiernos empeñados en demostrar quién podía organizar el mejor evento, aunque eso implique gastar más recursos públicos de los necesarios.

Yo veo dos niños pequeños, organizando su cumpleaños y peleados por ver quien hace la fiesta más linda. ¿El problema? Como los niños son de la misma familia, el dinero sale de la misma bolsa y los invitados son exactamente los mismos “amiguitos”.

El Mundial dura unas semanas. Las consecuencias de gastar sin coordinación permanecen mucho más tiempo.

Porque el dinero utilizado para financiar proyectos paralelos no pertenece ni al gobernador ni al alcalde. Pertenece a los ciudadanos.

Y los ciudadanos tienen derecho a preguntarse si realmente era indispensable pagar dos veces por lo mismo.

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El Cronopio

El incansable escrutador del cielo, Enrique Chavira Navarrete | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

El 5 de junio de 1925 nace en la Ciudad de México Enrique Chavira Navarrete, el incasable escrutador del cielo; personaje que representa el renacer de la astronomía mexicana moderna. Heredero de los pioneros mexicanos de la astronomía que formaron los establecimientos para el estudio de la disciplina, entre ellos los potosinos Valentín Gama y Rodolfo Jurado y, muy especialmente de Joaquín Gallo quien le enseñó a observar y dar seguimiento a cuerpos celestes en el Observatorio de Tacubaya donde ingresó Chavira a trabajar, para luego pasar, al entonces naciente, Observatorio Nacional de Tonantzintla en Puebla, siendo de los astrónomos que iniciaron actividades en aquel lugar en 1943.

Su labor sería pionera al llevar a la astronomía observacional y a explicar que sucede en los fenómenos celestes que fue un paso significativo de la astronomía para usos prácticos que se realizaba en México a la astronomía moderna en el país, con el uso de nuevos instrumentos con los que contaría el Observatorio de Tonantzintla, como la cámara Schmidt, convirtiéndose en uno de los grandes observadores del cielo. El Observatorio de Tonantzintla se convertiría en uno d ellos principales centros de astronomía a nivel mundial, donde se descubrieron una buena cantidad de objetos celestes, participando en ello Enrique Chavira.  

En los setenta, cuando yo estudiaba física en San Luis, visitamos el INAOE que había asumido ese nombre a principios de los setenta al extenderse el observatorio de Tonantzintla a las áreas de electrónica y óptica que se agregaban a la de astrofísica, el Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica, conocimos a Enrique Chavira quien nos mostraba parte de la instrumentación telescópica que contaba esa institución, posteriormente al ir a continuar mis estudios a Puebla, fui compañero de la maestría en física de su hija Elsa Chavira, de quien ya hemos comentado en esta sección, y visité varias veces su casa además de encontrarlo seguido en el INAOE; entre las visitas a su casa, una de ellas de varios días pues estaba convaleciente y la familia de Elsa me albergó, descubrí que Enrique Chavira era un estudioso de las arqueología, y que había recopilado una buena colección de objetos prehispánicos propios de la región cholulteca donde estaba alojado el INAOE

, mismos que estudiaba con ahínco. 

Enrique Chavira es uno de los pilares de la astronomía observacional en México, que lo llevo a ser integrado como investigador en 1952 del Observatorio Astrofísico Nacional de Tonantzintla (OANTon), destacando en la identificación y clasificación de galaxias y estrellas azules gracias a su preparación en análisis espectral.

Entre sus descubrimientos observacionales se encuentran, el de una supernova en la región de Sagitario, el registro del quasar Ton256, que en el nombre lleva las siglas del observatorio de Tonantzintla, el objeto extragaláctico más lejano observado por la Cámara Schmidt de Tonantzintla y del Cometa Haro-Chavira en 1954 en la región del Toro. No es de extrañar que aparezca en el par de novelas de Elena Poniatowska que le dedicó la escritora al Observatorio de Tonantzintla donde trabajaba su esposo Guillermo Haro, compañero de Enrique Chavira.

A lo largo de más de cincuenta años contribuyó a la colección de más de 15 mil placas astrofotográficas del INAOE, sucesor del OANTON. La colección de placas astrofotográficas de la Cámara Schmidt de Tonantzintla que fue reconocida oficialmente en 2015 en el programa Memoria del Mundo de la UNESCO, cuestión que ya no pudo ser testigo Enrique Chavira Navarrete, pues su muerte ocurrió el 23 de noviembre del año 2000 en la Ciudad de Puebla donde radicó en todo ese tiempo. 

Sus grandes descubrimientos y la intensa labor en pro de la astronomía mexicana le valieron diversas distinciones, diplomas, cédulas reales, medallas al mérito académico y el nombramiento de Investigador Emérito en el INAOE.

Enrique Chavira, el gran astrónomo observacional, pasa a la historia como uno de los pilares de la astronomía mexicana moderna. 

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#4 Tiempos

Gallardo manejó, Claudia le leyó el mapa | Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

 

 

Culto Público, hijos de la forma y el fondo:

Les traigo la primicia. Hace unas horas estuvo aquí en la capital la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

Así. Sin aviso previo. Sin discurso. Rompiendo por completo — y si no me equivoco, por primera vez en su mandato — la forma de acudir a sus giras de fin de semana.

Los eventos a los que vino son, por donde se vea, guiños tiernos: premiar a un equipo de fut femenil en la Politécnica e inaugurar una cancha de futbol en Santa María del Río. Nada que ver con el estilo de sus giras. Y eso dice mucho.

La presidenta comenzó a visitar gobernadores. Y que el primero haya sido el potosino habla de la importancia que le da la mandataria a este estado de cara a la próxima contienda.

No dio discurso — seguramente algunas palabras a las premiadas y a los usuarios de la cancha —, pero su sola presencia dijo mucho más que cualquier micrófono encendido.

En los traslados estuvieron solo ella y el gobernador. Ni siquiera hubo chofer: manejó Gallardo. Y yo les apuesto, sin haberlo visto, que no hablaron del clima ni del partido México contra Corea.

Temas que sí tocaron, a mí juicio: la llamada Ley Serrano, la narrativa nacional construida sin contexto sobre la persecución a “voces críticas” — por fin la presidenta supo la calaña de personas a las que organismos internacionales defendieron con tanto ardor — y la realidad de fondo de ese asunto. Si hubo regaños, que bueno. Si se puso cada cosa en su lugar y en justa dimensión pues qué mejor.

En lo político les dejo dato para que ustedes le den mejor interpretación:

Nadie de Morena ni de Bienestar fue enterado. En Santa María del Río ni despertaron a la presidenta municipal — que es de Morena — y se enteró de la visita de Sheinbaum cuando apenas se andaba haciendo un huevito para el desayuno. Memo Morales y Rita tampoco estuvieron enterados, hasta donde se sabe.

Esos no son descuidos. Eso es mensaje.

Preguntas que dejo en el aire, porque yo no sé nada y ustedes sabrán leer mejor:

¿Comenzó la presidenta a hacer acuerdos rumbo al 27?

Si es así, se le aplaude que los haga en persona. Los mensajes encriptados y los “te mando decir con gestos” caen gordos.

¿Vino a conceder la “Excepción Ruth” estatutaria para amarrar la alianza Verde-Morena de cara a la gubernatura?

¿Vino a decirle al gobernador — no a preguntarle, ojo— cómo se va a llamar el candidato?

¿O ya quedaron en jugar a las venciditas uno contra el otro y buena suerte?

Yo por mi parte no sé nada. Yo apenas estaba echando baño para ir a misa de una en Tequis.

Buen domingo a todos y todas.

Yo soy Jorge Saldaña.

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Opinión

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