#4 Tiempos
Garantías judiciales e intimidaciones | Columna de Víctor Meade C.
SIGAMOS DERECHO.
En el 2004, el señor Daniel Urrutia Labreaux se desempeñaba como Juez de Garantía en la ciudad de Ovalle, Chile.
Ese mismo año, la Corte Suprema de Justicia le autorizó asistir a un Diplomado en Derechos Humanos y Procesos de Democratización, organizado por la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Al término del programa, el juez Urrutia presentó ante la Corte Suprema los documentos que acreditaban la aprobación del mismo, así como el trabajo de investigación que realizó: un estudio crítico de las violaciones a derechos humanos que cometió la Corte Suprema durante la dictadura de Pinochet y una propuesta para que se terminara de materializar la transición a la democracia y la reparación del daño a las víctimas de dichas violaciones.
Ya usted podrá imaginar la bochornosa dirección que tomó esta crítica a la Corte Suprema: el tribunal se sintió profundamente ofendido y, acto seguido, le abrieron al juez Urrutia diversos procesos disciplinarios y le fueron aplicadas sendas medidas de apremio.
Durante el transcurso de los años, los problemas (más precisamente, sus superiores jerárquicos) siguieron persiguiendo al juez Urrutia, quien, por cierto, contaba con las más altas calificaciones para los cargos que desempeñó. Se le abrieron más de una docena de procesos disciplinarios de manera arbitraria y, al no encontrar justicia en su país, el caso de Daniel Urrutia llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH).
Defendido por una tercia de muy notables abogados mexicanos, el estado chileno fue condenado apenas el año pasado —más de 15 años después de que se abrió el primer proceso disciplinario contra Urrutia— por violar su derecho a la libertad de pensamiento, a las garantías judiciales y el principio de legalidad. De esta manera, la Corte IDH vinculó a Chile a suprimir de su legislación el artículo que fundamentó la persecución al juez Urrutia.
Vale la pena precisar que los problemas para Urrutia no han cesado aún después del fallo que emitió la Corte IDH. Al juez Urrutia le siguen persiguiendo administrativamente; le siguen revocando sus sentencias; le siguen abriendo procesos disciplinarios. ¿Cómo puede funcionar así un estado democrático y de derecho si las garantías judiciales no son respetadas? Pongo sobre la mesa el caso Urrutia Labreaux vs. Chile como un instrumento útil que nos guíe en la reflexión de lo acontecido la semana pasada.
López Obrador y Rocío Nahle se cargaron con bravuconadas en contra del Juez de Distrito que ordenó la suspensión provisional de los efectos de la Ley de la Industria Eléctrica (LIE), aprobada por el Congreso de la Unión el día anterior al fallo judicial. En la mañanera del pasado viernes 12, el presidente amenazó al juez diciendo que van a ir a la Suprema Corte y al Consejo de la Judicatura para solicitar que revisen su actuar, al tiempo que implicó que el juzgador está vendido a los intereses de la iniciativa privada. Más tarde, la titular de la Secretaría de Energía (Sener) salió a decir una serie de despropósitos en la radio: afirmó que el juez es visiblemente servicial a los intereses de alguien; que no tiene ni idea de lo que está haciendo; que es imposible que en 24 horas haya hecho análisis técnico o económico alguno; entre otras cosas. En fin. La paradoja es más que evidente; las aseveraciones de Nahle parecen ser más un reflejo que un reproche.
Más allá de la opinión que les merezca la validez de la LIE (aprobada en fast track, sin parlamento abierto y sin modificaciones), lo dicho por el presidente y la titular de la Sener tienen un par de implicaciones que hay que subrayar. Por una parte, llama la atención el grave desconocimiento jurídico que revelaron en sus respectivas intervenciones: el Juez de Distrito actuó con entera legalidad y de manera razonable, reconociendo el derecho de quienes tramitaron un amparo a que se detengan los efectos de la LIE hasta que se resuelva la controversia. Lo único que le resta a los inconformes es defenderse en tribunales y con argumentos jurídicos; no con vituperios.
Por otra parte, utilizar la tribuna de Palacio Nacional para intimidar y poner en vilo la imparcialidad de un juez no es cosa menor. Es cierto que es del interés de toda la sociedad saber si las decisiones de los y las juzgadoras se realizan sin presiones internas o externas, sin embargo, ¿no es la cacería de brujas del Ejecutivo, precisamente, una presión a la independencia judicial? La revisión del actuar de los jueces corresponde únicamente al propio Poder Judicial; al Ejecutivo, reitero, solo le toca defenderse con los recursos jurídicos previstos por la ley.
Ciertamente, el caso del juez Urrutia y lo acontecido la semana pasada tienen diferencias sustantivas: el primero consistió en una presión ejercida dentro del mismo Poder Judicial y por un tema de libertad de pensamiento; el segundo consiste en amenazas provenientes de otro de los poderes de la Unión. No obstante, en ambos casos podemos coincidir en que no es sostenible para un estado (que se dice) democrático y de derecho pretender que las y los jueces se alineen a los caprichos e intereses de otros.
Concluyo recordando algunos fragmentos de los votos particulares emitidos por los jueces Patricio Pazmiño Freire y Eugenio Raúl Zaffaroni en la sentencia de Urrutia Labreaux vs. Chile.
«Los jueces solo deben estar sometidos a la ley, y decidir con base a ella las cuestiones que se le presenten. (…) Es imperativo que los Estados no pierdan de vista que las garantías para evitar y contener las presiones externas (…) también implica una necesaria actuación proactiva desde la política pública y la legislación local.», reflexiona Pazmiño.
Zaffaroni, por su parte, considera: «Sabemos que hoy en toda la región los medios de comunicación tienden a una peligrosa hegemonía oligopólica y que, además, ejercen una poderosa influencia sobre la opinión [pública]. Estas falsas noticias suelen afectar a jueces, a quienes se estigmatiza de este modo en lo que algunos especialistas llaman linchamientos comunicacionales.»

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El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
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Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
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