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Explicar lo inexplicable | Columna de Daniel Tristán

LaguNotas mentales

 

Es una realidad irrefutable que la configuración y el adn social de los mexicanos y el resto de los países de Latinoamérica es muy similar, por no decir idéntico. Nacimos dentro de una burbuja donde las cosas son como son, lo bueno, lo malo y lo peor. Es lo único que conocemos y por lo tanto nos parece completamente familiar y normal. Somos parte de una sociedad que está regida por la ausencia total de lógica y sentido común. Aprendimos a desenvolvernos en este ambiente porque era la única opción que nos quedaba. Matar o morir, adaptarse o resignarse a desaparecer. Pero es importante comprender que el hecho de que todo lo que acontece en nuestro día a día nos resulte normal no significa que esté bien.

No hay mucho que explicarle a un argentino o a un boliviano acerca de la forma en la que México funciona. Cojeamos de la misma pata, sufrimos de los mismos abusos, tenemos las mismas aspiraciones y creencias.Vaya, nuestra configuración social es un “copy/paste”, por lo que resulta bastante sencillo comprender todo lo que acontece desde el territorio mexicano hasta la punta del cono sur de nuestro continente.

La cosa se complica bastante cuando un extranjero, ajeno a la idiosincrasia latinoamericana nos pide explicaciones acerca de nuestro día a día como mexicanos. Para alemanes, japoneses, canadienses, por decir algunos, es verdaderamente complicado comprender la forma en que los engranajes de la sociedad mexicana trabajan. Existen cosas complicadas de explicarle a un extranjero, algunas de menor importancia y otras de gran relevancia.

Probablemente las explicaciones menos importantes que un extranjero exige son las referentes a lenguaje. Qué confuso es para ellos comprender el uso del verbo “chingar”, por ejemplo. Es evidente que para nosotros no representa complicación alguna el usar este verbo de manera fluída y entender su debida aplicación dependiendo del contexto. Pero qué complicado se vuelve explicarle tal joya lingüística a un chino. Chingar igual a coger, chingar igual a matar, chingar igual a robar, chingar igual a molestar, chingar igual a golpear, etc. Una misma palabra para prácticamente todos los usos imaginables. Igual de complicado es explicarle a un gringo de la parte más recóndita del norte que la palabra “güey” significa todo y nada a la vez. Güey igual a dude, güey igual a boyfriend, güey igual a stupid.

Puede parecernos incluso graciosa la poca destreza de los extranjeros para comprender nuestro slang y no descansaremos hasta hacerlos entender y lograr que comprendan el santo grial del lenguaje mexicano de barrio: el albur. Una vez que un extranjero domina el arte del doble sentido adquiere la nacionalidad mexicana de manera automática: ¡Extranjero hermano, ya eres mexicano!

Puede que todo lo anterior sea complicado de explicar, pero al menos es divertido hacerlo. No es lo mismo cuando un extranjero comienza a cuestionar cosas serias, de las cuales ningún mexicano puede dar explicación alguna.

¿Por qué los mexicanos festejan el día del trabajo descansando?

¿Por qué le ofrecen dinero a los policías para que les perdonen una infracción?

¿Por qué los policías aceptan ese dinero?

¿Por qué la policía no cuida al pueblo?

¿Por qué los mexicanos separan la basura si de todos modos la revuelven en los tiraderos?

¿Por qué los mexicanos nunca llegan temprano ni cumplen su palabra?

¿Por qué en México el que no transa no avanza?

¿Por qué le pagan tanto dinero a los futbolistas si siempre pierden en los mundiales?

¿Por qué existen tantos partidos políticos en México en lugar de solo tener el de la izquierda y el de la derecha?

¿Por qué en México es el único país donde se venden botellas de refresco de cola de 3.3 litros?

¿Por qué si tienen tanto petróleo siempre han sido un país tercermundista?

¿Por qué los mexicanos no saben trabajar en equipo?

¿Por qué en México nunca se castiga a los criminales?

¿Por qué pelean por reformas y modificaciones a las leyes si de todos modos nunca las cumplen?

¿Por qué el gobierno dice que la educación gratuita si ustedes pagan por ella con sus impuestos?

¿Qué significa “ahorita”? ¿Es “now” o es “later” o es “never”?

Cada vez que un extranjero escupe una, o varias, de estas preguntas se entierran en nuestro corazón tricolor como una flecha apache llena de ponzoña. Se borran las sonrisas de nuestro rostro por el simple hecho de que nos es imposible explicar lo inexplicable. No hay razón lógica para funcionar como lo hacemos. Nacimos chuecos y chuecos moriremos. Se nos cae la venda de los ojos (y luego la cara de vergüenza) y nos damos cuenta de que el hecho de que las cosas sean así desde que nacimos no significa que estén bien ni que sean normales. Ante cuestionamientos de este tipo no existe respuesta lógica alguna. No queda más que tragarnos la vergüenza y si aún nos queda ánimo liberar de nuestra boca a manera de suspiro un tímido y agachón “chingaaaaaaao”.

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