#4 TiemposColumna de Victor Meade C.Destacadas

El Síndrome de Diógenes | Columna de Víctor Meade C.

SIGAMOS DERECHO. 

Diógenes fue un filósofo nacido en el 412 a.C. en Sinope, una colonia griega dentro de lo que hoy conocemos como Turquía. Su padre era banquero y juntos se dedicaron a fabricar monedas falsas. Esto provocó que fueran desterrados, por lo que tuvieron que migrar a Atenas. Allí, Diógenes se convirtió en discípulo de Antístenes, quien, a su vez, fue discípulo de Sócrates. Antístenes fue el fundador de la escuela de los cínicos, quienes consideraban que la sociedad y la manera superficial en la que vivían era un mal. La felicidad, en consecuencia, solo podría ser alcanzada viviendo una vida sencilla, independiente de los perjuicios que vienen con la riqueza. Los cínicos veían a la pobreza como una virtud; como un ejemplo de autonomía que los haría vivir solo con lo estrictamente necesario.

En 1975 fue bautizado como “Síndrome de Diógenes” el trastorno por el cual las personas acumulan importantes cantidades de basura y deshechos en casa, apartándose por completo de la vida social y cayendo severamente en el descuido personal. Este síndrome lleva el nombre de Diógenes por hacer referencia a la ironía de que este filósofo cargaba solo con lo necesario, mientras que las personas que padecen de este síndrome guardan todos estos objetos inútiles porque consideran que en algún momento les servirán de algo.

Esta breve mención del síndrome de Diógenes no tiene el objeto de que sintamos la necesidad de realizar un ejercicio de introspección y autodiagnóstico para ver si padecemos de esta condición, sino de ilustrar de mejor manera lo que está sucediendo con las agrupaciones políticas del momento.

Por una parte, el partido del presidente López Obrador se encuentra en una coyuntura delicada que han venido arrastrando desde hace varias semanas con el tema de la elección interna para designar a su nuevo dirigente nacional. El lunes pasado, Porfirio Muñoz Ledo amenazó con tomar la presidencia del partido y autoproclamarse como el ganador legítimo, así como hizo ya sabes quién en las elecciones del 2006. Esto porque, en la encuesta realizada para conocer la voluntad de los militantes, Muñoz Ledo y Mario Delgado quedaron en un empate técnico. Muñoz Ledo, efectivamente, fue a quien favorecieron los números de la encuesta, sin embargo, la diferencia fue mínima. Porfirio ignoró (o decidió ignorar) que no se trató de una votación tradicional —en donde tan solo un voto puede marcar la diferencia— sino de una encuesta, en donde las opiniones de algunos cuantos representan la voluntad general de la mayoría. Lo preocupante es que antes de que esto sucediera, todos los contendientes estamparon sus firmas y aceptaron jugar bajo las reglas del juego que, específicamente, establecían la manera en la que sería llevada a cabo la encuesta y los supuestos bajo los cuales podrían encontrarse en un empate técnico, como eventualmente terminó ocurriendo.

Las diferencias entre las distintas corrientes ideológicas del partido son cada vez más notorias. Sin embargo, sabíamos que esto sucedería tarde o temprano. Desde su fundación, Morena ha recibido con los brazos abiertos a políticos salidos de todos los partidos. Claramente, dentro de sus filas han arropado a personajes indeseables; con pasados comprobables llenos de corrupción y escándalos, o que simplemente salieron de sus partidos para ir a donde estaba la nueva cercanía con el poder. Quien finalmente tome las riendas del partido deberá de encargarse de homologar criterios y limar las asperezas de las distintas facciones dentro de las filas morenistas.

Paralelamente, las agrupaciones civiles que pretenden colocarse como una oposición seria para el presidente están cayendo en la misma disyuntiva. Destacan el ya conocido Frente Nacional Anti-AMLO y la organización recientemente creada por Claudio X. González y Gustavo de Hoyos, Sí Por México. Estos últimos, según datos de su página web, han sumado a casi 400 organizaciones civiles. No obstante, llama la atención la inclusión de organizaciones que promueven una agenda de extrema derecha, que es, sin duda, un lugar al que no debe transitar el país. Las prácticas de FRENAAA, por su parte, ya son bien conocidas. La manera que han elegido para comunicarse con sus integrantes es a través de esquemas piramidales de mensajería instantánea, por donde difunden masivamente fake news y demás ocurrencias de Gilberto Lozano. Difícilmente podrán llegar a buen puerto las organizaciones que, sí, pretenden ser un contrapeso legítimo para el gobierno en curso, pero que suman adeptos mediante discursos falsos o incluso de discriminación, clasismo y polarización.

Las tres organizaciones políticas aquí discutidas, aunque pretenden serlo, no son tan diferentes entre sí. Por su propio bien, necesitan realizar un profundo ejercicio de introspección y reestructuración para salir del estado de descuido en el que se encuentran y, así, proceder a limpiar la casa y sacar todos los desechos que han ido acumulando. Cabe aclarar que los desechos no necesariamente se acumulan con el paso del tiempo: en el mar, basta que una ola tome un poco de fuerza para recoger —inmediatamente— la basura tirada en la arena. 

Las organizaciones opositoras no podrán sobrevivir si continúan fundamentando su existencia en ser exactamente lo contrario al presidente. Morena, por su parte, tendrá que arreglar rápidamente su severa ruptura interna para poder asimilar la apabullante derrota en la jornada electoral del día de ayer.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Apuntes para una ciencia sin apellidos | Columna de Víctor Meade C.

Nota Anterior

¿El regreso del PRI?

Siguiente Nota

Jotas Room, el club que busca ser el referente drag queen en SLP