abril 29, 2026

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Ciudad

El Plan del Centro de Población de San Luis Potosí se va a caer

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Regidores ven conflicto de intereses para beneficiar a constructores relacionados con el alcalde Xavier Nava, por lo que acabarían por rechazarlo

Por: Ana G Silva

En los próximos días, el Cabildo de San Luis Potosí votará el Plan de Centro de Población elaborado por el Instituto Municipal de Planeación (Implan) para la capital potosina, el cual ya ha generado inconformidad entre varios actores políticos debido a que presenta al menos dos conflictos de intereses importantes, ya que da luz verde a dos proyectos inmobiliarios polémicos: uno que se construiría en los terrenos de Minera México, empresa de la que es abogado Horacio Sánchez Unzueta, tío del alcalde Xavier Nava, y otro en los terrenos de San José de Buenavista, de este son socios el padre y el tío de Pablo Zendejas, secretario particular del presidente municipal. 

Los regidores y regidoras del Cabildo serán los encargados de avalar o rechazar este plan que va a definir la vida en la capital potosina para las próximas décadas, por ello, La Orquesta se anticipó a la votación y cuestionó al cuerpo edilicio sobre el sentido de su voto y todo indica que el Xavier Nava no logrará cumplir las ambiciones de los empresarios, pues requiere al menos dos terceras partes de los votos a favor.

Eloy Franklin, regidor por el Partido Verde, destacó que en dicho plan se ve “un conflicto de intereses, ya vemos cómo desde comunicación social del Ayuntamiento buscan que esta información no salga, es preocupante porque nadie sabe qué está pasando o tienen información errada”.

Franklin dijo que uno de los detalles más importantes es que no se respeta a los ejidatarios de estas áreas o no se dota de todos los servicios:

“En San Luis Potosí no hay agua y cómo pretendes llevarla si no hay en otras colonias. También está la cuestión de la seguridad, si no puedes darla al resto de la ciudad cómo le vas a hacer ahí”.

El regidor del Partido Verde adelantó que los proyectos son “un completo abuso por despojar a los ejidatarios y la consulta ciudadana fue amañada”.

Ana Pineda (Partido Verde) opinó que el plan tiene irregularidades que se han presentado en todo el proceso desde la consulta a la ciudadanía:

Querían cumplir con los intereses que tienen con los dueños de las inmobiliarias y sacar un proyecto que le va a beneficiar al alcalde rumbo al 2021, con su secretario particular y con su familia, solo tres personas serán beneficiadas”.

La regidora dijo que existe un conflicto de intereses y acuerdos que hizo Nava Palacios políticamente con estos personajes:

“Dan por hecho, que San José de Buenavista se va a aprobar, ellos ya han tenido acercamientos con gente de Capulines y San José, tratado de que ellos no se opongan a este proyecto, según llevando mejoras como pavimentaciones, pero algo que nos extraña es que Interapas hizo un convenio con el municipio de Mexquitic, están moviendo todas las piezas para que este proyecto se consolide”.

En cuanto a dicho convenio, refirió que Interapas prometió llevar agua a fraccionamientos que están en la periferia de Mexquitic, cuando solo ha cubierto la zona Metropolitana: “Lejos de ayudar a esta gente, el proyecto está encaminado a llevar la infraestructura hidráulica a San José de Buenavista”.

Fuentes consultadas por La Orquesta, al interior de la dirigencia estatal del PAN, confirmaron que la mayoría de sus regidores también votarán en contra el proyecto impulsado por el alcalde, entre ellos Dulce Karina Benavides, Christian Iván Azuara y Verónica Rodríguez. Mientras que los votos de Jaime Uriel Waldo y Alfredo Lujambio serían a favor. Este último argumentó que le parece adecuado y “cumple con la premisa de mejorar la ciudad, además plasma y logra proyectar lo que ambicionamos como ciudadanos, con mejora de mecanismos de traslados, medio ambiente y de calidad de vida”.

Acerca de los señalamiento del conflicto de interés, Lujambio apuntó: “no hay incongruencias, hay innovaciones, mejoras y cambios, que vienen a generar un mejor tipo de ciudad que en algunos casos en algunos particulares vienen a generar cambios que no les convenía, como quienes querían que un camino secundario se hiciera comercial; y otros desarrolladores que hubieran querido ver cientos de hectáreas como urbanizables, pero no va a coincidir con el plan”.

Sobre los casos específicos de de Horacio Sánchez y Pablo Zendajas, apuntó: “no hay conflictos, y Horacio Sánchez está facultado para trabajar donde desee y nunca ha habido un conflicto de intereses y se ha manejado conforme a derechos, en cuanto al caso del secretario tampoco hay, porque todo eso data de años atrás y no ha tenido inferencia del Implan o de lo técnicos que han evaluado toda las alternativas y todos los proyectos fueron presentados a la ciudadanía. No veo por qué Pablo Zendejas debería renunciar a su cargo antes de la votación”.

Armando Navarro, regidor de Morena, dijo que aún se encuentra analizando el plan, pero acotó que este si este plantea algo incorrecto lo rechazará:

“El plan busca el desarrollo y hay que detectar para dónde va, que se aboque a una región donde sí se necesita y si no es así y hay intereses, pues hay formas que se evite eso”.

El regidor dijo que considera que los proyectos de la Minera México y San José de Buenavista tienen que ser valorados, y crear un consenso con los comuneros para que “la decisión sea tomada con un gobierno democrático”.

La otra representante de Morena, Alma Mireya Cerino Zapata, también votaría en contra del plan, según han adelantado fuentes al interior del partido: “debe apegarse a la premisa del presidente López Obrador que es defender las áreas ecológicas protegidas”.

En suma serían los dos ediles del Morena se opondrían, al menos tres del Partido Verde y al menos tres del PAN, impediría que el proyecto tuviera mayoría, por lo que sería devuelto al Implan.

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Ciudad

La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte

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Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina

«No nos une el amor sino el espanto;

será por eso que la quiero tanto.»

Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)

Por: Jorge Saldaña.

Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.

Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.

El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior-  al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.

El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.

De los apodos a los apellidos

En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.

Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.

Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.

Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».

La cuadra como unidad onomástica

Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.

La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.

«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»

Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)

Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.

Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.

Las cuatro fechas bisagra

La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:

  1. 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
  2. 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
  3. 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
  4. 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.

Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.

La memoria popular como capa subterránea

Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.

Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.

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Ayuntamiento de SLP

Senadora Verónica Rodríguez destaca avances en seguridad en San Luis Capital

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La senadora por Acción Nacional reconoce que la mejora en la percepción ciudadana es resultado de la estrategia del alcalde Galindo y del trabajo policial

Por: Redacción

La senadora Verónica Rodríguez Hernández destacó los avances en seguridad en San Luis capital, luego de los resultados dados a conocer por el INEGI, los cuales reflejan una mejora en la percepción ciudadana y consolidan la estrategia encabezada por el alcalde Enrique Galindo Ceballos.

Tras la presentación de estas cifras, la legisladora subrayó que los resultados tienen sustento en la voz directa de la población: “La ciudad había pedido esto a gritos; hoy que tenemos un buen resultado, después de cinco años de gobernar del alcalde Enrique Galindo, lo agradecemos por que además sabemos que este trabajo va a continuar”, afirmó.

Rodríguez Hernández expresó su orgullo por los avances alcanzados y reconoció que la estrategia de seguridad municipal ha generado condiciones para que la ciudadanía perciba mayor tranquilidad en su entorno cotidiano.

Asimismo, la senadora resaltó el papel del cuerpo policial y de los distintos actores involucrados en la implementación de esta política pública, al señalar que el trabajo coordinado ha superado expectativas y ha fortalecido la confianza de la población en San Luis capital.

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Ayuntamiento de SLP

Gobierno Municipal de Enrique Galindo, segundo más eficaz del país: INEGI

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El Alcalde Enrique Galindo Ceballos destacó que, según la ENSU del Inegi, el Gobierno de la Capital se posiciona como el segundo Ayuntamiento más eficiente entre capitales, primer lugar en alumbrado público, con mejoras en servicios, entorno urbano y paz social.

Por: Redacción

El Alcalde Enrique Galindo Ceballos informó que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU) del Inegi, el Gobierno Municipal de San Luis Capital se consolida como el segundo Ayuntamiento mejor evaluado del país en eficacia, gracias a la calidad de los servicios y condiciones de convivencia.

La capital potosina ocupa el segundo lugar en eficacia entre ciudades capitales, además de posicionarse en primer lugar en alumbrado público y en tercer lugar en el mantenimiento de parques, jardines y espacios públicos, indicadores que reflejan el impacto de las acciones municipales.

Galindo Ceballos señaló que la percepción de eficacia del gobierno creció 10.3 por ciento respecto al trimestre anterior, como resultado de las políticas públicas enfocadas en mejorar el entorno urbano y la calidad de vida.

Finalmente, el presidente municipal subrayó que estos resultados también se reflejan en la paz social, con una mejora en el orden urbano, evidenciada por la reducción en hechos de vandalismo e incivilidades, así como en la disminución del consumo de alcohol en vía pública, que alcanzó su nivel más bajo desde que se tiene registro.

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