octubre 15, 2026

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#4 Tiempos

El miedo a los hijos | Columna de Juan Jesús Priego

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Monólogo imaginario de Tihamér Tóth

[Llamamos hombres clarividentes no a los adivinos, sino a los que saben interpretar los signos de los tiempos. Uno de estos hombres clarividentes fue Tihamér Tóth (1889-1939), un obispo y escritor húngaro que, ya en el primer tercio del siglo XX, había vislumbrado por dónde irían las cosas con respecto a la familia. Oliendo los aromas de la cultura ambiente había percibido un cierto tufo que mucho tenía que ver con lo que llamaría después el miedo a los hijos. He aquí algo de lo que escribió en un libro suyo titulado El matrimonio cristiano (Madrid, Sociedad de Educación Atenas, 1942, pp. 167-175) y que yo presento aquí a manera de monólogo. Advierto al lector que, aunque no utilizo las comillas, nada es mío de lo que leerá a continuación.]
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Dime: ¿has visto jamás un pájaro que haga un nido para dejarlo vacío, o para instalar en él nada más que un polluelo único y enclenque? ¡No! Solamente el hombre ha inventado este contrasentido: la familia sin hijos.

El mundo actual, egoísta, ha trastornado el antiguo modo de sentir.

Nuestro mundo moderno no quiere oír sino de comodidades y goces, jamás de sacrificios. Para el mundo moderno el niño no es una «bendición de Dios», sino una «plaga de Dios», carga de la cual hay que librarse con todos los métodos posibles para que no estorben los placeres de dos personas adultas. Por este motivo, la mayoría de los esposos llegan a aceptar solamente un hijo de las manos de Dios. ¡Solamente uno! ¡Como mucho, dos! ¡Por nada del mundo quieren más! Y no advierten que al presentar excusas para no tener hijos, hablan mal del que ya tienen.

Los padres con un solo hijo suelen alegar que lo que importa no es el número, sino la calidad: ellos no dan muchos hijos a la patria, no dan más que uno, pero éste tiene un valor peculiar.

Por desgracia, la vida no da muestras de que este razonamiento sea verdadero. La vida demuestra, por el contrario, que los hombres verdaderamente insignes no fueron «hijos únicos», sino que muchos de ellos salieron de familias numerosas. Y si investigamos cuál pueda ser la causa de esto, descubriremos que los padres pueden educar más rectamente y con mayor éxito a varios niños que a uno solo.

A primera vista, esto parece extraño, pero tal es la realidad. Y es que con varios hijos la autoridad de los padres y su amor se ejercitan más sana y equitativamente, y así no aplastan la personalidad del hijo con un mandar continuo, ni echan a perder su fuerza de voluntad mimándolo sin cesar. Así se explica que salgan más hombres insignes de familias numerosas que de familias con un solo hijo. Donde no hay más que un solo hijo, los padres lo matan a fuerza de mimos y cuidados. Todo el amor que Dios puso en el corazón de los padres se consagra al hijo único, y entonces al pobrecito no le queda ocasión de ejercitar su independencia, su creatividad, y de ahí que acabe siendo inhábil, torpe, tímido y a veces hasta afeminado cuando llega a la edad adulta.

Pero el hecho de que generalmente salgan hombres mejor educados de familias numerosas tiene aún otro motivo. Y es que en tales familias no son únicamente los padres quienes educan a sus hijos, sino que los mismos hermanos se educan mutuamente.

Es un hecho bastante conocido que al niño le gusta jugar; pero, para jugar, necesita camaradas. Y los mejores camaradas son los propios hermanos. El niño que ha crecido sin hermanos propiamente nunca ha sido niño, nunca ha podido disfrutar plenamente de la infancia: moviéndose siempre entre adultos, llega pronto a la madurez; al principio es un poco petulante, más tarde ya quiere saberlo todo, lo ha probado todo, se siente hastiado: es un niño viejo, alguien que ha envejecido antes de tiempo. Donde, en cambio, varios hermanos viven juntos, hay equilibrio, freno. Es cierto que hay también muchos roces, pero precisamente así se pule el carácter: como se pulen los guijarros del arroyo, que adquieren brillantez gracias al continuo roce.

La vida de los padres que tienen un solo hijo es un temor incesante. «¡Ay! ¡Quiera Dios que no se resfríe, que no le suceda algo, que no se ponga malo y muera!». En cambio, si de muchos hijos muere alguno, claro que les duele a los
padres y les da honda pena, pero por lo menos ahí están los demás para consolarlos. Pero, ¿y si muere el hijo único?

No queda más que la cuna vacía, el cuarto sumido en el silencio, los juguetes sin dueño… «El niño es como un vaso de cristal: se rompe fácilmente». Por lo tanto, conviene que haya varios.

Es verdad que el niño trae muchas preocupaciones, muchos gastos, quebraderos de cabeza, sacrificios. Pero no es menos cierto que también brinda muchos consuelos a los padres: les da alegría, rayo de sol, esperanza, ayuda para el provenir; y, no en último lugar, les da también vigor para la vida matrimonial.

¡De manera que el niño no es obstáculo para la felicidad de los padres, ni es él quien les causa la desdicha! En la mayoría de los casos, los esposos que se divorcian son precisamente aquellos cuya felicidad «no se vio turbada por los hijos».

Pero veamos las cosas desde otra perspectiva. ¿Y si el que muere es uno de los esposos? Allí queda el esposo o la mujer; si hay hijos, habrá también pesares, es cierto; pero si no queda ningún hijo –porque no los hay-, entonces la desolación es cien veces más amarga. ¡Bendito consuelo es en estos trances para el esposo o la esposa la charla de los labios infantiles, que siguen hablando del cónyuge que murió, así como la mirada de unos ojos en que sigue viviendo la expresión del padre o de la madre ausente!…

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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