octubre 20, 2026

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#4 Tiempos

El miedo a los hijos | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

Monólogo imaginario de Tihamér Tóth

[Llamamos hombres clarividentes no a los adivinos, sino a los que saben interpretar los signos de los tiempos. Uno de estos hombres clarividentes fue Tihamér Tóth (1889-1939), un obispo y escritor húngaro que, ya en el primer tercio del siglo XX, había vislumbrado por dónde irían las cosas con respecto a la familia. Oliendo los aromas de la cultura ambiente había percibido un cierto tufo que mucho tenía que ver con lo que llamaría después el miedo a los hijos. He aquí algo de lo que escribió en un libro suyo titulado El matrimonio cristiano (Madrid, Sociedad de Educación Atenas, 1942, pp. 167-175) y que yo presento aquí a manera de monólogo. Advierto al lector que, aunque no utilizo las comillas, nada es mío de lo que leerá a continuación.]
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Dime: ¿has visto jamás un pájaro que haga un nido para dejarlo vacío, o para instalar en él nada más que un polluelo único y enclenque? ¡No! Solamente el hombre ha inventado este contrasentido: la familia sin hijos.

El mundo actual, egoísta, ha trastornado el antiguo modo de sentir.

Nuestro mundo moderno no quiere oír sino de comodidades y goces, jamás de sacrificios. Para el mundo moderno el niño no es una «bendición de Dios», sino una «plaga de Dios», carga de la cual hay que librarse con todos los métodos posibles para que no estorben los placeres de dos personas adultas. Por este motivo, la mayoría de los esposos llegan a aceptar solamente un hijo de las manos de Dios. ¡Solamente uno! ¡Como mucho, dos! ¡Por nada del mundo quieren más! Y no advierten que al presentar excusas para no tener hijos, hablan mal del que ya tienen.

Los padres con un solo hijo suelen alegar que lo que importa no es el número, sino la calidad: ellos no dan muchos hijos a la patria, no dan más que uno, pero éste tiene un valor peculiar.

Por desgracia, la vida no da muestras de que este razonamiento sea verdadero. La vida demuestra, por el contrario, que los hombres verdaderamente insignes no fueron «hijos únicos», sino que muchos de ellos salieron de familias numerosas. Y si investigamos cuál pueda ser la causa de esto, descubriremos que los padres pueden educar más rectamente y con mayor éxito a varios niños que a uno solo.

A primera vista, esto parece extraño, pero tal es la realidad. Y es que con varios hijos la autoridad de los padres y su amor se ejercitan más sana y equitativamente, y así no aplastan la personalidad del hijo con un mandar continuo, ni echan a perder su fuerza de voluntad mimándolo sin cesar. Así se explica que salgan más hombres insignes de familias numerosas que de familias con un solo hijo. Donde no hay más que un solo hijo, los padres lo matan a fuerza de mimos y cuidados. Todo el amor que Dios puso en el corazón de los padres se consagra al hijo único, y entonces al pobrecito no le queda ocasión de ejercitar su independencia, su creatividad, y de ahí que acabe siendo inhábil, torpe, tímido y a veces hasta afeminado cuando llega a la edad adulta.

Pero el hecho de que generalmente salgan hombres mejor educados de familias numerosas tiene aún otro motivo. Y es que en tales familias no son únicamente los padres quienes educan a sus hijos, sino que los mismos hermanos se educan mutuamente.

Es un hecho bastante conocido que al niño le gusta jugar; pero, para jugar, necesita camaradas. Y los mejores camaradas son los propios hermanos. El niño que ha crecido sin hermanos propiamente nunca ha sido niño, nunca ha podido disfrutar plenamente de la infancia: moviéndose siempre entre adultos, llega pronto a la madurez; al principio es un poco petulante, más tarde ya quiere saberlo todo, lo ha probado todo, se siente hastiado: es un niño viejo, alguien que ha envejecido antes de tiempo. Donde, en cambio, varios hermanos viven juntos, hay equilibrio, freno. Es cierto que hay también muchos roces, pero precisamente así se pule el carácter: como se pulen los guijarros del arroyo, que adquieren brillantez gracias al continuo roce.

La vida de los padres que tienen un solo hijo es un temor incesante. «¡Ay! ¡Quiera Dios que no se resfríe, que no le suceda algo, que no se ponga malo y muera!». En cambio, si de muchos hijos muere alguno, claro que les duele a los
padres y les da honda pena, pero por lo menos ahí están los demás para consolarlos. Pero, ¿y si muere el hijo único?

No queda más que la cuna vacía, el cuarto sumido en el silencio, los juguetes sin dueño… «El niño es como un vaso de cristal: se rompe fácilmente». Por lo tanto, conviene que haya varios.

Es verdad que el niño trae muchas preocupaciones, muchos gastos, quebraderos de cabeza, sacrificios. Pero no es menos cierto que también brinda muchos consuelos a los padres: les da alegría, rayo de sol, esperanza, ayuda para el provenir; y, no en último lugar, les da también vigor para la vida matrimonial.

¡De manera que el niño no es obstáculo para la felicidad de los padres, ni es él quien les causa la desdicha! En la mayoría de los casos, los esposos que se divorcian son precisamente aquellos cuya felicidad «no se vio turbada por los hijos».

Pero veamos las cosas desde otra perspectiva. ¿Y si el que muere es uno de los esposos? Allí queda el esposo o la mujer; si hay hijos, habrá también pesares, es cierto; pero si no queda ningún hijo –porque no los hay-, entonces la desolación es cien veces más amarga. ¡Bendito consuelo es en estos trances para el esposo o la esposa la charla de los labios infantiles, que siguen hablando del cónyuge que murió, así como la mirada de unos ojos en que sigue viviendo la expresión del padre o de la madre ausente!…

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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