octubre 15, 2026

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#4 Tiempos

El mágico PRI | Crónica trasnochada de Jorge Saldaña

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Hijos de mi revolución mental, fue el 26 de marzo, pero lo recuerdo como si hubiera sido… el 26 de marzo. Dicen que tarde nunca se llega al PRI, e institucional les comparto esta breve y tricolor crónica que más vale publicada hoy, que abandonada en el tintero.

Tres veces cantó el Gallo y no hubo a quien negar. De la nada, pero de todas partes salieron los priistas. Del “coma inducido” mediático a la matraca al vuelo. Del desánimo generalizado a la porra con batucada, del ayuno triunfalista a la repartición de frijoles charros, refresco en mesa, paquete de tortilla, playera, gorra y bandera.

Volvió a la vida como Lázaro el PRI potosino en un evento que recordó sus mejores épocas.

Le llamaron “comida de la unidad”, pero fue más un festejo de la resurrección de un siempre mágico PRI.

Y cantaba el Gallo por la “unidad del tricolor” con arengas de “la gran familia priista”, con frases al vuelo conmovedoras para encender aún más a la concurrida y rojiza audiencia conformada por más de 2 mil 500 almas que se repartieron de a diez en diez en las mesas apretadas. En ninguna había lugar.

La atmósfera colorada se surtía de saludos, de apretados abrazos, de “quihubos y quihubos” intercambiados.

Los priistas se reconocieron y no pudieron ocultar “el contento” de ser convocados en época no electoral. “Nos tenían abandonados, hasta que nos llamó nuestro líder”, soltó alguien en la mesa en que se repartían playeras con el logo tricolor y la leyenda “Delegación de la Pila”.

El que no traía chaleco rojo, traía guayabera blanca, camisa roja o su gorra regalada “de gorra”.

Al que esto escribe pronto acercaron cachucha para no desentonar, misma que con pesar tuve que regalar a Oscar Bautista, que llegó entre porras sonoras de por lo menos media docena de mesas que se les notaba venían de Rioverde.

–¿Por qué le regalaste tu gorra a Oscar? –Me preguntó alguien. –Pues para que no vayan a pensar que es de otro partido. –Contesté.

Y volvió a cantar el Gallo: “a pesar de lo que dicen los contrarios…el PRI late y late fuerte… Que el valor del PRI está en su gente… gente que aquí está y se hace presente”. Aplausos del auditorio.

Al invitado de honor, Alito, el líder nacional Alejandro Moreno Cárdenas, le sobraron porras y abrazos, saludó niños, chocó manos, se desvivió en su discurso por exaltar a las mujeres, las “valiosas mujeres priistas a las que tanto debemos”, dijo en muchas formas distintas mientras bailaba un vals amplio deslizándose en el salón entre mesas e invitados.

Se hizo dueño del lugar en un discurso en el que insistió en lo vivo del partido, en el valor de las mujeres, en el que exaltó a los jóvenes, reprobó al gobierno y a la reforma energética, y a lo que vino dejar clarito: “En el PRI sabemos gobernar y gobernamos bien, el mejor ejemplo lo tenemos en nuestro amigo, Enrique Galindo Ceballos”.

La reacción no se hizo esperar: matracas a 100 revoluciones, batucada a doble golpe y el coro ensordecedor de “Galindo, Galindo”.

No hubo duda ni señal que se opusiera. En los hechos el partido se estaba entregando en los símbolos y a la más pura liturgia priista, al alcalde capitalino.

En todo se cumplió con el rito tricolor, ese que no requiere convocatoria en estrados ni oficialismos.

El propio presidente del Comité Ejecutivo, Elías Pesina Rodríguez, en el subtexto de un discurso breve y certero dejó ver con claridad el destino del partido con nombre y apellido.

Lo escuchó la diputada Sara Rocha, que saludaba de lejos a todos los asistentes con el corazón en la mano. Puso atención Alejandro Polanco, Hiram Ventura, la diputada Yolanda Cepeda, que compartió mesa de honor con Alito, Martha Orta, Rosa María Huerta que posaron para decenas de fotos, presentes los 6 alcaldes priistas (de los 16 municipios que ganaron en coalición).

En otra mesa de primera fila estuvieron el legislador Edmundo Torrescano, Mauricio Castañón, Jorge García, Fernando Chávez, Margarita Hernández Fiscal, Manuel Alvear Sevilla, que fue reconocido por las mesas de “Ébano presente”, figuras por doquier y en todas las filas.

De bajo perfil la diputada Bernarda Reyes, y de plano sigiloso –dicen- acudió Alejandro Leal Tovías.

Cuando tocó el turno al anfitrión, Enrique Galindo, le pasó como al Gallo de la pasión y no hubo acomedido que le ofreciera agua para una garganta cansada y tuvo que ser su esposa, Estela Arriaga, la que se levantó de la mesa para acercar un poco de refrescante H20.

Galindo también hizo énfasis en el latido, en los signos vitales de un partido ahí reunido, en el futuro y en su futuro “siempre priista” mientras se movía en el escenario de logotipos PRI y una enorme pantalla que hacía eco visual al orador y alcalde.

Relató la construcción del evento a partir de una idea que se fue expandiendo rápidamente, agradeció a los priistas que en la “comida de la unión” estaban ansiosos de ser convocados por su partido.

Se ganó al auditorio y dio su lugar a “Alito” que agradeció de pie las palabras de Galindo. Se ejecutó la ceremonia, el ritual se había cumplido.

Cantó por tercera vez el Gallo para dar paso al jolgorio. Ni Jaime Waldo, ni Arturo Ramos, ni algunos otros antes vistos en otras pistas negaron nada, con gorra colorada fueron institucionales, la magia del PRI a ellos y a todos había trastocado.

Por frijoles charros, tortillas y refresco no paramos. La gorra, la playera para saber en qué camión nos vamos y la bandera de recuerdo.

“Suelta el listón de tu pelo…”, se arrancó el grupo en vivo, que animó a los que se quedaron.

“Evento priista de punta a punta”, dijo uno que se despedía.

Así es el PRI, que a su muy peculiar manera daba respuesta a los que hace poco se fueron o que cambiaron de color. Se perdieron el bailongo.

Un tricolor que insiste en que está vivo y late aunque el edificio esté vacío. Los cambios y formalidades vendrán después, pero al menos ya se sabe de dónde vendrá el llamado.

Y mejor ya vámonos, que me deja mi camión.

El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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