#4 Tiempos
El hijo de mis amigos | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Unos amigos míos tienen un hijo que, como casi todos los adolescentes de hoy, forma parte de una banda de rock. Él es el solista, según pude enterarme hace poco, y también toca la guitarra eléctrica, aunque hace tan mal ambas cosas que da lástima el verlo, y más lástima aún el escucharlo.
¡Qué mal canta el muchacho! Cuando habla, todo está perfectamente bien, todo camina como sobre ruedas: su voz es clara, melódica y hasta casi diría que cristalina, mas apenas se pone a cantar lo claro se vuelve oscuro, lo melódico desordenado y lo cristalino gangoso.
Tardes enteras se pasa el muchacho aporreando la guitarra y ensayando canciones nuevas y estrepitosas que –la verdad sea dicha- a nadie gustan por ruidosas pero que todos aplauden con emoción y unas cuantas lágrimas en los ojos. El padre, por ejemplo, está orgullosísimo de él y dice que, cuando tenía la edad de su hijo, no tocaba la guitarra así de bien.
-No, yo no tocaba la guitarra tan bien. Es más, ni siquiera sabía tocar la guitarra. ¡Estos muchachos de hoy cómo saben cosas, cómo nos aventajan!
Luego mis amigos siguieron diciéndome que los artistas ganaban una barbaridad y que el muchacho cada día tocaba mejor, lo que les permitía acariciar algunas esperanzas respecto a su futuro. ¿Pero es que estos inocentes estaban ciegos, o qué? Mejor dicho, ¿estaban sordos? Lo de su hijo no era música, sino puro estrépito.
-¿Te gusta su música? –le pregunté al papá-. Sé sincero, ¿te gusta o no? ¡Di la verdad!
-Bueno –me respondió-, lo que pasa es que nosotros somos de otra época y, aunque pueda gustarnos la música de hoy, preferimos que ésta sea ligera: Julieta Venegas, por ejemplo, o incluso Alaska y Dinarama.
-Como grupo, ya no existe Alaska y Dinarama desde hace por lo menos veinte años –digo yo.
-¡Cómo! ¿Ya no existe? ¡Pero si el otro día los oí cantar en la radio!
-Sería, tal vez, en la sección dedicada al recuerdo. Bueno, sí, Alaska sigue cantando, pero ahora en un grupo, dueto o lo que sea llamado Fangoria.
La mamá del jovenzuelo tomo sobre sí la causa del amor de sus amores y se entrometió en nuestra conversación para decir que lo que hoy estaba de moda era que los jóvenes formaran bandas de rock y que no iba a ser ella quien le quitara a su hijo esa afición tan promisoria como inofensiva.
Pero yo pensaba lastimeramente no en la distracción de los muchachos de hoy, sino en esas tardes largas e irrepetibles que su hijo desaprovechaba en tonterías cuando hubiera sido necesario ocuparlas en otra cosa.
En lugar de aprender un idioma, perfeccionar sus saberes o quizá practicar algún deporte, el hijo de mis amigos se dedicaba a hacer una cosa de la que no tenía nada que esperar: esto y no otra cosa es lo que me tenía preocupado. ¡Ah, si yo hubiera visto en él algún talento musical, aunque sólo fuera en embrión, habría sido el primero en invitarlo a proseguir! Pero no; de talento no había nada, nada, por lo menos musical.
Mientras hablaba con aquellos padres despistados recordé el pasaje de una novela de don Benito Pérez Galdós (El amigo Manso) en la que un aprendiz de poeta va adonde el protagonista de la historia –un hombre serio, catedrático de Filosofía y de otras materias tan graves como él- para que juzgue unos versos que acaba de escribir.
«Cierto día –cuenta el señor Manso- me trajo el muchacho con gran misterio unas quintillas; las leí; pero me parecieron tan malas, que le ordené no volviese a tutear a las Musas en todos los días de su vida. Y que se mantuviera con ellas en aquel buen término de respeto y cariño que imposibilita la familiaridad. Le convencí de que no era de la familia (de las Musas, claro está), de que son cosas muy distintas sentir la belleza y expresarla, y él, sin ofensa de su amor propio, me prometió no volver a ocuparse de otros versos que los ajenos».
Veamos: lo más fácil para este hombre sabio hubiera sido decirle al aprendiz de poeta: «Bien, bien. Sobre todo, tenga usted ánimo, amigo mío. Para empezar, esto está perfecto. Siga usted esforzándose y con el tiempo, seguramente, mejorará, opacando tal vez a los Machado y a los Lorca». Pero nada de esto dijo, pues veía claramente y desde el principio que no era para hacer de poeta por lo que Dios había puesto en el mundo a ese joven soñador.
Algo así deberían atreverse a hacer mis amigos, pues una cosa es apreciar la música, y otra muy distinta ejecutarla como se debe. ¿Por qué no se atreverán? Después de todo, la educación para eso es: para ayudarnos a discernir por dónde nos quiere la vida y por dónde no; dónde se nos promete algo y dónde nos esperan sólo fracasos.
Si todos, porque nos gusta la música, quisiéramos poder tocarla, estaríamos perdidos. Que cada uno haga lo que mejor le salga; que se dedique a lo que mejor pueda: tal tiene que ser, según mi modesta opinión, lo que deberían decir desde el primer día de clase los maestros a sus alumnos; y después, durante los años que resten, ayudarles a ver qué es lo que mejor les sale y descubrir con ellos lo que éstos mejor pueden.
«Al que es inclinado a ceñir espada muy mal le sienta la estola –escribió Fray Antonio de Guevara (1481-1545) en su Menosprecio de corte y alabanza de aldea-, y al que es de natural encogido pecado sería llevarle a palacio. A la que desea tener marido, muy pesado se le hará el velo negro, y al que es inclinado a picar piedras en vano le enseñan a afilar navajas. Al que de suyo se le da el tejer, pecado sería mandarle pintar».
¡Muy bien dicho, señor mío! Y si la escuela nos enseñara sólo eso, con eso –que no es poco- quedaríamos bien servidos, que ya lo demás vendrá después.

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El Cronopio
Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.
Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.
Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.
Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.
Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.
A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.
También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.
Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.
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El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
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Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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