noviembre 6, 2026

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#4 Tiempos

El hecho de ser mujer | Columna de Enrique Domínguez

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el hecho de ser mujer

Cuentas claras

 

Desde el origen de los tiempos ha sido relegada y la historia se ha encargado de mantener en un segundo plano el papel en la sociedad, la mujer es por hoy un ser que aún conserva raíces de sometimiento e impedimento para desarrollar su potencial ante un mundo mísero, mezquino y machista que relega e impide el crecimiento.

La discriminación y la violencia de género es una forma brutal que manifiesta una desigualdad entre mujeres y hombres, entendiendo cualquier tipo de violencia como algo personal que no debería traspasar las fronteras de un aspecto fundamentalmente territorial (Hogar, familia y reclusión) es una manera cómoda para desestimar una situación grave que hoy viven las mujeres.

Violencia de género

De acuerdo al portal del Instituto Mexicano del Seguro Social la violencia de género es al maltrato que ejerce un sexo hacia el otro, que puede ser de hombre hacia la mujer o viceversa. En este caso resulta válido saber que la violencia se da en ambos casos, sin embargo, en el 96 por ciento de los casos, la víctima es mujer.

Innecesario hacer un comparativo de muertes violentas entre hombres y mujeres, el problema no es así, la mujer violentada es por el simple hecho de ser mujer, por las diferencias biológicas, físicas y sociales.

Antecedentes

Se han obtenido a través de los años estereotipos que han establecido roles que, en muchos casos están plagados de prejuicios para la constitución del género, es decir, se ha heredado el comportamiento manejado de generación en generación asumiendo patrones conductuales y a la vez, transmitidas a nuestros descendientes.

La religión ha jugado un papel importante en la desigualdad entre el hombre y la mujer, dejando entrever las diferencias físicas, biológicas y mentales, así commaro la participación en la vida, en el caso del yugo que involucra al matrimonio heterosexual, la religión establece a la mujer como dadora de hijos, la crianza y el sometimiento a las labores que no representan ingreso alguno por su actividad.

Resulta injusto que quien protege y cuida a los hijos prevalezca como un ser sumiso, sin ambición y vista con desdén para su desarrollo y la generación de logros ante el oscurantismo del servicio y la recepción de dádivas del esposo.

Actualidad

Por siglos la mujer ha tenido que mantenerse en recato, en la protección personal y en la protección de su cuerpo para no ser atacada y vituperada por los designios funestos en una sociedad por antonomasia machista.

Que injusto resulta estar en un mundo donde se impone la masculinidad para obtener las más grandes regalías de un empleo bien remunerado, dejando en un segundo plano la injusticia de la inequidad.

Las actividades más frecuentes para subordinar a la mujer consisten en: “Pisar el orgullo” ante la idea de sobresalir y la “pata en el pescuezo” para detener la “insana” idea de ser mejor y superar al hombre.

Ante un mundo hostil y lleno de violencia siempre es necesario el cuidado a la integridad física, para la mujer esto representa un esfuerzo mayúsculo, no solo por la protección per se, es también el cuidado de su persona, de ser atacada sin la menor provocación.

Vivir en ese mundo es lacerante y lleno de limitaciones, cuidar el arreglo personal, el atavío y la presencia son cuestiones a considerar, no solo eso, llevar sobre si lo estrictamente necesario, otras prendas las hacen ser vulnerables. La vestimenta, no provocar, no atraer y no provocar son otras vertientes del cuidado de una mujer.

Que injusto es redoblar esfuerzos por la simple y plebeya idea de no ser atacada, todo eso aunado a los improperios y el acercamiento masculino no deseado para mantenerse con una posición de no miedo y aparentar seguridad ante un encuentro inesperado que a la larga solo van lacerando la seguridad de la mujer.

  • Qué difícil es seguir avante, aguantar los chiflidos, las frases sinsentido y las peladeces de quien deambula por la calle.
  • Qué difícil es aguantar esa mirada con lascivia que desnuda sin voluntad a la persona.
  • Qué difícil es aguantar las palabras que vulneran, que hieren y que ofenden la dignidad.
  • Qué difícil es estar sometida a las amenazas, las injurias y el chantaje de entregas pasadas para ser sometidas al escrutinio público mediante la exhibición y la extorsión.
  • Qué difícil es vivir bajo la mente masculina sediciosa de venganza al sentirse heridos y enfrentar esa idea demente de sentirse superiores mediante el acoso.
  • Que desdicha escuchar que 9 de cada 10 mujeres durante su vida sufrieron algún modo de violencia, ataque, abuso o violación.

Es indignante ver que en pleno siglo XXI siga prevaleciendo el machismo defecante que solo intenta hacer prevalecer una idea estúpida de seguridad y sometimiento como en cualquier época primitiva.

La reacción

Ante este tipo de ultrajes debe ser entendible que exista una reacción para que estalle la rabia que por milenios ha prevalecido y se manifiesta de forma descontrolada y anárquica que, de pronto a pesar de movimientos muy validos en el pasado, la violencia a la mujer no disminuye, siguen los mismos vicios y la constante de maltrato.

En el caso de movimientos, asociaciones y grupos de mujeres la idea del reclamo no tiene un orden jerárquico para diferenciar desde una palabra ofensiva hasta una violación, la reacción no tiene limitantes para saciar la sed de venganza hacia cualquier acto que incrimine a un atacante.

Una manera importante de darse cuenta de ello es la no creación cualitativa de actos que deshonren la integridad física, es tan ciega la reacción que cualquier improperio generará el malestar y saldrá a flote el encono y el coraje reprimido por siglos, generando una reacción por demás excesiva.

La protesta es más que válida, ¡basta del atropello y del sometimiento de un mundo masculinizado!, ¡detener la supremacía machista!, ¡luchar por la igualdad! y la posibilidad de obtener los mismos beneficios es esencial.

Los movimientos surgen por el clamor y por la necesidad de ser escuchados.

Buscar el apoyo, la solidaridad y el entendimiento es importante para que toda acción cobre relevancia, ante movimientos que caen en el vandalismo, las banderas políticas e infiltraciones. No es el momento, por ahora de juzgar, no se trata de culpar, es solo la simple idea de saber que la mujer es esencial en esta vida, tanto así como creadora y sujeta de ser dignificada por el gran papel que hasta ahora le ha sido negado.

Injusto resulta saber que la equidad solo permanece en el nombre y no en la acción, se simula, se engaña, pero no se lleva a cabo.

Al principio la equidad es un consuelo, sin embargo, esta solo será dignificada por la igualdad que es diferente, ahí la competición es más real y no se trata de un 50 y 50, se trata de la capacidad, la razón de concebir un mundo justo, la promesa y la dignificación de la mujer donde la codicia ambiciosa del género masculino prevaleció por la fortaleza física y la insensibilidad.

La protesta es necesaria, dignifica y enaltece la exigencia de derechos, es importante que prevalezca de tal forma que adquiera el impuso como para amedrentar a aquellos hombres que solo tengan entre manos el maltrato físico, psicológico, violento, acoso, trata y violencia económica a la mujer.

Un movimiento enaltece, dignifica y pone énfasis a la idea de igualdad en todos los ámbitos.

De acuerdo a Simone de Beauvoir es necesario vivir de manera individual para luchar de manera colectiva.

Para reflexionar

“Los hombres están desconcertados ante las actitudes de las mujeres, el feminismo los ha paralizado. No saben cuándo echar los perros, si le echan los perros a una mujer, no saben si van a acabar en los tribunales”.

– Camile Paglia (Feminista post-feminista)

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El Cronopio

Juan José Ortega, director cinematográfico matehualense | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En las primeras décadas del siglo XX un buen número de potosinos van a la Ciudad de México a continuar su formación y su desarrollo profesional. La mayoría sobresalen en las actividades que se realizan, como lo muestra la nutrida membresía de la Academia Potosina de Ciencias y Artes formada por potosinos que radican en la Ciudad de México, donde la mayoría ocupan puestos de importancia en la vida cultural mexicana. Entre estos personajes se encuentra el camelense Juan José Ortega García que destacaría en la industria cinematográfica en la época de oro del cine nacional a la que se incorpora en la década de los treinta siendo otro de los potosinos pioneros en el cine mexicano.

Juan José Ortega García nació en Matehuala, San Luis Potosí, el 27 de octubre de 1904, donde inicia su educación primaria la que tuvo que suspender, para proseguirla de manera autodidacta, para contribuir al sostenimiento de su familia. La familia se traslada a San Luis Potosí y continúa su formación autodidacta, entre ellos el oficio de mecanografía, lo que le conduciría a iniciarse en el periodismo en 1925 colaborando en el periódico Acción de San Luis Potosí, del que sería su subdirector en 1928 y, director en 1932 del periódico potosino Vanguardia. Fundó en el Bajío un par de periódicos: el Diario del Centro en Aguascalientes y El Globo en León, Guanajuato. Colaboró como corresponsal en los periódicos Excélsior y El Universal.

Juan José Ortega García, director cinematográfico matehualense

Al llegar a la Ciudad de México para integrarse a la Comisión de Irrigación en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas inicia su carrera en el cine dirigiendo documentales oficiales, Irrigación en México y Gigantes de Piedra. Al dirigir estos largometrajes comprendió que su carrera sería el cine y se adentra dirigiendo su primera película en 1939, Sendas del Destino, donde actúa, entre otros, Eduardo Arozamena, en una trama que se desarrolla en la presa La Angostura en Sonora, reminiscencia de sus primeros largometrajes, la cual fue financiada de su propio peculio y con aportación de la Comisión Nacional de Irrigación, donde laboraba Ortega García.

Sendas del Destino sería su ópera prima de, al menos 42 películas que dirigió

, realizando también coproducciones internacionales, con Cuba, Venezuela, Colombia y Perú. Entre las películas que dirigió se encuentran: La mujer legítima en 1945, con Isabela Corona; La insaciable de 1947, con María Antonieta Pons, con un guion escrito por el propio Juan José Ortega incursionando así en el guionismo; Cuando el alba llegue, en 1950, con Meche Barba; Lodo y armiño, de 1951, con Armando Calvo; Cuentan de una mujer, en 1958, con Marga López; En carne propia, de 1961, con Joaquín Cordero; Pacto de sangre, en 1966, con Manuel López Ochoa, entre otras.

Entre los melodramas, género preferido de Juan José Ortega, filmados en Cuba se encuentran: la comedia musical filmada en 1953 en La Habana, intitulada Me gustan Todas con Adalberto Martínez Resortes; en 1954 las cintas, Frente al pecado de ayer y Yo no creo en los hombres, protagonizadas por Sarita Montiel; en 1956 dirige No me olvides nunca, con actuaciones de Luis Aguilar, Rosita Fornés y Olga Guillot.

En la década de los sesenta dirige la serie de películas tipo westerns de Leonardo Moncada, serie de cinco películas estelarizadas por Joaquín Cordero, basadas en una serie radiofónica cubana. En esa década Ortega comienza a dedicarse a la distribución de películas creando la distribuidora Compañía Cinematográfica Mexicana y Productora Mexicana de Películas. Es propietario también de Producción Fílmica de México y Películas y Videos Internacionales, todo ello en los ochenta.

Recibió varios reconocimientos a su carrera cinematográfica, como productor, director, guionista y distribuidor actividades que siguió después del periodismo, donde sería también pionero en el periodismo potosino del siglo XX. Juan José Ortega García murió en la Ciudad de México el 27 de diciembre de 1996.

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Acento Ajeno

La alcancía sin fondo de Margarito | Columna de Haniel Valdés

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ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

Dice Shakira, “tiene nombre de persona buena, claramente no es como suena”. Nombre de flor, pero actuar de mala hierba. Mientras el Estado amplía las rutas gratuitas y de calidad, para los potosinos, las empresas que operan el otro, el caro y de pésima calidad, dicen que no les alcanza y necesitan duplicar el precio del pasaje.

Margarito Terán, representante del sector camionero, que nunca ha usado el transporte público para moverse, solo para llenar sus bolsillos, por eso no sabe el pésimo servicio que prestan, pide tarifa récord y dinero público sin explicar qué pasó con el aumento de este año ni con los camiones nuevos que el Estado ya entregó al sector.

En enero, Margarito Terán pidió subir el pasaje de 12.50 a 15 pesos. El Estado le autorizó 13.50. Nueve meses después vuelve con una cifra que ya no es petición sino ultimátum: 23 pesos por viaje, 2,797 millones del erario y la amenaza de que el sistema “va a colapsar por inercia”.

Veintitrés pesos son 70% más que la tarifa vigente y 53% más que los 15 que el propio Terán decía indispensables hace diez meses. Si 15 eran la salvación en enero, ¿qué cambió para que ahora cueste ocho pesos más?

Hay un dato que Terán omite. Ese mismo enero, el 12, el gobernador Ricardo Gallardo entregó 100 camiones nuevos con una inversión de 266 millones de pesos en financiamientos. Son 2.66 millones por unidad. Al ritmo de ese precio, renovar las 768 unidades de la iniciativa costaría unos 2,043 millones. Faltarían casi 750 millones para llegar a los 2,797 que piden. El resto cubriría déficits de operación, un margen de 15% de utilidad para los concesionarios y las pérdidas de la pandemia. Es decir: dinero público para garantizarles ganancia.

Tampoco está claro qué pasó con los camiones ya entregados. El Gobierno presumió 100 en enero; en octubre, la SCT habló ante el Congreso de “más de 70 unidades urbanas” renovadas. Nadie ha dicho cuántos circulan, en qué rutas ni quién paga el financiamiento. Antes de pedir más, habría que rendir cuentas de lo que ya se dio.

Yo, usuario del transporte público de la capital, debo ser un desafortunado, solo una vez subí a una unidad de las nuevas, al parecer las rutas 53, 21, 30, 27, 10 y 5, que son las que utilizo con frecuencia, no recibieron la dicha de contar con los nuevos camiones, porque he conocido autos clásicos más modernos que los camiones que suelen llevarme por la ciudad.

La flota vieja no es una sorpresa. Terán dice que 882 unidades

ya debieron salir de circulación. La Ley de Transporte Público no permite camiones de más de 10 años, y renovarlos es obligación de quien tiene la concesión, no del usuario. En 2015 el padrón registraba mil 174 unidades; hoy hay mil 203. Once años después, el parque casi no creció, y tampoco se renovó. Y en mayo, el propio Terán reconoció que de mil 200 unidades autorizadas solo circulaban unas 800.

Hay una concentración que pesa. Cuatro empresas controlan 36% del padrón y diez, 61%. El dinero público llegaría sobre todo a quienes ya tienen más peso. Una de ellas, Tangamanga, enfrenta una denuncia de Ciudadanos Observando por mantener suspendidas tres rutas de su concesión.

El diputado Héctor Serrano lo dijo claro: las concesiones “son potestad del Estado, no propiedad de los concesionarios”. Quien explota un bien público no puede presentarse a pedir rescate cuando el negocio le sale mal.

Terán tiene razón en algo: los costos de operar suben. Pero una industria que pide más tarifa, más subsidio y más tiempo, sin ofrecer metas, plazos ni auditoría, no pide apoyo: pide un cheque en blanco.

Los costos suben, pero el respeto a la vialidad, la buena educación y atención por los conductores de las unidades, la limpieza de las mismas y el respeto a sus horarios y paradas, disminuyen.

La SCT debería preocuparse más por velar que las unidades de transporte urbano cumplan con aquello por lo que reciben dinero público, ofrecer un transporte de calidad. Pero primero y más fácil, cerrarle la boca y pararle los pies a este señor que ya parece alcancía, solo pidiendo dinero para guardar y no para emplear en lo que se necesita. O mínimo, salir con urgencia a desmentir sus falacias y exigirle resultados.

Lo mínimo que el usuario merece antes de pagar un peso más es saber cuántos de los 100 camiones nuevos circulan, un plan de renovación con fechas, rutas que realmente operen y cuentas abiertas sobre qué se hizo con el aumento de este año. Sin eso, los 23 pesos no son un precio. Son una factura sin desglose.

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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