#4 Tiempos
La IA, periodismo, y la coartada perfecta | Apuntes de Jorge Saldaña
““Vivimos bajo tormentas de datos que no construyen verdad sino ruido”. La información, desanclada de la confianza, se vuelve atmósfera. Y en atmósfera turbia, cualquiera puede gritar “fuego” y llamar a los bomberos, o “deepfake” y zafarse de la comisión de un delito”
Por: Jorge Saldaña
Hay épocas en las que la tecnología acelera más rápido que la ley en una carrera en pista sinuosa, de esas con curvas tan cerradas que hasta el volante tiembla.
Estamos ahí. La inteligencia artificial (IA) ya es capaz de imitar una voz al grado de confundir a tu mamá, de injertar un rostro en un cuerpo ajeno con precisión perfecta, de producir un “comunicado oficial” con sellos y sintaxis idénticos a los originales. Qué peligroso.
No obstante, lo que de veras me quita el sueño (y eso que soy dormilón) no es solo lo que la IA puede fabricar, sino lo que su misma sombra puede desmentir, es decir, que lo verdadero sea tirado a la basura señalándolo a la ligera como “irreal”.
Dicho en pocas palabras: sí temo a la mentira hecha con IA, pero temo más que la IA se vuelva la coartada perfecta para negar la verdad. ¿Me explico?
Pienso en un audio que exhibe una extorsión, en una foto que capta a un político con un criminal, en un contrato auténtico que documenta un desvío.
Con la reforma aprobada en San Luis Potosí (con tan solo 10 días de análisis) que tipifica el “uso indebido” de IA para provocar alarma, alterar la paz social, o dañar la imagen de un tercero, creo que nos pone a todos, pero aún más a los que nos dedicamos al periodismo, en un altísimo riesgo de que la primera reacción del involucrado no sea la responder al fondo, sino señalar al mensajero: “Eso lo creó la IA”, y entonces deberá ser el reportero, y no el delincuente exhibido, el que deberá de demostrar que su evidencia no es sintética o artificial, o se va al bote.
Invertimos la carga de la prueba: del hecho al emisor; del culpable al periodista.
No exagero: Artículo 19 ya advirtió lagunas de precisión en conceptos como “alarma pública” o “paz social” (que son ambiguos y propensos a la interpretación) y un riesgo de discrecionalidad que podría alcanzar desde la crítica política hasta la edición creativa.
Es cierto, la iniciativa del diputado Héctor Serrano, incorpora exclusiones para fines periodísticos, académicos, artísticos y de parodia “siempre que no exista dolo y se indique expresamente ese carácter”. Bien intencionado, sí. ¿Suficiente? No, porque el campo de juego queda resbaladizo y no hay árbitro judicial ni peritos especialistas en el tema.
Las modificaciones al Código Penal producto de la iniciativa de regulación a la IA, no define con precisión cómo demostrar el dolo, qué es alarma y, sobre todo, quién y cómo lo acredita.
Byung-Chul Han lo dijo en su libro Infocracia, (que me gusta mucho citar): “vivimos bajo tormentas de datos que no construyen verdad sino ruido”. La información, desanclada de la confianza, se vuelve atmósfera. Y en atmósfera turbia, cualquiera puede gritar “fuego” y llamar a los bomberos, o “deepfake” y zafarse de la comisión de un delito.
Nuestro tiempo es el de la sospecha permanente, la duda como política de Estado.
El tema me recuerda a Orson Welles que lo anticipó en 1938 con La guerra de los mundos: una ficción radial que, contada como boletín, desató pánico.
Hoy no necesitamos actores; bastan modelos generativos, un par de clics y un algoritmo de difusión.
Imaginen —no es ciencia ficción— un boletín “verosímil” de la Sedena ordenando toque de queda; una “conferencia” de la presidenta aceptando una invasión o un “video” de un presunto homicida de un estudiante de Estomatología confesando un delito… (saben a lo que me refiero).
¿Qué tal que el homicida alega que el video que se filtró fue hecho con Inteligencia Artificial? ¿Se va a perseguir al medio que lo difundió? En una de esas, hasta el homicida sale libre…¿Ya me entiende, Culto Público a lo que me refiero, me preocupa, y me da comezón?
La IA escribe el guion; las redes, el miedo.
Ahora bien: San Luis Potosí ya legisló. ¿Hacía falta? Sí. Pero… ¿Así? ¿Tenemos la suficiente fortaleza académica, experiencia profesional y capacidades para fundamentar una legislación sobre esta materia que nos va ganando la carrera? ¿No será esto un acelerón en plena curva?
El que esto escribe, aprendiz de reportero, alcanza a ver al menos tres riesgos que no podemos ignorar:
1) La coartada perfecta del poderoso.
Frente a una investigación sólida, la respuesta fácil será: “es IA”. Si la norma deja ambigüedades, el periodista puede terminar litigando su autenticidad en vez de publicar, y esto puede generar un efecto inhibidor, una autocensura preventiva por miedo a ser acusado de crear “realidades sintéticas”.
2) La puerta trasera de la censura.
Cuando “alarma social” o “paz pública” no tienen parámetros verificables, cualquier pieza incómoda puede ser encuadrada como “desestabilizadora”. Hoy se promete que no; mañana basta un fiscal con prisas o un juez con miedo o a modo.
3) La prueba imposible.
En la práctica forense, demostrar que algo no fue generado por IA requiere peritajes especializados, sellos de procedencia, cadenas de custodia digitales. No los tenemos para temas como la IA ¿Quién los hará? ¿Con qué estándares? ¿Con qué independencia? Si no definimos eso, la balanza se inclina contra el informador.
Ante ello, creo que necesitamos definiciones más concretas, cerradas y taxativas, lo mismo que una “mente culpable” o como dicen los abogados una Mens rea probada, exigir dolo específico: intención de provocar alarma…me-di-ble y no de “sensación” de la misma.
Además, si alguien alega que una pieza es sintética o fabricada, que lo acredite con peritajes de laboratorios independientes (no “peritos de parte” -que además no hay en SLP- a modo).
Los periodistas también tenemos que tener garantías reales y no meramente declarativas.
Efectivamente hay una exclusión en la iniciativa aprobada para el ejercicio del periodismo, arte, academia y sátira, sin embargo, ¿quién garantiza que opere en los hechos, cuando alguien -como dije arriba- nada más porque sienta calor le llame a los bomberos…?
No se trata de negar el dilema —que es brutal y de múltiples aristas—, sino de evitar que la cura mate al paciente. Porque, paradójicamente, la IA que nos amenaza con fabricar mundos, también puede servir para validarlos.
A ver, para Usted mi Culto Público, le comparto dos escenarios de pesadilla y uno de esperanza:
Un “Falso con consecuencias reales”: Un “comunicado” apócrifo de Protección Civil que ordene evacuar colonias. Pánico, saqueos, accidentes. Nadie herido por la IA; todos por la estampida.
Un “Verdadero desmentido como falso”: Un video auténtico que documenta un abuso policial. Los responsables gritan “deepfake”, “IA”, un juez timorato concede medidas cautelares, y el reportero enfrenta proceso. La evidencia muere antes que el delito.
Uno de esperanza: que la norma haga lo que promete: perseguir mentiras sintéticas dañinas, proteger a víctimas (como las 400 estudiantes de Zacatecas) y blindar la crítica. Se puede, si se afina y lo hacemos de forma acompañada y profesional. No a la ligera.
La delgada línea entre vigilar y castigar —permítanme el guiño— no debería cruzarse hacia castigar al que vigila. La prensa, con sus errores y excesos que a veces tenemos (no me subo al púlpito ni tiro la primera piedra), sigue siendo el semáforo en una avenida oscura: si se apaga “por seguridad”, lo que viene no es orden, sino una carambola con trágicas consecuencias.
Cierro con una imagen. La IA es el Orson Welles de nuestros tiempos: puede narrar invasiones que no existen y desmentir revoluciones que sí ocurrieron. La diferencia será si, en San Luis, ponemos reglas claras, peritos que sepan, y un principio simple grabado en piedra: a la verdad no se le pone grillete; a la mentira, sí.
Insisto, si lo hacemos bien, con profesionalismo y sin miedo, quizá esta vez la radio hablando de marcianos no provoque pánico, sino lucidez.
Mañana será el diputado de Morena Carlos Arreola (qué casualidad) el que anuncie el desarrollo inmediato de foros con ciudadanos, académicos, especialistas, periodistas, abogados y otros grupos para discutir, plantear y afinar la iniciativa aprobada. Aunque lo convoque Arreola, ni modo, me apunto.
Nota: Esta columna no fue redactada con IA, sino con MIR (Mi Ignorancia Regular).
Hasta la próxima.
Yo soy Jorge Saldaña.
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El Cronopio
La formación científica de Mariano Jiménez | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
José Mariano Jiménez ha pasado a la historia por ser uno de los caudillos del movimiento revolucionario. Por lo común ha quedado ausente en las arengas que en las ceremonias del grito de independencia los quince de septiembre se invocan a los héroes que nos dieron patria y libertad. Lo lamentable, es que en su propia tierra se le ignore en esas festividades.
Mariano Jiménez luchó con las armas al lado del Padre Hidalgo y Allende y superó en estrategias a los mismos generales en la Batalla de las Cruces, donde pedía Jiménez dar el golpe definitivo. La historia fue otra. Pero también combatió con las armas del conocimiento, como forma de emancipación del pueblo mexicano que exigía libertad y justicia. Mariano Jiménez se preparó en el Real Seminario de Minería con los mejores profesores de la época a nivel mundial y cultivó, junto a sus compañeros que dieron la vida por forjar una patria independiente, un pensamiento crítico donde se cuestionaba el estado social de la época.
Sus compañeros egresados del Real Seminario de Minería que fueron ejecutados tras la toma de la Alhóndiga de Granaditas por el ejército realista, fueron Rafael Dávalos, Casimiro Chowell, Ramón Fabié, Vicente Valencia y Mariano Jiménez que fue capturado y fusilado junto a Allende y Aldama, entre otros cabecillas de la insurgencia.
Mariano Jiménez también pasa a la historia de la ciencia mexicana y de la potosina al ser uno de los primeros potosinos que cursó cátedras formales de matemáticas, química, física y mineralogía, orictognosia, geognosia y laboreo de minas, con los profesores y científicos Andrés José Rodríguez, Francisco Antonio Bataller, Andrés Manuel del Río, Luis Linder y Fausto de Elhuyar. Destacó en su carácter de estudiante del Real Seminario de Minería ocupando los primeros puestos en aprovechamiento y por lo mismo, siendo elegido para presentar exámenes públicos, llamados Actos Públicos, ante el Tribunal de Minería y público interesado. Fue de los pocos alumnos que participó en todos los años que estuvo como estudiante, desde 1796 hasta 1800. Siendo examinado en los exámenes generales para proceder a su periodo de practicante el 8 de enero de 1801.
Sus prácticas las realizó en el Mineral de Sombrerete y posteriormente en la mina del Márquez de Raya en Guanajuato a petición de este. Las prácticas las terminó en 1804 y presentó su examen de titulación para graduarse como perito facultativo minero el 19 de abril de 1804.
Los Actos Públicos que presentó Mariano Jiménez dan cuenta de su formación científica, que fueron presentados en cinco ocasiones, correspondientes a sus años de preparación, desde 1796 donde presentó el Acto Público de Matemáticas donde sustentó sobre aritmética, álgebra y geometría elemental. En 1797 presentaba el Acto Público de Matemáticas sustentando los temas de trigonometría rectilínea, secciones cónicas y cálculo infinitesimal, diferencial e integral. En 1798 sustentaba el Acto Público de física contestando sobre física experimental, dando razón de las propiedades generales de los cuerpos, de la estática, dinámica, hidrostática, hidráulica y aerometría.
En dichos exámenes públicos los estudiantes no sólo defendían los conocimientos adquiridos sino presentaban resultados novedosos en los diversos temas científicos, donde la contribución con nuevo conocimiento fue muy común en los alumnos del Real Seminario de Minería. Una de sus famosas presentaciones públicas fue en la materia de orictognosia, o el estudio de los fósiles, que en aquella época iniciaba como disciplina y en la cual, geognosia y labores mineras junto a su compañero Miguel Álvarez Ruiz. Con respecto a la orictognosia, manifestaron que de las notas o caracteres exteriores, químicos, físicos y empíricos que pueden servir para distinguir los fósiles y clasificarlos es necesario recurrir al análisis químico, pues su distribución en clases, familias, géneros, especies y variedades se funda en sus principios constitutivos. Esta conclusión guió los trabajos de investigación en el tema muchos años después.
Otra de sus contribuciones importantes fue en el área de la química y con ello inauguraba la introducción del estudio de la química moderna en México. Los químicos del siglo XVIII sostenían la presencia del flogisto como responsable de la combustión de los objetos, se decía que al arder los objetos perdían flogisto, por lo que, el flogisto era una sustancia que formaba parte de los cuerpos combustibles. Tal era el estado del arte en la química, cuando el joven potosino y su compañero Álvarez Ruiz demostraron que el aire y el agua eran sustancias compuestas, que la teoría del flogisto era falsa.
El estudio presentado por Mariano Jiménez y Álvarez Ruiz, contribuía a esclarecer los principios de la combustión y la composición de los cuerpos, pues aún en esos años algunos químicos seguían apoyando la teoría del flogisto y la aseveración que el agua no era una sustancia compuesta.
En estos días de festejos patrios, es necesario recordar que los procesos de emancipación incorporan también al conocimiento y en este sentido los potosinos debemos sentirnos orgullosos de personajes como José Mariano Jiménez que brilló más allá de la lucha armada por construir un país.
Los detalles sobre su formación científica y su papel en los Actos Públicos en la llamada primera casa de las ciencias de América pueden leerse en mi reciente artículo disponible en la dirección: https://www.researchgate.net/publication/414299527_Los_Actos_Publicos_de_Jose_Mariano_Jimenez_en_el_Real_Seminario_de_Mineria
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El Cronopio
La joven promesa potosina del canto lírico, Jaqueline del Rocío | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Una de las herederas de la tradición potosina del canto lírico, representadas por María Luisa Escobar, Ernestina Perea y Oralia Domínguez, tratadas con anterioridad en esta columna, es la joven soprano Jaqueline del Rocío Medina Pérez.
Jaqueline del Rocío Medina creció en un ambiente musical, su padre es el chelista Raymundo Medina, mismo que comenzó a formalizar desde los cuatro años con lecciones de música combinando el juego y lo que sería su vocación, la música, iniciándose en la práctica del violín para después destacar en el ámbito del canto.
Egresada de la Licenciatura en Canto de la Unidad Académica de Artes de la Universidad Autónoma de Zacatecas “Francisco García Salinas”, se ha convertido en una de las voces más destacadas de la lírica mexicana contemporánea. Inició sus estudios en la Escuela Estatal de Iniciación Musical Julián Carrillo, en donde también imparte clase. En otro recinto con ese nombre del músico potosino, obtuvo en el mes de agosto de 2026, un doble premio: el Primer Lugar Femenino, así como el prestigioso Premio Concurso María Callas en la décima edición del Concurso Internacional de Canto Linus Lerner.
El certamen es reconocido como una de las plataformas de mayor exigencia y proyección para jóvenes intérpretes de la música clásica y la ópera en México, cuya final se realizó en la sala Julián Carrillo de la UNAM. Donde se evalúa principalmente aspectos técnicos esenciales del canto lírico como la solidez vocal, el dominio del repertorio operístico, la interpretación interpretativa y el desenvolvimiento escénico en disciplinas que incluyen zarzuela, oratorio, lied y canción de concierto.
Este prestigioso premio se suma a los galardones en otros certámenes que ha obtenido Jaqueline del Rocío, como el premio obtenido en 2024, Primer Lugar del XLI Concurso Nacional de Canto Carlos Morelli con la interpretación del aria de Il corsaro: Non so le tetre immagini, así como el Premio del Público Pro Ópera en el mismo evento, premio concedido por voto directo del público, donde participaron, como cifra récord, 180 aspirantes; además obtuvo el Premio de Ópera de Bellas Artes, un recital con la Coordinación Nacional de Música y Ópera del Inbal, un recital con la Dirección de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México, la participación en un título de la temporada de la empresa Escena 77 Producciones y el Premio Ópera de San Miguel, la Orquesta Sinfónica del Estado de México le ofrece una actuación en su temporada de conciertos.
Los premios obtenidos en 2024 en Bellas Artes llevan el nombre del barítono italiano que realizó su carrera en México al llegar en 1938, a interpretar el papel titular en Rigoletto, de Verdi. A partir de entonces permaneció en nuestro país, hasta su deceso en 1970.
Jaqueline del Rocío ha formado parte de la Orquesta de Cámara de Zacatecas, y como solista en la Academia de Música Antigua de Zacatecas y la Camerata de San Luis Potosí. Otro premio digno de mención es el obtenido en el 2022, donde ganó el Premio del Público y Mención Honorífica en el Concurso de Canto Lírico de América Orfeo. Obtuvo el rol principal en las óperas Don Giovanni de Amadeus Mozart y La Boheme de Giacomo Puccini.
Lo anterior habla de una gran promesa en el canto lírico y que esperamos se puedan realizar conciertos locales donde el público potosino pueda apreciar su gran talento, como sucedió en el Festival de Ópera de San Luis Potosí, Linus Lerner, donde participó en La flauta mágica, de Mozart; y Hansel y Gretel, de E. Humperdinck. Tiene una importante carrera por delante, para la cual continúa en su preparación y perfeccionamiento redondeando su preparación en canto, expresión y actuación escénica.
Puede decirse que la vida de Jaqueline del Rocío ha transcurrido en la música y, que su futuro en el canto lírico dará mucho que hablar en los escenarios nacionales e internacionales, sumándose a pléyade de divas potosinas que han puesto en alto el nombre de San Luis Potosí en los grandes escenarios mundiales.
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El Cronopio
Juana María Alvarado, La Vida es Química | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
Andrés Manuel del Río, el científico español naturalizado mexicano que desarrolló su carrera científica en México en el Seminario de Minería de México en los albores del siglo XIX y finales del XVIII se convirtió en una figura representativa de la química en México; se encargó de la cátedra de Mineralogía del también llamado Colegio de Minería y escribió el libro Elementos de Orictognosia que llevaría el potosino Mariano Jiménez, que sería su alumno.
De sus logros sobresalientes fue el descubrimiento del eritronio, un nuevo elemento químico que descubriera en 1801 en una muestra recolectada en Zimapán Hidalgo. La historia de este descubrimiento es una de las tristes historias de la ciencia mexicana, pues el descubrimiento de este elemento fue adjudicado años después a E. Wöhler que lo bautizó como vanadio. El elemento vanadio debe ser considerado como descubrimiento de Andrés Manuel del Río, quien también descubrió otros compuestos, como la plata azul o la aleación del rodio y el oro.
El nombre de Andrés Manuel del Río lo tiene asignado la Sociedad Química de México para denominar sus premios de química en México a destacados investigadores y docentes de la química en el país. Este año 2026 la profesora investigadora de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Juana María Alvarado Rodríguez se hizo merecedora al Premio Nacional de Química “Andrés Manuel del Río” 2026, por su actividad docente.
El Premio Nacional de Química se otorga desde 1964 y es otorgado en tres categorías: Docencia, Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico, tiene como finalidad hacer un reconocimiento público nacional a la labor realizada por profesionales de la Química que hayan contribuido de manera extraordinaria a elevar la calidad y el prestigio de la profesión Química en México.
Juana María Alvarado estudió en la licenciatura en la Facultad de Ciencias Químicas y realizó una maestría en hidrosistemas con opción en irrigación, en el 2006. Fue coordinadora de la licenciatura en química de la Facultad de Ciencias Químicas de la UASLP y ha desempeñado una destacada labor docente en dicha Facultad.
Juana María Alvarado ha incursionado en el área de divulgación de la ciencia en varias de sus facetas de comunicación, entre ellas y de manera importante en la radio. En 2008 inició la producción del programa La Vida es Química en Radio Universidad el cual ella misma conduce y en los que invita a participar a alumnos de química, lo que les ha permitido ser un factor más en su formación.
El amor y la pasión por la química que tiene la maestra Juanita, como se le conoce en el medio, la ha llevado a especializarse en comunicación social de la ciencia para lo que decide ir a España a Almería en particular a realizar el máster en Comunicación Social de la Ciencia en la Universidad de Almería realizando un trabajo comparativo de fin de máster entre dos jóvenes radios universitarias españolas, RadioUAL y RadioOlavide, y dos radios veteranas mexicanas, Radio UNAM y Radio UASLP.
La influencia que ha tenido, inyectando a su vez su pasión y amor por la química en sus estudiantes les ha permitido seguir con éxito sus carreras profesionales, algunos de los cuales se han convertido en sus colegas en el seno de la Facultad de Ciencias Químicas. Su interés por la historia de la química en San Luis se ha manifestado al difundir la labor de mujeres químicas pioneras en química y mantener la memoria del desarrollo de la química en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y compartirlo con el pueblo potosino, sin descartar a los niños y jóvenes con talleres de ciencia donde la química es la protagonista, entusiasmándolos para orientar su vocación a la química y mostrarles, como reza el título del que fuera su programa en Radio Universidad, que La Vida es Química. ¡Felicidades a la maestra Juanita!
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