#4 TiemposMucha mierda

El espacio público digital también será femenino | Columna de Alejandro Tello

Mucha mierda

 

 

En las semanas recientes hemos podido atestiguar la proliferación de un tema muy sensible en las redes sociales, particularmente Twitter: el #MeToo —lo que podríamos traducir al español como «Yo También»—. Seguramente, buena parte de quien lee estas líneas sabe algo sobre dicho tema, pero si no es el caso —solo para poner brevemente en contexto— me gustaría comentar que este movimiento comenzó hace aproximadamente un año y medio a partir de las denuncias públicas de diferentes mujeres que pertenecen al gremio del séptimo arte en Estados Unidos, debido a los casos de abuso sexual por parte del productor de cine Harvey Weinstein.

        En México, este movimiento tuvo cierto eco aquella ocasión, ya que muchas mujeres relataron diversas situaciones en las que se vieron envueltas en violencia de género en algún momento de sus vidas. Sin embargo, la semana pasada el movimiento tuvo un despertar a raíz de la publicación de diversos casos de acoso en el gremio de las letras mexicanas, a través del hashtag #MeTooEscritores. A partir de entonces, surgieron reclamos en la misma línea sobre hombres acosadores y abusadores sexuales en diferentes gremios: en la política, la academia, las artes, en el deporte, etc. Muchos hashtags y cuentas de Twitter han sido creados para impulsar los reclamos y visibilizar una situación de suma gravedad que al día de hoy sigue normalizada en la mayoría de nuestro país: la violencia de género en diversos grados.

        Más allá de hablar sobre el tema particular, que en lo personal creo que no soy quien para hacerlo, y además las compañeras mujeres lo están haciendo impecablemente, me gustaría comentar sobre las implicaciones de la participación en y a través de las redes sociales de internet, y de esta manera ilustrar cómo el espacio público digital también será femenino.

        Lo primero que resalto es la visibilidad que pueden adquirir los temas discutidos en redes. No es una visibilidad como la que brinda la televisión o la radio, sino que las redes digitales permiten una circulación de la información con crecimiento exponencial, no lineal; además, las personas se puede enterar con la mayor inmediatez posible: desde el momento en que ocurre algo o simplemente en el momento que se accede a la plataforma es posible enterarse de lo que ocurre. En el caso de #MeToo podemos observar este patrón de la información, al grado de que empezaron a surgir los nombres de más escritores acosadores y luego la dinámica brinco a otros gremios profesionales con igualdad de relativa rapidez. Esto es algo que en tiempos que solo teníamos los medios de comunicación masiva como la TV o la radio, no ocurría tal cual.

        Otro aspecto en el que suman las redes digitales en este tema en particular, es el anonimato, que para efectos de la gravedad de las denuncias publicadas, me parece oportuno que se hayan podido abrir perfiles que concentran los testimonios de muchas mujeres que por muchas razones válidas no quisieron hacer la denuncia pública dando a conocer sus nombres. En otros casos la posibilidad del anonimato es negativo, como en un proceso electoral, sin embargo no para lo que respecta a este tema. Además, sí hay mujeres que de manera valiente han expuesto sus testimonios en sus cuentas personales.

La cobertura o alcance que pueden tener las redes digitales es otro aspecto que puede ser cuestionable, ya que no todos los habitantes de México tienen acceso a estas plataformas, o si lo tienen, es cierto que no todos lo utilizan de la misma manera —es decir hay diferentes usos sociales de las redes—. Sin embargo, es importante recalcar que muchos medios de comunicación tradicionales, por diferenciarlos coloquialmente de los entornos digitales, han rescatado esta información y la han difundido en los formatos que utilizan: prensa escrita, radio, TV; ya sea como notas, reportajes o columnas de opinión. Por lo tanto éste es otro atributo: los medios convencionales recurren a lo que ocurre en la red y así ayudan a tener un alcance mayor.

Por lo pronto me quedo con estos tres atributos, no sin antes señalar que celebro que esté ocurriendo esto. Ya el 8 de marzo pasado —y cada año desde hace mucho tiempo— vimos cómo las mujeres son capaces de reclamar el espacio público que les ha sido negado sistemáticamente, y con fenómenos como el aquí comentado podemos ver que también el espacio digital —que no es sino una extensión de la esfera pública— está para desenmascarar a los hombres que ejercen violencia de género y contribuir a que no se normalice.

Hasta la próxima.

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