abril 29, 2026

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El desempleo creció en San Luis Potosí; ¿cuánto?

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Hace un año solo 2 por ciento de los capitalinos se encontraba en el desempleo; ahora la tasa subió a 3.3 por ciento según el Inegi

Por: El Saxofón

El desempleo en la capital potosina aumentó en los primeros seis meses del año, pues pasó de 2.0 por ciento al cierre de 2018, a 3.3 de la Población Económicamente Activa (PEA) en el segundo trimestre de 2019.

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) realizada por el Inegi, a nivel estatal, “en el periodo de abril-junio de 2019, la población económicamente activa registró una tasa de desocupación (TD) de 2.8 por ciento, cifra mayor en 0.4 puntos porcentual a la que se presentó en el mismo periodo del año anterior. Sin embargo, para la ciudad de San Luis Potosí la TD es de 3.3 por ciento, superior en 0.5 de punto porcentual con respecto a la presentada en la entidad”.

En el segundo trimestre, la tasa de desocupación en la capital potosina también es superior al del mismo periodo de 2018, cuando fue de 2.8 por ciento.

Durante el segundo trimestre de 2019, en la entidad se registró una tasa de desempleo de 2.8 por ciento; mientras tanto la tasa de Ocupación parcial y desocupación fue de 10.6 por ciento de la PEA.

Además, el 7.6 por ciento de los trabajadores potosinos estaban en condiciones de Subocupación, es decir, tenían la necesidad y disponibilidad de ofertar más horas de trabajo de lo que su ocupación actual les permite; este valor aumentó en 2.1 puntos porcentuales, respecto al mismo periodo del año anterior (5.5 por ciento). Mientras, el 14.6 por ciento estaban en Condiciones críticas de ocupación.

En cuanto a la población subocupada, por sexo, en la entidad la mayor tasa de subocupación la representan los hombres con 8.7 por ciento; mientras que las mujeres en esta condición, es de 5.8 por ciento.

Por otra parte, el 56.1 por ciento de los potosinos empleados en alguna actividad económica, engrosaron las filas de la Informalidad laboral, en tanto que el 24.8 por ciento se ocuparon en el Sector Informal, propiamente dicho.

En la ciudad de San Luis Potosí

En el caso de la capital potosina, como se ha dicho antes, el desempleo en el segundo trimestre de este año afectó al 3.3 por ciento de la Población económicamente activa. La tasas de Ocupación parcial y desocupación fue de 7.7 por ciento.

El 5.1 por ciento de los trabajadores potosinos en la ciudad estaban Subocupados; esta cifra es menor en 0.1 de punto porcentual al registrado en el segundo trimestre de 2018 (5.2 por ciento);  y el 8.6 por ciento estaban en condiciones críticas de ocupación.

Cabe resaltar además que la capital potosina tiene una tasa de informalidad laboral

del 34.4 por ciento de la PEA, mientras que el 17.7 por ciento labora en el Sector Informal propiamente dicho.

A nivel estado, la ENOE advierte que “al considerar a la población ocupada con relación al sector de actividad económica en el que labora, se observa que 15.9 por ciento trabaja en el sector primario (agricultura, ganadería, pesca); 28.3 por ciento en el secundario o industrial y 55.2 por ciento están en el terciario o de servicios y comercio. El resto de los ocupados (0.6 por ciento) no especificó el sector en el que laboró”.

“Entre el lapso abril-junio de 2018 y el mismo periodo de 2019, en los porcentajes de la población ocupada por sector de actividad, se observa que el sector primario y secundario disminuyeron, al pasar de 17.8 a 15.9 y de 29.7 a 28.3 por ciento respectivamente; en tanto que el sector terciario aumentó en 3.2 puntos porcentuales al pasar de 52.0 a 55.2 por ciento”.

Lo anterior quiere decir que es el sector de servicios y comercio el que está empleando al mayor número de potosinos, mientras que en el sector agropecuario, y principalmente en el sector industrial el empleo ha disminuido.

La disminución del empleo en el sector industrial obedece principalmente a una contracción en la industria de la Construcción, que pasó de ocupar al 30 por ciento de la PEA en el segundo trimestre de 2018, a emplear solo al 25.8 por ciento.

Si se observa el comportamiento del empleo al interior del sector secundario o industrial en San Luis Potosí, entre los segundos trimestres de 2018 y 2019, en la participación de la industria manufacturera se presenta un incremento de 5.3 puntos porcentuales, al pasar de 66.7 a 72 por ciento. Por su parte, la industria de la construcción disminuye su participación en 4.2 puntos porcentuales al pasar de 30.0 a 25.8 por ciento; y la industria extractiva y de la electricidad, decreció un punto porcentual al pasar de 3.2 a 2.2 por ciento.

Las cifras del Inegi también refieren que al segundo trimestre de 2019, en micronegocios estaba ocupada 50.5 por ciento de la población; en grandes establecimientos 16.3 por ciento; en pequeños y medianos establecimientos, 15.3 y 8.2 por ciento, para cada caso.

Entre los segundos trimestres de 2018 y 2019, la población ocupada en los pequeños, grandes y medianos establecimientos aumentó 2.4, 0.7 y 0.1 puntos porcentuales, respectivamente; mientras tanto los micronegocios disminuyeron su porcentaje de población ocupada en 2.9 puntos porcentuales.

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Ciudad

La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte

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Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina

«No nos une el amor sino el espanto;

será por eso que la quiero tanto.»

Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)

Por: Jorge Saldaña.

Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.

Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.

El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior-  al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.

El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.

De los apodos a los apellidos

En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.

Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.

Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.

Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».

La cuadra como unidad onomástica

Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.

La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.

«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»

Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)

Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.

Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.

Las cuatro fechas bisagra

La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:

  1. 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
  2. 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
  3. 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
  4. 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.

Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.

La memoria popular como capa subterránea

Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.

Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.

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Ciudad

Galindo ve “mano negra” en conflicto por predio de Puerta de Piedra

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El Ayuntamiento propuso habilitar un terreno contiguo como parque urbano, con obras incluidas, pero no hubo respuesta del grupo inconforme

Por: Redacción

Enrique Galindo Ceballos, alcalde de San Luis Potosí, aseguró que existen “manos negras” detrás del conflicto por el predio municipal en el fraccionamiento Puerta de Piedra, luego de que un grupo de vecinos promoviera un amparo para frenar su subasta.

El edil sostuvo que la oposición al proyecto dejó de tener lógica tras haber ofrecido alternativas formales a los inconformes, incluyendo la habilitación de otro terreno contiguo como parque urbano.

“No sé de quién, pero hay dos manos negras. Yo no me la creo. Si te ofrecen otro terreno, con iluminación, cercado y árboles, y no hay respuesta, entonces esto ya salió de la razón lógica”, declaró.

Galindo afirmó que el Ayuntamiento mantuvo diálogo con el grupo y respondió por escrito a sus peticiones, pero acusó que, en lugar de continuar con las negociaciones, optaron por judicializar el caso.

Además, rechazó que el proceso de subasta haya sido suspendido en su totalida

d, como han señalado integrantes del colectivo, al insistir en que el tema se encuentra en litigio y que el Cabildo aprobó la desincorporación de los predios conforme a la ley.

“No se hubiera subastado si no tuviera las condiciones legales. Fue aprobado por unanimidad”, sostuvo.

En contraste, el Colectivo Bosque Urbano Puerta de Piedra ha defendido el amparo interpuesto el pasado 13 de marzo, el cual fue admitido el 10 de abril por un juez, quien ordenó la suspensión del proceso de subasta de al menos 18 predios mientras se analiza el caso.

La audiencia constitucional del caso está programada para el próximo 8 de mayo, fecha en la que se definirá si el proceso de subasta puede continuar o si se confirma la protección legal de los predios.

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Afirma SSPC que la violencia se incrementa con el calor

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El secretario Juan Antonio Villa reveló que con la temperatura la gente se vuelve más irritable, además de que aumenta el consumo de alcohol

Por: Redacción

Juan Antonio Villa Gutiérrez, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), señaló que han encontrado una correlación entre el incremento de actos de violencia y el aumento en las temperaturas.

Explicó que el calor genera que mucha gente se vuelva más irritable, por lo que en lugares muy cerrados o en casas pequeñas donde se exponencía la sensación térmica, crecen los incidentes de violencia, como puede ser la familiar.

Asimismo, en esta temporada se incrementa el consumo de bebidas alcohólicas, por lo que las personas tienden a embriagarse más, y “se ponen violentos” contra las personas a su alrededor.

Añadió que ante esta situación, han reforzado la seguridad para prevenir estos delitos, instruyendo al Agrupamiento Especial para Atención de Violencia de Género a tratar de manera inmediata los reportes.

Comentó que en la última semana atendieron 14 denuncias de este tema, de las cuales, cuatro resultaron procedentes, con los involucrados siendo puestos a disposición de la Fiscalía General del Estado. 

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