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El caso Caster Semenya: ¿el deporte enaltece la naturaleza de las personas? | Columna de Roberto Rocha

SUEÑOS OLÍMPICOS

 

La carrera de Caster Semenya, la atleta sudafricana dos veces medallista de oro en los Juegos Olímpicos, ha estado siempre rodeada de polémica. Tanto, que incluso, la Federación Internacional de Atletismo publicó una nueva regla que parece tener por finalidad sacarla de las competencias.

Caster Semenya comenzó a ser reconocida en 2009, cuando ganó los 800 metros planos en el Mundial de Atletismo de Berlín. En la competencia, su imagen se volvió objeto de burlas pero también de discriminación: muchas personas, entre ellas otras atletas, dudaban del sexo biológico de la velocista.

La Federación Internacional de Atletismo comenzó a investigar, según dijeron, porque sus tiempos mejoraron en muy poco tiempo previo al Mundial de Berlín, lo que es común en los casos de dopaje. Pero a Caster Semenya también se le exigió realizarse una prueba de comprobación de sexo.

Los resultados de la prueba no fueron publicados, aunque sí hubo filtraciones en medios de comunicación. Sin embargo, la Federación Internacional de Atletismo aceptó, en julio de 2010, que la atleta podía seguir participando en competencias femeninas.

Para las Olimpiadas de Londres 2012, Caster Semenya fue la abanderada de Sudáfrica y después consiguió una medalla de plata en los 800 metros planos.

Para 2015, la Federación de Atletismo tuvo que desechar una regla que evitaba que deportistas mujeres consiguieran ventajas competitivas por intersexualidad o altos niveles naturales de testosterona. Esa regla fue eliminada porque el Tribunal de Arbitraje Deportivo consideró que no existían suficientes pruebas de que los altos niveles de testosterona mejoraran el rendimiento en competencia.

Después, en Río de Janeiro 2016, Caster Semenya fue la más veloz de los 800 metros planos. Su medalla de oro olímpica hizo volver las críticas sobre la atleta sudafricana, incluso entre otras competidoras. La británica Lynsey Sharp aseguró que había dos carreras separadas.

Un año después, en 2017, Caster Semenya ganó en la mesa su segunda medalla de oro olímpico, pues se comprobó que la anterior triunfadora en Londres 2012, la rusa Mariya Savinova, había dado positivo por dopaje desde el año 2010.

En 2018, la Federación de Atletismo contraatacó con las reglas sobre los niveles de testosterona naturales para las atletas que compitan en los 400, 800 y mil 500 metros planos: específicamente las distancias que recorre Caster Semenya. La regla exige que las mujeres que superen esos niveles de testosterona se mediquen para reducirlos

La atleta sudafricana inició la preparación para correr los 200 metros en Tokio 2020, aunque esta misma semana perdió un juicio para evitar que esa regla se aplicara. Semenya entonces contestó: “Un hombre puede cambiar las normas, pero no puede gobernar mi vida. Rechazo que me quieran drogar para competir”.

El repudio a Caster Semenya, por una condición que no eligió, deja una herida en los valores del olimpismo, que, según el mismo Comité Olímpico Internacional, combina las cualidades del cuerpo, la voluntad y la mente. ¿El deporte no debería enaltecer las características naturales de los atletas?

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