Opinión
Educación sexual para decidir y aborto legal para no morir | Colaboración especial
Por: Kathya Lozano, Viridiana Álvarez y Ariadna Jiménez
La despenalización del aborto de los cuerpos gestantes es una situación que debe ser abordada desde una perspectiva de salud pública, que requiere de ser legislado en los que aún no se ha hecho. En San Luis Potosí, el Congreso del Estado no ha legislado a favor de los derechos humanos de las mujeres como lo marca la Organización de las Naciones Unidas, sin embargo, hacerlo conlleva una serie de reformas transversales, complejas por la operatividad que requiere en las distintas áreas de aplicación, como el sector salud (al tratarse de un procedimiento clínico), educativo y la accesibilidad a todas las mujeres desde sus diferentes vivencias como jóvenes, obreras, trabajadoras sexuales, adolescentes y otras determinaciones que requieran programas específicos, en donde se faculte a la administración pública para la prevención, acción y obligación del seguimiento de la política pública con perspectiva de género, para que se puedan llevar a cabo las acciones gubernamentales propias dotando de los recursos materiales y humanos, pero, sobre todo, de la voluntad política para que el aborto legal, seguro y gratuito para las mujeres mexicanas sea un derecho y una realidad.
Esperemos que cuando se legisle a favor en San Luis, por medio de la Comisión de Igualdad de Género que preside la diputada Emma Saldaña, se aborde desde la educación e incluso social, que se garanticen los recursos humanos y materiales para realizar el procedimiento clínico. Además, en conjunto con la Comisión de Educación, se debe integrar un programa operativo eficaz sobre la prevención del embarazo adolescente, que informe sobre las alternativas de los métodos anticonceptivos, en el que los tres niveles del gobierno coadyuven.
Por ultimo, consideramos que las posturas pro vida y pro aborto no son erróneas en sí mismas, lo erróneo es la polarización y división que genera: se trata de la libre decisión de las mujeres por el motivo que sea.
Desde un enfoque público, el no reconocer la problemática como gobierno, abona a que sigan los abortos clandestinos y por consecuencia el fallecimiento de mujeres y personas gestantes, porque la realidad es que quien ha tomado la decisión de abortar, no espera: aborta, más allá de ideologías, religiones y leyes que se lo prohiban.
Desde la perspectiva de una mujer oaxaqueña y activista feminista, Ariadna Jiménez, nos narra que después de una lucha ardua contra la sociedad, contra su machismo y la misoginia, de quienes decidían sobre nuestros cuerpos, Oaxaca fue pionero en la despenalización de la interrupción del embarazo, convirtiéndose en septiembre de 2019 en el segundo estado de la república donde las mujeres pueden recurrir a una interrupción. Pero, ¿realmente contamos con un acceso al aborto seguro, legal y gratuito? No, no existe.
Viridiana Álvarez, jalisciense, abogada y activista, opina que despenalización del embarazo para el estado de Jalisco está en la congeladora. Las iniciativas de reformas para incluir en las leyes locales la interrupción del embarazo y que los servicios de salud estatales ofrezcan esta alternativa, están pendientes de votarse y en comisiones legislativas desde hace casi un año. Esto es violatorio de derechos, ya que la Suprema Corte de Justicia decidido a favor, pero la mayoría de los estados se niegan a armonizar su legislación, en un grave incumplimiento de la ley. Pero desde las organizaciones que impulsan la lucha de los derechos de las mujeres, estamos firmes en que esto debe ser una realidad latente, la legislación se debe reformar y a su vez garantizar los servicios de salud para aquella persona en capacidad de gestar que decida hacerlo.
A pesar de que la marea verde no se ha detenido y sigue en aumento en defensa de nuestros derechos reproductivos, hoy en día no podemos garantizar una interrupción segura, pues nuestro servicio médico es ineficiente, esta es una realidad que no pueden ocultar porque aun cuando te dicen que puedes solicitarlo en cualquier centro de salud de los estados donde es legal, no todos cuentan con el material, equipo o personal necesario y calificado.
Una interrupción deja de ser gratuita cuando mujeres de comunidades tienen que transportarse kilómetros, ya que su centro de salud más cercano le niega por cualquier motivo su derecho. Cuando una mujer lleva el gasto al día y no tiene el privilegio de poder faltar un día a su trabajo, porque eso significa no comer. Cuando solo te dan un medicamento con instrucciones poco claras y el cuidado corre por tu cuenta, entonces se diluye la gratuidad y la certeza.
En cuanto a la legalidad, poco nos sirve si en el hogar manda una figura patriarcal, si las autoridades son cómplices y los médicos misóginos. La lucha por nuestros derechos no acabará aunque el país se pinte de verde: ¡Mi cuerpo es mío, yo decido!
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Columna de Nefrox
El clásico de la gente | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
El clásico entre San Luis y Querétaro es uno de esos partidos que no se explican únicamente desde lo futbolístico. No nace de finales, títulos ni de una historia prolongada de choques decisivos. Su verdadera raíz está en otro lado: en la tribuna, en el viaje, en el orgullo regional y en una rivalidad que las aficiones se han encargado de alimentar con el paso de los años.
En la cancha, el enfrentamiento suele ser más sobrio de lo que la previa anticipa. Ni los jugadores ni los cuerpos técnicos cargan con una animadversión profunda; los planteles cambian, los proyectos se renuevan y las prioridades pasan por sumar puntos más que por saldar cuentas históricas. Pero fuera del rectángulo verde, el partido se vive con otra intensidad. Ahí es donde el clásico cobra sentido.
San Luis llega a este duelo con la obligación de hacerse respetar en casa. El Alfonso Lastras se transforma cuando aparece Querétaro en el calendario, no tanto por lo que representa el rival en términos deportivos, sino por lo que despierta en la afición local. Ganar este partido es una forma de reafirmar identidad, de sostener una narrativa que va más allá de la tabla y que conecta directamente con la grada.
Querétaro, en cambio, asume el papel de visitante incómodo. No necesita dominar el juego para competirlo; le basta con resistir el ambiente y aprovechar cualquier momento de desconcentración. En este tipo de clásicos, el equipo que mejor entiende el contexto suele sacar ventaja, porque sabe que el partido puede romperse por tensión, no por talento.
La rivalidad, entonces, se manifiesta más en los cánticos que en las barridas, más en el color de las tribunas que en los esquemas tácticos. Los futbolistas juegan un partido importante
, sí, pero no uno que defina su historia personal. Para la afición, en cambio, este encuentro sí pesa distinto: es conversación de semana completa, es memoria compartida, es rivalidad de las redes y comparación inevitable.Eso no significa que el partido carezca de intensidad. Al contrario. Precisamente porque se carga desde fuera, el margen de error se reduce. Nadie quiere ser el responsable de un tropiezo en un partido que la gente siente propio. Cada balón dividido se juega con un poco más de cuidado, cada decisión arbitral se magnifica y cada gol tiene un eco que trasciende los noventa minutos.
El clásico San Luis–Querétaro no necesita exagerar su importancia deportiva para existir. Su valor está en el entorno, en la cercanía geográfica, en la rivalidad que se construyó sin manual y sin guion. Es un partido donde los jugadores cumplen su función y los entrenadores hacen su trabajo, pero donde las aficiones son las verdaderas protagonistas.
Al final, como ocurre con muchos clásicos regionales, el resultado importa, pero no lo es todo. Lo que queda es la sensación de haber defendido colores, de haber impuesto presencia y de haber ganado (o perdido) un duelo que se juega tanto en la memoria como en el marcador. Y en la Liga MX, esos partidos, aunque no siempre definan campeonatos, sí terminan definiendo identidades.
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#4 Tiempos
El genio que se niega al olvido | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Este 11 de febrero se conmemora un aniversario más del nacimiento de Francisco Javier Estrada Murguía, brillante potosino que merece un mejor recuerdo en la vida cultural de San Luis Potosí. Varias entregas de La Orquesta se las hemos dedicado y ahora compartimos un libro que escribí en 2021 sobre la vida y aportación de Estrada a las comunicaciones inalámbricas de las que él es el inventor. El libro es de distribución gratuita y puede descargarse de:
o la dirección:
http://galia.fc.uaslp.mx/museo/libros/ESTRADA%20COMUNICACION%20INALAMBRICA.pdf
Uno de los desarrollos que caracterizan nuestra vida cotidiana y que marcan a la sociedad actual son los procesos que involucran la comunicación a distancia, la comunicación inalámbrica. Nuestro país, depende de los servicios que las transnacionales ofrecen en materia de comunicación, producto del rezago tecnológico en que nos han sumido las políticas seguidas en materia científica en el país. Lo paradójico, es que la comunicación inalámbrica como tal, fue desarrollada primeramente en México, antes que en cualquier otro punto del mundo y, específicamente en la ciudad de San Luis Potosí, por el físico potosino Francisco Javier Estrada Murguía.
Hoy, este hecho, al igual que el descubridor del principio e inventor del primer sistema de comunicación inalámbrica en el mundo, son desconocidos en su propia tierra. Una lección que hay que tener presente, es la historia de este acontecimiento científico, así como los factores que impidieron fuese aprovechado el invento de Francisco Estrada, para apuntalar el desarrollo social e industrial que requería el país y dejó ir entre las manos.
La cultura del olvido se liga a esta lamentable situación. En las escuelas y, lastimosamente, en las universidades se repite la historia parcializada que la historia de la ciencia oficial ha construido a lo largo de los años. De esta forma, personajes como Edison, Tesla Marconi, vienen a ser los protagonistas en esta historia, dejando de lado a su principal gestor el mexicano Francisco Estrada. Francisco Javier Estrada, un personaje sobresaliente que en un medio no propicio para el estudio de la ciencia y el desarrollo tecnológico, tuvo aportaciones de primicia mundial colocándose, no sólo como un hombre que creaba en la frontera del conocimiento práctico en temas de electromagnetismo, una de las áreas importantes en el siglo XIX, sino como el físico mexicano más importante del siglo XIX, a pesar de haber estudiado la carrera de farmacéutico, área que eligió para poder sostenerse económicamente en un país convulsionado por los movimientos bélicos que imperaban en el país.
Las condiciones adversas para su desarrollo no fueron solo las sociales, la salud mermada al iniciar su trabajo científico, que inhibiría su movimiento y dificultaría su vista, pondría en dificultades e incluso en la imposibilidad del trabajo práctico y creativo a cualquier ser humano; sin embargo, Estrada brillaría a pesar de estas circunstancias lo que hace más valioso su trabajo. Trabajo y aportaciones que merecen sean puestas al conocimiento del pueblo mexicano y, en especial el de su tierra natal, donde sigue siendo un total desconocido.
Lamentablemente, la institución donde dictaba cátedra y donde compartía con sus discípulos sus contribuciones, como muestra de los fundamentos que enseñaba en la cátedra de física en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, no ha asumido el compromiso de sacar de las penumbras las extraordinarias aportaciones de uno de sus principales catedráticos, que si bien, no realizaba formalmente su trabajo de desarrollos tecnológicos en su seno, si los usaba para adiestrar a sus alumnos en el mundo de la ciencia y como elementos para enfrentar los problemas que les fuera demandando el país. Así la actual Universidad Autónoma de San Luis Potosí está en deuda con Francisco Javier Estrada.
Mientras se entregan Doctorados Honoris Causa a toda una serie de personajes que, si bien son merecedores a dicha distinción, deja de lado a personajes locales que dieron brillo a la institución. Las contribuciones de Francisco Estrada son muy amplias y después de más de ciento cincuenta años, siguen siendo de actualidad y, comúnmente se encuentran aportaciones que Estrada había ya apuntando en el siglo XIX. Ejemplos sobran, pero podríamos mencionar un par de casos, el relativo a la predicción de temblores y el relativo a la energía, en el que contribuyó Estrada con el desarrollo del motor eléctrico y los primeros sistemas de iluminación eléctrica en el Continente Americano que combinaba con el estudio de sistemas de aprovechamiento de la energía solar para el movimiento motriz.
En la etapa de máximo deterioro en su salud, se centra en el problema de la reproducción del sonido, que le llevaría a tener aportaciones sobresalientes, como el desarrollo del micrófono de carbón que mejoraría los sistemas de comunicación telefónica, que permitirían que Estrada lograra la comunicación a larga distancia más grande en aquella época a nivel mundial y de manera especial, el descubrimiento de la comunicación inalámbrica y el invento del primer sistema de comunicación basado en este descubrimiento, como fuera la posibilidad de comunicar trenes en movimiento con la estación central.
En este libro, abordamos esta desconocida historia de la comunicación inalámbrica, esperando sea una aportación para colocar la figura de Francisco Javier Estrada en el lugar que le corresponde, así como subrayar su trascendental descubrimiento colocándolo en el escenario mundial, como lo merece.
Su patente de comunicación inalámbrica fue realizada diez años antes que la realizada por Marconi, cuando aún se comenzarían a dar los desarrollos teóricos que la sustentaran. Marconi tuvo el camino libre una vez vencida la patente de Estrada cuyo privilegio le fue concedido por diez años y, una vez que la patente de idea de Edison, que sospechosamente también era para comunicar trenes en movimiento y que solo quedó en patente de idea, fue cedida a Marconi por Edison, dejando el camino libre para su registro por Marconi en 1896 que lo haría famoso, dejando en la sombra a figuras como Francisco Estrada en la cual sus propios paisanos han contribuido.
El talento mexicano está más que comprobado, debemos eliminar no solo la cultura del olvido, sino el llamado malinchismo que padecemos, debemos de sentirnos orgullosos de nuestros personajes como el caso de Francisco Javier Estrada. Por fortuna, la obra de Estrada ha cobrado cierto interés en últimas fechas, entre algunos sectores de la sociedad.
Este libro forma parte de este ejercicio de rescate y difusión uniéndose a los esfuerzos que la sociedad civil realiza por reivindicar a personajes ilustres, acción en la que se enfoca la asociación que pretende formarse llamada Personajes Ilustres de México.
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Letras minúsculas
Permaneced distantes | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Por: Juan Jesús Priego
¿Ha leído usted, estimado señor, un relato de Thomas Mann (1875-1955) titulado Mario y el mago? Ah, es magnífico, es terrible. Léalo, léalo usted.
A un pueblo de Italia –un pueblecito del Sur- llegó un día un prestidigitador famoso capaz de hipnotizar a los espectadores y hacer que éstos ejecutaran al instante cuanto él les ordenase. Usted, seguramente, habrá conocido alguna vez a hombres como éste, pues en otro tiempo fueron muy comunes, sobre todo en las ferias de pueblo. Éste del que nos habla Mann en su novela se llamaba Cipolla –es decir, cebolla- y, efectivamente, era un maestro consumado en la ejecución de su arte. Si decía a uno de los asistentes, por ejemplo: «Ahora marcharás como soldado», éste, a la vista de todos, comenzaba a caminar a paso redoblado. Y si le ordenaba: «Ahora tienes que demostrar que eres un niño», el sujeto en cuestión, aunque fuera ya un anciano al borde del abismo, empezaba a lloriquear cual si hubiese regresado a las edades más tempranas de su existencia y necesitara urgentemente, para calmarse, un chupón.
A veces, también, pedía a espectadores tomados al azar que contaran algo de su vida, y éstos, en voz alta, empezaban entonces a hablar largo y tendido de sus miedos y decepciones, de sus quebrantos financieros y hasta de sus decepciones amorosas. Por demás está decir que los espectadores se hallaban siempre entre la maravilla, el suspiro y el espanto. ¿Cómo era posible que este hombre, flaco y un tanto desgarbado, con ojos de buitre, se apoderarse así de la voluntad de las personas? Y, sin embargo, nadie dudaba de que en verdad lo hacía, pues ante su vista realizaba éste cada una de sus maniobras.
Entre los asistentes a aquella memorable representación estaba también Mario, un campesino muy bien parecido que, como todo mortal, también había sufrido lo suyo… El mago le habló, pidiéndole que se acercara, y en poco tiempo éste quedó convertido en una máquina humana cuyo control parecía tenerlo únicamente Cipolla. La gente estaba en suspenso. ¿Qué iba a decir o a hacer este muchacho codiciado por más de una mujer del pueblo? ¿Qué es lo que iba a pasar?
«-Noto en tu cara –le dijo el mago- un rasgo de carácter taciturno y triste, un rasgo de melancolía… Dime ahora –y aquí cogió una mano del muchacho, como para animarle-, ¿tienes algún pesar? »-No, señor –respondió Mario.
»-Sé que lo tienes. ¿Cómo quieres que no me dé cuenta? ¿Vas a engañarme a mí, al gran Cipolla? Y, desde luego, se trata de las muchachas: de una chica. Tienes un gran pesar de amor»… ¡Ah, señor, lo que sigue es tremendo, inaudito, vergonzoso! Pues sucede que, de pronto, Cipolla, el malvado hipnotizador, la estrella de las ferias, da a Mario la siguiente orden:
»-¡Bésame! Tú puedes hacerlo. Créeme que puedes hacerlo. Te quiero. Bésame, aquí –y con la punta del índice, tendiendo brazo, mano y dedo meñique, designó la mejilla, cerca de la boca. Y Mario se inclinó y le besó».
Expectación general. ¡Mario ha besado a aquel hombre repugnante, Mario ha besado en público a otro hombre! Y, cuando vuelve en sí, hay en su rostro la expresión de quien se pregunta qué ha pasado, pues en re alidad no lo sabe. La gente se ríe de él y le silba gritándole todo tipo de cosas. ¿Qué fue lo que sucedió? Mario se hace esta pregunta mientras camina en dirección a las butacas. Algo terrible debió haber ocurrido: lo nota en la expresión divertida y socarrona de la gente. Algo, pero ¿qué?
Pocos minutos después, Mario vuelve al escenario con una pistola en la mano . «Un silencio se produjo inmediatamente. Incluso los bailarines se detuvieron en su ejercicio, mirando con ojos desorbitados. Cipolla se incorporó súbitamente. Allí estaba, de pie, con los brazos tendidos hacia un lado, como si quisiera rechazar algo y gritar». Se oyeron unas detonaciones. «Y allí quedó Cipolla, tendido, inmóvil, formando un montón desordenado de prendas y huesos».
¡Ah, señor, qué historia! Ya sé que una obra de arte –y ésta novela lo es, sin duda- se presta poco a las moralejas, pero ¿qué le vamos a hacer? Está en nuestra naturaleza sacarle a todo una enseñanza. Hay quien sugiere que Mario y el mago es ante todo una parábola; Thomas Mann quiso con ella, según eso, advertir a los dictadores de su tiempo lo que con toda seguridad les ocurriría cuando los pueblos sometidos a su embrujo oyeran el chasquido del látigo y salieran, por fin, del sueño en el que se hallaban sumidos. Hay quien ha dicho, abundando en lo anterior, que más concretamente Mario y el mago era un grito de amenaza lanzado contra el fascismo.
Pudiera ser; en todo caso, señor, yo no lo pongo en duda. «Vosotros, encantadores, habéis, con vuestra voz, arrullado a Mario y hecho con él cuanto se os ha antojado. Incluso, sin que él se diera cuenta, porque dormía, le habéis pedido cosas que estando despierto jamás se habría atrevido a hacer: lo indujisteis a realizar acciones vergonzosas; pero tened cuidado, porque Mario despertará y entonces es muy posible que no reaccione de otra manera que como lo hizo en esta trágica historia». Tal interpretación es justa: Mussolini, en efecto, murió ahorcado en 1945, es decir, dieciséis años después de que Thomas Mann escribiera este relato profético. Pero si leyéramos Mario y el mago sólo en esta clave, la historia ya no tendría nada que decirnos, pues el fascismo, como Cipolla, está hoy bien muerto; en cambio, si lo abordamos desde otra perspectiva –desde una perspectiva puramente humana-, el relato no podría ser más actual. «Toma tus distancias. Respeta los límites. No te acerques demasiado». Tal parece ser el mensaje.
¡Cuántas veces he visto noviazgos y amistades que fueron demasiado lejos en sus efusiones y que por su sed de caricias lo echaron todo a perder! A éstos habría que recitarles los siguientes versos de Rainer Maria Rilke (1875-1926): “Quiero siempre precaver y avisar: permaneced distantes. Me gusta oír cómo cantan las cosas. Las tocáis y se vuelven mudas y rígidas; vosotros me matáis todas las cosas. No tocar, permaneced distantes; en ocasiones, tal vez sea esto lo único que habría que decir a los que quieren salvar su amor, o ya por lo menos conservarlo. ¡No tocar! Hay caricias que son demasiado peligrosas, hay atrevimientos que se pagan caros. Traspasar los límites –y esto es algo sabido desde los tiempos de Adán y Eva- puede resultar mortal.
Pero debo callarme ya. Hasta luego, estimado señor.
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