octubre 13, 2026

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#4 Tiempos

Discurso en Ischia | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas.

 

La verdad es que cuando leí la anécdota no sabía dónde quedaba Ischia, de modo que traté de averiguarlo valiéndome de un libro y varios mapas. ¡Ischia, claro! ¡Pero si durante tres años estuve muy cerca de allí y no lo supe! Pero me consolé pronto de mi ignorancia pensando que, a fin de cuentas, uno no tiene por qué saberlo todo.

Bien, Ischia forma parte del territorio italiano, pero yo espero que al lector le dé lo mismo que esté en el Archipiélago Malayo o a un lado de las islas Fiji. Porque Ischia es una isla. Eso es lo único que interesa por ahora. Ah, y también que con bastante frecuencia van allá a casarse los novios de ciertos recursos –o, mejor, de muchos recursos- para dar a la ceremonia un toque de exotismo que difícilmente podría tener en la ordinaria parroquia de su ciudad.

Pues bien, cuenta Carlo Majello que… ¡Pero Carlo Majello sí sé quién es: un publicista, periodista y comunicólogo italiano que escribe obras realmente deliciosas!…

Bien, cuenta Carlo Majello que una vez, en una de esas bodas que suelen celebrarse en Ischia, un muchacho llamado Crescenzo tomó el micrófono y pronunció en honor de los recién casados el siguiente discurso:

«Queridísimos esposos Ciro y Lucía: al contemplar admirado la sonrisa alegre que hoy se regalan mutuamente y nos regalan a nosotros, los que estamos aquí reunidos, no puedo dejar de acordarme de mi madre, María, que una vez, a la edad de ochenta años más o menos, me llamó aparte y me dijo: “Crescenzo, he casado a ocho hijos y me lamento de que, cuando eran pequeños, los reñía cuando tomaban a escondidas el pan de la despensa. Tenía que hacerlo porque casi no había dinero. Dormían los ocho en la misma habitación, y lamento no haber podido mandarlos a la escuela, como hubiera querido con todo mi corazón. Ahora ustedes están mejor que entonces. Tú tienes una casa, un jardín, un huerto; tus hijos han ido a la universidad y cada uno, por si fuera poco, tiene su propia habitación. Nosotros no teníamos ni siquiera cine, pero ustedes tienen televisión en casi todas las habitaciones. Nosotros pedíamos aventón cuando un señor iba al pueblo en su carreta; ustedes tienen coche y pueden ir adonde les dé la gana. Nosotros no podíamos salir de nuestra aldea, y ustedes tienen la suerte de poder viajar. Pero les falta una cosa. ¿Saben qué cosa les falta? Les falta la sonrisa. No tienen tiempo ni ganas de reír. Ustedes tienen lavadora, mientras yo tenía que lavar a mano. Pero yo cantaba. Cuando llegaba su padre por la noche, me encontraba alegre y sonriente”.

»Es verdad –continuó Crescenzo-. Mamá trenía razón. Hoy, la mayoría de nosotros casi se avergüenza de mostrarse sereno y en paz con el Señor. Nos olvidamos de que nadie es tan rico que no necesite una sonrisa, ni nadie tan pobre que no pueda darla. Pues bien, lo que yo deseo para ustedes, queridísimos esposos, es que conserven siempre la sonrisa que tienen ahora: para ustedes, para sus hijos, para sus parientes y sus amigos. ¡Que Dios les dé, como decía mi madre, la gracia de la sonrisa!».

He aquí, un discurso perfecto: breve, anecdótico y cálido. De haber estado yo allí escuchándolo, me habría puesto de pie para aplaudirlo, y hasta habría ido a abrazar al tal Cresenzo. ¿Dónde habría aprendido el tipo a hablar tan bien?

Porque sí, eso es lo que nos falta hoy más que nunca: la sonrisa. Nos falta desesperadamente, justo ahora cuando lo tenemos todo.

Nunca como hoy se habían publicado tantos libros que enseñan el arte de la felicidad y nunca, tampoco, habíamos sido tan estridentes, infelices y antipáticos. El saludo, la sonrisa sincera, el apretón de manos están en vías de franca desaparación.

Hace unas décadas, cuando no había mucho que comprar –porque tampoco había mucho que vender-, el dependiente de la tienda de la esquina te saludaba, a veces hasta te fiaba y siempre te sonreía. Hoy no sucede así. Hoy el cajero del gran almacén apenas te ve y sólo se limita a decirte:

-¿Encontró todo lo que buscaba? ¿Necesita una recarga para su teléfono móvil? –pero con una cara más larga que el Nilo y un himor más agrio que un limón.

El dependiente del hipermercado, para decirlo de una vez, no quiere saber lo que te pasa, sino únicamente lo que podrían venderte. Esto en el mejor de los casos, porque, en el peor de ellos, bien podría limitarse a decir con su gélida voz:

-¡El que sigue!

Así, en seco, y sin siquiera un «por favor» que lo hubiese hecho sonar un poco menos agresivo. Y si te faltan diez centavos para ajustar la cuenta, no hay sonrisa que valga: o devuelves uno de los productos que pensabas llevarte, o echas mano de tu tarjeta de débito, porque esos diez centavos en ningún caso, de ninguna manera, se te perdonarán (¿por qué crees que son tan ricos los ricos?).

¡Estamos llenos de aparatos! En los tiempos de mi niñez las cajas de música sólo tocaban una canción; hoy las cajas de música tocan más de 80 000 canciones –piénsese, por ejemplo, en esa cajita musical llamada “Ipod”-, pero no por eso el corazón de los muchachos se ha vuelto más musical, más alegre…

Es triste nuestra época: todos queremos ser felices y no somos ni siquiera educados, ni siquiera corteses, ni siquiera simpáticos. 

¿Saben qué cosa les falta? Les falta la sonrisa. No tienen tiempo ni ganas de reír. Ustedes tienen lavadora, mientras yo tenía que lavar a mano. Pero yo cantaba. Sí, he aquí lo que nos falta, y que quizá sea lo único necesario, lo único que podría hacer un poco más llevadera esta vida nuestra tan ruda y tan complicada.

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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