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Diputada de Morena va contra Ciudadanos Observando
Alejandra Valdés reconoció que el responsable del auto del Congreso usado para robo en SLP fue su asesor
Por: Karina González
Alejandra Valdés Martínez, diputada local de Morena, se vio envuelta en el escándalo que involucra a un vehículo del Congreso del Estado que fue utilizado para perpetrar un robo en un hotel del municipio Villa de Reyes, debido a que el responsable de los vehículos fue su asesor durante un tiempo; sin embargo, la legisladora se pronunció este viernes ante los rumores que la involucraban y se deslindó de responsabilidades, incluso mencionó que interpondrá una denuncia por difamación y daños a la moral en contra de la organización civil Ciudadanos Observando que la señaló como presunta implicada.
“Vengo totalmente indignada con esta situación que está pasando y quiero aclarar todos los puntos de este tema ya que me han involucrado en un tema en el cual yo no tengo nada que ver, ahorita acabo de ver una nota donde sale que mi hermano que falleció hace 15 años está involucrado en el robo y la verdad vengo totalmente indignada. Lo primero que quiero decir es que estoy totalmente a favor de la legalidad, que quiero que se esclarezca este tema donde un vehículo del Congreso estuvo involucrado en un robo en Villa de Reyes y quiero que se esclarezca principalmente porque me estoy viendo yo involucrada y quiero que se llegue hasta las últimas consecuencias que encuentren a los culpables”, expresó en rueda de prensa.
Alejandra Valdés se deslindó de cualquier relación con el hecho delictivo y dijo desconocer por qué la organización Ciudadanos Observando la mencionó en la investigación que presentó el 26 de julio a través de sus redes sociales en donde mencionó que sí tuvo dos accidentes viales con el coche asignado por el Poder Legislativo, uno en 2019 y otro en 2020.
Cuestionada sobre la relación que tiene con Marco N., a quien ya investiga la Fiscalía por ser el responsable del resguardo de los vehículos oficiales como titular del área de Servicios Internos d el Congreso local, Valdés reconoció que el implicado fue su asesor durante un tiempo; sin embargo cuando se abrió la convocatoria para ocupar la plaza de Asuntos Internos él solicitó la baja como asesor y posteriormente la Junta de Coordinación Política (Jucopo) le otorgó el nombramiento como titular de esta área.
“Pero nunca llegó con una hoja de recomendación, aquí el único punto es que sí fue uno de mis asesores, él renunció a ser mi asesor y posteriormente ingresó sus documentos para participar en ser coordinador de asuntos internos. No existe en sí un documento que yo haya dado a él para su recomendación”, argumentó.
La legisladora reiteró que el vehículo no estaba asignado a su persona, detalló que las placas, marca y modelo del coche son distintos, pues a los diputados se les asignó un Cruze, mientras que el vehículo señalado de actos delictivos es un Sentra. Sin embargo, dijo considerar que los señalamientos de Ciudadanos Observando pueden deberse a que durante tres años la asociación la ha atacado. Incluso mencionó que hay “cuestiones más importantes de temas de corrupción” y pese a ello la organización la ataca, “primero con un tema que pasó con un asesor y ahora con el tema de los vehículos… No sé si el señor tiene algún tema personal conmigo, yo tengo mensaje que le he mandado donde siempre le he dicho que estoy a la disponibilidad de cualquier tema que él quiera preguntar, yo sí tengo sustentos con documentos puedo probar que todo lo que él ha dicho en sus páginas es totalmente falso”, manifestó.
Finalmente, Valdés anunció que está preparando una denuncia por daño moral y violencia política en contra de quien resulte responsable por difamación.
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Letras minúsculas
Llamadas telefónicas | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
–¿Qué me decía usted? –pregunté al anciano mientras éste luchaba, sudando y todo, por coger con firmeza el hilo de nuestra conversación.
–Ah, sí, le estaba diciendo que uno de mis hijos, el menor de todos, ha tomado para conmigo o respecto a mí, como prefiera usted decir, una actitud bastante extraña. Ya no me saluda cuando llega a casa, ni me dice adiós cuando se va. De la noche a la mañana, según parece, le ha dado por pensar…
Y otra vez el teléfono. El anciano se me quedó mirando como a la expectativa, se encogió de hombros, esbozó una sonrisa que quería ser de comprensión –aunque no llegó a tanto: sólo quiso serlo– y se ovilló en la silla como un derrotado.
–Sí –dije a quien me llamaba esta vez–. ¡Hombre, qué pena! Lo comprendo, pero no traigo conmigo mi agenda. Lo que pasa es que la dejé ayer en mi otra chamarra y aún no he podido ir por ella. ¿Podría hablarme más tarde? ¿Qué tan tarde? Déjeme ver. ¿Podría marcarme nuevamente a eso de las diez? ¡No, qué va a ser tarde! A esa hora apenas estoy llegando a casa. Bien, espero su llamada. Hasta entonces.
Miré al anciano como diciéndole: “Puede continuar usted, señor”. Pero no dije nada, sino que únicamente lo miré. Éste se incorporó en la silla, trazó con la mano sobre el borde de mi escritorio una figura incomprensible (era evidente que no recordaba en qué punto de la conversación nos habíamos quedado) y dijo por fin:
–Entonces mi mujer tomó la decisión de dormir en camas separadas. ¿Por qué razón? Hasta ahora no ha querido decírmelo. Además, jura por Dios que ni siquiera me lo dirá. ¿Qué debo pensar de todo esto? No lo sé. La única palabra que me viene a la mente es ésta: conspiración.
–No, no –dije yo–. Todavía no llegábamos allí, si esto es lo que seguía. Se había quedado usted en que su hijo el menor estaba tomando con respecto a usted actitudes un tanto extrañas…
–Ah, sí –dijo el anciano–. Extrañas, claro. Como por ejemplo no avisar a dónde va ni de dónde viene. De la noche a la mañana se ha puesto a decir, figúrese usted, que yo no cuidé bien de él cuando era niño. ¿Que no me preocupé por él? ¿Quién, entonces, le pagó las colegiaturas, la ropa que se ponía, la comida y los estudios? ¿Quién?
No me va usted a creer, lector, seguro que no me va a creer, pero justo en ese momento empezó a sonar otra vez el teléfono, mi pequeño, caro, odioso y portátil teléfono celular. Miré a mi interlocutor, pero no ya como diciéndole: “Puede usted continuar, señor”, sino como preguntándole: “¿Contesto o no contesto?”. Durante unos segundos dudé. ¡Dios mío, qué dilema! Tomé el teléfono en mi mano derecha sin saber todavía qué hacer con él.
–Sí, soy yo (Dios mío, qué respuestas más tontas da uno por teléfono: si yo no soy yo, ¿quién más podría ser?). A sus órdenes. Comprendo, claro, pero aún no sé cómo voy a andar ese día y no tengo a la mano mi agenda para saberlo, pero si me habla usted a eso de las diez y media, yo le digo si puedo o no. No, no, lo que pasa es que ahora estoy ocupado con una persona . No importa: si no puede hablarme a las diez y media, puede perfectamente hacerlo a las once. ¡No, qué va! Está usted hablando con el noctámbulo más incorregible del planeta. No se preocupe; si puedo, lo haré con mucho gusto. ¡Hasta luego!
Cuando colgué, ya no me atreví a mirar al anciano. ¡Era demasiado penoso verlo a la cara! ¿Y qué cree usted? Que antes de que lo viera a la cara el teléfono volvió a sonar una vez más. Y como esto ya era demasiado, lentamente, con parsimonia, con sadismo, lo apagué. ¿Por qué no me había atrevido antes a realizar este saludable ritual? ¡No más llamadas telefónicas, al menos por ahora!
¿Qué tienen los pitidos del teléfono que nos hacen ponernos enseguida al aparato? ¿Qué es lo que nos impulsa a contestar con tanta rapidez? ¿De qué magia se valen para ponernos tan nerviosos cuando suenan? He aquí un tema de obligada meditación.
¿Por qué cuando estamos ocupados con una persona sentimos que una llamada telefónica es más urgente e interesante que todo lo que esta persona pudiera decirnos? ¿De qué noche de los tiempos nos viene esa sensación? “Algo grave está pasando”, nos decimos a nosotros mismos, y somos capaces de hacer a un lado a quien esté enfrente con tal de que esa llamada no se pierda.
Pero no: hoy ya no lo haré. Esta persona que está aquí, conmigo, este hombre cargado de años ha tenido que tomar un taxi para venir a encontrarme, y resulta que ni caso le hago para dedicarme a responder al primero que llama. El anciano se había tomado el trabajo de ponerse en camino, en tanto que aquella otra gente sólo se había limitado a marcar un número para obligarme a escucharla. ¡Qué sencillo y qué injusto al mismo tiempo! Cuando éste me vio apagar el teléfono, suspiró aliviado y sonrió dulcemente. Ahora se sentía importante, único; ahora podía hablar con libertad y sin el temor de verse interrumpido.
Desde entonces he tomado una seria resolución: dar prioridad a los que vienen en lugar de a los que simplemente llaman. Ya no me cohibirá ni me pondrá a temblar el pitido tramposo del teléfono; desde ahora lo tendré por lo que es: por una alarma que hacen sonar los que no se tomaron el trabajo de buscarme como se debe buscar realmente a las personas. Y, sobre todo, esto: que la presencia valga más y la sola voz menos, mucho menos. Siempre y cuando, claro está, no me estén hablando desde Hawaii…
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Comisario ejidal crea sus propios impuestos por “tenencia” de ganado
Habitantes de La Reforma, en Ciudad Fernández, denuncian cobros de hasta 50 pesos por animal y cuestionan las facultades del Comisariado Ejidal para imponerlos
Por: Redacción (Con Información de Zona Potosina)
Habitantes y ejidatarios de La Reforma, Ciudad Fernández, denunciaron que el Comisariado Ejidal, encabezado por Juan Martínez Ferretiz, pretende cobrar una denominada “tenencia animal” por los animales que las familias mantienen dentro de sus propiedades, una medida cuyo fundamento legal y aprobación por la asamblea ejidal no está claro.
De acuerdo con los inconformes, el cobro fue anunciado mediante avisos y mensajes difundidos por los altavoces de la comunidad. La disposición contemplaría pagos diferenciados según el tipo de animal: 50 pesos por cada vaca, toro o becerro, y 20 pesos por cabra, borrego o cerdo. Los habitantes también aseguran que los caballos estarían incluidos, aunque no precisaron el monto correspondiente.
El anuncio generó molestia entre familias que utilizan el ganado para actividades productivas y de autoconsumo. Los inconformes cuestionan que se pretenda cobrar por mantener animales en sus propiedades sin que, hasta ahora, tengan claridad sobre quién autorizó la medida, bajo qué facultades se estableció y cuál sería el destino de los recursos.
Uno de los principales reclamos es conocer si existe un acuerdo formal de la asamblea ejidal que permita establecer este tipo de cobros. Los habitantes también cuestionan que, según sus versiones, la decisión no habría sido explicada de manera suficiente a la comunidad.
La inconformidad incluso derivó en solicitudes de renuncia contra Martínez Ferretiz y otros integrantes de la representación ejidal, a quienes algunos ejidatarios señalan por tener pendientes de aclarar.
El conflicto también incluye otros cobros relacionados con trámites sobre terrenos ejidales
. Los inconformes aseguran que por trabajos de medición, firmas y sellos se han solicitado cantidades superiores a 7 mil pesos en determinados casos.Estos señalamientos llevaron a algunos integrantes del ejido a plantear una revisión de los ingresos que recibe la representación ejidal y del destino que tienen esos recursos.
Los inconformes prevén solicitar la intervención de la Procuraduría Agraria para que determine si la llamada “tenencia animal” cuenta con sustento en los acuerdos de la asamblea y en las disposiciones que regulan la organización del ejido.
Además, buscan que se revisen los distintos cobros realizados por la representación ejidal y los procedimientos utilizados para establecerlos.
Otro punto de preocupación para los habitantes es el señalamiento de que podrían imponerse multas a quienes se nieguen a pagar la denominada “tenencia animal”. Por ello, demandan que antes de aplicar cualquier cobro existan reglas claras, acuerdos formales e información sobre el monto que se pretende recaudar y el uso que tendrá.
Hasta el momento, los señalamientos corresponden a las versiones de habitantes y ejidatarios inconformes, quienes preparan acciones ante las instancias agrarias para solicitar una revisión de las decisiones tomadas por la representación del ejido.
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Interapas da continuación a la rehabilitación sanitaria en avenida Carranza
Los trabajos se realizan entre Humboldt y Germán Gedovius, en la colonia Del Valle, donde se renovarán 60 metros del subcolector sanitario
Por: Redacción
Interapas comenzó una nueva obra sanitaria, parte del cuarto paquete de atenciones prioritarias. La nueva reparación sanitaria se lleva a cabo en avenida Venustiano Carranza, entre Humboldt y Germán Gedovius, en la colonia Del Valle.
Interapas continúa con la renovación de la red de drenaje en un nuevo tramo del subcolector sanitario sobre esta avenida de gran importancia para la movilidad, además de concentrar una importante actividad comercial y cultural.
Los trabajos se realizan en dirección al Parque de Morales, por lo que durante la ejecución habrá reducción de carril. Se recomienda a quienes circulan por esta avenida tomar precauciones y atender la señalización instalada en la zona.
Con una inversión aproximada de 490 mil pesos, la obra beneficia directamente a alrededor de 500 habitantes. Esta intervención forma parte de las 35 rehabilitaciones sanitarias contempladas en el cuarto paquete prioritario de Interapas. Estas acciones son posibles gracias al pago puntual de los usuarios, que permite mantener la inversión en obras para mejorar los servicios.
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