#4 Tiempos
Derecho a leer | Columna de Germán Bautista
HABLEMOS DE DERECHOS
Este pasado 30 de septiembre se cumplieron siete años de la entrada en vigor del Tratado de Marrakech. A muy pocas personas en México este Tratado les suena de algo, y muchas menos saben qué es, para qué sirve y a quién beneficia.
Quizá sea que no se ha promovido lo suficiente, quizá sea que quienes lo están promoviendo son menos personas de las que se involucraron en la promoción de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, quizá sea que Marrakech nos suene muy, muy lejano, quizá sea que garantizar el derecho a leer a las personas con discapacidad sea muy complicado, o quizá sea que el gobierno piensa que la accesibilidad y la inclusión son asuntos que pueden dejar para después.
Según la Unión Mundial de Ciegos, a las personas con discapacidad en todo el mundo nos aqueja una hambruna de libros, pues de acuerdo a datos aportados por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, en el mundo sólo siete por ciento del total de los libros son accesibles y en los países en desarrollo como el nuestro, menos del uno por ciento.
Eso significa que de todo el menú de obras disponibles, las personas con discapacidad enfrentamos barreras para acceder a ellas, no por nuestra condición, sino porque a pesar de la tecnología, a pesar de las opciones que ofrece el mundo actual, no se generan las alternativas en los formatos adecuados para nosotros.
Ya profundizaré en otra entrega sobre los diferentes formatos que requerimos las personas con discapacidad, pero sólo para que comprueben lo que comparto en estas líneas, la próxima vez que entren a una librería, a una biblioteca pública, privada o universitaria, echen una miradita rápida, e identifiquen cuántos libros están disponibles en formatos distintos a la tinta convencional; por más fácil, busquen opciones en braille, audio o letra más grande. Si encuentran alguna, por favor échennos un grito; nos encantará visitarla, a ver qué vemos y qué encontramos para leer.
El Tratado de Marrakech para facilitar el acceso a las Obras Publicadas a las Personas ciegas, con discapacidad Visual y con otras Dificultades para Acceder al texto Impreso (así se llama), es un tratado que al igual que la Convención, protege derechos de las personas con discapacidad, particularmente el derecho a leer.
¿Por qué proteger este derecho?
Porque así como las constructoras y los arquitectos se olvidan de que hay personas que necesitan ingresar a los recintos de otra manera, a las editoriales también se les olvida que hay otras formas de leer, además de que en términos económicos, muchas de ellas señalan que producir alternativas en formatos accesibles es costoso, y el número de lectores con discapacidad no justifica la inversión.
Como resultado, las personas sordas, las personas con discapacidad intelectual, algunas personas con autismo, las personas que por cuestiones físicas o motoras no pueden sostener un libro, las personas ciegas y con baja visión, por mencionar algunas, quedamos fuera de la oferta de lectura y lo peor, es que si hasta hace pocos años se generaba alguna alternativa para que disfrutásemos de alguna obra en un formato adecuado a nuestros requerimientos, se corría el riesgo de violar disposiciones relacionadas con la protección de los derechos de autor.
Es decir: cuando las editoriales producen obras, lo hacen sin generar alternativas de lectura en otros formatos, pero si alguien generaba esa alternativa, entonces podía ser demandada por violaciones a los derechos de autor. Así, proteger una obra y a su autor, se convertía en una barrera que aseguraba que quien ya estaba afuera, por falta de alternativas de lectura, se siguiera quedando afuera. ¿Justo o injusto?
A partir de la entrada en vigor de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad el 3 de mayo de 2008, comenzó a reflexionarse sobre lo dispuesto en su artículo 30: “Los Estados Partes tomarán todas las medidas pertinentes, de conformidad con el derecho internacional, a fin de asegurar que las leyes de protección de los derechos de propiedad intelectual no constituyan una barrera excesiva o discriminatoria para el acceso de las personas con discapacidad a materiales culturales.”
Paralelamente, las personas con discapacidad en el mundo a través de sus organizaciones, se movilizaban para poner en la agenda de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual la protección del derecho a leer, mediante la adopción de un Tratado que estableciera que producir alternativas de una obra para eliminar las barreras lectoras a las personas con discapacidad no estaba mal, y que tampoco podían prevalecer leyes que sustentaran lógicas injustas y discriminatorias.
El Tratado de Marrakech es un instrumento jurídico internacional que protege derechos humanos a las personas con discapacidad, en particular, uno esencial y necesario para el ejercicio de muchos otros derechos humanos. Beneficia a todas aquellas personas que experimentan barreras lectoras, y es útil para que quienes se encargan de garantizar el acceso al libro o a la lectura, lo hagan sin preocuparse por estar vulnerando derechos de autor.
Hasta donde me quedé, en San Luis Potosí sólo hay una institución bibliotecaria que ha asumido la obligación y responsabilidad de garantizar el derecho a leer a las personas con discapacidad, incluso antes de la entrada en vigor de la Convención y del Tratado; la Biblioteca Pública Universitaria. Sé de buena fuente que estudiantes particularmente con discapacidad visual, acuden a ella con frecuencia para solicitar la digitalización de textos e interpretarlos a través de sus lectores de pantalla; también fui uno de ellos.
Desconozco sin embargo si en la capital y en el estado, las demás bibliotecas han asumido esta obligación, si la identifican como tal, o si continúan pensando que se trata de una alternativa de buena voluntad. De ser esto último, hago de su conocimiento que se encuentran en una importante falta, y en consecuencia, en una flagrante omisión.
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El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
Lee también: María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano
Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
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