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#Crónica | ¿Por ignorancia o por malicia? San Luis se contagió de violencia

Violencia policiaca para controlar una protesta… en contra de la violencia policiaca. 

 

Por: Jorge Saldaña

Para variar la historia, en la ocasión de la tarde de este 5 de junio no fue el desencuentro electoral o sus ecos colaterales lo que regresó la violencia a la Plaza de Armas de San Luis Potosí. 

Fue quizás la ausencia de causa, la acumulación de agravios no necesariamente nombrados, el contagio del malestar social, todas las anteriores o las puras ganas de demostrar la fragilidad de un gobierno que parece se puede desgarrar desde lo más delgado de un hilo.

Decenas de jóvenes (no más de 30) fueron los protagonistas de un ataque inesperado y sin sentido aparente en contra del Estado. ¿Por qué? –le pregunté a una pareja de ellos. “Por chingar” respondió el primero, “por la libertad de expresión, por Giovanni y por la violencia contra las mujeres”, respondió el rostro detrás del tapabocas de una joven de 18 años.

La convocatoria fue por redes sociales y a las cinco de la tarde frente a la Fiscalía del Estado, inició la protesta contra todo y contra nada. Una patrulla que quemaron pagó el malestar social acumulado; las pintas y los proyectiles saturaron la escena, pero saciaron poco a los levantados.

“Puercos, justicia, asesinos y Fuck the police”. ¿Será por Giovanni, será por Floyd? ¿Será porque pueden tres docenas de adolescentes demostrar la incapacidad de reacción del gobierno potosino?

Marcharon del Eje Vial al quiosco de la Plaza de Armas. Tensa calma que se rompió junto al cristal de la ventana de la oficina del gobernador en el Palacio de Gobierno, la siguiente y la siguiente, esa detrás del balcón donde se grita Viva México en septiembre y que está coronado por las palabras escritas en cantera “Paz, Justicia y Ley”. 

Animados por los cristales rotos del Palacio, la manifestación desbordó su furia en el recinto legislativo. Tuvieron todo el tiempo para reventar los cristales de la entrada, los del balcón, los del salón de estudios, rayar la cantera con las mismas consignas y un “México somos todos”, “Nava no vales verga”, “Antisistema, sangre de inocentes derramada” y hasta “Aborto legal”. 

La cúspide llegó: una bandera tirada a medio quemarse en el exterior, muebles, papeles y cristales que no dejaban de fracturarse casi con la misma facilidad que se fracturó el Estado de derecho al consumarse la violación al Poder Legislativo trastocando sus símbolos: cayó la cabeza del liberal, constituyente e ilustre potosino, Ponciano Arriaga Leija.

Ahí, desde el suelo, a medio fuego, su cabeza de bronce fue testigo de un desfogue violento y carente de explicaciones por el momento.

Paradójico que la lucha del histórico legislador, el que propuso una procuraduría de los pobres, la igualdad de derechos de las mujeres y el impulso a la educación, hubiera caído en manos de los que, se supone, coinciden en sus causas.

¿Sabrán sus atacantes de quién era la cabeza, lo que significa e implica? 

Por lo pronto el símbolo quedó en el suelo, junto a la bandera. Queda claro que nadie recordó su frase: “Los derechos del hombre deben ser escuchados y reconocidos en el templo de las leyes…”, cuando fueron a derrumbar justamente ese templo

“Los teníamos localizados, actuamos con prudencia para no caer en provocaciones, no actuamos hasta que entraron al recinto, en ese momento le pedí a Jaime (Pineda) que interviniera”, fueron las palabras de Alejandro Leal Tovías cuando este reportero lo cuestionó justo afuera del Palacio de Gobierno.

Las imágenes son incontrovertibles: el actuar de la fuerza pública llegó demasiado tarde, si se consideran los daños al edificio legislativo. 

“Actuamos con prudencia”, se justificó Jaime Ernesto Pineda, el Secretario de Seguridad. Las imágenes lo desmienten, sobre todo esos segundos de video en el que el funcionario somete a un joven ciudadano al que metieron a una patrulla.

Ignorancia y malicia, en el trato que dieron los elementos policiacos a la prensa, a una compañera hasta el celular le quitaron, y que, si un par de valientes y solidarios compañeros del gremio no intervienen, el daño a la libertad de expresión se sumaría al inventario de los daños.

Quejas de jaloneos y burlas en la refriega entre la prensa y la fuerza pública que intervino revelaron una vez más la ausencia de protocolos y de sentido común. 

Si se desdobló la violencia que en días pasados sufrió el vecino estado de Jalisco, si el dolor acumulado en cuatro semanas del asesinato de Giovanni López a manos de la autoridad acaba de estallar, o las protestas anti-racismo que se viven en el país del norte detonaron la irritación social también en México, a San Luis lo tomó desprevenido y ahí están las consecuencias: un Estado atacado por 30 adolescentes desorientados y una policía que -tarde- actuó para proteger a los símbolos de sus poderes.

Violencia policiaca para controlar una protesta… en contra de la violencia policiaca. 

¿Malicia? Eso fue lo que infirió el diputado Rolando Hervert que llegó al recuento de los daños. “Lo digo con mucha responsabilidad, yo veo que hay intereses políticos detrás de estas manifestaciones” -¿Se quiere desestabilizar al país? -“Yo creo que sí”, admitió el panista.

Por fin se diluyó la manifestación y la violencia. Los inconformes se desvanecieron. El pelotón policiaco quedó al frente de un recinto a todas luces violentado, cuidando el pozo en el que ya se había ahogado el infante. Los mirones y curiosos se quedaron como testigos involuntarios de una escena particularmente irónica: El carrillón de la catedral ejecutó el cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven, mejor conocida como la “Oda a la alegría” que en el arreglo de Waldo de los Ríos y su letra conmina en un remate: “…vive soñando el nuevo sol en que los hombres volverán a ser hermanos”.

“Por ignorancia o por malicia se ha fallado una injusticia” es un texto de Ponciano Arriaga escrito por el liberal en 1842.

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