#4 Tiempos
Con utopía hay futuro | Columna de Jorge Ramírez Pardo
Enred@rte
… fui la ilusión de tu vida
un día lejano ya…
María Teresa Vera
El anhelo/lema de la 4T, “Primero los pobres”, resulta:
- Una locura utopista (algo iluso, de locos) para algunos privilegiados empresarios, grandes comerciantes, y elites ejecutivas, creativas e intelectuales en condición de privilegio.
El comentarista Pedro Ferriz de Con, convocó, el domingo pasado, a la desobediencia civil y dijo: “el límite de López Obrador y sus payasadas (de locos) fue ayer”.
- Utopía es, acaso sin conocer el término, para los siempre marginados y perennes paga-platos-rotos, una necesidad ingente.
A Andrés Manuel López Obrador, dice también Ferriz, lo llevó a la Presidencia una zona que no tiene educación, que no paga impuestos…, les aseguro que el 80% del que votó no paga impuestos…, gravita en la economía informal y no tiene ninguna responsabilidad frente al país.
Lo dicho por Ferriz, se filtró e hizo viral, por la grabación de una conversación que tuvo con empresarios mexicanos, autodenominados “amigos del ITAM” –Carlos Chavero, Carlos Sánchez, Eduardo de la Fuente, Gustavo de la Serna, Jorge Alegría, Javier de Uriarte, José Tena-.
Quien primero habla con Ferriz –sin identificarse-, califica a AMLO como presidente comediante, y le pregunta ¿Qué podemos hacer para no darle más tiempo a este cuate por sus disparates?
Ferriz, en su respuesta, llama a la organización antigubernamental, pero, a la vez, muestra desencanto porque considera a la cúpula empresarial dividida y a los partidos políticos de oposición desmembrados. También afirmó:
- Cuando estuve en el Capitolio de Estados Unidos había la preocupación de republicanos y demócratas de que México va al socialismo (pre-juicio anti utópico).
- Voy a iniciar una campaña, “No tenemos presidente, no hay gobierno, no tenemos presidente”.
- Hay un gobierno que no nos hace concesiones.
- No le veo remedio a este pinche gobierno.

De una isla imaginada
La palabra Utopía se emplea, con frecuencia, de manera errónea. Se dice de algo utópico como sinónimo de inalcanzable o idealista, incluso, de locos. Durante décadas predominó esa connotación de pre-juciada o pre-conceptual, con matiz de anti-comunismo, inducida por el Tío Sam, o desde púlpitos y agrupaciones neofascistas.
El neoliberalismo, hoy es exhibido en el espejo de la pandemia, como generador de enorme riqueza acumulada y, a la vez, pobreza como nunca. Auspició lo contrario a la utopía, la distopía, esto es, el ejercicio social inequitativo y excluyente para las mayorías; de fatalismo e inducción de miedos y parálisis ante la posibilidad para el hombre de ser libre y auto-determinado.
Tomás Moro, el inventor del término utopía y su contexto, era canciller de Inglaterra durante el reinado de Enrique VIII. Con el tiempo y divergencias, Enrique mandó matar a Tomás porque no ajustaba las leyes a sus intereses personales.
Algo similar al linchamiento que intentan hacer algunos grandes capitalistas en México y el mundo a quienes procuran la construcción de modelos de desarrollo equitativos; porque ello afectaría su demasiado enriquecimiento soportado en sobornos y evasión de impuestos.
Entre esos acaudalados distópicos, se encuentran también propietarios de sobrevaloradas p atentes medicinales; mientras ocultan el costo de producción de sus patentes.
La Utopía de Tomás Moro
Moro, preocupado por los acontecimientos de su época –y cercano al rey– adopta una manera sutil de hacer denuncias a través del relato novelado Utopía. Isla imaginaria donde la interacción y los escenarios de sus personajes contrastan con la realidad y, por lo mismo, cuestiona infames y equivocadas prácticas legales y aplaudidas en la Inglaterra de principios del siglo XVI.
La isla Utopía, es un sitio maravilloso y singular. Su nombre, de acuerdo a la etimología griega, está compuesta por ou + topos. Si la primera es la partícula de la negación, se trataría de un no-lugar, o un sitio inexistente.
En Utopía hay leyes justas, según relato del supuesto narrador/viajero que la describe. La legislación y modelo de sociedad de Utopía pueden ser imitados por otras ciudades, países y reinos “para corregir sus faltas, enormidades y errores”.

Más de Utopía
Tomás Moro remarca algunas taras a corregir: la avaricia, el ansia desmedida de posesión de riquezas, poder o tierras como fuente de todos los males y desgracias tanto para las repúblicas como para los individuos que las habitan.
Planteado por Moro, los utopienses son un pueblo que reniega de atesorar; para hacer la compra va a la plaza del mercado y allí “el padre o cabeza de familia va a buscar todo lo que él y los suyos necesitan y se lo lleva sin dinero, sin intercambio, sin fianza, prenda ni garantía”. ¿Por qué se ha de pensar que aquel hombre tenga que pedir más de lo suficiente si está seguro de que nunca le faltará?
“Zona que no tiene educación, que no paga impuestos…”, diría el filósofo de marras.
Utopía es un pueblo con tesoro, sí, pero este se reserva para casos de “riesgo extremo o peligro repentino”.
En Utopía, no hay pobres ni mendigos, “aunque nadie tiene nada, todo el mundo es rico, pues ¿qué mayor riqueza hay que vivir alegres y contentos (…) sin preocuparse de la propia manutención?
Tomás Moro denuncia –hace 500 años- la perversa complicidad de ricos, poderosos y legisladores para validar las injusticias: “Los ricos, tanto por fraude particular como por leyes públicas, cada día esquilman y arrebatan al pobre parte de sus medios de vida diarios. Si antes parecía injusto recompensar con ingratitud los esfuerzos que han sido beneficiosos para la república, ahora (…) lo llaman justicia”.
La ecología y la sostenibilidad no existían en aquella época. Pero, la agricultura ya era una tarea practicada por los utopienses con esmero. Cada casa tenía un huerto y su cultivo “es una ciencia común a hombres y mujeres; todos son expertos y hábiles”.
Utopía es un libro complejo, una reflexión tensa sobre el ser y el deber ser, entre la realidad y el deseo. Vale la reflexión acerca de Utopía como posibilidad parabólica/reflexiva a contrastar con el acontecer actual.
También lee: El Peje, ni diabólico ni arcángel, es el presidente | Columna de Jorge Ramírez Pardo
Acento Ajeno
La alcancía sin fondo de Margarito | Columna de Haniel Valdés
ACENTO AJENO
Por: Haniel Valdés Velázquez
Dice Shakira, “tiene nombre de persona buena, claramente no es como suena”. Nombre de flor, pero actuar de mala hierba. Mientras el Estado amplía las rutas gratuitas y de calidad, para los potosinos, las empresas que operan el otro, el caro y de pésima calidad, dicen que no les alcanza y necesitan duplicar el precio del pasaje.
Margarito Terán, representante del sector camionero, que nunca ha usado el transporte público para moverse, solo para llenar sus bolsillos, por eso no sabe el pésimo servicio que prestan, pide tarifa récord y dinero público sin explicar qué pasó con el aumento de este año ni con los camiones nuevos que el Estado ya entregó al sector.
En enero, Margarito Terán pidió subir el pasaje de 12.50 a 15 pesos. El Estado le autorizó 13.50. Nueve meses después vuelve con una cifra que ya no es petición sino ultimátum: 23 pesos por viaje, 2,797 millones del erario y la amenaza de que el sistema “va a colapsar por inercia”.
Veintitrés pesos son 70% más que la tarifa vigente y 53% más que los 15 que el propio Terán decía indispensables hace diez meses. Si 15 eran la salvación en enero, ¿qué cambió para que ahora cueste ocho pesos más?
Hay un dato que Terán omite. Ese mismo enero, el 12, el gobernador Ricardo Gallardo entregó 100 camiones nuevos con una inversión de 266 millones de pesos en financiamientos. Son 2.66 millones por unidad. Al ritmo de ese precio, renovar las 768 unidades de la iniciativa costaría unos 2,043 millones. Faltarían casi 750 millones para llegar a los 2,797 que piden. El resto cubriría déficits de operación, un margen de 15% de utilidad para los concesionarios y las pérdidas de la pandemia. Es decir: dinero público para garantizarles ganancia.
Tampoco está claro qué pasó con los camiones ya entregados. El Gobierno presumió 100 en enero; en octubre, la SCT habló ante el Congreso de “más de 70 unidades urbanas” renovadas. Nadie ha dicho cuántos circulan, en qué rutas ni quién paga el financiamiento. Antes de pedir más, habría que rendir cuentas de lo que ya se dio.
Yo, usuario del transporte público de la capital, debo ser un desafortunado, solo una vez subí a una unidad de las nuevas, al parecer las rutas 53, 21, 30, 27, 10 y 5, que son las que utilizo con frecuencia, no recibieron la dicha de contar con los nuevos camiones, porque he conocido autos clásicos más modernos que los camiones que suelen llevarme por la ciudad.
La flota vieja no es una sorpresa. Terán dice que 882 unidades
ya debieron salir de circulación. La Ley de Transporte Público no permite camiones de más de 10 años, y renovarlos es obligación de quien tiene la concesión, no del usuario. En 2015 el padrón registraba mil 174 unidades; hoy hay mil 203. Once años después, el parque casi no creció, y tampoco se renovó. Y en mayo, el propio Terán reconoció que de mil 200 unidades autorizadas solo circulaban unas 800.Hay una concentración que pesa. Cuatro empresas controlan 36% del padrón y diez, 61%. El dinero público llegaría sobre todo a quienes ya tienen más peso. Una de ellas, Tangamanga, enfrenta una denuncia de Ciudadanos Observando por mantener suspendidas tres rutas de su concesión.
El diputado Héctor Serrano lo dijo claro: las concesiones “son potestad del Estado, no propiedad de los concesionarios”. Quien explota un bien público no puede presentarse a pedir rescate cuando el negocio le sale mal.
Terán tiene razón en algo: los costos de operar suben. Pero una industria que pide más tarifa, más subsidio y más tiempo, sin ofrecer metas, plazos ni auditoría, no pide apoyo: pide un cheque en blanco.
Los costos suben, pero el respeto a la vialidad, la buena educación y atención por los conductores de las unidades, la limpieza de las mismas y el respeto a sus horarios y paradas, disminuyen.
La SCT debería preocuparse más por velar que las unidades de transporte urbano cumplan con aquello por lo que reciben dinero público, ofrecer un transporte de calidad. Pero primero y más fácil, cerrarle la boca y pararle los pies a este señor que ya parece alcancía, solo pidiendo dinero para guardar y no para emplear en lo que se necesita. O mínimo, salir con urgencia a desmentir sus falacias y exigirle resultados.
Lo mínimo que el usuario merece antes de pagar un peso más es saber cuántos de los 100 camiones nuevos circulan, un plan de renovación con fechas, rutas que realmente operen y cuentas abiertas sobre qué se hizo con el aumento de este año. Sin eso, los 23 pesos no son un precio. Son una factura sin desglose.
También lee: Gallardo renueva transporte público urbano
El Cronopio
Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.
Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.
Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.
Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.
Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.
A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.
También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.
Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.
Lee también: Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina
El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
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