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“Con mucha fe no se siente el dolor”

Por: Abelardo Medellín

José Castro es un creyente de la Virgen de Guadalupe que peregrinó de rodillas por primera vez, desde la Caja del Agua hasta el Santuario Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. Sus hermanas y una sobrina lo acompañaron a los lados y colocaban por su camino un tapete, largo improvisado con mantas, cartón y cinta para poder amarrar.

“Con mucha fe no se siente el dolor, nos ha concedido tantos milagros dentro de la familia y por eso estamos agradeciendo esto”, comentó la hermana de José Castro, mientras el peregrinó se detenía para descansar y miraba una imagen de la Virgen que cargaba en su mano.

El primer peregrinaje de José Castro es la historia que se repite entre el resto de los asistentes de esta mañana a la Calzada de Guadalupe; los potosinos asisten de rodillas, caminando, en silla de ruedas, en brazos, los más jóvenes y emocionados, los más devotos. Los potosinos y extranjeros que asistieron a las fiestas del 12 de diciembre se cuentan en miles, y la noche de ayer se contabilizó un aproximado de 260 peregrinos, de acuerdo con Fernanda Sánchez, voluntaria del Escuadrón de Emergencias y Rescate.

Sin embargo, aunque para algunos guadalupanos el festejo tuvo auge en las mañanitas de la madrugada, para las decenas de creyentes la devoción continúa por la mañana y se presentan desde el mercado Tangamanga o desde la Caja del Agua, para comenzar su peregrinación a la luz del día.

Marcela Valenzuela ha peregrinado durante los últimos diez años para agradecer a la Virgen de Guadalupe por otro año de vida. Hoy la acompañó su esposo y con paso firme esperaban que les tomara 3 horas llegar al Santuario para presenciar la misa de 12 y descansar por el peregrinaje. Junto a Marcela Valenzuela pasan las familias, algunas tomadas de la mano, rezando en conjunto, con biblia y rosario en mano. Algunos otros van solos, agradeciendo en silencio y orando con los ojos cerrados, agradeciendo con la misma fe con la que oran aquellos que cargan su figura de la Virgen y Ramos recién comprados de rosas y jilgueros.

No es difícil de encontrar en la Calzada de Guadalupe un ramo de flores, desde el jardín Colón y hasta la entrada del templo hay a ambos lados del camino puestos de flores, algunos abarrotados por los peregrinos que compran su ofrenda, otros que recogen los botes vacíos, en anuncio de que vendieron todo lo que traían. Las flores no es lo único que se compra a montones, pues la mayoría de los peregrinos calman su hambre con pan, atole, tamales, tacos de canasta, y otros tantos antojos rápidos que se venden en los puestos aledaños a la iglesia.

En los alrededores se puede conseguir de todo, hay quienes venden pan y atole, hay quienes regalan ambos, el que tiene antojo compra lo que necesita y el que está cansado recibe lo que se le ofrece; y entre los puestos encontramos más que solo enchiladas tradicionales o vaporeras de tamales, hay carnitas, fruta, sopes, carne asada, gelatinas, pastel, pozole y canastas interminables de pan dulce.

Y si el pozole y el atole no calmaron la helada de hasta 4 grados que Protección a Civil Estatal pronosticó para estas fechas, casi tantos como los puestos de comida, se extienden los puestos de ropa donde más de un peregrino se detuvo a comprar guantes, bufandas y un gorro infantil para los peregrinos más jóvenes.

La peregrinación no es exclusiva de la devoción adulta. David de 12 años, va en fila en conjunto con su padre y su hermano, quienes avanzaban de rodillas frente las oficinas de la Cruz Roja, David decía que era su cuarto año de peregrinación y el primero en el que su padre iba de rodillas con él. Decenas de jóvenes igual a David avanzaban por los tres kilómetros de Calzada de Guadalupe, algunos acompañando en oración a sus padres peregrinos, otros cargando la imagen o flores para la guadalupana, otros caracterizados de la Virgen y cargados en brazos por su madre, e incluso algunos bebés iban colgados en pechera sobre su madre acompañándola en su peregrinación de rodillas.

A tan solo 10 metros del Santuario, que el 10 de octubre de 1810 fue visitado por el caudillo eterno de la Independencia, Miguel Hidalgo, dos jóvenes se acomodan las alfombrillas que usan de rodilleras y se toman por los hombros para seguir rezando, a la espera de no ceder a las escalinatas del templo que aún les falta por subir.
A pesar de que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) haya reportado en los último 20 años un decremento del 9 por ciento en los mexicanos que profesan la fe católica, en San Luis Potosí, el 69 por ciento de los pobladores se consideran “muy guadalupanos”, de acuerdo con una encuesta realizada por El Financiero.

“La Virgen de Guadalupe, más que ser un símbolo de la iglesia católica, es un símbolo mexicano arraigado a la sociedad y los jóvenes y adultos, que en situaciones de dificultad se asumen como fieles a la devoción hacia la Virgen, como una práctica ritual”, nos dijo en entrevista Edgar Isaac Ramos Villegas, hasta hace unos meses coordinador diocesano de la Pastoral Juvenil, quien asistió hoy a lo que él llamó “la celebración más grande de la fe católica en México”.

Mientras caminábamos con Edgar Ramos rumbo a la Basílica para esperar la misa de doce, nos comentó que “como joven que he estado en el ambiente de la fe, pues la Virgen de Guadalupe es una gran intercesora de las intenciones de los potosinos hacia la fe […] muchos lo ven como una tradición, pero los peregrinos lo viven de diversas formas desde su fe, peregrinando, caminando, trayendo flores, lanzando pirotecnia, es un tema diverso”.

Edgar Ramos se detuvo un momento en su caminata y nos dijo frente a las puertas del Santuario Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, que “sin duda algunas, la nueva exigencia de la iglesia católica es fortalecer un sentido crítico y fortalecer los valores cristianos y así esperamos asumir una religiosidad más viva y menos tradicional, la tradición nos arraiga, pero más allá de asumirse como devotos, se trata de vivir la fe como cristianos”.

Mientras Edgar Isaac Ramos se despedía y entraba apresurado a misa de 12, los guadalupanos entraban con él y otros más apretaban su paso de rodillas y pedían apoyo a los elementos de la Cruz Roja para subir las escaleras. Entonces, entre aplausos, veladoras y dedos que cambiaban el misterio del rosario, se escuchó desde el templo y al unísono, cansado de tanto rezar: “desde el cielo una hermosa mañana”.

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