mayo 18, 2022

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Cine en las universidades | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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Cine en las universidades

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El viernes pasado, dentro del Curso: Cineclub. [email protected] y películas más destacadas del Nuevo cine mexicano, se exhibió la película “Almacenados” (2014) del joven realizador Jack Zagha Kababie.

Los alumnos de filosofía de la UASLP, Mónica Rodríguez Cuéllar y Luis Mauricio Acosta, quienes la presentaron para su exhibición y análisis, dieron un panorama de elementos conceptuales desarrollados en México, a partir de la llegada del filósofo José Gaos, refugiado en nuestro país a causa de la Guerra civil española. Gaos, además de desarrollar en México la mayor parte der sus escritos acerca del pensamiento mexicano, contribuiría al desarrollo de otros pensadores como Octavio Paz, Juan Villoro, Leopoldo Zera y Emilio Uranga; este último es quien identificará al mexicano como alguien que se asume como “ser accidental”.

La película “Almacenados”, de carga experimental vanguardista, es propicia para la reflexión y análisis a partir del estudio filosófico del ser mexicano. Esto también motiva a evocar otro tipo de actividades en torno al cine realizadas por universitarios.

Universidades latinoamericanas

Durante el primer quinquenio de los 1980, la fundación alemana Konrad Adenauer, patrocinó a la Asociación Latinoamericana de Televisión Universitaria (ALATU), con sede en Lima, Perú, la realización de festivales con el concurso de universidades del subcontinente Latinoamérica; luego de responder a la convocatoria de realizar adaptaciones y producción –con lenguaje de cine- de cuentos de su país en cortometrajes de 30 minutos de duración; e intercambiar copias para su exhibición en los diversos países participantes.

A la edición 1983 acudieron las universidades mexicanas Nacional (UNAM), campus Ciudad Universitaria; Iberoamericana, campus ciudad de México; y la Autónoma Metropolitana (UAM), campus Xochimilco. También asistieron al evento y destacaron de manera relevante universidades de Uruguay, Chile, Costa Rica, Colombia, Paraguay y Perú, el país sede.

La producción de la UNAM contó con algunas singularidades:

  • Se adaptó el cuento “La muerte tiene permiso” del narrador Edmundo Valadez. Profesores y alumnos universitarios acudieron al escritor mexicano para solicitar su venia.
  • Don Edmundo, conocido por su narrativa y la producción de la revista El Cuento, accedió de inmediato.
  • Siempre en equipo, profesores y alumnos, hicieron una adaptación del cuento; agregaron un trovador/narrador en el tono de corrido mexicano de la Revolución mexicana (según el modelo del dramaturgo alemán Bertolt Brecht, para establecer un puente de comunicación con el espectador); otros agregados fueron, la presencia de una mujer, esposa de un campesino acecinado y el presidente de San Juan de las Manzanas, el victimario.
  • Inspirados en la corriente fílmica del Neorrealismo italiano, se hizo prueba y selección de actores entre alumnos universitarios.
  • A manera de cita de las películas “En este pueblo no hay ladrones” (1965) de Alberto Isaac y “Reed, México insurgente” (1970) de Paul Leduc, quienes incluyeron en papeles de reparto a destacadas personalidades, estuvieron en escena.
    • El cuentista chiapaneco Eraclio Zepeda (1937-2015), en papel protagónico de Presidente de México (ya antes hizo el papel de Pancho Villa en Reed, México insurgente), luego fue embajador de México ante la UNASCO.
    • El poeta Miguel Rubio Candelas, hizo el papel de Don Sacramento, padre del campesino victimado.
    • Georgina Limones, alumna de Sociología y hoy destacada historiadora mexicanista, hizo el papel de María, esposa del campesino muerto.
    • El alumno de Periodismo René Mandujano, es el Presidente de San Juan de las Manzanas.
    • Jorge Ramírez-Suárez, luego productor de cine (Ángel de fuego, 1989, de Dana Rorbeg; En medio de la nada, 1990, de Hugo Rodríguez, rodada en el Altiplano potosino; La mujer de Bejamín, 1991, de Carlos Carrera), director de cine (Conejo en la luna, 2004; Guneg tag, Ramón, 2013; La gran promesa, 2017), es un ingeniero que acompaña al Presidente.
    • Florece Toussait, académica y autora de una docena de libros acerca de la historia de los medios de comunicación y de la columna radio y televisión en la revista Proceso, hizo de mujer de pueblo.
    • Javier Arévalo Zamudio, entonces director de la Carreara de Periodismo en la UNAM y luego Director de Comunicación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y
    • Luis Alberto de la Garza, director del posgrado de Sociología de la UNAM, fueron ministros.
    • Fernando Macotela, ex director de la Carrera de Comunicación en la UNAM, entonces director del Instituto Mexicano de Cinematografía, prestó de los Estudios Cinematográficos Churubusco, 100 juegos de vestuario para gente de campo.
    • Virgina Medina, académica de posgrado de Comunicación en la UNAM, estuvo entre la gente del pueblo.
    • 150 alumnos como extras y en papeles de reparto.
    • Además hubo equipos de alumnos para resolver, transportación, vestuario, ambientación escénica, maquillaje y alimentación.
    • El alumno José Luis Aguilera, hoy documentalista de cine y productor de Canal 11 TV del IPN, grabó e hizo el montaje de lo que hoy se denomina “detrás de cámaras”, con el título de “Programa de un programa”.
    • El pintor zacatecano José Esteban Martínez se encargó de arte y decorados.
    • La alumna Eunice Hernández, hoy responsable de Comunicación en la Casa de México en la Ciudad Universitaria de México en París, del maquillaje.
    • La alumna, actualmente gestora destacada, Ana Berta Jaimes, de la alimentación.

El rodaje fue en el pueblo de Tlayacapan, Morelos. Para aprovechar la luz del día y cubrir el 80% del guion en un solo día, el llamado para la grabación fue a las 5 de la mañana frente al estadio olímpico de Ciudad universitaria

Heraclió Zepeda, entrevistado por alumnos, comento:

El cuento hispanoamericano llevado a la televisión contribuye a sensibilizar a la población latinoamericana respecto a su realidad y, al mismo tiempo, da elementos de afirmación y re-significación de la cultura propia. Pero, agregó, no en forma definitiva; hay otros factores, políticos, sociales, de orgullo étnico, de herencia cultural, de identificación del enemigo común; conocemos poco a otros pueblos latinoamericanos y muchos de ellos conocen bien a México; hay una gran deuda que pagar de solidaridad latinoamericana”.

“Sería una petulancia creer que el cuento va resolver esos pendientes. Hay que cambiar el pamnorama en el cual crece el cuento, el cuento solo no puede cambiar el panorama. Esto es una lección para los artistas que creen que hacen la historia y los mejores entre los mejores son combatientes y ellos se habrán graduado con el título más importante: el de hombres y el de mujeres”.

Los Jorges Ramírez, Suárez y Pardo, ambos en papeles de ingenieros.

El ejercicio de práctica y contextos sigue

Ese rodaje en Tlanepantla, Morelos, involucró a más de 200 universitarios de la UNAM y contribuyó a detonar algunas intenciones vocacionales para el cine. Prácticas similares y ejercicios de cineclub con reflexión en torno a los temas que los filmes transportan en el espacio y tiempo, ayudan a verse en distintos espejos, incluido el del acontecer presente.

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Sur Carolina: historias de migración desde SLP

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La Orquesta conversó Octavio Guerrero, ganador del premio Federico García Lorca, que este viernes presenta su libro en casa

Por: Soledad Alatorre

Hace unos días empezó la Feria del Libro de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, en la cual hay actividades culturales, presentaciones de libros y otras actividades. Este 18 de marzo, será presentado el libro Sur Carolina, escrito por Octavio Guerrero Torres, quien conversó con La Orquesta acerca de su trayectoria en las letras.

Octavio dijo que su primer libro consta de ocho cuentos con un léxico que oscila entre español y el inglés, en el que aborda temáticas vinculadas con la migración y los oficios de quienes buscan una mejor vida en Estados Unidos.

Guerrero contó que empezó a escribir el libro un verano que estaba en Estados Unidos, a raíz de cosas que vivía y veía, “un domingo me desperté muy temprano y desde antes tenía la idea de escribir un cuento, ese día salió el primero, brotaron y cuando regresé a la Facultad de Humanidades después de las vacaciones escribí los demás con ayuda de maestros y compañeros. Luego me fui de intercambio a España con el esbozo del libro y una amiga me pasó la convocatoria del premio Federico García Lorca de la Universidad de Granada, lo gané y así pude publicarlo”.

Octavio Guerrero también explicó cómo fue su acercamiento a la literatura: “en segundo semestre de preparatoria tuve a David Ortiz Celestino como profeso, nos encargó leer a Carlos Velázquez con el texto “La marrana negra de la literatura rosa”; además, mis dos compañeras Mariana y Sarahí siempre estaban leyendo y me prestaron un libro de Nicholas Sparks, así empecé en la literatura y mi primer relato lo escribí a los 17 años

”.

El autor estudió en la Facultad de Economía de la UASLP durante dos años, pero finalmente migró a la Facultad de Humanidades y encontró Lengua y Literatura Hispanoamericanas: “no tenía idea de que se trataba, solo quería seguir leyendo y que de eso se tratara mi educación”.

Sobre la presentación que tendrá este viernes en la Feria del Libro apuntó: “estoy agradecido con la oportunidad de presentar el libro, era algo con lo que soñaba, algún día poder sacarlo adelante y quería hablar de migración desde otro sitio y dejar mi marca”.

Finalmente, el escritor invitó a todas las personas interesadas en conocer su libro a asistir a la presentación y contactarlo por redes sociales para compartirles el texto de forma digital.

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El modelo suicida | Un texto de Eduardo L. Marceleño

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Pintura: Failed Self Portrait of a Suicide Painting de Zach Beiswenger
Pintura: Failed Self Portrait of a Suicide Painting de Zach Beiswenger
El dolor me sangraba el pensamiento,
y en los labios tenía,
como una rosa negra, mi lamento.
Gorostiza

La fotografía está barrida, pero se alcanza a ver el delgado brazo de Génesis, su cabello que vuela en una especie de abanico por el repentino giro de su cabeza, y el pequeño bolso de macramé que llevaba puesto esa noche. Su esbelta figura dispuesta a entrar en una puerta abierta. 

Toda la tristeza del mundo, los trenes que recorren ciudades con cientos de pasajeros dentro, y más pasajeros que esperan en las estaciones que quedarán atrás para siempre. Los vivos y los muertos, el recuerdo que persiste con el tiempo.

Esa noche hablamos de suicidios, pero a ella le pareció la cosa más absurda. Cambió de tema por algo más amable, animaciones en 3D, me parece. Tuve que reprimir mi admiración por los suicidas, de quienes ya llevaba una buena lista escrita en las notas de mi celular. Aun así, y aunque no quise arruinarle la noche a Génesis, el suicidio me sigue pareciendo un tema bastante seductor. 

El 11 de febrero de 1931, a los 3o años de edad, Antonieta Rivas Mercado se suicidó en la Catedral de Notre Dame, en Paris, dándose un tiro con la pistola de su esposo, el pensador post revolucionario José Vasconcelos. La encontraron al extremo izquierdo de la catedral, su cuerpo yacía tirado al lado de una banca. Todo Paris se escandalizó. Luego hubo quien pidió una ceremonia especial para limpiar el templo de semejante “sacrilegio”. No importa en qué año decidas morirte, la profanación de elegir cavar tu propia tumba es la misma para todos los demás. 

Ekkaia, grupo de punk español del denominado subgénero del “crust”, surgido en los años 90, y quien anticipara los días tristes del futuro inmediato; violento en su ejecución, pero nostálgico en su escritura, dijo: “Llenamos falsamente el vacío de nuestra infelicidad”.

Puede que aquel grupo de españoles macarras tengan razón, y el suicidio de doña Antonieta esté plenamente justificado. Nadie que sea tan desdichado merece vivir si tiene una pistola a la mano. A veces las cosas son más simples de lo que parecen, aunque la gente te diga lo contrario, y a veces los deseos de algunas personas son más tristes que sus propias vidas. 

—Nada que perdonar, ya sabes lo mucho que me gusta verte. —Génesis destapó una lata de cerveza que antes había lavado meticulosamente y la sirvió en un tarro de cristal,

también extremadamente limpio, algo muy de ella, ya que no ha logrado quitarse el miedo a las bacterias invisibles, esas que no terminan de irse del todo ni para siempre. Si uno visita su casa, puede oler el Fabuloso lavanda casi todo el tiempo. 

Puede que sea incapaz de enfrentarme al mundo, pero eso no confirma una muerte prematura. A qué negar, en cambio, que en la soledad de mi cuarto fantaseo con darme un tiro en medio de la noche. Veo pistolas de plata colocadas como joyería que adorna  mis manos, y me parecen los objetos más preciosos que he visto nunca. Pero todo lo anterior se trata de una fantasía pueril, puesto que admiro, más no emulo, a esos sujetos que se quedaron solos con un arma entre las manos y con todas esas ideas de nunca jamás en la cabeza.

De ser posible, y antes de que la idea del suicidio madure al punto de la locura, me gustaría vivir en el desierto y tener una pistola. No hace falta disparar a nada, ni a un árbol ni a una botella. Solo yo y mi pistola en el desierto.

Por lo demás, y a falta de vivir solo en el desierto, a menudo me encierro en mi habitación durante días, me hace sentir seguro. Conecto de manera onírica con mis ídolos: Cassavetes, Hopper, Capote, Cohen, Houellebecq, o López Velarde. Parece que estoy dentro de un sueño. Frente a mí, una Epifanía impersonal e intransferible, el rescate de una manifestación primitiva como el lamento y el grito, la emoción y el deseo.

La borrosa fotografía de Génesis entrando en una puerta está clavada en el corcho de su estudio junto a varias facturas que habrá de pagar pronto.

Su mirada es de preocupación, la mía está perdida.

—¿Te encuentras bien?— Me dice.

—Sí.

—Te iba diciendo que el modelo 3D está increíble, si aprendo lo suficiente, en unos meses me ascienden, ¿puedes creerlo?

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#4 Tiempos

Diarios de bicicleta 1 | Columna de León García Lam

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VOLUTA

¿Dónde quedaron aquellos días cuando discutíamos si era buena idea o no hacer una ciclovía en Himno Nacional? Recuerdo que un opositor al entonces presidente municipal Xavier Nava Palacios la consideraba una pésima acción de gobierno y esa persona, un día me cuestionó: ¿quién la va a usar? Le respondí: Yo la usaría. En ese tiempo, aun no tenía bicicleta, pero ya estaba en ese delicioso proceso previo a la compra: visitando biclicleterías (¿así se le dice a un expendio de bicicletas?), preguntando a expertos, aprendiendo de los frenos, las suspensiones, los tipos de bicicletas, las cámaras, los pivotes, de la gran importancia del número de rodada en relación con el largo de las piernas del ciclista y enamorándome de una bici verde olivo de montaña.

[Quiero aprovechar este espacio para agradecer a los especialistas en bicicletas que me asesoraron: José Luis Cortés, Ángela y su pistage y la súper paracaidista]

Entonces, yo sí he considerado, desde ese entonces, que la ciclovía era una buena idea. Ocurre muchas veces, que lo malo no es la idea en sí, sino el cómo: separar el espacio de circulación ciclista con tubos de plástico naranja  fosforescente es mala idea y también ubicarla junto a la banqueta, no se diga gastar 15 mdp (según información de Canal 13 TV) para terminar instalando unos topes chafas que ya presentan signos graves de deterioro a menos de 3 años de colocados y no se diga eso que llamaron alguna vez “pintura”, entre otros detalles que no quiero profundizar, pero la idea en sí de la ciclovía es buena, la verdad que sí, a pesar de todos los problemas que conlleva: los baches, las alcantarillas, el poco respeto que tienen los conductores automotrices por los ciclistas y otros asuntos civiles que quiero comentar en esta relatoría de lo que ocurre a nivel del asiento ciclista y el pedal.

Lo a continuación, léase imaginando que aparecen letras, una a una, con ruido de máquina de escribir:

Día #83, 15 de febrero de 2022

Trayecto: Oriente a poniente (de Av. Juarez, donde da vuelta el camión, hacia el Parque de Morales, para quienes no se orientan)

Hora: 11.00 am

Contexto: Sí vengo de malas, porque hice una antesala inútil en la Secretaría General, en la Unidad Administrativa Municipal…

Crucé el primer semáforo y pedaleé tranquilo, en una velocidad media. Generalmente, no me siento en la bicicleta, sino que pedaleo de pie (me gusta la velocidad), pero esta vez venía pensando en los escritorios de la Unidad Administrativa… ¡siguen siendo los mismos de hace veintitantos años! y de pronto, un desponchador o vulcanizador me cierra el paso con un enorme gato hidráulico y nos observamos mutuamente y con su mirada me dice que el metro y medio de ciclovía es demasiado para una bici, que él tiene derecho a trabajar, que no le machuque las mangueras y me quedo pensando que no hay forma de solucionar el problema…

sigo adelante y, en eso, dos hombres van muy campantes caminando en la ciclovía frente al INE, no se dan cuenta de que apenas alcancé a quemar llanta antes de impactar con ellos y todavía pude acompañarlos unos pasos hasta que, por fin, escucharon mi tercer o cuarto: “con permiso por favor…”, eso sí: cuando se dieron cuenta se movieron muy apenados.

¿Por qué a algunas personas les da por caminar por la ciclovía? Misterio inmenso. A lo mejor les gusta el diseño del letrero que dice “Exclusivo Bicicletas”.

Una cuadra más adelante, le tengo que gritar “¡cuidado!” a la dependienta de una tienda de ropa que está por echar una cubeta de agua recién trapeada a la ciclovía, y afortunadamente grité a tiempo. Más adelante, me encuentro a un taxi que decidió recoger a su pasaje en la ciclovía ¿por qué no? Lo rodeo, aunque con ganas de tomarle una foto a su taxi y otra a él, gritándome ¿qué, qué?

No canto victoria de llegar sano y salvo a mi destino, estimado y querido publico cultísimo de La Orquesta, porque justo al pasar por conocida carnicería un charco de agua con sangre y cochambre me salpicó las nalgas. Después, leo en las noticias de su periódico La Orquesta que el munícipe propone consultarnos erradicar el legado de Xavier Nava Palacios, o lo que es lo mismo, deshacer la única cosa buena que se hizo en la administración pasada.

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Opinión