enero 19, 2026

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#4 Tiempos

Catedrático de ciencias, pionero del heavy metal mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Diariamente contribuye a la formación de científicos en la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, impartiendo clases de matemáticas superiores y, contribuye a la generación de nuevo conocimiento en el área de sistemas dinámicos aplicados en diferentes áreas de la ciencia. Su vida transcurre, así, entre las matemáticas, y su otra gran pasión: la música, donde iniciara su vida profesional hace justo cuarenta años, al convertirse en uno de los pioneros del heavy metal en México, al crear en 1983 el famoso grupo mexicano Luzbel que fuera un símbolo en este género en nuestro país.

No es de extrañar que veinticinco años después de su debut con Luzbel, formara otro grupo de rock, ahora formado por científicos de San Luis, llamado Los Barbahanes, que nacen en el seno de la Facultad de Ciencias. El Dr. Antonio Morante Lezama, el inquieto matemático y músico, que signó toda una época en el heavy metal en el país, es catedrático de matemáticas en la Facultad de Ciencias de la UASLP donde se formó después de dejar al grupo Luzbel donde fuera el bajo por excelencia durante toda la década de los ochenta y donde sería conocido mundialmente como la Rana Morante. Con Luzbel grabó varios discos que fueron todo un éxito y que en la actualidad siguen recordándose en el ambiente rockero mexicano.

Antonio Morante será el encargado de dictar la tercera charla del trigésimo quinto ciclo de La Ciencia en el Bar que se titula: De Matemático, Músico y Loco que se llevará a cabo el miércoles 29 de marzo en Las Bóvedas en punto de las ocho de la noche. En la charla Antonio Morante nos estará llevando por el mundo de las matemáticas que son la base para el estudio de sistemas complejos que caracterizan la ciencia moderna y su extraña encrucijada con el mundo de la música, camino que en la práctica ha seguido Antonio Morante.

La banda Luzbel, como hemos indicado, fue formada por Antonio Morante junto con el guitarrista Raúl Fernández Greñas, su década de oro, la de los ochenta fue intensa en giras y fue escuchada en todo el país, así como en algunos estados de la Unión Americana, abriendo camino para el rock mexicano el que era acosado de cierto modo por el gobierno mexicano por lo ocurrido por los festivales de rock en la década de los setenta. El bajo de la banda en el lapso de 1983 a 1990 fue tocado por Antonio “La Rana” Morante,

hasta que dejara el grupo, para formarse como matemático en la Facultad de Ciencias de la UASLP donde obtuvo su licenciatura en 1998 para continuar con sus estudios de maestría en la propia Facultad de Ciencias donde se graduaría en el año 2000 en la maestría en ciencias aplicadas y posteriormente en el Doctorado en Ciencias Aplicadas en la propia Facultad de Ciencias, para convertirse en profesor investigador en la Facultad de Ciencias de la UASLP, donde ha estado ligado desde su época de estudiante hasta la actualidad donde participa en el Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias de la UASLP.

Su línea de trabajo, además de la formación de recursos humanos en ciencias y matemáticas, son los sistemas dinámicos área en la que se formó en el posgrado en matemáticas aplicadas y en el desarrollo y uso de software libre para la enseñanza de las matemáticas. Así sus contribuciones van desde la enseñanza hasta la aplicación de las matemáticas en áreas como la de la salud, al contribuir con el desarrollo de un sensor desechable para medir la presión intraabdominal.

Los esperamos este próximo 29 de marzo a las ocho de la noche en Las Bóvedas, para dejarnos llevar de la mano de Antonio Morante en el apasionante mundo de las matemáticas y de la música, conocer la trayectoria de este gran bajista que allanara el camino para la consolidación del rock en México, su contribución en la enseñanza e investigación de la matemática, papeles que para representarlos luego se piensa que debe uno de estar un poco loco.

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#4 Tiempos

“Ya cállate, tenías razón” | Apuntes de Jorge Saldaña

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¡Ah culto público! Ya no hay hijos de mi “bienestar “ y todas esas esas cosas que decía.

Desde hoy solo serán compañeros de bienestar:

Luego de unos días por aquí y por allá, regresó dichoso de hablarles. ¿Andan en grillas? Sí, todos.

Empezaré por el señor gobernador que, es mi bendición y maldición enterarme de todo: una llamada lo hizo decidir. No, no va la Ley gobernadora. ¿Y para qué? Diría Napoleón con José José. 

Lo dije en privado y en público y eso me queda de satisfacción. La señora y senadora Ruth le puede ganar a todos y a todas. Esa ley iba a causarle nada más imposición. 

Qué bueno que lo pensaron bien. La llamada fue clara: ganas ahorita o te gano después. Punto. 

Morena equis. El gobernador Gallardo hasta un Ron Potosí le debió mandar a Gabino Morales. 

Pero que no se confíe del Verde de los de yate. Esos lo usan y ya. 

Para el 2027 se abren de nuevo todas las posibilidades y ¿qué mejor? 

Si alguien no lo pensó pues yo tampoco: el que tenga la estructura gallardista va a ganar y solo hay una condición: no abras los cajones.

El color es lo de menos. El triángulo dorado de Soledad., capital (ahí si con Ruth porque no es casualidad las fotos de Galindo y Ricardo ni los 800 millones para la capital) Pozos y Villa de Reyes, no son cualquier cosa.

¿Todo cambia? Sí. Todo. Pero no tanto. El Gallardismo solo tiene un hombre y nombre para la gubernatura (luego se los digo pero empieza con Juan) 

Mujeres tiene varias. Oposiciones pues Galindo y ya. (Con el que prefiere entenderse que con otros y otras) y si me apuran pues con onlanquebhqga contraste y punto. 

¿Y la familia? Bien gracias. Don Ricardo, feliz de que su nuera sea alcaldesa…y ya.

En estos días y como para cambiar de temas, y para no ser el “ya cállate, tenías razón” pues deje les cuento de crayolas mejor. 

Yo no tuve tiempo de colores, pero Holbox y León me enseñaron en tonos de grises y nada más. Por algo se empieza. Los arcoíris luego. 

¿La uni? Que weba… es la única rectoría pobre de pensamiento en años. Las dos promesas son las siguientes: Fabian no quiere 846 millones, le prometieron 84, mitad y mitad para la próxima rectora si es que se deja ganar. (No la menciono porque me da una flojera enorme responder sus solicitudes de réplica). 

El rector pues tiene “vicerrectoras” y sabelotodos y todas a su alrededor. ¿Para qué necesita más? 

Seguro tomarán la mejor decisión. Igual que Ricardo mañana. (Hoy)

¿INTERAPAS? Feliz. No hay cosa mejor que le pueda pasar que Soledad se vaya y Pozos también. ¿A quién le van a echar la culpa ahora?

Yo mientras, si usted me lo permite o no, “voyatrair” el pelo suelto. 

Hasta la próxima. (Ha por cierto que la próxima puede ser desde la Pila, pero mire que me van a caer de maravilla 30 días de escribirle a lápiz y papel una iniciativa que traigo sobre que los y las jueces también tomen en cuenta la voz del afectado en las órdenes de restricción cuando es el caballero el que jamás buscó a la dama) 

Yo soy Jorge Saldaña.

 

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La sabiduría de los antiguos | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Imagínese que llega usted al consultorio de un médico de reconocido prestigio y que éste, en vez de medirle la presión o de auscultarle el pecho, le preguntara: «¿Y cómo andan, estimado señor, sus relaciones con Dios? ¿No estará, por casualidad, enemistado con él?». Usted, sin duda, no sabría qué responder, y hasta es probable que dijera en su interior algo como esto: «¡Doctor entrometido! ¿Quién se cree que es? ¿Por qué debo confesarle cómo andan mis relaciones con Dios? ¿A él que le importa si creo en Dios o no creo? ¡Además, yo no he venido para que me confiese, sino para que me cure de este dolor de cabeza que no se me quita con nada!». 

Pues bien, según Robert Burton (véase, si no, su Anatomía de la melancolía, obra publicada por primera vez en 1621), tales son las primeras preguntas que todo médico digno de este nombre debería formular a sus pacientes. Extraño, ¿no? Pues no, ya que para él, como para muchos otros médicos de la antigüedad, la salud corporal estaba tan ligada a la salud del alma y del espíritu que, sin esta, aquella era simplemente imposible.

«Un francés sacrílego que intentó apoderarse de la imagen de San Juan, labrada en plata, que se encontraba en Birgburge –escribe Burton en su libro-, fue acometido súbitamente de rabia y empezó a arrancar pedazos de su propia carne. Según Girardo de Cambray, un señor de Rhadnos que por haber ido de caza regresó a altas horas de la noche y alojó sus sabuesos en la iglesia de San Avan, al despertar a la madrugada siguiente halló que los perros estaban atacados de hidrofobia y él mismo quedó repentinamente ciego… Tales relatos de poetas y escritores eclesiásticos parecen fabulosos, pero lo cierto es que existe el Dios vengador y son nuestros pecados los que atraen las enfermedades sobre nosotros». 

¿Es ésta una mentalidad que habría que considerar superada? ¿Es cierto que, como dice Burton, son nuestros pecados los que atraen las enfermedades sobre nosotros? En verdad, tales narraciones nos parecen realmente fabulosas, si no es que hasta inverosímiles; tomadas al pie de la letra, no dudo que hagan reír a más de uno, como me han hecho reír a mí. Sin embargo, para que se vea que lo que dice Burton no es, después de todo, tan descabellado, me permitiré contar a mi manera dos historias que me tocó ver de muy cerca. 

Un hombre empezó a sentir repentinos ataques de pánico. El primero de estos ataques hizo su aparición mientras cruzaba una gran avenida llena de autos que se movían en todas direcciones. Iba a mitad de la calle cuando, de pronto, sintió que las piernas ya no le respondían y que estaba a punto de desmayarse. ¡Aire, le faltaba aire: se asfixiaba! «Dios mío –gimió al llegar como pudo a la otra orilla-. ¿Qué me pasa». 

Por supuesto que tan pronto como pudo fue a consultar a un especialista. Éste le recetó una buena dosis de ansiolíticos que, por lo demás, no consiguieron que se sintiera mejor. «¡Estoy por morirme! –gritaba a su mujer-. ¡Estoy malo de los pulmones, quizá hasta tenga cáncer! ¿Por qué, si no, me falta tanto el aire?». 

Cuando me buscó para platicar conmigo, durante nuestra conversación salió a relucir, como de pasada, un dato que yo consideré de suma importancia: mi visitante, aprovechando diariamente las ausencias de su esposa, se internaba en el ciberespacio y mantenía una relación erótica, aunque virtual, con una mujer de la que ni siquiera podía estar seguro que no fuera otro hombre. 

Lo peor –me dijo- es que hasta había proporcionado a esa desconocida –o desconocido, quién lo sabe- una gran cantidad de datos personales, como por ejemplo su teléfono, su domicilio, etcétera. ¡Se sentía morir de pena! ¿Y si por culpa de este desliz que al principio él creyó inofensivo una banda de malhechores hacía algo a su esposa y a sus hijos? ¿Y si?…

-¿Y le platicó todo esto a su psicólogo? –le pregunté.

-Sí, pero no le dio importancia. Dijo que se trataba, en todo caso, de una relación que podía estar yo necesitando, de un escape inofensivo e inocente que no tenía por qué hacerme tanto daño; en fin, que no exagerara…

-Pues yo creo, con todo respeto, que allí justamente está el origen de su mal. ¿Por qué no hace usted un pequeño sacrificio y deja de una vez por todas esa relación culpable? ¿Por qué no suspende por un tiempo sus visitas a Internet?

El hombre siguió mi consejo y al cabo de unas semanas estaba mucho mejor. ¡Ahora sí le hacían bien los ansiolíticos, qué casualidad!

Otro caso. A un hombre que había abandonado a su esposa y a sus dos hijas por irse a vivir con otra mujer le fue diagnosticada una depresión severa. Como al hombre del ejemplo anterior, también a éste le fueron recetadas grandes dosis de antidepresivos con el mismo deprimente resultado. 

-¿Qué me pasa? –preguntaba el hombre.

-A mí, que no soy psicólogo, sino sacerdote, la cosa me parece muy clara: usted ha dejado a su mujer y a sus hijas abandonadas a su suerte, y esto, aunque a usted le cueste reconocerlo, es algo que le afecta enormemente. ¿Por qué no les pide perdón y vuelve con ellas? 

Así lo hizo, y debo decir que sólo hasta entonces los antidepresivos pudieron hacer lo suyo… 

¡Los problemas espirituales  no se curan con pastillas! «Por esta razón –sigue diciendo Burton en su Anatomía de la melancolía- Hipócrates quiere que el médico averigüe cuidadosamente si la enfermedad proviene de una causa sobrenatural y divina o sigue una evolución natural… Paracelso opina que las enfermedades del espíritu deben ser curadas espiritualmente y no por otro medio. En tal caso los tratamientos ordinarios son de poco provecho. 

¡Ah, no debemos desafiar las potencias supremas! Los médicos y los remedios pueden resultar del todo ineficaces y debemos confiarlos al gran poder de Dios, reconocer nuestras faltas e implorar su misericordia». 

¿Eran los médicos de la antigüedad tan ingenuos como a menudo se piensa? Yo termino ya, pues he agotado mi espacio; en todo caso, júzguelo el lector.

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#4 Tiempos

Dos partidos, tres puntos | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Buen inicio de San Luis en el torneo, un triunfo sobresaliente de visita ante América y una derrota a pesar de un buen partido en casa frente a Tigres. Tres puntos que dejan tranquila a la afición por ahora.

Pero vamos por partes.

El torneo arrancó con dos jornadas apresuradas, en la primera San Luis recibió a Tigres y cayó 1-2, un parado de 4-3-3 que sorprendió a lo mostrado en el torneo anterior, jugando con Benjamín Galindo (recién llegado) como uno de los centrales acompañado por el brasileño Bambu, dejando a Eduardo Águila en la banca, con Roman y Sanabria por los costados, en el centro Macías, García, Salles-Lamonge, adelante con la nueva incorporación de Duarte por izquierda, quien evitó el sacrificio a Juanma y que por cierto, tuvo buenos momentos sobre todo en el primer tiempo, por derecha, Galdames que dejó dudas y seguramente no se quedará de titular en ese puesto a lo largo del torneo y en el centro el siempre confiable Joao Pedro.

Con esa alineación el equipo se vio bien en la primera parte, donde debió tomar ventaja pero ni Joao ni Salles-Lamonge pudieron concretar las claras que tuvieron frente al marco. Para la segunda mitad, Tigres cumplió y con dos buenos goles terminó llevándose los puntos, pero dejando un buen partido para los potosinos.

El juego de media semana fue distinto. Línea de 5, regresando Águila a la titularidad así como Pérez Bouquet, con ambos para dejar un 5-4-1 un tanto engañoso que se puede desdoblar a un 3-4-3

en ofensiva, algo que ya habíamos visto el torneo anterior y que desgraciadamente no dio buenos resultados, sobre todo en los últimos minutos. Afortunadamente ante América, el resultado se dio y se ganó de visitante. Buen funcionamiento y una variante mostrada respecto al primer partido, cosa que no era muy común en el torneo anterior, donde casi nunca había posibilidad de maniobra.

En resumen, a pesar de que sigo pensando que San Luis no será contendiente a los primeros ocho lugares que estarán en la liguilla, estos dos partidos dan buena cara de lo que puede presentar el equipo a lo largo del torneo, un juego con plantel limitado pero con variantes según el rival. Al menos Abascal ya puede echar mano de ciertos planteamientos que le den amplitud de juego, cosa que hacía falta el torneo anterior.

Aún quedan dudas como algún delantero por derecha o saber si en algún momento se atreverá a jugar con dos centros delanteros tomando en cuenta la llegada de Flores y Muñoz, o solo serán cambios por Joao. En fin, cosas que solo Abascal nos mostrará con el tiempo, pero hoy, el profe, sigue teniendo mi confianza.

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