octubre 22, 2026

Connect with us

#4 Tiempos

Carta a una cajera aburrida | Columna de Juan Jesús Priego

Published

on

LETRAS minúsculas

No era necesario que dijeras nada cuando, hace dos días, tomaste mi tarjeta de débito y la deslizaste por una de esas ranuras electrónicas de las que, dicho sea de paso, siempre he desconfiado; no era necesario que dijeras nada, pues se te notaba en la cara que estabas aburrida, cansada, muerta en vida.

Imagino que cuando solicitaste trabajo en aquel supermercado tu rostro era distinto. ¿Un rostro que reflejaba esperanza? Tal vez. Porque, como sabes, hay rostros y rostros. Hay unos que despiden luz, y otros que son la noche: el tuyo, aquella vez, era el crepúsculo.

Pienso en lo que sucede todos los días, a las ocho de la mañana, cuando llegas a ese lugar que tanto debe entristecerte: saludas sin gana a tus compañeros de suplicio, les das los buenos días, les estrechas la mano sin demasiada convicción y te preparas para recibir a esos enemigos crueles (nosotros) que desde la calle dejan ya ver sus cabezas a través de los cristales de la puerta aún cerrada.

El manager, antes de que te instales en la caja, te hará gritar junto a todos los demás: «¡Hoy es un gran día! ¡Estoy contenta! ¡Hoy soy muy feliz!». ¿Pero de veras estás contenta y eres feliz? No se te notaba aquella vez. ¿Y por qué les hacen decir todas esas tonterías? No lo niegues: yo los he escuchado gritar así en corrillo, ocultos en un rincón del almacén, al comenzar la jornada.

Antes –así me lo imagino-, al salir del trabajo, todavía te dabas tiempo para dar un paseo en bicicleta, y eso te mantenía alegre y en forma; hoy, llegando a tu casa, lo único que quieres es dormir, dormir, dormir, como Elías al pie de aquel árbol de retama.

¿Qué es lo que te cansa de tu trabajo? Me lo dijo tu cara: su monotonía. Durante ocho horas -la tercera parte de tus días, la tercera parte de tu vida-, cientos de hombres y mujeres te presentan –cada uno según su turno en la fila- una especie de ficha o boleta que tú revisas con más o menos cuidado e introduces después en una caja registradora; luego, sin ver la cara del que está frente a ti, dices una cifra en alta voz, extiendes la mano, cobras, devuelves un recibo, y vuelta a empezar. «¿Encontró todo lo que buscaba?», me preguntaste. Se notaba que estabas harta de preguntar siempre lo mismo. En el fondo, que yo encontrara o no lo que había ido a buscar, te tenía sencillamente sin cuidado.

¿Hay alguna diferencia entre tus lunes y tus miércoles, entre tus martes y tus viernes? Para que lo sepas, los primeros críticos de la industrialización ya habían previsto todo esto, aunque pensando más en bandas transportadoras que en cajas registradoras; ellos previeron que un inmenso tedio se apoderaría pronto de los trabajadores que tuvieran la mala suerte de pasarse la vida haciendo siempre la misma cosa: ora poniéndole un botón a una camisa, ora etiquetando envases de gaseosas, pero sin la posibilidad de hacer nada más. Y, como ves, tenían razón: tú eres la prueba.

Cuando alguien dice, por ejemplo: «Todo es lo mismo», ¿no está quejándose de que sus días son iguales y que lo que hace no tiene, en el fondo, ninguna importancia? Quizá la tristeza más grande consista en esto: en descubrir que nuestro trabajo podría perfectamente hacerlo otro.

Ya en el siglo XIX, Fedor Dostoievski (1821-1881), el famoso novelista ruso, había hecho esta fina observación en uno de sus libros (La casa de los muertos): «Un día se me ocurrió la idea de que si quisiera aniquilar a un hombre, destrozarlo moralmente y castigarlo de manera tan implacable que el peor bandido temblara por sólo pensar en el castigo, bastaría dar a su trabajo un carácter de absoluta inutilidad, haciendo que resultara absurdo… El que construye ladrillos, abre zanjas, amasa yeso, enjabelga edificios puede encontrar en esto un sentido, una finalidad. Pero si a este mismo obrero se le obligara a trasladar agua de un sitio a otro, y de éste otra vez al primero, o a triturar arena, o a llevar montones de tierra de un sitio a otro para volver a transportarlos después al lugar en el que estaban en un principio, estoy persuadido de que al cabo de unos días se ahorcaría o cometería infinidad de atrocidades con el fin de merecer la muerte y escapar a tal bajeza, a semejante vergüenza y tormento».

¡Cómo enferman los trabajos absurdos! Son, a mi entender, la primera causa de los disturbios nerviosos. Contrariamente a lo que podría creerse, la mayoría de los suicidios no se cometen en Navidad, cuando todos están juntos, sino a principios de enero, cuando ya todos se han marchado y nos han dejado solos; tampoco tienen lugar en domingo, cuando uno hace en casa lo que le gusta, sino los lunes, es decir, cuando Sísifo retoma la piedra y se dirige -¡otra vez, como siempre!- a la colina del suplicio.

Cuídate de la caja, amiga mía; cuídate de ese trabajo, pero no dejándolo -¿dónde encontrarías otro?-, sino imprimiéndole tu sello personal. Defiéndete de su rutina volcando en él tus anhelos más profundos y, sobre todo, tu creatividad encantadora.

¿Qué es lo que quiero decirte? Hace poco, en una oficina, tuve la suerte ser atendido por una señorita a la que todavía recuerdo por su dulzura y amabilidad. ¡Tenía en los labios una sonrisa tal, que ya sólo verla daba gusto! Es cierto que lo que hacía podía haber sido hecho por otra, pero nadie, en ese vasto edificio, lo hacía como ella, eso te lo puedo asegurar. La prueba está en que todavía me acuerdo de su corrección con ternura y gratitud.

La cortesía y la calidez en el trato, querida cajera, no son sólo dones para los demás: son también regalos para nosotros mismos, pues nos libran de las garras de ese monstruo que ya empezó a arañarte el rostro y que se llama amargura.

Las máquinas, cuando ya no las operes, se acordarán poco de ti; cuida que te recuerden por lo menos las personas, y entonces habrás ganado la partida.

También lee: La ignorancia | Columna de Juan Jesús Priego

El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Published

on

EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

Lee también: María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano

Continue Reading

Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

Published

on

Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

También lee: Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

Continue Reading

El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Published

on

EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

También lee: El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Continue Reading

Opinión

Pautas y Redes de México S.A. de C.V.
Av Cuauhtemoc 643 B
Col. Las Aguilas CP 78260
San Luis Potosí, S.L.P.
Teléfono 444 2440971

EL EQUIPO:

Director General
Jorge Francisco Saldaña Hernández

Director Administrativo
Luis Antonio Martínez Rivera

Directora Editorial
Ana G. Silva

Periodistas

Diseño
Karlo Sayd Sauceda Ahumada

Productor
Fermin Saldaña Ocampo

 

 

 

Copyright ©, La Orquesta de Comunicaciones S.A. de C.V. Todos los Derechos Reservados