enero 30, 2026

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#4 Tiempos

Abrir la Puerta | Columna de Germán Bautista

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HABLEMOS DE DERECHOS

 

A veces creo que lo único que tiene qué hacer la sociedad y el gobierno con las personas con discapacidad, simplemente es dejarnos entrar. Aplica para los entornos escolares, laborales, políticos, culturales, recreativos, en fin, lo que la Convención en su artículo 19 denomina “derecho a vivir en la comunidad”.

Este es quizá uno de los artículos más completos e integrales previstos en este Tratado Internacional, incluso algunas personas podríamos pensar que hasta redundante; porque se supone que en su más amplia dimensión, la Convención busca que “todas” las personas con discapacidad podamos ejercer nuestros derechos y participar activamente en sociedad sin discriminación con autonomía, independencia, e igualdad de oportunidades.

No obstante, y como ya lo hemos explicado, en un sentido metafórico las personas con discapacidad necesitamos puentes firmes por los cuales transitar hacia la realización de nuestros derechos para disfrutarlos al igual que el resto de las personas. A esos puentes, necesarios en todos los ámbitos de la vida en sociedad, lo hemos dicho ya, les llamamos “accesibilidad”.

Tenemos una omisión histórica en esta materia y hacen falta muchos esfuerzos unificados y bien articulados para asegurar la efectividad de la accesibilidad, y podríamos esperar a proponer una gama de acciones perfectamente concatenadas desde el sector público para que los puentes sean totalmente seguros y a prueba de fallos. Sin embargo, las personas con discapacidad llevamos mucho tiempo esperando a que suceda, y si bien celebramos lo que se ha logrado hasta hoy, expresamos categóricamente que es insuficiente.

Es insuficiente porque la mayoría de las veces, las acciones se planifican sin considerar al público para el que están dirigidas, lo que ocasiona que no satisfagan adecuadamente sus necesidades. Por ello la importancia de la “consulta”, de la que ya hemos hablado en otras líneas.

Uno de los ecosistemas más exitosos en normalizar la exclusión es el sistema financiero, no sólo en México, sino en la mayoría de los países del mundo, y si en algún momento llegamos a pensar que las barreras actitudinales son inocuas, en este esquema se convierten en franca discriminación, limitación de oportunidades y marginación.

El artículo 12 de la convención, que es la columna vertebral para el ejercicio de nuestros derechos, y que tiene qué ver con el “Reconocimiento de las personas con discapacidad como iguales ante la ley”, llama la atención sobre las prácticas excluyentes, lamentablemente frecuentes para muchas personas con discapacidad.

Los bancos, las financiadoras, las aseguradoras y muchas otras instituciones de crédito, son un ejemplo constante de discriminación. De manera activa, estas instituciones discriminan:

  1. Por condición visual: cuando niegan la apertura de cuentas a personas con discapacidad visual y piden que una persona sin discapacidad firme a su nombre, o cuando deseamos hacer uso de los cajeros automáticos y estos carecen de respuesta de voz. Vaya, ¡Si hasta las aplicaciones nos discriminan cuando piden como requisito nuestros datos biométricos o según ellas evolucionan!
  2. Por tener alguna condición física: cuando se intenta ingresar a alguna institución financiera y hay escaleras, la rampa de acceso está obstaculizada o mal construida, o las ventanillas de atención son demasiado altas, lo que también ocurre con algunos cajeros aún, entre muchas otras.
  3. Por ser persona Sorda: cuando la única forma de hacer un trámite financiero es vía telefónica y no existen opciones incluyentes; ya no hablemos de la atención en lengua de señas en ventanilla.
  4. Por ser personas con discapacidad intelectual o psicosocial: cuando simplemente por la condición, se niegan créditos, préstamos o apertura de cuenta, y tampoco existe información en formatos accesibles o de fácil comprensión.

Lo peor, es que esta exclusión constante está totalmente generalizada y como suele suceder, a veces ni siquiera las personas con discapacidad la detectamos como discriminación, incluso, llegamos a justificarla.

Hace aproximadamente once años, la Suprema Corte de Justicia de la Nación se pronunció en contra de la discriminación contra las personas con discapacidad por parte de las compañías aseguradoras a través del Amparo en Revisión 410/2012. Debido a su condición, no se ofrecían o no se permitía que las personas con discapacidad pudiesen contratar seguros, o bien, si se permitía, solía cobrarse una cuota de aseguramiento más alta que para cualquier otra persona en igual situación. De ahí que la SCJN prohibiera la denegación de seguros de todo tipo por motivos de discapacidad.

A pesar de esta determinación, a 2023, muchas compañías de seguros continúan con esta práctica, lo que muchas operadoras turísticas experimentan cuando intentan asegurar a personas con discapacidad que viajan, o bien, cuando como personas con discapacidad tenemos la necesidad de asegurarnos, se nos brinda una intrincada respuesta que concluye en la imposibilidad para que podamos hacerlo.

El 3 de mayo de este año, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores presentó el estudio “Inclusión financiera de las personas con discapacidad: retos y recomendaciones”. En él, se evidencian algunas de las cuestiones que he comentado brevemente en la presente columna. Meses después, la CNDH, dio a conocer el “Diagnóstico para la Inclusión Digital de las Personas Mayores en los Servicios Financieros”, que también reflexiona sobre las barreras que por cuestiones de edad, oponen las instituciones bancarias y crediticias, sobre todo en el acceso digital.

Lo cierto es que ambos grupos poblacionales compartimos características parecidas, y lo importante es que se está viendo la intención de llamar la atención sobre esta omisión desde el quehacer público. Suficiente por supuesto no lo es, y haría mal en adoptar una posición triunfalista al respecto. Como siempre, se abre tarde la puerta a las personas con discapacidad pero creo que mantenerla cerrada es todavía peor.

Es imperativo que todos los esfuerzos se realicen de la mano con las poblaciones beneficiarias desde el principio hasta el final; es indispensable que todo lo que se haga para las personas con discapacidad se realice con ellas y junto a ellas, sin excusas, sin dilaciones.

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#4 Tiempos

Una prueba de carácter | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

Por: Redacción

El partido de este fin de semana entre Atlético de San Luis y Chivas no es uno más en el calendario. Llega en un momento donde ambos equipos necesitan algo más que puntos: necesitan convicción. En una liga que castiga la duda y premia la determinación, este duelo se presenta como un examen incómodo, de esos que no se aprueban solo con intención.

San Luis llega con la sensación de haber entendido, por fin, cómo competir mejor en su propia narrativa. No es un equipo espectacular, pero sí uno que ha aprendido a sostenerse, a incomodar y a no regalar partidos. En casa, el exAlfonso Lastras y ahora llamado Libertad Financiera, suele convertirse en un escenario exigente para cualquiera, y este encuentro no será la excepción. San Luis sabe que estos partidos son los que construyen temporadas: vencer a un histórico no solo suma en la tabla, también fortalece el discurso interno y ojo aquí, que en su casa, las Chivas solo han podido vencerlo una vez.

Del otro lado aparece superlider Guadalajara, siempre cargando con el peso de su nombre. El Deportivo llega a este compromiso envuelto en la presión habitual que lo acompaña: la obligación de ganar incluso cuando el funcionamiento no termina de convencer. Chivas ha mostrado destellos, pero también lagunas que lo hacen vulnerable, especialmente cuando se enfrenta a equipos ordenados, intensos y sin complejos, justo el perfil que suele adoptar San Luis.

El choque promete ser más táctico que vistoso. San Luis buscará cerrar espacios, obligar a Chivas a jugar incómodo y capitalizar cualquier error. Guadalajara, en cambio, intentará imponer ritmo, pero deberá hacerlo con paciencia, porque la desesperación suele ser su peor enemiga

. Aquí, el partido puede definirse en detalles mínimos: una pelota parada, una distracción defensiva o una decisión tardía.

Hay, además, un componente emocional que no se puede ignorar. Para San Luis, ganarle a Chivas representa confirmar que su proyecto es capaz de competir contra cualquiera. Para Chivas, perder sería otro golpe a una confianza que se recompone con dificultad. En ese cruce de necesidades, el margen de error se reduce al mínimo.

Este tipo de partidos rara vez se recuerdan por su belleza. Se recuerdan por lo que provocan después. Una victoria puede impulsar a San Luis hacia una recta más tranquila; una derrota puede volver a colocar a Chivas bajo el reflector de la crítica. El empate, en cambio, dejaría a ambos con la incómoda sensación de haber dejado algo en el camino.

El fin de semana pondrá frente a frente a dos equipos con realidades distintas, pero con una urgencia compartida: demostrar que pueden sostener una idea cuando el calendario empieza. En la Liga MX no siempre gana el que juega mejor; suele ganar el que entiende mejor el momento.

San Luis y Chivas están justo ahí, frente a un partido que no promete fuegos artificiales, pero sí consecuencias. Y en este torneo, eso suele ser mucho más importante.

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El Cronopio

El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado hubo un importante movimiento editorial en San Luis Potosí dirigido por un selecto grupo de intelectuales preocupados por la cultura potosina; así aparecieron revistas como Estilo, Letras Potosinas, Cuadrante, Jueves Literarios, Revista de la Facultad de Humanidades, Archivos de Historia Potosina, entre otros, que recogieron importantes escritos culturales y que dieron vida a libros de importancia histórica local, como la memoria de Francisco Estrada padre, titulada Recuerdos de mi Vida y el libro conmemorativo por el centenario del Himno Nacional, publicados en los cincuenta a través de la UASLP.

En 1954 se publicaría el libro Vida y Obra de Francisco González Bocanegra con motivo del centenario del Himno Nacional, de la pluma del padre Dr. Joaquín Antonio Peñaloza, que participaba en algunas de las revistas y publicaciones mencionadas. En 1998 se editaría la segunda edición de este libro, ahora dentro del marco de festejos por el setenta y cinco aniversario de la autonomía universitaria, edición que estuvo a cargo de Jesús Rivera Espinosa y del propio padre Peñaloza. Esta edición agregaba otros poemas inéditos recopilados en ese periodo entre los cincuenta y los noventa.

El libro mencionado es uno de los mejores esfuerzos por difundir la obra de González Bocanegra y aún puede conseguirse en la Librería Universitaria de la UASLP a costo bajo, pues debe de andar en la friolera de ochenta y cinco pesos. Una buena forma de conocer a este personaje y disfrutar sus poemas y escritos realizados principalmente en la década de los cincuenta decimonónicos.

González Bocanegra vivió treinta y siete años, muriendo en 1861 sobreviviéndole su esposa y dos de sus hijas, una de ellas tomaría los hábitos y otra se casaría dejando descendencia del insigne poeta. En el libro el padre Peñaloza repasa la vida del poeta desde su nacimiento en San Luis Potosí, el destierro voluntario de su familia a Cádiz en España debida a la expulsión de españoles del país al formarse la República, su regreso a San Luis y su partida a la ciudad de México donde comenzaría su obra literaria. El padre Peñaloza divide su vida de acuerdo con sus aportaciones literarias, así nos habla de su faceta de poeta, de orador, de dramaturgo, de funcionario público, de narrador

, entre otros; además de su etapa de vida en San Luis Potosí.

El libro recoge, además, la recopilación de su obra, con sus poemas, sus escritos, sus ensayos, sus reportes como censor de obra de teatro. De esta forma es una buena forma de conocer la obra de este potosino que trasciende en el mundo de las letras al ser el autor de la letra del Himno Nacional, uno de los mejores poemas cívicos creados a nivel mundial.

Su estatua, retirada de la glorieta que lleva o llevaba su nombre, ya no sé, ha quedado relegada a un costado de la glorieta un tanto perdida, como ahora es la obra de González Bocanegra que es poco a nada conocida, al igual que la relegación de la estatua a Manuel José Othón otros de los importantes hombres de letras que colocan a San Luis en la historia de las letras mexicanas.

Así que, hágase de este libro, si no lo ve en las estanterías, solicítelo a ver si lo sacan de las bodegas de la librería universitaria.

Ante la ausencia de homenajes en los aniversarios de su nacimiento, como sucedió hace dos años que se cumplieron doscientos años de su natalicio el 8 de enero, el mejor homenaje que podemos hacer a este ilustre potosino es mantener su obra viva a través de la lectura.

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#4 Tiempos

La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.

Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.

En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.

Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.

Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.

Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.

Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.

Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.

Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.

Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.

«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.

 

Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud

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