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El segundo apellido de Ruth González. Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Culto Público, hijos de la bendición de ser únicos e irrepetibles:
Vámonos rapidito y al fondo, que para análisis superficiales no hay tiempo.
El martes, la Senadora Ruth González Silva —y subrayo el apellido, porque el “de Gallardo” ya ni se usa y para nuestra era eso parece haberse convertido en un inútil grillete retórico— puso las diéresis sobre las “us” (lo de las íes ya es lugar común) y dejó claro que la decisión de buscar la candidatura al gobierno potosino por el Verde le pertenece a ella, y a nadie más y miren que se lo aplaudo, no por cortesía, sino por honestidad intelectual y respeto al derecho de las y los individuos a tener personalidad y conciencia propia.
¿A qué me refiero? A algo que nadie ha dicho y ya es hora de que alguien lo haga y rompa el cristal:
Creo que reducir a Ruth González Silva a una simple prolongación del proyecto de su marido es una falta de respeto a la personalidad de una mujer que tiene más virtudes que haber firmado el acta de su matrimonio.
Pienso que eso de encasillar a una mujer a su apellido de casada es un vicio que ya no cabe en nuestra política y ya lo escribió Simone de Beauvoir: “No se nace instrumento, se llega a serlo cuando los demás deciden que lo eres”. Y Ruth, con sus declaraciones recientes, me da la impresión que ha decidido no ser el instrumento de nadie… y hace bien. Pintó su raya y se adueñó de su tiempo. Lo que también fue estratégico.
La historia está llena de esas circunstancias en que las esposas de los mandatarios tienen su peso propio: Pensemos por ejemplo en Eleanor Roosevelt, que no solo fue la esposa de FDR, sino la conciencia social de una nación, llegando incluso a contradecir públicamente al presidente cuando su propia brújula moral se lo dictaba. O en la mística de Evita, que construyó un poder tan propio y tan volcánico que, décadas después, su nombre sigue pesando más que el de muchos generales.
De regreso al hoy y a salvo las proporciones, debemos tener muy en claro que Ruth no es Ricardo, ni para bien, ni para mal. Por supuesto que es su aliada y compañera, pero no es Ricardo.
Si él es el impulso, deliberado, magnético, figura y músculo político que ya conocemos, ella debe pensar en construir su propia gramática: una más diplomática, quizá más contenida, pero no por ello menos efectiva y convincente.
Recordemos que es una ciudadana con derechos, una senadora con el récord de más votos obtenidos en la historia potosina, y con trabajo en el senado (que está abierto al juicio de todos) pero sobre todo, una persona con decisiones autónomas.
Su decisión de ir o no entonces, claro que mueve los escenarios, pero no le pertenece a los escenarios ni a las encuestas de Palacio; le pertenece a su propio espejo y al plano arquitectónico de su destino y eso… es muy diferente.
No me mal interprete ni nos hagamos bolas, ¿Es la carta fuerte del Gallardismo? Sin duda, pero a pesar de lo que muchos asuman o especulen, el camino que tiene enfrente la senadora no es nada fácil, es un laberinto oscuro, con trampas, con espejos y en 4 dimensiones. No es una decisión fácil la de participar y mucho menos lo es el participar en una elección en la que se juega el todo por el todo y por bienes mancomunados. (Traducción: se juega el futuro de todo el movimiento Gallardista ).
Por eso, para que Ruth sea verdaderamente Ruth, y no nada más la “candidata del gobernador”, necesita lo que Virginia Woolf llamaba “una habitación propia“.
Y esa habitación se construye con un discurso que no sea eco, con un equipo que no sea herencia y con una voluntad que sepa decir “no” incluso en la mesa del desayuno.
(Ella es de las muy pocas personas por cierto, que hoy en día se atreven a darle una perspectiva o consejo diferente a su “Josefino” y además sea escuchada….y eso, créame, ya es una ganancia altísima).
Ruth -si se decide- puede usar la continuidad del gobierno de su esposo como promesa de valor, por supuesto, eso le sumara los votos de los que estén satisfechos con los resultados la gestión y de su trabajo en la cámara alta, sin embargo es muy importante considerar que, en todo caso, no jugaría desde la misma posición en la que ganó su esposo el cargo, ni ella el escaño tres años después, es decir, desde la oposición.
Porque no es lo mismo ofrecer un cambio y tocar la campana del “muera el mal gobierno”, que convencer que todo lo hecho está bien y que el rumbo es el mismo. En pocas palabras: una cosa es la atractiva rebelión, y otra muy distinta la cansada disciplina. El péndulo es una permanente en la política.
Ruth no puede señalar, si decidiera ser la abanderada, a ninguna “herencia maldita” por ejemplo, y tendrá que llevar en los hombros todo lo bueno de la gestión de Ricardo Gallardo, como todo por lo que sea cuestionado (y en las campañas, aguas porque los códigos cambian).
Por eso creo que el verdadero reto para Ruth no es ganar una elección —que para eso el Gallardismo tiene maquinaria de sobra—, el reto es ganar su propia identidad política ante los ojos de un San Luis que la observa con lupa.
Al final del día, el poder que se recibe como préstamo siempre será percibido como uno que se cobra con intereses de sumisión, y la senadora no merece pagar esa factura porque no es así: Sí, Ricardo y ella son uno mismo (uo, uo) en su visión y plan de vida, pero son también dos adultos con personalidad y capacidades únicas.
Por lo demás, ella sabe exactamente dónde está parada. Sabe que el muro de los estatutos y las alianzas nacionales es alto e inamovible y que ponerse del otro lado de la cancha para jugar contra la presidenta tiene costo, sin embargo espero que también sepa que si construye su propia narrativa, sin ecos ni herencias como ya lo dije, y sin caer en la tentación del género como argumento, la autonomía y marca propia le jugaría a favor.
Del otro lado está Galindo, que no decidió participar por la gubernatura el martes pasado, eso lo tiene decidido de toda la vida y si no lo ha sido es porque en el 2015, la misma “herencia maldita” le arrebató la posibilidad y el gobernador lo sabe… (simplemente porque a el le hicieron lo mismo)
Entonces lo único que hizo el alcalde capitalino fue hacer público lo que todos sabíamos: Sí quiere y sí va a participar pero… siguiendo las reglas (lo que para empezar ya es un diferenciador con remitente)
Hay una anécdota que a estas alturas muchos ya conocen pero se las cuento. En las primeras platicas en corto que tuvieron el gobernador Gallardo y el alcalde Galindo cuando asumieron cada quién su cargo, se plantearon mas o menos lo siguiente (yo no estuve ahí así que son palabras más o palabras menos): Esto es un ring de boxeo, en algún momento, cuando suene la campana, tendremos que ponernos los guantes y ser los protagonistas de la contienda, pero mientras tanto, cada quien debe ir a su esquina a trabajar.
Amigos y Culto Público: les anuncio que ya sonó la campana.
¿Quién no se pondría los guantes para defenderse?
Esta pelea es de un solo pero larguísimo round (aunque abajo en ringside, las peleas “todo se vale” están a la orden del día).
El desgaste -que ya lleva tiempo accionado- ambos lo deben tener presupuestado, y al respecto yo solo dejo una pregunta para los estrategas (y acomedidos): Si tan mal lo han hecho uno o el otro… ¿Para qué dedicarle tanta atención?
¿No deberían estar felices de competir con alguien tan malo? Piénselo.
Los potosinos ya identificamos la guerra sucia hasta de lejos, por lo tanto el efecto puede ser contraproducente: entre más ataques se generen, estos pueden ser directamente proporcionales a la voluntad ciudadana a favor de los golpeados.
En fin. Elevemos, todos, aunque sea un poquito el nivel de la política que viene porque lo merecemos.
¿Y Morena? Para la próxima ¿ok?
Los abrazo y saludo a todos y todas.
Yo soy Jorge Saldaña.
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El olor a descomposición llegaba a la calle; la indiferencia llegaba más lejos | Editorial de La Orquesta
Durante años, un hombre habría vivido de reproducir perros sin poder ofrecerles ni agua, ni comida, ni una muerte digna. No eran perros, eran mercancias hasta que dejaron de existir
Por: La Orquesta
La crueldad humana no puede justificarse en nuestra condición de seres humanos complejos e imperfectos, es un porqué pero no una justificación.
Lo ocurrido en Milpillas es difícil de procesar. No por falta de información, sino porque mientras más se sabe, más insoportable resulta imaginar el sufrimiento que soportaron esos animales.
Es constante el intentar entender a las personas crueles. Decimos que tuvieron una infancia complicada, que padecen enfermedades mentales, que son producto de la pobreza, de la ignorancia, del abandono institucional o de una sociedad enferma. Todo eso puede ayudarnos a entender de dónde viene la violencia. Es un porqué, pero jamás puede convertirse en una justificación.
Porque el hombre que operaba este criadero vivía de los perros. Su trabajo consistía, básicamente, en encerrar a un macho con una hembra dentro de una jaula para que se reprodujeran, vender las crías y repetir el proceso una y otra vez. Nada más. Explotaba animales para obtener un ingreso económico y aun así no pudo ofrecerles lo más elemental: agua accesible, alimento suficiente, atención veterinaria, un espacio limpio o una muerte digna.
La normalización de estos actos de personas así es profundamente preocupante. Vecinos cuentan que llevaba años funcionando de esta manera. Durante años, al parecer, para él fue insignificante que los perros sufrieran. Era irrelevante que estuvieran en los huesos. Era irrelevante que agonizaran. Era irrelevante que compartieran espacio con cadáveres de otros perros, que respiraran el olor de cuerpos en descomposición, que algunos nunca hubieran recibido una caricia, un paseo, una manta durante el frío o un tratamiento para enfermedades.
Y entonces aparece la pregunta más dolorosa: ¿cuántos perros murieron ahí? ¿Cuántos nacieron solo para ser vendidos? ¿Cuántos pasaron toda su vida dentro de una jaula? ¿Cuántos agonizaron durante días antes de morir? ¿Cuántos soportaron el hedor de otros muertos porque ni siquiera eran retirados de las instalaciones? ¿Cuántos más existen en otros patios, bodegas o periferias de este país y nunca los conoceremos porque nadie denuncia, porque las autoridades no van o porque aprendimos a convivir con el horror?
El causar dolor a un ser vivo indefenso habla mucho más de quien infringe ese dolor que de quien lo recibe. No hablamos únicamente de perros. Las personas hieren personas. Torturan personas. Matan personas. Las razones pueden ser políticas, económicas, sociales, familiares o personales, pero muchas veces tienen un hilo conductor: herir a otros desde las propias heridas no resueltas.
A quienes observamos desde fuera nos conmueve el sufrimiento, especialmente cuando se trata de seres incapaces de defenderse. Un perro no es una persona. Nunca lo será. Pero reconocer esa diferencia tampoco justifica minimizar el dolor que sentimos al imaginar la crueldad que soportaron estos animales. Deprimirnos ante ello no nos hace exagerados; probablemente nos hace una sociedad un poco menos enferma.
También debemos aceptar algo incómodo: la cárcel por si sola no cura a quien necesita infligir dolor. El castigo punitivo no repara la empatía rota de una persona. Sin embargo, sí debe existir un castigo ejemplar. Y en México, particularmente en San Luis Potosí, los castigos por maltrato animal suelen ser una burla. Hemos visto agresores salir prácticamente ilesos tras entregar costales de croquetas, cumplir medidas mínimas o evitar condenas efectivas, a pesar de que la legislación contempla penas de hasta cinco años de prisión en casos graves.
Quizá la prisión no transforme a un maltratador, pero las sanciones económicas severas sí pueden convertirse en un mecanismo disuasorio. A muchos les duele más perder dinero que saber que otro ser vivo sufrió bajo su responsabilidad.
La omisión institucional también es parte del problema. Resulta frustrante que cuando alguien roba un vehículo existan operativos, seguimiento y reacción inmediata, pero que cuando un policía observa a un animal siendo golpeado, encadenado, abandonado o muriendo lentamente, pocas veces intervenga. El maltrato animal debería asumirse con mayor seriedad y atenderse como un indicador de violencia social, no como una falta menor.
Hay otro componente incómodo: la periferia. En muchas comunidades alejadas de los centros de poder parece existir un mensaje tácito de impunidad. Ahí la gente construye sin permisos, quema basura, tira escombros, abandona animales y, a veces, opera criaderos clandestinos durante años sin consecuencias. Es un abandono institucional que termina normalizando cualquier cosa.
Finalmente, hay una responsabilidad colectiva que rara vez queremos asumir. Mientras siga existiendo un mercado dispuesto a pagar miles de pesos por un cachorro de determinada raza, seguirá habiendo personas dispuestas a reproducirlos en serie. Tal vez deberíamos dejar de decir “me encantan los perros, pero solo de tal raza”, porque ese supuesto amor muchas veces alimenta la industria que los convierte en mercancía.
El caso de Milpillas es indignante. Pero sería aún más indignante descubrir que dentro de unos meses volvemos a compartir fotografías de otro criadero, de otro perro en los huesos, de otro cadáver cubierto con cal, y reaccionamos con sorpresa, como si no supiéramos que el problema nunca fueron solamente los animales abandonados.
El problema es la facilidad con la que aprendimos a convivir con la crueldad.
También lee: Era peor de lo que se imaginaba: Animalistas rescatan a perros de criadero clandestino de Milpillas
Ciudad
Era peor de lo que se imaginaba: Animalistas rescatan a perros de criadero clandestino de Milpillas
Perros husky y pastor alemán en los huesos, animales agonizando dentro de jaulas, cadáveres cubiertos con cal, restos reducidos a mechones de pelo, un olor nauseabundo que llegaba hasta la calle y hasta lechones muertos dentro del predio
Por: Ana G Silva
Lo que vecinos y rescatistas encontraron al ingresar a un presunto criadero clandestino de perros en la fracción Milpillas fue descrito por ellos mismos como una escena “horrible, difícil de ver, de oler y profundamente triste”.
La tarde del miércoles, colectivos animalistas potosinos acudieron al domicilio señalado desde hace semanas por habitantes de la zona como un sitio donde se criaban y comercializaban perros husky y pastor alemán en condiciones inadecuadas. La intervención ocurrió luego de que el caso se viralizara en redes sociales, ante la falta de respuesta de autoridades municipales y estatales, pese a denuncias previas realizadas por vecinos.
Al llegar al inmueble, las rescatistas no localizaron a los cachorros que anteriormente habían sido observados en el lugar y que presuntamente eran comercializados incluso a la orilla de la carretera. De acuerdo con testimonios de quienes participaron en el rescate, aparentemente algunos animales fueron retirados antes de su llegada y hubo intentos por limpiar parcialmente las instalaciones.
Entre las acciones que detectaron se encontraba la colocación de recipientes con agua; sin embargo, ésta permanecía fuera de las jaulas, imposibilitando que los perros encerrados pudieran acceder a ella.
A pesar de ello, numerosos ejemplares permanecían confinados en jaulas pequeñas, sin alimento y en condiciones de extrema desnutrición. Algunos perros se encontraban prácticamente reducidos a piel y huesos, mientras que otros presentaban un estado de salud tan delicado que las voluntarias consideraron que estaban al borde de la muerte.
Las activistas denunciaron además la presencia de grandes cantidades de cal esparcidas en distintas áreas del predio, particularmente en zonas donde localizaron perros muertos en avanzado estado de descomposición. El olor, señalaron, era nauseabundo y podía percibirse desde la calle, situación que vecinos consideraron incluso un riesgo sanitario para quienes habitan en las inmediaciones.
Durante la inspección también fueron encontrados restos de animales que consistían únicam ente en mechones de pelo y vestigios óseos.
Asimismo, localizaron varios lechones recién nacidos muertos, que, según sospechan algunas personas involucradas en el rescate, podrían haber sido utilizados ocasionalmente como alimento para los perros.
Los rescatistas sostuvieron que las condiciones encontradas permiten presumir que los animales sobrevivientes permanecían cotidianamente en ese entorno insalubre, rodeados de cadáveres, desechos y fuertes olores derivados de la descomposición.
Ante la gravedad de la situación, vecinos y colectivos decidieron sacar del inmueble a todos los perros que aún permanecían con vida. Algunos fueron adoptados de manera inmediata por ciudadanos que acudieron al sitio, mientras que el resto fue trasladado a un refugio para recibir atención, aunque hasta el momento se desconoce con precisión el estado de salud de cada uno de los ejemplares rescatados.
Habitantes de Milpillas recordaron que el funcionamiento del presunto criadero clandestino había sido denunciado con anterioridad ante diversas autoridades, pero aseguran que no obtuvieron respuesta ni inspecciones formales, situación que derivó en que las agrupaciones animalistas actuaran por cuenta propia una vez que el caso alcanzó notoriedad en redes sociales.
Respecto al propietario del inmueble, vecinos señalaron que presuntamente se encontraba hospitalizado y que recientemente habría sido dado de alta; sin embargo, hasta ahora no se ha presentado en la vivienda ni ha establecido contacto con quienes participaron en el rescate.
Las organizaciones animalistas anunciaron que este jueves acudirán a presentar una denuncia formal ante la Fiscalía General del Estado por posibles actos de maltrato animal, abandono y operación irregular de un criadero, además de aportar evidencia sobre la presunta venta de perros en las inmediaciones de la carretera y las condiciones deplorables en que eran mantenidos.
También lee: Crueldad animal en Milpillas: huskys fueron desechados tras dejar de reproducirse en criadero
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“Dependerá del gobierno entrante”: Sedesore sobre sus programas sociales
La titular de Sedesore reconoce que los apoyos —tortilla subsidiada, becas, madres solteras, adultos mayores— podrían no sobrevivir al cambio de administración en 2027
Por: Redacción
María del Rosario Martínez Galarza, titular de la Secretaría de Desarrollo Social y Regional (Sedesore), reconoció este miércoles que la continuidad de los programas sociales del gobierno de Ricardo Gallardo Cardona dependerá de quien encabece la siguiente administración, al margen de los compromisos adquiridos.
La declaración ocurrió durante el anuncio de una nueva tortillería subsidiada en Residencial del Bosque, cuando se le preguntó si existe garantía de que los apoyos no se eliminen con el cambio de gobierno. “Cada administración tiene un tema muy diferente de trabajar”, respondió.
Martínez Galarza recordó que cuando Sedesore inició la gestión de Gallardo, la dependencia contaba con un solo programa activo: las despensas de emergencia de la pandemia de COVID-19. Desde entonces, la Secretaría construyó una red que hoy incluye tortilla subsidiada , apoyos a madres solteras, adultos mayores y becas escolares.
La titular planteó que estos apoyos deberían convertirse en políticas permanentes, sin embargo, sostuvo que “va a depender muchísimo de las personas que estén a cargo de la dependencia, pero sobre todo de las indicaciones del gobierno”.
La dependencia opera actualmente ocho tortillerías en el estado con una inversión de más de 3 millones de pesos y una distribución de más de 500 kilos diarios a 14 pesos el kilo, poco menos de la mitad del precio comercial.
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