agosto 21, 2026

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#4 Tiempos

Y entonces… nos fuimos | Crónica de un informe

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El cambio de sede es eso, pero fue más.

Es 25 de septiembre, se cumplen dos años y un tercio. Es la escritura en otra página de un gobierno que cambió de manos entonces, y a partir también cambió de estilo, en sistema y estructura, para el subjetivo bien o el subjetivo mal.

Es el informe de dos años de gobierno, el primero en la historia política del estado que se celebra formalmente fuera de la capital.

Se tiene registro de “mensajes” que en el pasado, gobernadores llevaron por ejemplo, a la capital del país, pero no el evento, casi es imposible comparar los casos.

El destino de una clase política, social, empresarial, económica y hasta académica es el mismo que el de los tres poderes del Estado y los tres niveles de gobierno: Ciudad Valles, municipio que se convirtió en un fin de semana, un lunes y casi tres horas, en sede de sociedad y gobierno en pleno.

En el camino y al ganar distancia, se toma perspectiva justamente de los cambios, más allá de la sede.

El camino es de otro color. La temperatura aumenta, el verde se asoma en el avance de los kilómetros, el panorama se transforma, el aire huele distinto, el agua también hasta parece más fresca.

Valles huele a naranja y huele a café. Aquí la comida no es huasteca, es nada más comida y se come bien.

En la entrada también hay cambios, no hay arcos de piedra y yeso rotulados, se recibe en Valles con una estructura, esa del cambio, la parecida a la de los Tangamanga, la de los puentes y las entradas en general que el gobierno ha edificado con un mismo sello y estilo arquitectónico, otra vez, para el subjetivo bien o para el subjetivo mal.

Los hoteles están llenos, la ocupación de los invitados hicieron temporada alta; los “eirbianbis” también hicieron agosto.

Los restaurantes están llenos en punto de las tres, y flojos pero apresurados ya cerca de las 5.

Valles tuvo tráfico del boulevard al antiguo camino al ingenio, y a las calles de la colonia que también lleva ‘Tecnológico’ como nombre.

La vuelta de rueda de los cientos de vehículos que se dirigen al mismo lugar, es acompasado con el avance solar que se desvanece hacia el ocaso dibujando otro contraste, otro panorama.

Más cambios; del asfalto a la terracería, de la ciudad que se movilizó de pronto para ir a un mismo sitio que está tan cerca pero de todos sus visitantes tan desconocido como alejado.

La instalación está transformada, ondean banderas y encaminan vallas. No hay como perderse pero tampoco por dónde escaparse.

Las horas desde el levantarse temprano para el viaje, hasta el “ya es tarde para el evento” pasaron tan rápido como lo que dura un escalón de segundero.

Entrar a la sede se sintió como acceder a un concierto, a estreno de película, o a fiesta de gala pero con gradería.

Y entonces…las tres cosas.

Un nuevo único de lo constante: era informe de gobierno, pero hubo antes una presentación de espectáculo con el personaje “Gobernator”, esa parodia de Samuel García, el gobernador de Nuevo León.

Poca atención recibió y los temas que usó de chascarrillo no estaban fuera de contexto, estaban en absoluto lejos de las referencia del público al que se dirigía.

La gradería festejaba más los “Soledad, Soledad” contra los “Ébano, Ébano” con porras que generaban más algarabía que cualquier chistorete que el comediante intentaba colocar por lo menos en las mesas cercanas.

Desapercibido e inocuo resultó el show para todo aquel que hubiera pensado que su pasaje al evento de Valles tendría a comediante incluido.

También fue estreno audiovisual, la pantalla central con más de veinte metros de longitud, y por lo menos 6 de altura, no la tiene para sus clientes ni la mejor sala del Cinemex del Boulevard.

Ahí, acompañada de otras cuatro pantallas verticales, se transmitió por fin la llegada del gobernador que recorrió el camino de las vallas, la ruta del saludo de la gente, la senda de leer pancartas y tomarse selfie, selfie, selfie.

Llegó Bon Jovi y es “Livin’ On a Prayer” lo que resuena impecable en todo el sitio en el que, asegura la versión de los organizadores, ya esperábamos unas 12 mil personas, mitad en gradas, mitad en mesas, todos con horas encima de expectativa y espera.

Hay efectos especiales, humo y bengalas que flanquean la pasarela por la que el gobernador hizo recorrido-saludo de ida y de vuelta.

Una voz femenina “en off” agradece a los asistentes, por nombre y apellidos a los nacionales, al secretario de agricultura y desarrollo rural enviado por el presidente, a los senadores, a los dirigentes nacionales del Verde y PT, a las y los titulares de los poderes legislativo y judicial.

En lo general a las cámaras empresariales, a los alcaldes, a los amigos, a los medios y por supuesto a la gente.

Sin más, se pone “play” a un video que en un enorme formato se dispara por la pantalla central, la producción destaca no solo por el tamaño, hubo fotografía, narrativa, ritmo y fluidez en una construcción visual original que administró cifras, datos, historia, testimonio y remate musical. En todos los rubros, destacaron los resultados en casi 20 minutos que mantuvieron atrapados los ojos de todos los invitados.

Terminó el estreno y comenzó el número estelar.

Primero Ricardo Gallardo Cardona escucha el mensaje que le envió el presidente, breve y directo, con reconocimiento y agradecimiento al trabajo logrado, el discurso protocolar con anuncio de gran colaboración entre federación y estado.

Mientras tanto, al gobernador Gallardo lo asisten rápido para colocarse un micrófono de media diadema, seguía en turno a pasarela, tres, dos uno y estás en vivo para toda la audiencia, es decir, para todo el estado convocado, los ciudadanos y una concurrencia digital masiva que siguió el circuito cerrado a dos grúas, cuatro cámaras y dos unidades móviles.

¿Cómo está la huasteca? ¿Dónde están mis ahijados de…Valles, Ébano, Aquismón, Rioverde, Soledad, la capital y un largo etcétera.

Se animó al respetable que aplaudió el mensaje político que tuvo como columna vertebral los contrastes: lo que no se hizo en el pasado, lo que ahora sí se hace, si se hizo y lo que se hará.

El gobernador pasa otra vez por los números, pero enfatiza en programas, en el cambio de vidas, el cambio de estilo, en el lograr lo que antes nadie había logrado, un discurso de hacer “lo imposible” que les ha dado resultados, fundamento del slogan “Ya despegamos”.

El mensaje está claro y se cristaliza con un lenguaje directo, sin tarjetas ni discursos escritos, una presentación que parece al vuelo pero que cumple puntual con la estructura discursiva al grado que si fuera una oración, su intervención fue de sujeto, verbo y predicado.

Fueron casi 12 minutos en los que Ricardo Gallardo se apropió del escenario dando vuelta desde un podio que de la misma forma, giró a ritmo del gobernador en 360 grados.

Contundente en el repaso, emocional con el público, cercano a su familia y sin regateos en los remates de concierto, gala, premier e informe.

Las cifras quedarán consignadas en las notas, las de inversiones por más de 3 mil millones, el sacar de la pobreza a 200 mil familias, el porcentaje de crecimiento en el ingreso, las 600 mil becas alimentarias, los miles de millones en salud, educación con 100 escuelas y un total casi de 12 mil millones en infraestructura, parques, créditos, obras, apoyos, tarjetas, transporte y acciones en todas las zonas del estado.

Por fin el remate, fuegos artificiales, familia, abrazos, gracias multiplicadas, un vaivén del guayaberío, en un lunes que pareció domingo, un lunes de informe, el segundo. El primero en el interior, o en el exterior, depende como se mire, el del 33 punto 33 por ciento del camino de un gobierno que se asume se “despegó” del pasado, se alejó de la capital y despegó del suelo.

Y entonces se escribió historia, y se vivieron un millón de anécdotas.

El cambio de sede fue eso, pero también fue más. Terminó el evento.

Y entonces…nos fuimos.

Por: Jorge Saldaña

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#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.

Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.

En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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