noviembre 4, 2026

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#4 Tiempos

¿Qué hacer con el 2021? | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

La semana pasada, Human Rights Watch (HRW)—organización no gubernamental dedicada principalmente a la investigación, promoción y defensa de los derechos humanos— publicó su informe mundial en el que dan cuenta de la situación general de los derechos humanos en el 2021. En el apartado dedicado a México (https://bit.ly/HRW_Mex), en sus comentarios generales sobre el país, la organización internacional reportó que la tortura, las desapariciones forzadas, el abuso a migrantes, las ejecuciones extrajudiciales, la violencia de género y los ataques a periodistas y defensores de derechos humanos se han mantenido en niveles altos durante el gobierno de López Obrador. En esta sección de comentarios generales, HRW enlista de manera breve distintos escándalos nacionales (que parecen ser causas clave para entender el resto del informe): la militarización del país, la crisis de personas desaparecidas, la inconstitucional designación en 2019 de Rosario Piedra al frente de la CNDH, la fallida consulta popular del año pasado y la colaboración del presidente con las “políticas abusivas contra la migración” de Estados Unidos.

Sobre las condiciones de nuestro sistema de justicia penal, el informe de HRW confirma de manera puntual que tenemos un sistema plagado de corrupción, servidores públicos sin la capacitación adecuada, recursos insuficientes, complicidad entre agentes del Ministerio Público y defensores de oficio, así como otro tanto de funcionarios abusivos repartidos a lo largo de los procedimientos tanto de la investigación de los delitos como de la impartición de justicia.

Las cárceles son insalubres y están rebasadas en su capacidad; encima de ello, el catálogo de delitos que ameritan prisión preventiva de manera automática cada vez es más amplio. La tortura es una práctica generalizada, casi una certeza estadística: dos de cada tres personas en prisión alegan haber sido víctimas de violencia al momento de su detención. Sobre la Fiscalía General de la República, HRW enfatiza en que la reforma del 2018 —que formalizó la transición de Procuraduría a Fiscalía— nunca fue implementada de manera correcta y que, además, la nueva reforma de 2021 va precisamente en retroceso en materia de derechos humanos.

Sobre los abusos de nuestros cuerpos militares, el informe da seguimiento a un enfrentamiento armado ocurrido en 2020 en Tamaulipas, en donde un soldado ordenó dar muerte a un civil. A pesar de estar documentado en video, no hay ningún solo detenido. Además, contrario al propio Código de Justicia Militar y a los estándares internacionales en la materia, los hechos son investigados por los propios militares y no por la justicia penal ordinaria. El informe también da cuenta de que la Secretaría de la Defensa Nacional admitió que al menos 47 personas murieron o resultaron heridas durante las actuaciones de las Fuerzas Armadas en lo que va del sexenio. Sobra decir no hay denuncias ni nadie investiga estos casos.

Y así continúa el resto del informe en sus demás apartados. A falta de investigaciones por parte de las autoridades, las y los periodistas en peligro por su profesión se ven orillados a recurrir a la autocensura; siete fueron asesinados el año pasado. En la frontera sur, los elementos de las Fuerzas Armadas —bajo el supuesto mando de la Guardia Nacional— reciben con extrema violencia a las caravanas de migrantes y solicitantes de asilo; ya detenidos, no suelen recibir jabón, mascarillas o tratamiento médico contra el Covid-19. Sobre cambio climático, el informe también registra que en noviembre de 2019 López Obrador anunció falsamente que uno de los acuerdos alcanzados en la cumbre climática de Glasgow había sido inspirado por el programa “Sembrando Vida”, siendo que en realidad se trata de un programa que posiblemente ha causado la pérdida de 72 mil hectáreas de bosque.

¿Qué hacer con esta información? ¿Cómo tratamos esta fotografía del país, que vemos repetida año con año?

El año pasado, la Fiscalía General de la República presentó al Congreso de la Unión una propuesta de reforma que terminó modificando por completo su ley orgánica recién aprobada en diciembre de 2018. Esta nueva ley de la FGR, publicada en el Diario Oficial de la Federación en mayo de 2021, reduce la participación de las víctimas en las investigaciones, minimiza las condiciones de autonomía de las Fiscalías Especializadas y limita aún más las posibilidades de que la FGR atraiga la investigación de un caso que originalmente se investiga en una fiscalía local.

Encima de todo, la FGR cerró la última semana del año pasado despidiendo injustificadamente a cientos de policías ministeriales adscritos a la Agencia de Investigación Criminal, así como peritos y agentes del Ministerio Público. Es decir, en un país en el que solo el 5% de los delitos son resueltos, la Fiscalía —encargada de investigar y de acusar— decide deshacerse de 900 de sus elementos (por cierto, de una manera completamente violatoria de sus derechos laborales).

A pesar de tener un Fiscal que día con día demuestra su notoria ineptitud para ejercer el cargo; a pesar de estar plenamente documentado que la Fiscalía fabrica pruebas para mantener a personas en prisión preventiva; a pesar de que se utilizan a las instituciones para inquinas personales; a pesar de los vergonzosos datos que se publican en informes internacionales; a pesar de todo, López Obrador le refrendó su total apoyo y respaldo a Gertz Manero en una conferencia matutina de hace poco. Mientras eso sucede, en el ámbito local la militarización avanza, pues los gobiernos de los estados comienzan a replicar la transferencia de funciones civiles al régimen castrense: hace un par de semanas, la gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado, designó como Fiscal General del Estado a una teniente coronel en activo de la SEDENA, sin ninguna experiencia en justicia civil.

Ciertamente, las fiscalías no son las únicas responsables de la crisis de derechos humanos en el país; la responsabilidad la comparten, entre otros, con los cuerpos policiales, las fuerzas armadas y los jueces y juezas del país, pero también se comparte en gran medida con un pobre y generalizado diseño institucional que agudiza los desatinos de los actores anteriores. Mientras la investigación y la acusación de los delitos se mantenga en manos de perfiles inadecuados, sin la autonomía requerida y sin los recursos suficientes, los notables esfuerzos que pueda haber, por ejemplo, en las comisiones de búsqueda de personas o en la judicatura federal, servirán prácticamente para nada. La crisis de derechos humanos nos es recordada constantemente por organismos internacionales en la emisión de sus informes, pero también por las miles de personas que diariamente se manifiestan en las calles exigiendo justicia y luchando por sus derechos. Ambos continúan enfrentándose, sin embargo, a la simulación y a los otros datos.

El Cronopio

Juan José Ortega, director cinematográfico matehualense | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En las primeras décadas del siglo XX un buen número de potosinos van a la Ciudad de México a continuar su formación y su desarrollo profesional. La mayoría sobresalen en las actividades que se realizan, como lo muestra la nutrida membresía de la Academia Potosina de Ciencias y Artes formada por potosinos que radican en la Ciudad de México, donde la mayoría ocupan puestos de importancia en la vida cultural mexicana. Entre estos personajes se encuentra el camelense Juan José Ortega García que destacaría en la industria cinematográfica en la época de oro del cine nacional a la que se incorpora en la década de los treinta siendo otro de los potosinos pioneros en el cine mexicano.

Juan José Ortega García nació en Matehuala, San Luis Potosí, el 27 de octubre de 1904, donde inicia su educación primaria la que tuvo que suspender, para proseguirla de manera autodidacta, para contribuir al sostenimiento de su familia. La familia se traslada a San Luis Potosí y continúa su formación autodidacta, entre ellos el oficio de mecanografía, lo que le conduciría a iniciarse en el periodismo en 1925 colaborando en el periódico Acción de San Luis Potosí, del que sería su subdirector en 1928 y, director en 1932 del periódico potosino Vanguardia. Fundó en el Bajío un par de periódicos: el Diario del Centro en Aguascalientes y El Globo en León, Guanajuato. Colaboró como corresponsal en los periódicos Excélsior y El Universal.

Juan José Ortega García, director cinematográfico matehualense

Al llegar a la Ciudad de México para integrarse a la Comisión de Irrigación en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas inicia su carrera en el cine dirigiendo documentales oficiales, Irrigación en México y Gigantes de Piedra. Al dirigir estos largometrajes comprendió que su carrera sería el cine y se adentra dirigiendo su primera película en 1939, Sendas del Destino, donde actúa, entre otros, Eduardo Arozamena, en una trama que se desarrolla en la presa La Angostura en Sonora, reminiscencia de sus primeros largometrajes, la cual fue financiada de su propio peculio y con aportación de la Comisión Nacional de Irrigación, donde laboraba Ortega García.

Sendas del Destino sería su ópera prima de, al menos 42 películas que dirigió

, realizando también coproducciones internacionales, con Cuba, Venezuela, Colombia y Perú. Entre las películas que dirigió se encuentran: La mujer legítima en 1945, con Isabela Corona; La insaciable de 1947, con María Antonieta Pons, con un guion escrito por el propio Juan José Ortega incursionando así en el guionismo; Cuando el alba llegue, en 1950, con Meche Barba; Lodo y armiño, de 1951, con Armando Calvo; Cuentan de una mujer, en 1958, con Marga López; En carne propia, de 1961, con Joaquín Cordero; Pacto de sangre, en 1966, con Manuel López Ochoa, entre otras.

Entre los melodramas, género preferido de Juan José Ortega, filmados en Cuba se encuentran: la comedia musical filmada en 1953 en La Habana, intitulada Me gustan Todas con Adalberto Martínez Resortes; en 1954 las cintas, Frente al pecado de ayer y Yo no creo en los hombres, protagonizadas por Sarita Montiel; en 1956 dirige No me olvides nunca, con actuaciones de Luis Aguilar, Rosita Fornés y Olga Guillot.

En la década de los sesenta dirige la serie de películas tipo westerns de Leonardo Moncada, serie de cinco películas estelarizadas por Joaquín Cordero, basadas en una serie radiofónica cubana. En esa década Ortega comienza a dedicarse a la distribución de películas creando la distribuidora Compañía Cinematográfica Mexicana y Productora Mexicana de Películas. Es propietario también de Producción Fílmica de México y Películas y Videos Internacionales, todo ello en los ochenta.

Recibió varios reconocimientos a su carrera cinematográfica, como productor, director, guionista y distribuidor actividades que siguió después del periodismo, donde sería también pionero en el periodismo potosino del siglo XX. Juan José Ortega García murió en la Ciudad de México el 27 de diciembre de 1996.

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Acento Ajeno

La alcancía sin fondo de Margarito | Columna de Haniel Valdés

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ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

Dice Shakira, “tiene nombre de persona buena, claramente no es como suena”. Nombre de flor, pero actuar de mala hierba. Mientras el Estado amplía las rutas gratuitas y de calidad, para los potosinos, las empresas que operan el otro, el caro y de pésima calidad, dicen que no les alcanza y necesitan duplicar el precio del pasaje.

Margarito Terán, representante del sector camionero, que nunca ha usado el transporte público para moverse, solo para llenar sus bolsillos, por eso no sabe el pésimo servicio que prestan, pide tarifa récord y dinero público sin explicar qué pasó con el aumento de este año ni con los camiones nuevos que el Estado ya entregó al sector.

En enero, Margarito Terán pidió subir el pasaje de 12.50 a 15 pesos. El Estado le autorizó 13.50. Nueve meses después vuelve con una cifra que ya no es petición sino ultimátum: 23 pesos por viaje, 2,797 millones del erario y la amenaza de que el sistema “va a colapsar por inercia”.

Veintitrés pesos son 70% más que la tarifa vigente y 53% más que los 15 que el propio Terán decía indispensables hace diez meses. Si 15 eran la salvación en enero, ¿qué cambió para que ahora cueste ocho pesos más?

Hay un dato que Terán omite. Ese mismo enero, el 12, el gobernador Ricardo Gallardo entregó 100 camiones nuevos con una inversión de 266 millones de pesos en financiamientos. Son 2.66 millones por unidad. Al ritmo de ese precio, renovar las 768 unidades de la iniciativa costaría unos 2,043 millones. Faltarían casi 750 millones para llegar a los 2,797 que piden. El resto cubriría déficits de operación, un margen de 15% de utilidad para los concesionarios y las pérdidas de la pandemia. Es decir: dinero público para garantizarles ganancia.

Tampoco está claro qué pasó con los camiones ya entregados. El Gobierno presumió 100 en enero; en octubre, la SCT habló ante el Congreso de “más de 70 unidades urbanas” renovadas. Nadie ha dicho cuántos circulan, en qué rutas ni quién paga el financiamiento. Antes de pedir más, habría que rendir cuentas de lo que ya se dio.

Yo, usuario del transporte público de la capital, debo ser un desafortunado, solo una vez subí a una unidad de las nuevas, al parecer las rutas 53, 21, 30, 27, 10 y 5, que son las que utilizo con frecuencia, no recibieron la dicha de contar con los nuevos camiones, porque he conocido autos clásicos más modernos que los camiones que suelen llevarme por la ciudad.

La flota vieja no es una sorpresa. Terán dice que 882 unidades

ya debieron salir de circulación. La Ley de Transporte Público no permite camiones de más de 10 años, y renovarlos es obligación de quien tiene la concesión, no del usuario. En 2015 el padrón registraba mil 174 unidades; hoy hay mil 203. Once años después, el parque casi no creció, y tampoco se renovó. Y en mayo, el propio Terán reconoció que de mil 200 unidades autorizadas solo circulaban unas 800.

Hay una concentración que pesa. Cuatro empresas controlan 36% del padrón y diez, 61%. El dinero público llegaría sobre todo a quienes ya tienen más peso. Una de ellas, Tangamanga, enfrenta una denuncia de Ciudadanos Observando por mantener suspendidas tres rutas de su concesión.

El diputado Héctor Serrano lo dijo claro: las concesiones “son potestad del Estado, no propiedad de los concesionarios”. Quien explota un bien público no puede presentarse a pedir rescate cuando el negocio le sale mal.

Terán tiene razón en algo: los costos de operar suben. Pero una industria que pide más tarifa, más subsidio y más tiempo, sin ofrecer metas, plazos ni auditoría, no pide apoyo: pide un cheque en blanco.

Los costos suben, pero el respeto a la vialidad, la buena educación y atención por los conductores de las unidades, la limpieza de las mismas y el respeto a sus horarios y paradas, disminuyen.

La SCT debería preocuparse más por velar que las unidades de transporte urbano cumplan con aquello por lo que reciben dinero público, ofrecer un transporte de calidad. Pero primero y más fácil, cerrarle la boca y pararle los pies a este señor que ya parece alcancía, solo pidiendo dinero para guardar y no para emplear en lo que se necesita. O mínimo, salir con urgencia a desmentir sus falacias y exigirle resultados.

Lo mínimo que el usuario merece antes de pagar un peso más es saber cuántos de los 100 camiones nuevos circulan, un plan de renovación con fechas, rutas que realmente operen y cuentas abiertas sobre qué se hizo con el aumento de este año. Sin eso, los 23 pesos no son un precio. Son una factura sin desglose.

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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