enero 28, 2026

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#4 Tiempos

El Derecho a Votar | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

La Constitución General establece de manera clara y concisa en su artículo 35, fracción I, que es derecho de la ciudadanía votar en las elecciones populares. A su vez, la fracción II del mismo artículo considera que toda persona ostenta el derecho a ser votada; con las reformas de 2012 y de 2019, esta garantía dio grandes pasos en la dirección correcta al incluir la posibilidad de ser votado a través de una candidatura independiente y en condiciones de paridad de género. La lectura de ambas fracciones de nuestro texto constitucional configura el derecho que tenemos todos los mexicanos y mexicanas a votar y ser votados: es el principio rector de nuestra (joven) democracia y la garantía que debe respetarse para seguir consolidando nuestro Estado democrático y de derecho.

Claro, es del amplio conocimiento de todas y todos que los derechos consagrados en nuestra Constitución pueden parecer en muchos casos letra muerta o una simple expresión de buenos deseos; finalmente las constituciones estipulan tipos ideales que deben cumplirse en la mayor medida posible, aunque siempre habrá restricciones tanto legales como fácticas. También, siempre habrá quienes consideren que el ejercicio de los derechos es ilimitado y sin restricciones. Pensemos, por ejemplo, en el impresentable Salgado Macedonio, quien no logró entender que no reportar sus gastos de precampaña es un motivo completamente legítimo para restringir su derecho a ser votado. Félix —y otras decenas de candidatos y candidatas— se toparon con restricciones legales que vedaron su derecho en cierta medida.

Mucho se podrá discutir de la pertinencia, dureza o laxitud de las restricciones legales que se imponen al ejercicio de los derechos. Sin embargo, generalmente muy poco se discute de las restricciones fácticas (reales, prácticas, objetivas o cualquier otro sinónimo) que impiden a las y los ciudadanos ejercer a plenitud los derechos que la Constitución les reconoce. Las restricciones fácticas limitan el ejercicio de los derechos por motivos ajenos a lo contenido en el ordenamiento jurídico, sean estos motivos, por ejemplo, presupuestales, físicos, de infraestructura, entre otros. El gran problema de estas limitaciones fácticas es que por lo general recaen en las minorías; el gran problema con las minorías es que poco se les toma en cuenta, poco se les observa y poco se les escucha.

Ayer, millones de mexicanos y mexicanas tuvimos el derecho —obligación, considero yo— de salir a votar por nuestros representantes en las elecciones más grandes de la historia. Afortunadamente, muchos pudimos hacerlo en cuestión de minutos y sin mayores complicaciones. El INE y los miles de ciudadanos y ciudadanas comprometidas con la causa democrática lograron la hazaña de instalar 156 mil 940 casillas a lo largo y ancho del país. Fueron 30 casillas las que no se pudieron instalar, pues las condiciones de inseguridad (en su mayoría) en aquellas localidades configuraron una terriblemente injusta restricción fáctica al derecho de la ciudadanía a votar.

La anterior es solo una de las innumerables condiciones fácticas que no permiten a la población emitir su sufragio en las jornadas electorales. Por fortuna, algunas demandas de ciudadanos y de organizaciones de la sociedad civil han llegado a buen puerto y logrado ser atendidas tanto por el Tribunal Electoral como por el INE. Tal fue el caso de dos ciudadanos tsolsiles recluidos en el CERESO “El Amate” en Cintalapa, Chiapas, quienes se encuentran en prisión desde el 2002 sin que aún se les haya dictado sentencia. Estas personas reclamaron ante el Tribunal la omisión del INE de emitir lineamientos que permitan el ejercicio del derecho a votar para las personas que se encuentran recluidas sin haber sido sentenciadas. El Tribunal resolvió en febrero de 2019 y ordenó al INE tomar medidas en consecuencia.

El artículo 38 constitucional establece que ciertos derechos —libertad de tránsito, a votar y ser votado, entre otros— se suspenden por el periodo en que una persona paga con cárcel su condena. Sin embargo, atendiendo al hecho de que estas personas no habían recibido condena y, por lo tanto, aún gozan de presunción de inocencia, el Estado debe garantizar plenamente su derecho a votar. En concreto, habiéndose desahogado la limitante jurídica, le correspondió al INE deshacerse de las limitaciones fácticas: por un lado, al ingresar al CERESO le son retiradas las credenciales de elector a los reclusos; por otro lado, evidentemente no se les permite la salida para acudir a las casillas electorales a emitir su voto.

Es así que el INE aprobó un programa piloto para cinco Centros de Reinserción Social (Hidalgo, Guanajuato, Chiapas, Morelos y Tabasco) con población masculina, femenina y de grupos originarios, donde se consideró a más de dos mil personas que tuvieron la posibilidad de votar anticipadamente en estos comicios mediante boletas enviadas por el servicio postal, similar a la modalidad de voto en el extranjero. Quienes decidieron atender a la convocatoria y contaban con credencial para votar vigente recibieron únicamente la boleta de diputaciones federales, así como propaganda de las y los candidatos para poder emitir un voto informado. De nuevo, este fue solo un programa piloto para afinar el mecanismo y asegurar que en las elecciones de 2024 puedan tener acceso al voto todas las personas privadas de la libertad sin sentencia de las prisiones federales y locales —una población de cerca de 90 mil personas.

En 2020, el INEGI estimó que cuatro de cada diez personas privadas de la libertad no cuentan con una sentencia. Es fundamental para la vida de nuestro Estado democrático y de derecho proveer de certeza jurídica a todos sus habitantes, se encuentren privados de su libertad o no. La penumbra que representa estar en prisión sin condena invisibiliza a un sector de la población que no es menor, al tiempo que les vuelve vulnerables y objeto de violaciones a sus derechos y garantías. No recibir una condena es tan injusto para el acusado como para las víctimas.

La votación de ayer conformará nuevas legislaturas tanto a nivel federal como local. Esperemos que ahora legislen desde una perspectiva garantista y no punitivista. La conformación anterior del Congreso de la Unión amplió de manera ridícula el catálogo de delitos que ameritan prisión preventiva oficiosa. Lejos han quedado las promesas de justicia transicional; la Ley de Amnistía es prácticamente letra muerta y el gobierno actual ha optado por darle más vida al populismo penal.

Mi reconocimiento al Tribunal Electoral por juzgar conforme a los principios de progresividad y de respeto a la presunción de inocencia, garantizados en nuestra Constitución y en los distintos tratados internacionales suscritos por México. Muy bien por el INE por remover las limitaciones fácticas para el ejercicio del derecho a votar. Aunque no comparto la expresión, la “Fiesta de la Democracia” no será fiesta ni será democrática si no están todas y todos invitados. Mucho menos cuando los comicios están marcados por una violencia desenfrenada que el gobierno decide no reconocer.

Reproduzco un fragmento de la sentencia del Tribunal (SUP-JDC-0352-2018), cuya lectura recomiendo ampliamente:

«Negar a las personas procesadas el derecho al voto, debilita el empoderamiento de la ciudadanía para decidir y participar en la creación o modificación de leyes, como aquellas que pueden mejorar las situaciones de vida dentro de las cárceles, reforzar sus vínculos sociales y su compromiso con el bien común, y esto, impide el desempoderamiento político de un segmento de la sociedad que pone en peligro la legitimidad de una democracia.»

También lee: Qué manera de legislar (I / II) | Columna de Víctor Meade C.

El Cronopio

El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado hubo un importante movimiento editorial en San Luis Potosí dirigido por un selecto grupo de intelectuales preocupados por la cultura potosina; así aparecieron revistas como Estilo, Letras Potosinas, Cuadrante, Jueves Literarios, Revista de la Facultad de Humanidades, Archivos de Historia Potosina, entre otros, que recogieron importantes escritos culturales y que dieron vida a libros de importancia histórica local, como la memoria de Francisco Estrada padre, titulada Recuerdos de mi Vida y el libro conmemorativo por el centenario del Himno Nacional, publicados en los cincuenta a través de la UASLP.

En 1954 se publicaría el libro Vida y Obra de Francisco González Bocanegra con motivo del centenario del Himno Nacional, de la pluma del padre Dr. Joaquín Antonio Peñaloza, que participaba en algunas de las revistas y publicaciones mencionadas. En 1998 se editaría la segunda edición de este libro, ahora dentro del marco de festejos por el setenta y cinco aniversario de la autonomía universitaria, edición que estuvo a cargo de Jesús Rivera Espinosa y del propio padre Peñaloza. Esta edición agregaba otros poemas inéditos recopilados en ese periodo entre los cincuenta y los noventa.

El libro mencionado es uno de los mejores esfuerzos por difundir la obra de González Bocanegra y aún puede conseguirse en la Librería Universitaria de la UASLP a costo bajo, pues debe de andar en la friolera de ochenta y cinco pesos. Una buena forma de conocer a este personaje y disfrutar sus poemas y escritos realizados principalmente en la década de los cincuenta decimonónicos.

González Bocanegra vivió treinta y siete años, muriendo en 1861 sobreviviéndole su esposa y dos de sus hijas, una de ellas tomaría los hábitos y otra se casaría dejando descendencia del insigne poeta. En el libro el padre Peñaloza repasa la vida del poeta desde su nacimiento en San Luis Potosí, el destierro voluntario de su familia a Cádiz en España debida a la expulsión de españoles del país al formarse la República, su regreso a San Luis y su partida a la ciudad de México donde comenzaría su obra literaria. El padre Peñaloza divide su vida de acuerdo con sus aportaciones literarias, así nos habla de su faceta de poeta, de orador, de dramaturgo, de funcionario público, de narrador

, entre otros; además de su etapa de vida en San Luis Potosí.

El libro recoge, además, la recopilación de su obra, con sus poemas, sus escritos, sus ensayos, sus reportes como censor de obra de teatro. De esta forma es una buena forma de conocer la obra de este potosino que trasciende en el mundo de las letras al ser el autor de la letra del Himno Nacional, uno de los mejores poemas cívicos creados a nivel mundial.

Su estatua, retirada de la glorieta que lleva o llevaba su nombre, ya no sé, ha quedado relegada a un costado de la glorieta un tanto perdida, como ahora es la obra de González Bocanegra que es poco a nada conocida, al igual que la relegación de la estatua a Manuel José Othón otros de los importantes hombres de letras que colocan a San Luis en la historia de las letras mexicanas.

Así que, hágase de este libro, si no lo ve en las estanterías, solicítelo a ver si lo sacan de las bodegas de la librería universitaria.

Ante la ausencia de homenajes en los aniversarios de su nacimiento, como sucedió hace dos años que se cumplieron doscientos años de su natalicio el 8 de enero, el mejor homenaje que podemos hacer a este ilustre potosino es mantener su obra viva a través de la lectura.

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#4 Tiempos

La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.

Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.

En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.

Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.

Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.

Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.

Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.

Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.

Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.

Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.

«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.

 

Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud

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#4 Tiempos

Pedro Miramontes Vidal y su faceta de escritor científico | Columna de J. R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Manuel Martínez Morales, uno de los creadores de El Cronopio, hablaba de la responsabilidad del investigador en el quehacer de la divulgación de la ciencia. Su corriente de trabajo basado en la socialización del conocimiento científico, exigía de cierta forma, exponer una opinión ante los temas tratados. Su obra de divulgación abordaba artículos y ensayos donde la historia, el arte, la filosofía y la ciencia eran recurrentes en el abordaje de sus temas. 

Un buen tiempo tenía sin encontrar artículos con esta característica, hasta que la buena voluntad de Pedro Miramontes me tendió un libro suyo intitulado Mares de Tiempo y Agua, de las ediciones del Instituto de Física de la UASLP que encabeza Jesús Urías; si bien, el libro no está exento de errores editoriales viene a enriquecer los títulos que el Instituto de Física ha editado a lo largo de su corta existencia y que ha venido a refrescar el árido mundo de las ediciones potosinas y, sobre todo, las universitarias. 

Formados como físicos por la misma época y su deambulación por las matemáticas, así como el estilo de escribir artículos de corte científico dirigidos a un amplio público, son los factores que caracterizan a Manuel Martínez y Pedro Miramontes quien en mares de tiempo y agua nos recorre la historia del pensamiento que formó el estudio de los sistemas complejos y nos descubre un mundo multifactorial para su explicación. Los detalles históricos, muchos de ellos dejados de lado en la historia oficial del pensamiento científico y su relación con la construcción de las ideas sobre nuestro universo desde la antigüedad y que ha moldeado la filosofía de la ciencia, son recurrentes en los capítulos que corresponden a artículos y ensayos escritos en su mayoría al despuntar el siglo XXI para la revista Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM, una de las revistas de divulgación de gran prestigio en el país, y que ahora es dirigida, precisamente, por Pedro Miramontes que realiza una estancia académica en la Facultad de Ciencias de la UASLP.

La complejidad de los sistemas naturales que conforman nuestro mundo, lo manifiesta en sus propios escritos pues la visión holística con que los aborda, nos permite transitar desde diferentes enfoques en el entendimiento de tales sistemas, ya sea a través del arte y por supuesto, desde la ciencia en su gran abanico de disciplinas, donde las matemáticas sintetizan las posibles explicaciones. A través de la selección que realiza Miramontes podemos enterarnos de conceptos sobre el caos, la geometría fractal

, sin desligarnos de aspectos sociales y educativos. Sus escritos responden al requerimiento filosófico de Ortega y Gasset donde critica la especialización y sus inconvenientes en asuntos de carácter complejo, como es el mundo donde nos desenvolvemos y del que queremos entender a cabalidad para mejorarlo y construir sociedades más justas y de feliz convivencia.  

En todos ellos, hay una opinión, y una socialización del conocimiento formado a lo largo de siglos para la contribución del desarrollo científico y social. Pues el carácter utilitario de la ciencia es un factor que requiere reflexión por parte de los constructores de dicho conocimiento para contribuir al desarrollo social. Nuestro país, no es ajeno a este requerimiento y esa carencia que suele suceder sobre reflexión de nuestra labor como científicos, la señala Miramontes, como un recordatorio de nuestro papel como miembros de una sociedad con múltiples problemas y de los cuales podemos contribuir. 

Si tienen oportunidad, no dejen de leer ese libro es ampliamente recomendado y, en especial para quienes quieren adentrarse en la divulgación escrita, es un buen ejemplo de cómo realizarlo, para lo cual se requiere mucha preparación en el ámbito cultural.

Pedro Miramontes estudió física en la UNAM y se doctoró en la propia UNAM en Matemáticas, combina sus investigaciones en áreas interdisciplinares como computación, biología, física, matemáticas, genómica, entre otras. Es profesor titular del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias de la UNAM, ha participado desde hace años como profesor e investigador visitante en la Facultad de Ciencias de la UASLP. Su trabajo docente y de investigación lo combina con la divulgación del conocimiento científico, participa activamente como disertador en el ciclo de charlas La Ciencia en el Bar, actualmente dirige la revista de Divulgación Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM una de las más importantes revistas de alta divulgación científica en el país.

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