enero 29, 2026

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#4 Tiempos

Ya llegué. Tener miedo solo por ser mujer

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Chicas desaparecidas, acoso y temor… esta es la realidad de casi cualquier mujer en México

Por: Carla Amor

El combustible de La Orquesta.mx siempre ha sido la vitalidad de los jóvenes periodistas potosinos. Como parte de un ejercicio para dar a conocer su talento, durante las próximas semanas publicaremos entrevistas y crónicas realizadas por los alumnas y alumnos de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Queremos saber cuál es la visión de las chicas y chicos que, desde ya, son responsables de registrar la memoria de nuestra ciudad.

Viernes. Son las 9:00 am, despierto para ir a la escuela, termino de bañarme y es momento de escoger la ropa que utilizaré. Reviso el clima, estaremos a 28° la temperatura perfecta para usar una falda, vestido o short. Me pruebo todo pero nada me convence, pienso en las miradas desagradable que recibiré, las palabras tan asquerosas que saldrán de sus bocas, y me siento tan vulnerable a que quieran tocar mi cuerpo. No, creo que hoy me pondré un pantalón de mezclilla y camisa.

Desayuno y reviso el inicio de Facebook. “Ayúdanos localizar a Alejandra”, leo las descripciones, tiene 16 años salió a una fiesta y nunca más regresó a su casa, entro a los comentarios: “las mujeres no deben de estar solas en la noche”, “así debió andar vestida”, “por algo le paso”… Cierro la publicación, ya es tarde. Alisto mi mochila: libros, libretas, lapicera, cartera, celular y mi gas pimienta, se dice que es ilegal cargar con uno, más ilegal es lastimar a otro ser humano. Doy un beso a mi madre, ella me ve y trata de retener en su memoria cómo estoy vestida, por si me sucede algo, me da la bendición y me pide que me cuide, ella espera que sea un buen día.

Listo, llegué a la escuela sin problema alguno, espero en la jardinera de a fuera a mi amiga Ana, ella llega corriendo, temblando y con lágrimas en los ojos, le pregunto qué sucede, no logro descifrar lo que trata de decirme. Toma aire –un tipo en el camión se venía masturbando a lado mío. –Así fue la historia: el camión iba con pocas personas, Ana estaba sentada atrás, en el asiento pegado a la ventana. Un tipo que subió al camión, tenía unos 27 años, era alto, delgado. Ana no le dio importancia a la decisión de este sujeto de sentarse junto a ella. Mi amiga veía hacia la calle, cuando comenzó a sentir su pierna calentarse, volteó y el hombre con una mano rozaba la pierna de ella y con la otra se masturbaba. Ana grito y todos voltearon. El chofer corrió a defenderla y comenzó a golpear al chavo, lo bajo del camión, tranquilizaron a Ana y todo continuo. Ana marcó a sus padres y fueron por ella.

Salgo a las seis de la tarde de la universidad y el día se empieza a obscurecer. Voy sola a la parada del camión, pienso en Ana, le mando un mensaje pero ella no contesta, la entiendo, fue un día difícil. Si yo hubiera estado en su lugar sacaría mi gas y se lo rociaba en los ojos y en su miembro, maldito asqueroso. Bajo del camión, tengo que caminar dos cuadras para llegar a casa, comienzo a sentir miedo, pues el tipo que iba sentado a lado mío también se bajó y va caminado tras de mí. Miro un carro bajar la velocidad, pero fue por un tope, el chavo ya dio vuelta en la primera cuadra, más adelante hay varios hombre en círculo, caminaré por debajo de la banqueta, escucho chiflidos y susurros “Adiooooos… guapaaaa”. Me molesto pero sigo el camino, alcanzo a escuchar sus risas. Ya casi llego, apresuro mi paso, toco la puerta, abren, saludo a mi familia, “Qué bueno que ya llegaste”, es mi madre.

Dan las 8:30 de la noche y Ana sigue sin responderme, es hora de la cena y comenzamos a platicar del desagradable momento por el que pasó mi amiga, noto la cara de preocupación de mi madre y mi hermana, papá sugiere comprarnos a todas un teaser (paralizador). Terminamos de comer y voy a descansar, vuelvo a abrir Facebook y veo la noticia “Encuentran a jovencita en baldío”, entro a ver la nota y se trata de Alejandra, la chica que compartí en la mañana: la torturaron, abusaron sexualmente de ella y la aventaron en un montón de tierra como si fuera cualquier cosa. Me entra un sentimiento desgarrador de miedo. No quiero ser yo la próxima. No quiero que mi nombre sea una cifra más, no quiero que mi amiga, mi hermana, mi madre o cualquier mujer termine así.

Es sábado por la mañana, me despierto y tengo menajes de Ana, me cuenta que fue a poner una denuncia, pero no pueden hacer nada porque no hay evidencia, me dice que no quiere salir al concierto de esta noche por temor a que le suceda algo peor. La comprendo, ella insiste en que yo vaya, que ella estará bien, solo es cuestión de tiempo. Invito a otra amiga, Sarah, acepta acompañarme.

En la noche, me visto de nuevo con pantalón y una blusa fresca, tomo mis cosas son las 8:00 pm, Sarah y yo vamos hacia el concierto, llegamos y comenzamos a cantar y bailar, llega la canción más esperada y todo se comienzan a aventar y gritar, alguien acaba de tocarme una nalga, miro hacia atrás y nadie, no supe quién lo hizo. Le comento a Sarah lo que acaba de pasar y dice que ella sintió que le jalaron la blusa, decidimos cambiarnos de lugar, se terminó el concierto y tenemos que irnos por separado, pido un Uber y comparto mi ubicación con mi padres, con mi hermana, con Sarah, y ella hace los mismo. Mando captura de pantalla del conductor placas y la ruta. Aviso a mi familia que ya voy en camino.

Llega el Uber de Sarah y me quedo sola, trato de estar donde aún hay personas y luz, vuelvo a sentir miedo, llega el auto y voy tan atenta como puedo, no me distraigo ni un momento.

En casa, mi papá me esperaba afuera, me abraza y es hora de dormir, le mando un mensaje a Sarah

–Ya llegué, todo bien.
–Yo igual, descansa.

Entro a Facebook y veo “Ayúdanos a localizar a Paola salió de su casa a las 5 de la tarde y no se sabe nada de ella”. Solo pienso: ojalá no sea una más…

De limpiar vidrios a fundar la Facultad de Ciencias Sociales de la UASLP

El Cronopio

El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado hubo un importante movimiento editorial en San Luis Potosí dirigido por un selecto grupo de intelectuales preocupados por la cultura potosina; así aparecieron revistas como Estilo, Letras Potosinas, Cuadrante, Jueves Literarios, Revista de la Facultad de Humanidades, Archivos de Historia Potosina, entre otros, que recogieron importantes escritos culturales y que dieron vida a libros de importancia histórica local, como la memoria de Francisco Estrada padre, titulada Recuerdos de mi Vida y el libro conmemorativo por el centenario del Himno Nacional, publicados en los cincuenta a través de la UASLP.

En 1954 se publicaría el libro Vida y Obra de Francisco González Bocanegra con motivo del centenario del Himno Nacional, de la pluma del padre Dr. Joaquín Antonio Peñaloza, que participaba en algunas de las revistas y publicaciones mencionadas. En 1998 se editaría la segunda edición de este libro, ahora dentro del marco de festejos por el setenta y cinco aniversario de la autonomía universitaria, edición que estuvo a cargo de Jesús Rivera Espinosa y del propio padre Peñaloza. Esta edición agregaba otros poemas inéditos recopilados en ese periodo entre los cincuenta y los noventa.

El libro mencionado es uno de los mejores esfuerzos por difundir la obra de González Bocanegra y aún puede conseguirse en la Librería Universitaria de la UASLP a costo bajo, pues debe de andar en la friolera de ochenta y cinco pesos. Una buena forma de conocer a este personaje y disfrutar sus poemas y escritos realizados principalmente en la década de los cincuenta decimonónicos.

González Bocanegra vivió treinta y siete años, muriendo en 1861 sobreviviéndole su esposa y dos de sus hijas, una de ellas tomaría los hábitos y otra se casaría dejando descendencia del insigne poeta. En el libro el padre Peñaloza repasa la vida del poeta desde su nacimiento en San Luis Potosí, el destierro voluntario de su familia a Cádiz en España debida a la expulsión de españoles del país al formarse la República, su regreso a San Luis y su partida a la ciudad de México donde comenzaría su obra literaria. El padre Peñaloza divide su vida de acuerdo con sus aportaciones literarias, así nos habla de su faceta de poeta, de orador, de dramaturgo, de funcionario público, de narrador

, entre otros; además de su etapa de vida en San Luis Potosí.

El libro recoge, además, la recopilación de su obra, con sus poemas, sus escritos, sus ensayos, sus reportes como censor de obra de teatro. De esta forma es una buena forma de conocer la obra de este potosino que trasciende en el mundo de las letras al ser el autor de la letra del Himno Nacional, uno de los mejores poemas cívicos creados a nivel mundial.

Su estatua, retirada de la glorieta que lleva o llevaba su nombre, ya no sé, ha quedado relegada a un costado de la glorieta un tanto perdida, como ahora es la obra de González Bocanegra que es poco a nada conocida, al igual que la relegación de la estatua a Manuel José Othón otros de los importantes hombres de letras que colocan a San Luis en la historia de las letras mexicanas.

Así que, hágase de este libro, si no lo ve en las estanterías, solicítelo a ver si lo sacan de las bodegas de la librería universitaria.

Ante la ausencia de homenajes en los aniversarios de su nacimiento, como sucedió hace dos años que se cumplieron doscientos años de su natalicio el 8 de enero, el mejor homenaje que podemos hacer a este ilustre potosino es mantener su obra viva a través de la lectura.

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#4 Tiempos

La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.

Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.

En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.

Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.

Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.

Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.

Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.

Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.

Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.

Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.

«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.

 

Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud

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#4 Tiempos

Pedro Miramontes Vidal y su faceta de escritor científico | Columna de J. R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Manuel Martínez Morales, uno de los creadores de El Cronopio, hablaba de la responsabilidad del investigador en el quehacer de la divulgación de la ciencia. Su corriente de trabajo basado en la socialización del conocimiento científico, exigía de cierta forma, exponer una opinión ante los temas tratados. Su obra de divulgación abordaba artículos y ensayos donde la historia, el arte, la filosofía y la ciencia eran recurrentes en el abordaje de sus temas. 

Un buen tiempo tenía sin encontrar artículos con esta característica, hasta que la buena voluntad de Pedro Miramontes me tendió un libro suyo intitulado Mares de Tiempo y Agua, de las ediciones del Instituto de Física de la UASLP que encabeza Jesús Urías; si bien, el libro no está exento de errores editoriales viene a enriquecer los títulos que el Instituto de Física ha editado a lo largo de su corta existencia y que ha venido a refrescar el árido mundo de las ediciones potosinas y, sobre todo, las universitarias. 

Formados como físicos por la misma época y su deambulación por las matemáticas, así como el estilo de escribir artículos de corte científico dirigidos a un amplio público, son los factores que caracterizan a Manuel Martínez y Pedro Miramontes quien en mares de tiempo y agua nos recorre la historia del pensamiento que formó el estudio de los sistemas complejos y nos descubre un mundo multifactorial para su explicación. Los detalles históricos, muchos de ellos dejados de lado en la historia oficial del pensamiento científico y su relación con la construcción de las ideas sobre nuestro universo desde la antigüedad y que ha moldeado la filosofía de la ciencia, son recurrentes en los capítulos que corresponden a artículos y ensayos escritos en su mayoría al despuntar el siglo XXI para la revista Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM, una de las revistas de divulgación de gran prestigio en el país, y que ahora es dirigida, precisamente, por Pedro Miramontes que realiza una estancia académica en la Facultad de Ciencias de la UASLP.

La complejidad de los sistemas naturales que conforman nuestro mundo, lo manifiesta en sus propios escritos pues la visión holística con que los aborda, nos permite transitar desde diferentes enfoques en el entendimiento de tales sistemas, ya sea a través del arte y por supuesto, desde la ciencia en su gran abanico de disciplinas, donde las matemáticas sintetizan las posibles explicaciones. A través de la selección que realiza Miramontes podemos enterarnos de conceptos sobre el caos, la geometría fractal

, sin desligarnos de aspectos sociales y educativos. Sus escritos responden al requerimiento filosófico de Ortega y Gasset donde critica la especialización y sus inconvenientes en asuntos de carácter complejo, como es el mundo donde nos desenvolvemos y del que queremos entender a cabalidad para mejorarlo y construir sociedades más justas y de feliz convivencia.  

En todos ellos, hay una opinión, y una socialización del conocimiento formado a lo largo de siglos para la contribución del desarrollo científico y social. Pues el carácter utilitario de la ciencia es un factor que requiere reflexión por parte de los constructores de dicho conocimiento para contribuir al desarrollo social. Nuestro país, no es ajeno a este requerimiento y esa carencia que suele suceder sobre reflexión de nuestra labor como científicos, la señala Miramontes, como un recordatorio de nuestro papel como miembros de una sociedad con múltiples problemas y de los cuales podemos contribuir. 

Si tienen oportunidad, no dejen de leer ese libro es ampliamente recomendado y, en especial para quienes quieren adentrarse en la divulgación escrita, es un buen ejemplo de cómo realizarlo, para lo cual se requiere mucha preparación en el ámbito cultural.

Pedro Miramontes estudió física en la UNAM y se doctoró en la propia UNAM en Matemáticas, combina sus investigaciones en áreas interdisciplinares como computación, biología, física, matemáticas, genómica, entre otras. Es profesor titular del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias de la UNAM, ha participado desde hace años como profesor e investigador visitante en la Facultad de Ciencias de la UASLP. Su trabajo docente y de investigación lo combina con la divulgación del conocimiento científico, participa activamente como disertador en el ciclo de charlas La Ciencia en el Bar, actualmente dirige la revista de Divulgación Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM una de las más importantes revistas de alta divulgación científica en el país.

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