agosto 24, 2026

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#4 Tiempos

#Entrevista | Una pareja de científicos bien cuerdos

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científicos

Susana López Charretón y Carlos Arias Ortiz, dos de los investigadores mexicanos más importantes en las áreas de epidemiología y virología cuentan sobre su trabajo y vida familiar

Por: Mariana de Pablos

El combustible de La Orquesta.mx siempre ha sido la vitalidad de los jóvenes periodistas potosinos. Como parte de un ejercicio para dar a conocer su talento, durante las próximas semanas publicaremos entrevistas y crónicas realizadas por los alumnos de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Queremos saber cuál es la visión de las chicas y chicos que, desde ya, son responsables de registrar la memoria de nuestra ciudad.

Carlos Arias Ortiz, de 65 años, es investigador del Instituto de Biotecnología de la UNAM en el área de biología molecular y epidemiología de virus gastrointestinales y respiratorios, con énfasis en rotavirus y astro-virus, los cuales son responsables de la muerte de aproximadamente 500 mil niñas y niños menores de dos años de edad en el mundo. Es autor de importantes artículos en revistas internacionales y ganador de diversos premios como el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Ciencias Físico-Matemáticas y Naturales (2014), el premio Carlos J. Finlay de Microbiología UNESCO (2001) junto a su esposa Susana; y el premio Howard Hughes Medical Institute International Research Scholar 1997-2001 (1997).

Por su parte, Susana López Charretón es una exitosa viróloga mexicana que, a sus 62 años, posee los títulos de Licenciatura, Maestría y Doctorado en estudios de Investigación Biomédica Básica, con mención honorifica por parte de la UNAM en el examen de Licenciatura y de Doctorado. Es autora de múltiples publicaciones científicas; y debido a su interés por resaltar la importancia de la vacunación infantil, actualmente, en colaboración con dos investigadoras más y una dibujante, publicó un libro animado titulado “Pablo tiene sarampión”, el cual, ha sido traducido a diferentes idiomas y recientemente goza con la opción de audio. Ha sido merecedora de varios premios, entre los cuales resaltan el premio For woman in Science Loreal-UNESCO Francia (2012), la Medalla Omecihuatl Inmujeres Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México o (2012), y el premio Bienal Funsalud en Enfermedades Gastrointestinales (NADRO) Fundación Mexicana para la Salud (2002), este último en colaboración con Carlos.

Su pasión y constante interés por la ciencia fue la razón por la que la vida los reunió. Gozan de una vida juntos, en la cual, el trabajo en equipo es un aspecto de gran importancia, tanto desde el punto de vista laboral, en donde comparten sus logros y éxitos; como en el familiar, en el cual, son padres de dos hijos ya adultos: Rodrigo y Alejandra.

Debido a que se trató de una entrevista de pareja, la dinámica consistió en hacer preguntas individuales y otras de pareja, las cuales, podría contestar cualquiera de los entrevistados o complementar la respuesta del otro.  

Pregunta: ¿Cómo surgió tu interés por dedicarte a la ciencia?

Carlos: De manera… azarosa. En realidad, después de terminar la carrera quería hacer una maestría y un doctorado que me permitiera poner un laboratorio de análisis clínicos, el cual era uno de mis objetivos para ganar mucho dinero. Pero no me gustaba la idea de hacer cien análisis diarios, me parecía muy aburrido y rutinario. Yo quería diagnosticar la presencia de virus. Y en general, la idea de hacer ciencia y de responder preguntas de cosas que no se saben, me gustó mucho y me quedé haciendo ciencia.  

Susana: Es algo que ya tenía dentro de mí porque desde chiquita me ha gustado jugar con lagartijas o hacer experimentos con moscas. Como que siempre quise saber cómo funcionaban las cosas y más que nada los seres vivos.

Pregunta: ¿Quiénes o qué fue lo que te influyó/inspiró a ser quien eres ahora, en el aspecto científico?

C: Una persona que influyó mucho en mí fue mi tutor de maestría y doctorado. Es una persona muy modesta en cuanto a sus logros científicos, que son muchos; y que también posee una capacidad para detectar cuales son las preguntas clave en diferentes campos científicos. Con una honestidad particularmente sobresaliente, la cual es una de las características que se necesitan para ser científico.

Fue siempre un ejemplo a seguir para mí.

S: En realidad entre a una carrera nueva que se dedicaba justo a la investigación y ahí tuve la suerte de tener tutores buenísimos que me entusiasmaron todavía más en lo que quería hacer. Pero una imagen de algo en sí, no.

Pregunta: ¿Alguna vez, de joven, pensaste que llegarías a donde estás ahora?

C: No, la verdad no. Nunca pensé hasta donde iba a llegar. Siempre la pasé muy bien, muy contento haciendo lo que hacía y eso me bastaba. Sabía que mientras uno haga lo que le gusta, y se esfuerce por ello, siempre la recompensa llega sola, no hay que buscarla. Desafortunadamente puede haber casos en que eso no suceda, pero en general, si uno trabaja mucho, bien y de manera honesta todas las cosas caen por su propio peso. Entonces esa fue un poco mi situación: no buscar algo de manera desesperada, sino simplemente hacer las cosas bien en lo que me tocaba hacer.

S: Pues no, eso es algo que uno nunca se puede imaginar.

Pregunta: ¿Cuáles eran las metas o sueños que tenías de joven?

C: Mis metas nunca estuvieron relacionadas con lo que soy ahora. Mi aspiración solía ser tener una medalla olímpica de natación. Después, quería tener un laboratorio de análisis clínicos que me permitiera vivir bien, lo cual era idea de mi papá porque él era médico y me insistía con que esa era un área muy provechosa y buena económicamente, pero en este caso no era aspiración, sino que era lo más viable. Pero hablando de metas como tal nunca fui muy reflexivo, más bien, disfrutaba lo que tenía.  

S: Si estaba clara que me gustaba mucho la investigación y que quería dedicarme a la investigación. No quería seguir el patrón de mi generación que era casarte y tener hijitos y dedicarte toda la vida a cuidarlos. Sino que desde chica platicaba mucho con mi mamá y le decía que yo quería ser algo más, quería poder estudiar y aprender muchas cosas, quería más que solo cumplir con un rol que ya me tenían asignado.

Pregunta: Actualmente, ¿tienes algún proyecto en puerta?

C: Sí, tengo muchísimos. El proyecto que tengo en puerta junto a Susana, es crear un Centro Nacional de Virología. No hay ningún centro de investigación que exista en el país en virología. Entonces el proyecto es ese, estamos trabajando en él y afortunadamente parece que va bien. Este centro es parte de un objetivo más general: hacer que la virología en México brille mucho más de lo que brilla ahora.

S: El Centro de Virología, y mi proyecto chiquito es el libro, el cual, queremos difundir lo más que se pueda. Ya lo tenemos traducido en cinco idiomas.

Pregunta: De todos los logros que has tenido, que son muchos, ¿Cuál es el que realmente te enorgullece y ha te ha marcado en la vida?

C: Profesionalmente, es el reconocimiento de haber recibido el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 2014, que es el premio más alto que otorga el gobierno Federal a los científicos.

Y a nivel personal, pero dentro de la ciencia, tiene que ver de nuevo con mis estudiantes. El poder interaccionar día a día con muchachos y ver cómo llegan al principio bastante perdidos pero que finalmente terminan siendo profesionistas y conocedores, causa una satisfacción muy importante. Saber qué puedo hacer una diferencia en los jóvenes es un gran logro.

S: El premio más grande que he recibido es el de L’Oreal en 2012, pero no es el premio en sí lo que más me enorgullece sino el hecho de darte cuenta de que puedes hacer un poco más. Porque te meten mucho la idea de que ahora eres un modelo y un ejemplo para muchas niñas que quieran hacer investigación u otras cosas.

La vida es mucho más que solo ser mamá y tener una casita.  

Pregunta: La ciencia es un área muy compleja, ¿Cómo han hecho para mantener en armonía los aspectos de su vida laboral y familiar?

C: Lo que ha ayudado mucho es el hecho de que trabajamos los dos en ciencia y además trabajamos juntos en el mismo laboratorio, entonces podemos estar todo el día en el laboratorio sin perder tiempo de interacción.

E: Ambos son muy exitosos, pero debo preguntar ¿Cómo han lidiado con los celos profesionales?

S: Es una pregunta muy importante porque la clave de todo es que somos un equipo que no compite, sino que compartimos todo como un equipo, entonces cualquier éxito de los dos es un éxito del equipo. Hemos sabido manejar muy bien el no competir entre nosotros.

C: Y trabajar en equipo ha sido también una clave muy importante de nuestro éxito. Somos dos en uno.

Pregunta: Cómo difusores de la ciencia, ¿Qué es lo que esperan por parte de las instituciones gubernamentales para la ciencia? Y ¿Qué han obtenido y que no?

S: Esperamos que nos apoyen, lo malo es que el gobierno no entiende muy bien para qué es la ciencia entonces no es una prioridad de su presupuesto, entonces toda la ciencia sufre muchísimo de recortes, o cada vez que hay un problema económico lo más fácil es bajar el presupuesto de la ciencia. Hay muy poco apoyo, nos gustaría que hubiera más apoyo.

Pregunta: ¿Cómo promoverían la ciencia para que fuera algo por lo que más jóvenes se interesan?  ¿O para que la creencia de que la ciencia es únicamente para un grupo determinado fuera erradicada?

S: Lo que hacemos es que damos pláticas y junto a cadenas de investigación se dan conferencias, hay ferias de la ciencia, clubes de astronomía para ir a ver las estrellas. Y nosotros tenemos una red de virología con videos en YouTube, esa es la manera de hacer entender a la gente de nuestro alrededor que todo lo que existe es gracias a la ciencia. La ciencia no es un lujo y eso es lo que las personas deben comprender.

C: y también difundir la idea de que los científicos somos personas perfectamente normales y que cualquiera que deseara dedicarse a la ciencia podría hacerlo.

En una palabra, o frase, ¿Cómo describirían su vida juntos?

C: Plenitud

S: Agradecimiento

De limpiar vidrios a fundar la Facultad de Ciencias Sociales de la UASLP

#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.

Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.

En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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