#4 TiemposDesde mi clóset

Miguel, el perro que suplica prevenir con educación | Columna de Paul Ibarra

Desde mi clóset

 

Este inicio de año, la sociedad potosina ha dado una muestra del hartazgo y la frustración sentida, por la fallida estrategia de seguridad de los gobiernos estatal y municipal. La gota que derramó el vaso, un canino comunitario víctima de la pirotecnia en la noche vieja. Las primeras indagatorias señalaban la posible comisión del delito de maltrato de animal doméstico al que le había sido provocada la muerte, luego de haber ingerido obligadamente un petardo.

Las primeras horas del año nuevo las redes sociales se indignaron al ver las imágenes de “Miguel” ensangrentado con el hocico mutilado. Cabe señalar que el Código Penal en el estado en su artículo 317 tipifica el maltrato animal como delito, y la fracción III sanciona con uno a dos años de prisión y sanción pecuniaria de 200 a 400 UMAS (entre 16 mil y 32 mil pesos) a quien prive de la vida a cualquier animal doméstico.

También señalar, que la Fiscalía carece de estadísticas que documenten el número de carpetas de investigación derivadas de este delito, ni la cantidad de personas que han sido vinculadas a proceso por este crimen. Si a esto le sumamos que con base en el Nuevo Sistema de Justicia Penal Acusatorio, posibilita que las personas procesadas puedan continuar el proceso sin que esto implique la privación de la libertad, al no tratarse de un delito grave, la indignación social aumenta.

Y es que la sociedad, al menos no la potosina, no la de la capital, ni la de mi barrio fue informada de que existe un nuevo sistema de justicia, y que es necesario modificar el paradigma que concibe a las personas en conflicto con la ley, como seres humanos. Es decir, no carecemos de intervenciones comunitarias que faciliten nueva concepción de la impartición de justicia. Tampoco es que mucho haya cambiado, la Fiscalía General tiene severas carencias, por lo menos en en proceso de transición al nuevo sistema.

Imagina que estás en el trabajo, un par de individuos se meten a tu casa a robar, la comunidad de da cuenta del suceso, llama al 911. Pasan los minutos y la policía no llega, así que un par de valientes deciden intervenir. Someten a los “rateros”. La comunidad comienza a lincharlos cuando llega una patrulla municipal. Luego llega la Metropolitana y se llevan a los sujetos a “Eje Vial”. A sabiendas que perderás la tarde, decides ir a poner la denuncia, ratificas y el Fiscal en turno te comenta sobre la Conciliación. Sin mucha información decides conciliar, te informan que en varios días tendrá verificativo la conciliación y que mientras los sujetos se irán a su casa. La comunidad te reclama al ver que no se “refundieron en la cárcel”. En la conciliación se acuerda que el valor de lo robado asciende a cuarenta mil pesos, los sujetos alegan no tener la liquidez para realizar el pago, sin embargo, se comprometen a entregar un porcentaje mensual hasta saldar la deuda a propuesta de la conciliadora. Vas el primer mes a la Fiscalía y ninguno de los dos sujetos acude al pago, y así, ha pasado más de un año, y no has recuperado el dinero, y no sabes si esos tipos se regeneraron o siguen robando.

Esta anécdota, real, por cierto, es un ejemplo claro de la falla en el sistema. Miguel ha sido un pretexto que trae de fondo la indignación comunitaria derivada de la inseguridad que aqueja a San Luis Potosí. En necesario educar, la niñez tiene que tener en cuenta que detonar pólvora en cualquiera de sus presentaciones significa un riesgo. En lo personal, estoy en contra de la prohibición de esta actividad. Simplemente hay que regularle. De la misma forma que es necesario trabajar en la promoción de la educación para la paz. Tan indignante es que un par de sujetos sientan beneplácito por la tortura hacia una mascota, como el que una comunidad quiera linchar a una persona por la comisión de algún delito, cualquiera que este sea.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos es muy clara al señalar que todas las personas nacemos libres e iguales en dignidad y derechos. Y esta consigna tendría que ser parte de nuestra cosmovisión. Preservar las tradiciones tal vez no es una buena idea en todos los casos. En una parte de África se suele mutilar el clítoris a las mujeres porque es una tradición. Algunos pueblos originarios sacrificaban vírgenes en honor a sus deidades. Tal vez la idea de quemar una cantidad incriminada de pólvora para celebrar el inicio de un nuevo año gregoriano, esté rebasada ya.

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