octubre 28, 2026

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#4 Tiempos

Una técnica para amargarse la vida | Columna de Juan Jesús Priego

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Hay quienes piensan que amargarse la vida es una cosa como cualquier otra, algo que todo el mundo puede hacer sin preocuparse lo más mínimo en seguir una metodología rigurosa, una rutina de cotidianos ejercicios. Pues bien, ha llegado la hora de deshacer semejante equívoco. ¡Señores: amargarse la vida es todo un arte y, como todo arte, requiere esfuerzo, paciencia, seriedad y disciplina!

Ningún amargado ha llegado a serlo de un día para otro, y este hecho debería ser tomado ya como argumento de peso. En la práctica, de nadie decimos que es un amargado sino de aquel que todos los días nos ofrece un rostro marchito, un gesto dolorido y un rosario de quejas. Lo que dijo Simone de Beauvoir de la mujer vale también para el amargado, a saber: que no nace, sino que se hace.

Además, si ser amargado fuera tan fácil, todo el mundo lo sería, como dijo alguien una vez. ¿A quién no le ha tocado ver hombres y mujeres que sonríen hasta por las cosas más nimias e intrascendentes? Leer un poema, ver a un amigo, recibir una llamada telefónica son ya para esta gente boba motivos de júbilo. ¡Con qué ingenuidad e ignorancia se pasean estos tales por las autopistas de la vida!

¡Como si vivir fuera tan fácil! ¡Ah, cómo se advierte, al observarlos, que amargarse la vida es un arte reservado a unos cuantos elegidos, a un reducido coro de selectos!

No obstante, si usted estuviera interesado en amargársela, nosotros podríamos indicarle cómo se procede; después de todo, aunque es cosa difícil, nadie ha dicho que sea imposible. Tome nota, por favor.

Regla número uno. Ante todo es necesario que se convenza a sí mismo de que en el pasado fue usted muy feliz. Esto es sumamente importante; es más, casi podríamos decir que, sin este presupuesto fundamental, nuestro método corre el riesgo de no rendir los frutos que cabe esperar de él. Debe usted decirse de mil a mil doscientas veces al día todos los días: «¡Ay, cómo era yo entonces feliz! ¡Ay, cómo era yo feliz entonces! ¡En aquel tiempo glorioso no me dolía absolutamente nada!». No importa que se trate de un engaño patente, ya que no hay época de la vida en la que uno no haya sufrido: lo importante es que uno se lo crea. Será de enorme utilidad ir a las tiendas de usado y comprar discos de vinilo o casetes de plástico que le ayuden a evocar y recordar los tiempos idos; sin embargo, sería contraproducente abusar de ellos. Con una o dos canciones diarias bastaría para atizar la nostalgia.

Regla número dos. Persuádase usted de que ningún momento del presente podrá igualar en belleza, alegría, felicidad, esplendor y abundancia a ningún momento del pasado. Uno nunca es feliz, sino que lo fue: he aquí la verdad.

Como material de auxilio le recomendamos unos versos del poeta Jorge Manrique (tomados de las Coplas a la muerte de su padre) que dicen así:

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte


tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquier tiempo pasado
fue mejor.

Le aconsejamos repetirlos durante el segundo mes también de mil a mil doscientas veces al día todos los días. Si fuera usted de memoria un tanto corta, no se preocupe: serían suficientes para nuestro propósito al menos los dos últimos versos. Ahora que si lo que desea es perfeccionar sus repeticiones, le recomendamos la consulta de la palabra mantra en cualquier diccionario aceptable de espiritualidad oriental.

Regla número tres. Obstínese en creer que el mañana será siempre más negro, más desdichado y más incierto que su presente y su pasado juntos. En pocas palabras, desconfíe del futuro. Y tiene usted, por lo demás, una razón de peso para esta desconfianza: ¿no es verdad que, como dicen los filósofos, el futuro es sin lugar a dudas el tiempo de nuestra muerte? Hoy no estamos muertos todavía, pero en el futuro lo estaremos. Esta recomendación podrá sonar un tanto cínica, pero más vale llamar a las cosas por su nombre, ya que sin esta desconfianza fundamental sería inútil pasar a la

Regla número cuatro. Postergue toda decisión, dedíquese a auscultarse a usted mismo y pase la mayor parte del día abismado en la contemplación de las horas maravillosas que han quedo atrás y que, ¡ay!, como las golondrinas de Bécquer, no volverán.

En esos libros de autoayuda que hoy abundan leerá usted que es imprescindible vivir el presente.

¡No les haga caso! Usted está llamado a vivir en el pasado como un ratón en su rincón. Dígaselo una vez, repítaselo mil veces:

Como un ratón en su rincón (¿verdad que es fácil recordarlo?). Y, además, convénzase: usted ya no vive, sino que vivió. Ya nada le queda por ver, por conocer, por amar. Lo bello ya fue; lo hermoso ya pasó; las personas más atractivas e interesantes se han ido de este mundo para siempre y nadie volverá a verlas jamás.

Si logra usted interiorizar estos pensamientos verdaderos, alégrese (alégrese tristemente, queremos decir), pues conseguirá lo que quiere: la amargura como talante fundamental de la existencia.

Por último, si el método le funciona (que le funcionará, tenga usted plena seguridad de ello), no deje, por favor, de recomendarlo a sus amistades.

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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Opinión

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