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Somos radicales… eso ¡lo serás tú! | Columna de Óscar Esquivel

Desafinando

 

La mayoría de las veces tenemos algo escondido muy dentro de nosotros, en otras ocasiones se nos ofrecen bondades y nos hacemos aficionados a ello y nos arrastra para lograr un fin. Existen personas que buscan el confort, la comodidad de forma secreta. En aquella búsqueda de verdad individual descansan las acciones que realizan, de ahí nace la necedad que no se entiende.

Sujetos que pareciera encontraron la “santa paz de su alma” solo si los caprichos y voluntades se realizan a su gusto y conveniencia. Si sucediera lo contrario, prestos se volverían entes alterados, enojados o depresivos, según el caso.

La diversidad de pensamientos generan opiniones distintas dejando ver discordias desde las raíces de la familia, amigos, vecinos cercanos, no se diga en la política, la religión; Entre devotos obstinados y los radicales ateos, pero la medianía no cabe, ¿eres o no eres? La pregunta a la indefinición.

Los diversos pareceres son tan antiguos, desde la creación del universo, la materia y antimateria, el hoyo negro y la luz universal. Perros y gatos, al final todos convivimos en un mismo lugar pero cuando la radicalidad impera, el mundo se convulsiona. Las revoluciones son un ejemplo, las transformaciones políticas radicales solo han dejado desolación, pobreza y violencia; los ejemplos son muchos que encontraremos en minúsculos cotos de poder. Lo expreso como minúsculo porque aquel que piensa en grande y en contra de los monstruos creados es normalmente pisoteado para acallar las voces de equilibrio.

Así como la imagen de la justicia: ciega, espada de implacable y una balanza, de esta forma debería ser el mundo ideal.

LA MUERTE DIGNA, CON DOLOR INSOPORTABLE

Hace uno días con la corona de laureles por delante y la espada de la justicia, sabios de la comuna (o sea los senadores), aprobaron, según ellos, una reforma al artículo 4º de la constitución que incorpora cuidados paliativos para enfermos terminales, limitados o que amenacen la vida ¡imagínense! Entonces todo este tiempo, por años, los enfermos terminales con dolores terribles ¿no tenían medicamentos para mitigar su dolor? Ahora resulta que los enfermos tendrán derecho a utilizar medicamentos controlados, para mitigar su pena, ¡pobres inútiles! El “chiquito” senador Mancera, fue promotor de esta infamia legislativa “toda persona tiene derecho a la protección de su salud en condiciones de dignidad” es obvio, hasta los que no están en etapa terminal solo dese una vuelta a las clínicas del IMSS o centros de salud, a ver si están atendidos con dignidad.

En la reforma, si se le puede llamar así, se lee: los cuidados paliativos constituyen un planteamiento que mejora la calidad de vida para paciente y familiares. Alivia el dolor, no los síntomas… al no existir posibilidad de curación, los cuidados paliativos son la mejor opción.

Pues los senadores se quedaron cortos, muy chiquitos su planteamientos, no es “vida digna” es sufrimiento constante y bárbaro, un puñado de insensatos decide por los que sufren.

Con esta reforma solo al paciente se le suministrarán inyecciones y drogas que lo mantendrán 23 horas dormido, esto es perpetuar el dolor físico y emocional.

¿Qué no se entiende? Un paciente en estado terminal no quiere morir, pero en su sufrimiento angustiante desea la muerte, el cual es el mejor camino. Lo que menos quiere en continuar en esa circunstancia vergonzante y ver a su familia desgarrándose por el viacrucis de su enfermo que se retuerce de dolor.

El paciente ya no desea continuar con la vida, él quiere bien morir. Reclaman tener derecho a decidir su muerte, el final de sus días. El paciente terminal en conciencia ya sea por su religiosidad o su ética sufre el decidir aplicarse la eutanasia, es decir que le ayuden a “bien morir” no a sobrellevar la enfermedad. El hartazgo con agonía es su principio común.
Los senadores solo voltearon a ver de reojo el tema de la eutanasia y confundieron el bien vivir con el bien morir con dolor.

LOS RADICALES

“Somos radicales” dijo Andrés Manuel López Obrador, presidente de todos los mexicanos, en su discurso del 1º de julio, día que la izquierda mexicana se alzó con el triunfo, que aplastó al monstruo capitalista, que su única aportación en más treinta años es haber generado pobreza, marginación y violencia. Una izquierda que con la espada de fuego acabaría con la corrupción y la impunidad en 7 meses.

“Falta mejorar el sistema de salud, debe crecer la economía y mantenemos los mismos niveles de violencia que heredamos del antiguo régimen” y sí, es verdad innegable. Solo algunos detalles en salud le dio por consolidar compras de medicamentos, recortar apoyos a médicos residentes y se ordenó que la Secretaría de Hacienda se hiciera cargo de todas las adquisiciones del sector, incluyendo IMSS e ISSSTE y, nada más absurdo: desmantelaron la precaria economía de estas instituciones saqueadas por Hacienda para aplicarlos en otros rubros. El antiguo régimen así lo hacía pero en esta ocasión no se midieron; fueron radicales.

En economía se mantienen buenos resultados. Los niveles macroeconómicos impecables, el dólar estable, la bolsa de valores creciendo, nivelación de la inflación, pero radicalidad las empresas han comenzado a desocupar personal. No fluye el dinero a las pequeñas empresas y mucho menos las micros. Se estancó la industria de la construcción, no existe inversión gubernamental, los grandes proyectos están detenidos, como aeropuerto, refinería Dos bocas, tren maya. Para evitar la corrupción mejor me siento a ser radical.

La violencia, disparada como nunca: asesinatos, robos, secuestros, ¡herencia maldita de los regímenes anteriores!, ¡putrefactos!, ¡saqueadores!, todo eso se merece la derecha, pero ¿y la Guardia Nacional?, ¿el paro de policías federales?, ¿la disminución de presupuesto en seguridad pública?… ¿esto también es herencia? O somos radicales.

Insisto, el presidente López Obrador tiene muchas razones, pero las famosas “herencias del pasado” no le permiten continuar o pensar adecuadamente. Ya basta de culpar, hay que actuar, pero con gente con sentido común. Como él bien dijo “no es gran ciencia gobernar, es de sentido común” y debería estar analizando en pagarles, barato claro, clases motivacionales de “sentido común” a la gran mayoría de sus colaboradores. Si desea ver un México feliz, entonces a trabajar, sí con radicalidades, pero pensadas, no con el “quiétate que ahí te voy”.

Soy radical, soy anarquista, poco creyente pero sé lo que hago.

Nos saludamos pronto

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