julio 21, 2026

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#4 Tiempos

Severa vigilancia | Columna de Juan Jesús Priego

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Amar a alguien es ejercer sobre él (o sobre ella) una vigilancia severísima. El que ama quiere saberlo todo de la persona amada: el día de su cumpleaños, los nombres de sus padres, los apodos de sus hermanos, las costumbres de su perro, las manías de su gato, la clave secreta de su cuenta en Yahoo!, las veces que se cayó en la infancia, los juegos que le gustaban, las materias que aborrecía, las canciones que cantaba, las veces que estornudó esta mañana, la hora en que le llamará esta tarde, los programas que verá en la noche. François Mauriac (1885-1970), por lo demás, lo sabía: «Ser amado es ser espiado», y así lo dijo en uno de sus libros. Amar es hacer de policía, andar tras ciertos pasos y rastrear determinadas huellas: un sabueso en busca del rastro que deja la presa al pasar.

Cuando nuestros abuelos quisieron representar en sus cuadros a la Divina Providencia, no encontraron mejor símbolo que un enorme ojo permanentemente abierto, un ojo que sigue a los suyos adondequiera que van, acaso inspirándose en el versículo de aquel salmo que dice: «Tu guardián, no duerme ni reposa, Isarel» (Salmo 120,3-4). Para el que ama, ni dormir ni reposar son acciones posibles y, aunque quisiera, no podría entregarse a ellas. Amar es no pegar ojo, ni poder hacerlo.

Ahora bien, cuando una persona se descubre vigilada (por ser amada), pueden suceder dos cosas: o que corresponda ejerciendo una vigilancia tanto o más intensa que la que padece, o que no corresponda en modo alguno y rechace de plano al espía que la acosa. Si fuese esto último lo que llegara a ocurrir, dirá entonces a su perseguidor: «¡Déjeme en paz, se lo suplico! Yo con usted no quiero nada. ¿Con qué palabras se lo tengo que pedir?». Le molesta esa mirada, la vigilancia le parece demasiado obsesiva: una carga que no está dispuesta a soportar.

«El amor consiste en la supervivencia del yo a través de la alteridad del tú –escribió Zygmunt Bauman (1925-2017) en Amor líquido-. Por lo tanto, amar significa prepotente deseo de proteger, nutrir, reparar, y también de acariciar, mimar y acudir; o bien defender celosamente, aislar, aprisionar. Amar significa estar al servicio, hallarse a disposición, esperar órdenes, pero podría significar también expropiación y secuestro de responsabilidad. Es dominio a través de la sumisión. El amor captura y pone al prisionero bajo custodia; efectúa un arresto para proteger al arrestado».

Es ambigua la naturaleza del amor. Por un lado da, pero por otro lado exige y quita. Quiere acariciar, pero, sin darse cuenta, puede también arañar al mismo tiempo que acaricia. Este mismo deseo de saberlo todo de la persona amada lleva en ocasiones a entablar con ella (tal vez sería mejor decir contra ella) interrogatorios casi judiciales: «¿Quién te habló ayer?, ¿dónde estuviste esta tarde entre las 7,13 y las 8,25?, ¿por qué apagaste tu celular?, ¿tenías acaso miedo de que te encontrara?, ¿qué era lo que hacías y, sobre todo, con quién?». El ser amado, en tales condiciones, no sabe entonces hacia dónde hacerse. Por un lado, necesita pertenecer; pero, por el otro, necesita también salvaguardar su intimidad, su independencia: esa libertad que –ya lo presiente-echará en falta tan pronto como formalice su relación con esa persona que parece no tener otro quehacer en la vida que acecharla.

Esto ha sido siempre así. Sin embargo, al hombre posmoderno le cuesta más que a sus padres o que a sus abuelos tomar a este respecto una seria resolución. Su sentido de libertad es más agudo, y más fuerte, también, la conciencia de sus derechos. ¿Pertenecer o no pertenecer?: he aquí la cuestión.

«¿Qué felicidad que no esté amenazada? ¿Qué amor que no esté temblando?», se preguntaba el filósofo francés André Comte-Sponville. Esto es profundamente verdadero y, no obstante eso, sólo hasta ahora parece que nos hemos dado cuenta de la naturaleza temerosa del amor. El amor está siempre temblando: o porque teme que la libertad del otro empiece a tomar nuevas direcciones y caminos, o porque teme que ésta se empeñe en avasallar la suya, reduciéndola a un estado de vergonzoso cautiverio.

Los antiguos sabían que comprometerse era, de alguna manera, empeñar la libertad. Pero hoy, cuando la libertad lo es todo, el habitante de las rutilantes megalópolis globales no está seguro de si el amor, en tales condiciones, sea, después de todo, tan importante. De esta manera tenemos que, mientras los crapulosos optan por gozar los placeres del amor sin querer pagar las consecuencias (yendo de un ser a otro, de una relación a otra, de una puerta a la siguiente), los que no lo son han decidido quedarse solos, sumidos en un preocupante y a veces permanente estado de perplejidad. Tal vez nadie haya expresado mejor este dilema que un personaje de El hombre y sus fantasmas, la pieza teatral del olvidado dramaturgo francés H. R. Lenormand (1882-1951), cuando dice: «El cariño consume y nosotros no somos muy fuertes… El sonar de las horas, las llamadas del teléfono, los pequeños deberes… Si a mí me fuera preciso asumir una carga suplementaria de ternura, difícilmente la soportaría. Esto significa que ya no soy joven. Tendré que amar a un loro o aun pez rojo. El cariño de los seres humanos agota».

Las comunidades sólidas (es decir, aquellas donde los otros pueden ejercer su libertad sobre la nuestra) están siendo reemplazadas hoy por comunidades líquidas, es decir, por agrupamientos carentes de todo compromiso y en los que uno puede desaparecer de un día otro: como el cariño de los seres humanos agota, ¿por qué no limitarnos a formar clubes de admiradores, cuadrillas de fans o meras comunidades virtuales? En una palabra, si bien se quiere gozar de los placeres del amor, cada vez se está menos dispuesto a pagar el precio que éste casi siempre exige.

Cuando Christiane Rochefort, novelista francesa, escribió Celine y el matrimonio [Buenos Aires, Losada, 1963], planteó el dilema de los nuevos tiempos democráticos con estas sencillas palabras «¡O la Libertad o el Amor!». O soberanamente libres, pero sin pertenecer a nadie, o permitir que el otro se inmiscuya en nuestra vida, pero amados. ¿Qué elegiremos?

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#4 Tiempos

Arturo Medellín Anaya, su pasión por la poesía | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Un ejemplo claro de la popular frase de que nadie es profeta en su tierra es el caso de Arturo Medellín Anaya que falleciera en el 2023 realizando su obra artística y de promotor cultural en Tamaulipas. Si bien, abundan de cierta forma en San Luis Potosí los museos dedicados al arte pictórico, la muestra de obras de Arturo Medellín brilla por su ausencia. San Luis Potosí está, como en otros muchos casos, en deuda con este personaje que brilló como promotor y periodista cultural, escritor y pintor, llevando la vena artística de su padre, el pintor e ilustrador del mismo nombre, y de su madre una excelente pianista.

El taller de su padre, fue su primera escuela en el arte de la pintura desde niño pues a los diez años lo acompañó como aprendiz, iniciando la década de los sesenta; Arturo Medellín nació el 8 de julio de 1951 en San Luis Potosí. Compartía su tiempo entre el taller y la escuela realizando sus estudios primarios en el Colegio Inglés y la Escuela Benito Juárez, ingresó a la secundaria Jaime Torres Bodet y concluye dichos estudios en Tampico al cambiar de residencia a los doce años.

En Tampico continúa sus estudios de dibujo y pintura y labora como auxiliar de dibujo publicitario en el Sol de Tampico. Su contacto con San Luis continuaba y participa en el célebre grupo de teatro Zopilote de San Luis Potosí durante cuatro años, de donde parte en 1975 a coordinar grupos de teatro en La Paz, Baja California. En ese tiempo conocí parte de su actividad por su hermano Héctor Medellín fue mi compañero de estudios en la Escuela de Física y frecuentaba su casa. En la década de los ochenta se encuentra realizando actividades como dibujante publicitario, artista plástico e ilustrador, en diferentes puntos del estado de Tamaulipas, entre ellos Matamoros y Ciudad Victoria.

Su obra, un tanto desconocida, contempla pinturas, novelas, poesía. La Jornada Zacatecas en el 2018 lo retrataba como: “erudito en el arte de sobrevivir y de capturar al instante la magia del mexicano y sus turbulencias y lo hace en la novela, la pintura, la poesía, la promoción cultural desde una provincia –San Luis, Tamaulipas, Baja California, – y desde lo más hondo de los terruños de la patria callejera, la turbulenta en los sentimientos que avizoran algo nuevo vendrá más allá de los buenos deseos”. Mientras en San Luis, el silencio, producto posiblemente de su paso por el grupo Zopilote, contestario y promotor cultural de izquierda.

En el 2009 publica El Arte como Experiencia Espiritual, en ediciones La Criba, además de los libros, “Desde el corral del fondo”, “Pájaro de papel”, y “Testamento de Albatros”. Parte de su obra pictórica se exhibe permanentemente en la Galería del Centro Cultural Tamaulipas y el Museo de Arte Contemporáneo de Mac Allen, Texas.

Destaca en su producción, la colección de pinturas que con motivo del centenario de la revolución mexicana pintara; una colección de 20 retratos contemporáneos, de mujeres revolucionarias exhibida en las ciudades de: Tampico, Mante, Victoria, Matamoros, Reynosa y Laredo. McAllen y Brownsville Texas.

De sus actividades artísticas Arturo Medellín prefería la poesía, que era lo que más lo identificaba. Escribía porque estaba convencido que podía ser escritor. El recuerdo de su formación en San Luis y de la vida cultural que vivió normaba su labor artística, como lo menciona en una entrevista que le realizara en la década de los noventa Azael Jaramillo, al preguntarle “¿qué te queda de potosino?, su respuesta:

“Mi pasión por la poesía de Manuel José Othón, por López Velarde, mi gusto por la Historia, pero sobre todo por la Historiografía, por la comida y una nostalgia por haber vivido la cuna culta en un sentido diferente a como se vive aquí en Tamaulipas donde todo se hace por obra y gracia de la política cultural del Estado. Tenemos el recuerdo de que Tula fue la ciudad de los pianos, pero esa Tula ya no existe”.

Arturo Medellín Anaya murió el 25 de junio de 2023. Su testamento de albatros, una de sus obras nos dice en un fragmento:

Hoy regresan los muertos hasta la mar nocturna,
bajan la cordillera, se adentran en el llano y
junto al farallón, enlazan su plegaria con las olas.
Son muertos luminosos como del seno de las aguas,
discurren en procesión inagotable por la vida y la brisa.
Hoy regresan los muertos advertidos y mustios
sobre la arena insomne. Son los dueños del tiempo,
su ropaje trasluce lunas. Su voz, diseña el eco de la ola.

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Ciudad

Casa del Migrante pide antibióticos y oxígeno para hondureña sin piernas

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El refugio necesita antibióticos, material de curación y un concentrador de oxígeno para atender a la mujer, que perdió las piernas al intentar subir al tren conocido como “La Bestia”.

Por: Redacción

Marco Antonio Luna Aguilar, director de la Casa del Migrante, pidió el apoyo de la sociedad potosina para una migrante hondureña que perdió ambas piernas al intentar subir al tren de carga conocido como “La Bestia”, en su trayecto hacia el norte del país.

El refugio necesita antibióticos, material de curación y un concentrador de oxígeno para la mujer, que es atendida en el lugar pero cuyo tratamiento no puede completarse con los recursos disponibles.

Luna Aguilar explicó que la Casa del Migrante opera actualmente a poco más de la mitad de su capacidad, mientras el flujo de personas migrantes, principalmente de Centroamérica, va en aumento. Muchas de ellas llegan con enfermedades y heridas diversas, por lo que el dispensario médico del refugio se encuentra rebasado.

“Antibióticos, material de curación, también ahorita estamos necesitando un concentrador de oxíge no que no es fácil conseguirlo también, es una persona que lo necesita, hemos estado buscando y no hemos podido conseguirlo, ojalá que alguien pueda echarnos la mano”, dijo el sacerdote, quien compartió el teléfono de la Casa del Migrante para quien desee colaborar: 4448156225

.

Los donativos pueden entregarse a través del área de Trabajo Social del refugio, dijo Luna Aguilar, con el objetivo de evitar que la mujer adquiera una infección y de mejorar la atención de los demás enfermos que resguarda la institución.

Sobre el accidente, el director de la Casa del Migrante relató que la mujer arribó a San Luis Potosí junto con su pareja, pero al pasar el tren frente al refugio, ubicado en el barrio de Tlaxcala de la capital potosina, solo el hombre logró subir. Ella cayó y perdió ambas piernas.

Desde entonces la pareja se separó y la migrante hondureña permanece sola, atendida únicamente por la caridad del refugio católico.

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El Cronopio

Orgullo de la física potosina, José Luis Morán López | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Con un total de catorce concursos individuales en ciencias y matemáticas se realizó la versión 2026 del Fis-Mat, el XLVII Concurso Regional “Pauling” de Física y Matemáticas, que este año está dedicado al Dr. José Luis Morán López, como un reconocimiento a su destacada labor en el área de la física.

Morán López es uno de los más importantes científicos potosinos, pilar para el desarrollo de la física en San Luis Potosí realizando un destacado trabajo de investigación en física, tan relevante, que obtuvo en 1996 el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de ciencias exactas y naturales, además de un importante número de los más importantes reconocimientos a nivel nacional e internacional. Obtuvo también el Premio Nacional de Ciencias que otorga la Academia Mexicana de Ciencias.

Los Premios Nacionales de Ciencias y Artes que otorga el Gobierno de México es el máximo reconocimiento que se da a científicos y artistas mexicanos y se entrega desde 1944. A lo largo de sus setenta y seis años solo dos potosinos se han hecho merecedores al Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de ciencias exactas y naturales, uno de ellos José Luis Morán López nacido en Charcas, San Luis Potosí, en 1950.

Morán López estudió física en la entonces Escuela de Física de la UASLP y realizó sus estudios de maestría en el Centro de Investigación y Estudios Avanzados, CINVESTAV, partiendo posteriormente a realizar su doctorado en ciencias en la Universidad Libre de Berlín en Alemania y realizó una estancia posdoctoral en la Universidad de California, en Berkeley. Al terminar sus estudios, se incorporó como investigador en el Departamento de Física del CINVESTAV, colaborando desde 1981 con investigadores del Instituto de Física de la UASLP apareciendo en las primeras publicaciones científicas de esta institución, donde se incorporaría posteriormente de manera formal en 1986.

Ha realizado investigación en temas de física llamados de frontera, esto es, el conocimiento que se ubica en los límites del desarrollo de la investigación científica y tecnológica; lo que han dado prestancia al propio desarrollo de la física en San Luis Potosí y que la han colocado como uno de los importantes polos de desarrollo a nivel mundial.

José Luis Morán López es especialista en las áreas de física teórica, física del estado sólido y la ciencia de materiales, ha trabajado en temas de materia condensada y sus investigaciones han contribuido al desarrollo de la teoría electrónica de la segregación y de los fenómenos de orden-desorden en superficies, y de los efectos superficiales en aleaciones, han sido objeto de numerosas referencias por los especialistas del área. Su investigación actual se centra particularmente en termodinámica y las propiedades electrónicas y magnéticas de sistemas de baja dimensionalidad y en la estructura electrónica de fullerenos. Ha dirigido y fundado sociedades científicas y centros de investigación de importancia en el país, como la Sociedad Mexicana de Física y la Academia Mexicana de Ciencias

, que congrega a los científicos más destacados del país; en cuanto a instituciones destacan la creación del Instituto Potosino de Investigación en Ciencia y Tecnología, promotor de la creación del Consejo Potosino de Ciencia y Tecnología y del Museo del Meteorito.

Actualmente es investigador Titular C en la División de Materiales Avanzados del IPICYT y coordinador académico del Centro Nacional de Supercómputo cuya creación promovió. Las aportaciones de José Luis Morán López contribuyen al entendimiento de la materia y han impactado en la ciencia de materiales, principalmente en materiales magnéticos que tienen aplicación en varias áreas de la ciencia. Con su trabajo ha contribuido al progreso cultural, científico y tecnológico de México, al de sus propias instituciones y a la entidad.

José Luis Morán López es un orgullo para los potosinos y en especial para la Zona del Altiplano de San Luis Potosí. El XLVII Concurso Regional “Pauling” de Física y Matemáticas está dedicado a su trayectoria y cuya premiación a estudiantes de primaria, secundaria y preparatoria se efectuará este próximo 17 de julio en la Facultad de Ciencias de la UASLP.

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Opinión

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