diciembre 7, 2022

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#4 Tiempos

Recomendaciones del cine de Terry Gilliam | Columna de Mario Candia

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Apuntes de un cineófito

El Rey Pescador (The Fisher King. 1991) Es una película diferente, a la que el tiempo ha tratado bien. La cinta nos retrata a un hombre superficial en la gran ciudad, atormentado y roto, que conoce por casualidad a un loco maravilloso que le salva la vida. The Fisher King trata con humor y originalidad el problema de las enfermedades mentales, de los demonios que todos tenemos dentro y que luchan por salir, con los que tenemos una batalla constante para mantener la cordura. Es comprensible que haya personas que se dejen llevar y caigan en el abandono personal de la lucha por mantener a raya sus demonios. La solución que da este film, la amistad, pero sobre todo, el amor.

Las Aventuras del Barón Munchausen (The Adventures of Baron Münchausen. 1988) La imaginación al poder, efectos especiales impactantes incluso 34 años después de su estreno, surrealismo y humor al estilo de Terry Gilliam, cine de aventuras diferente, con un magnífico reparto, Uma Thurman como la diosa Venus más bella que nunca…El barón de Munchausen es un curioso personaje que vive mil y una fantásticas aventuras acompañado por sus fabulosos criados capaces de correr más rápido que la luz, escuchar los ronquidos de alguien a mil kilómetros, levantar violentos huracanes, o acertar un blanco en la otra punta del mundo. Años más tarde, cuando todo el mundo ha olvidado sus aventuras; él tiene que volver a reunir a sus criados para salvar la ciudad del ataque de sus antiguos enemigos. El principal factor de atracción de esta película es, sin duda, el divertimento que supone ver las mil y una locuras del barón, sus criados, y demás personajes que aparecen. Sin embargo, su mayor virtud es, precisamente, en las paradojas que produce contra posicionando realidad y ficción.

12 Monos (12 Monkeys. 1995) El síndrome de Casandra: dícese en psicología de la sensación de angustia que experimenta una persona que conoce de antemano lo que va a ocurrir, cuando nadie le cree. A este trastorno se ve sometido James Cole (Bruce Willis), un presidiario al que se le propone conmutar su pena a cambio de obtener información sobre las causas y el origen de propagación de un virus que devastó la humanidad en 1996. Nos hallamos ahora en un futuro que permite viajes al pasado, gracias a los avances científicos realizados bajo la superficie de la Tierra, donde residen los supervivientes de este apocalipsis. Basándose en una película francesa, Terry Gilliam nos sumerge en sus particulares visiones oníricas, surrealistas y extrañas para componer un rompecabezas confuso al principio, pero en el que acaban encajando todas sus piezas a la perfección. Además, la cinta ofrece un análisis sobre la mente humana y nos invita a una profunda reflexión acerca del comportamiento del hombre con respecto a la naturaleza y lo que le rodea, pensamiento que atormentará al propio protagonista haciéndole creer si realmente todo es una invención y ha perdido la razón.

Miedo y asco en Las Vegas (Fear and Loathing in Las Vegas. 1998) Adaptación cinematográfica fiel de la novela homónima de Hunter J. Thompson, creador del género periodístico Gonzo. Relata las aventuras del periodista y escritor, encarnado en Johnny Deep, y su abogado interpretado por Benicio del Toro, en el seguimiento de una carrera de motos en Las Vegas. Para ello llevan todo lo necesario: Dos bolsas llenas de marihuana, un salero de cocaína, un litro de éter, mezcalina, ácidos, mariguana, ron y tequila. Gilliam, quien si no, es fiel a la memoria del maestro Gonzo. La película reproduce genialmente lo que todos imaginamos cuando leemos cualquier trabajo de Hunter J. Thompson. Una genuina obra maestra.

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#4 Tiempos

Democracia mundialista | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

La copa mundial de futbol está cerrando la fase de grupos, y extrañamente, las sorpresas han comenzado.

Resultaría muy fácil culpar a las propias selecciones eliminadas de ser los que han provocado el cambio, yo me atrevo a decir que son justo lo contrario, las que han avanzado de fase las que están cambiando al futbol.

Sorpresas que equipos como Belgica, Alemania, México y Costa Rica, hayan quedado eliminados en la primera ronda, y resulta hasta increible que Japón o Marruecos sigan con vida.

Parece que el mundial es un panorama de sorpresas, sin embargo, creo que lo que sucede es que el mundial es una ventana a la democracia futbolera. Los equipos ya no pueden ganar con la camiseta, ahora hay que salir respondón para marcar el paso, jugar al tú por tú con cualquier selección, sin importar la historia o palmarés del equipo rival.

La democracia ha alcanzado al futbol y ahora cuando todos los sistemas de juego y las metodologías de prácticas se han globalizado, casi cualquiera puede jugar como cualquiera.

Esto le hace mucho bien al futbol, la idea de selecciones hegemónicas que dominen siempre al deporte, puede ir quedando en el pasado, parece que ahora las cosas pueden cambiar, por lo menos en las primeras fases del mundial.

Sin embargo, esto no durará mucho, algunas selecciones se podrán colar hasta los cuartos o incluso hasta la semifinal, pero no creo que les alcance para más, sigo siendo un fiel creyente que es muy poco probable (más no imposible) que tengamos a un nuevo campeón, creo que alguno de los 8 campeones anteriores, levantará la copa.

En fin, se viene la recta final de la competencia, donde seguramente las sorpresas serán escazas, y la continuidad tradicional prevalecerá, queda esperar y disfrutar de la aventura de las “sorpresas” de la copa, que este cambio, le da un gran respiro a lo que hemos visto en la cancha y obviamente también en la tribuna.

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#4 Tiempos

Goliardos | Columna de Julián de la Canal

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Turbas de clérigos y estudiantes ebrios recorrieron las principales ciudades europeas en los siglos XII y XIII, coincidiendo con el surgimiento de las universidades. Se les llamó goliardos. La palabra carece de origen preciso. Hedonistas y lascivos, cantaron la vida disipada que practicaban. La errancia fue su modo de vida, bizarra existencia que hizo de los caminos albergue preferente. Roger Bartra los relaciona con el salvaje en su acepción de milites silvani: “había una especie de clerecía marginal, los goliardos, que llevaban una vida disipada y errante, que celebraba con su música y sus versos jocosos la vida erótica, el juego y la bebida”. Destacaron por sus poesías mordaces. Anónimas habitualmente, esas composiciones refieren un modus vivendi escandaloso y desquiciado. Sus sátiras se dirigían a autoridades civiles y eclesiásticas que les valieron diferentes condenas conciliares. Jacques Le Goff los califica “extraño grupo de intelectuales”. Dado su anonimato, pervivieron en leyendas y tradiciones antes que estrictamente en la verdad de los testimonios. Con todo dejaron un conjunto de poesías tituladas Carmina Burana o Cánticos de Beuern, reunidas en el manuscrito de Benediktbeuern, sobre los que Carl Orff compuso la cantata homónima entre 1935 y 1936. Los goliardos fueron llamados bufones y vagabundos. Su nomadismo privilegió los centros urbanos hasta constituirse en una intelligentsia disidente. Su objeto era escandalizar al statu quo a lo que se añadía la imposibilidad de ubicarlos en una sociedad rigurosamente estamental. Recibieron en algunos casos el nombre de joculator o juglar, término referido a alguien que representaba una amenaza para la sociedad. Coinciden con otros dos movimientos: el gibelino, crítico del papado inmiscuido en las cosas temporales, y el moralizador que sancionaba el interés mundano de altos cargos eclesiásticos. Entre las poesías goliardas, sobresale “In taberna quando sumus” (“Cuando estamos en la taberna”), elogio del alcohol brindado a la sociedad:

Bibit hera, bibit herus
bibit miles, bibit clerus
bibit ille, bibit illa
Bibit servus cum ancilla
Bibit velox, bibit piger
Bibit albus, bibit niger
Bibit constans, bibit vagus
Bibit rudis, bibit magus
Bebe la señora, bebe el señor,

bebe el soldado, bebe el cura,

bebe el hombre, bebe la mujer,

bebe el siervo con la criada,

bebe el rápido, bebe el lento,

bebe el blanco, bebe el negro,

bebe el perseverante, bebe el vago,

bebe el ignorante, bebe el sabio

 

El espíritu goliardo irrumpió inopinadamente en François Villon (1431-1463), poeta de vida marginal, involucrado en robos y crímenes, considerado antecedente de la poesía maldita formulada por Paul Verlaine en Les poètes maudits (1884). Autor de diferentes obras, el siglo antepasado rehabilitó con fervor su “Ballade des pendus” (“Balada de los ahorcados”):

La pluye nous a débuez et lavez,

Et le soleil desséchez et noirciz:

Pies, corbeaulx nous ont les yeulx cavez

Et arraché la barbe et les sourciz.
Jamais nul temps nous ne sommes assis;
Puis ca, puis là, comme le vent varie,
A son plaisir sans cesser nous charie,
Plus becquetez d’oiseaulx que dez à

            [couldre.

Ne soyez donc de nostre confrarie;
Mais priez Dieu que tous nous vueille            [absouldre!

La lluvia nos ha colocado y lavado;

el sol nos desecó y ennegreció el tronco.

Nos arrancaron la barba y las cejas

urracas y cuervos, y nos cavaron los ojos.

Nunca jamás, ni un instante, pudimos            [sentarnos:

aquí y allá nos mecimos, según los antojos

del viento, que nos arrastra sin cesar,

en tanto los pájaros nos picotean más que            [al sorgo.

De nuestra cofradía no sea, por favor, [nadie:

¡y rogad a Dios que nos absuelva a todos!

 

No fue casual la exhumación de Villon y de la poesía goliarda en el XIX, siglo de la bohemia mistificada por Henri Murger en Scènes de la vie Boheme (1851). La bohemia no es únicamente desorden de vida o nostalgia de ese desorden, esa devoción oxidada por determinada música apelmazada en la memoria de una extinta juventud acompañada con una copa mediada de Merlot; o ese fervor adolescente hacia la noche alumbrada a media luz por lámparas afiligranadas art nouveau; o las reuniones en torno a un calefactor a leña de hierro fundido cuyo rojo crepitar evoca lo que nunca pudo ser de ninguna manera. La bohemia no es ademán anacrónico y extraviado, sino actitud de fondo. Reducida a gestualidad, deviene solo sórdida parodia. En algunos, es ante todo rebeldía y disidencia intelectual frente al orden establecido cuando ese orden es habitual gatopardismo. El desorden como orden de repuesto.

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#4 Tiempos

Recomendaciones del cine de la Álex de Iglesia | Columna de Mario Candia

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APUNTES DE UN CINEÓFITO

 

El día de la Bestia (1995) Álex de la Iglesia demuestra con esta película ser uno de los mejores directores españoles de la actualidad, su cine se basa en el poder de la imaginación, la desbordante mezcla de fantasía y realidad, un cine teñido por un hálito de surrealismo magistral. En esta película en concreto, nos encontramos con un cura que consigue averiguar la fecha del nacimiento del Anticristo, pero no el emplazamiento, lo que da lugar a una hilarante carrera contrarreloj en la que contará con la ayuda de un metalero satánico y un farsante de la televisión dedicado al esoterismo y ocultismo. Un argumento genial, llevado de forma única por de la Iglesia y el genial elenco, destacando Álex Angulo y el actor revelación en ese momento Santiago Segura. Si a eso le sumamos una banda sonora extraordinario, nos sale una película redonda. Y es que esto es lo que necesita el cine en la actualidad, imaginación.

 

La Comunidad (2000)  La película es probablemente no sólo la mejor de Álex de la Iglesia, sino también una obra maestra del thriller hecho en España. La tensión es asfixiante, sobre todo en toda la secuencia final o en la sorprendente escena en que los vecinos entran en casa del personaje de una espectacular Carmen Maura pretendiendo que ella no se entere. De la Iglesia consigue, como siempre, esa mezcla de humor y turbiedad o en otras palabras, un humor negro de altura, para pintar este divertido y macabro fresco de la codicia humana y de lo que se es capaz de hacer por ella. Si a todo esto sumamos a dos villanos absolutamente inolvidables y estremecedores como a los que dan vida Emilio Gutiérrez Caba y Terele Pávez, el resultado es una de las películas más recomendables, salvajes y brillantes del cine español.

 

Muertos de Risa (1999)  Comedia disparatada, deliberadamente excesiva, entre lo irónico y lo patético. Es la historia de Nino y Bruno (Santiago Segura y Gran Wyoming) que se conocieron en la Andalucía profunda, en un club de mala muerte, un cazatalentos (Álex Angulo) los subió a un escenario y descubrieron cómo las bofetadas que le propinaba Bruno a Nino, ejercían una extraña atracción en el público. Pero tras el telón del éxito se esconde una rivalidad, una corriente de odio recíproco que irá carcomiendo esas personalidades narcisistas hasta la paranoia más delirante. Una relación de odio enfermizo basada en el resentimiento y la malsana competencia que acaba en una dantesca espiral de vendettas personales. Y lo más curioso del asunto es que cuanto más se odian, más ríe la gente. Una feroz crítica a la naturaleza cruel de hombre.

 

Crimen Ferpecto (2004) Brutal y muy divertida mezcla de comedia, drama y thriller criminal, con un final absolutamente apoteósico y muy sarcástico en la plaza de Callao de Madrid. Una buena comedia negra desarrollada en el inicialmente idílico, finalmente terrorífico escenario de unos grandes almacenes, lo cual le da pie al cineasta a desarrollar una parodia tan exagerada y sórdida, acerca de la fiebre consumista y del arribismo a cualquier precio como moderna profesión, pero también muy especialmente al culto a la imagen y al físico como requisito imprescindible de todo triunfador que se precie. Imprescindible.

 

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Opinión