enero 31, 2026

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#4 Tiempos

¿Qué dijo de Gabo? | Apuntes de Jorge Saldaña (3 de junio de 2020)

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“Todo el mundo dice Gabo esto, Gabo lo otro, pero nadie dice: vamos a rezar por esto o vamos a rezar por lo otro…” No imagino otro escenario más oportuno para recordar esa frase del Reverendo Alegría en la serie de los Simpson.

Gabriel Alan Salazar Soto es la figura en la picota local del momento. Es el Gabo potosino, es un personaje que aunque no es de ficción, se asemeja mucho al muñeco de ventriloquía que destronó a un payaso en la divertida serie de los personajes amarillos. 

Hablar del payaso local destronado será cuestión para otra columna, pues además son amigos (si bien dicen que los burros se juntan para rascarse)

Gabo, el local, también parece tener a alguien detrás que lo maneja, que mueve sus manos y finge su voz, de otra forma no se explica la súbita inserción de un personaje de tan turbio y asqueroso pasado, en los círculos sociales y políticos potosinos de los que “alguien” le permitió aprovecharse (por lo menos así se le señala). Alguien lo introdujo, y el Gabo se las… (ya se me olvidó).

Que conste que por asqueroso pasado no me refiero a sus carencias, ni a su origen, ni a ninguna otra circunstancia victimizadora que vende como historia de telenovela llorona en sus videos inspira bobos. 

Nadie le juzga por eso ni por sus cansancios o por los trabajos u oficios que desempeñó en su vida. Se le señala por lo que es de interés público y que se podría separar en tres vertientes:

Primero habría que preguntarse sobre el misterioso origen del capital “semilla” al que hace no más de tres años, cuando empezó a constituir empresas a diestra y siniestra, tuvo acceso el Gabo para construir una infraestructura (ahora se sabe que es más efímera y endeble que una pompa de jabón) inicial. 

¿De dónde salió? Nadie en su sano juicio cree el casi heroico cuento de las enchiladas de oro que vendía con el sudor de su frente, en cambio pocos conocen (y esto no lo platica en ningún video) que fue el “contador creativo” de un sujeto de impresentables antecedentes en la Huasteca Potosina, ligado a deplorables asuntos pero también (qué casualidad) ligado a entonces funcionarios encumbrados en el sistema de Seguridad Pública del estado.

De ahí se hizo Gabo, de ahí brotaron las empresas necesarias para, digamos, “circular” el dinero. 

Por si fuera poco, sus conexiones inconfesables le alcanzaron para brincar de administración y de la noche a la mañana convertirse en uno de los proveedores consentidos de la Secretaría de Salud (ligada también por cierto a personajes de autoridad policíaca de élite insertos en la nómina estatal que trabajaron en la Huasteca hace algunos años) y se le abrieran las puertas para facturar por aquí y por allá sus servicios en diversas dependencias y ámbitos de gobierno.

Eso no sale en ningún video ¿o yo me lo perdí?

Esa es la segunda vertiente del tema, la investigación y cruces entre las empresas de Gabo, la propia persona física y otros negocios fantasma con varias dependencias, la está trabajando la organización Ciudadanos Observando, que a la fecha ha presentado extraordinarios hallazgos y avances.

Aunque el Secretario General de Gobierno, Alejandro Leal Tovías, justifique el actuar de la secretaria de Salud, Monilili Rangel y le parezca poco el monto de casi 65 millones de pesos pagados al autodenominado “influencer” y gurú de cuarta en tan solo dos años, no hay excusa para que la Auditoría Superior de la Federación intervenga, como ya lo han exigido muchas voces, sobre todo por los movimientos extraordinarios en los que se le pagaba al Gabo facturas millonarias el mismo día en que se expedían. 

Cuanta belleza ¿no? Marioneta afortunada, ¿quién será tu manejador?

Por último pero no menos importante, está el asunto del fraude a sus inversores como las deudas acumuladas con sus acreedores. 

¿Con qué va a pagar Gabo? Muy alerta deberán estar todos aquellos defraudados porque las casas no son propias, el rancho no lo ha pagado, los carros eran rentados, los terrenos se adeudan, el restaurante quebró y ninguna de las empresas está generando dinero (hasta la Secretaría de Salud los corrió).

¿Qué va a liquidar Gabo si nada le pertenece ni le perteneció nunca? Y más importante, si manejó el dinero de los socios (sus estados financieros que compartía consignaban más de 250 millones de pesos en las cuentas), además obtuvo contratos multimillonarios del gobierno (69 mdp por lo menos) y manejó según algunas versiones cuentas de dudosa procedencia. ¿En dónde carajos está el dinero?

El “empresario, millonario y filántropo” (tiembla de miedo Tony Stark), resultó ser solamente un títere de trapo y madera hueca.

“Qué risa cuando les pasa”, diría Kent Brockman -también de los Simpson- al respecto.

Me despido como siempre recordándole que un Do Bemol no es lo mismo que un Sí, sostenido. Hasta mañana.

Jorge Saldaña
@jfsh007

También lee: Bemoles | Apuntes de Jorge Saldaña (2 de junio de 2020)

#4 Tiempos

Una prueba de carácter | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

Por: Redacción

El partido de este fin de semana entre Atlético de San Luis y Chivas no es uno más en el calendario. Llega en un momento donde ambos equipos necesitan algo más que puntos: necesitan convicción. En una liga que castiga la duda y premia la determinación, este duelo se presenta como un examen incómodo, de esos que no se aprueban solo con intención.

San Luis llega con la sensación de haber entendido, por fin, cómo competir mejor en su propia narrativa. No es un equipo espectacular, pero sí uno que ha aprendido a sostenerse, a incomodar y a no regalar partidos. En casa, el exAlfonso Lastras y ahora llamado Libertad Financiera, suele convertirse en un escenario exigente para cualquiera, y este encuentro no será la excepción. San Luis sabe que estos partidos son los que construyen temporadas: vencer a un histórico no solo suma en la tabla, también fortalece el discurso interno y ojo aquí, que en su casa, las Chivas solo han podido vencerlo una vez.

Del otro lado aparece superlider Guadalajara, siempre cargando con el peso de su nombre. El Deportivo llega a este compromiso envuelto en la presión habitual que lo acompaña: la obligación de ganar incluso cuando el funcionamiento no termina de convencer. Chivas ha mostrado destellos, pero también lagunas que lo hacen vulnerable, especialmente cuando se enfrenta a equipos ordenados, intensos y sin complejos, justo el perfil que suele adoptar San Luis.

El choque promete ser más táctico que vistoso. San Luis buscará cerrar espacios, obligar a Chivas a jugar incómodo y capitalizar cualquier error. Guadalajara, en cambio, intentará imponer ritmo, pero deberá hacerlo con paciencia, porque la desesperación suele ser su peor enemiga

. Aquí, el partido puede definirse en detalles mínimos: una pelota parada, una distracción defensiva o una decisión tardía.

Hay, además, un componente emocional que no se puede ignorar. Para San Luis, ganarle a Chivas representa confirmar que su proyecto es capaz de competir contra cualquiera. Para Chivas, perder sería otro golpe a una confianza que se recompone con dificultad. En ese cruce de necesidades, el margen de error se reduce al mínimo.

Este tipo de partidos rara vez se recuerdan por su belleza. Se recuerdan por lo que provocan después. Una victoria puede impulsar a San Luis hacia una recta más tranquila; una derrota puede volver a colocar a Chivas bajo el reflector de la crítica. El empate, en cambio, dejaría a ambos con la incómoda sensación de haber dejado algo en el camino.

El fin de semana pondrá frente a frente a dos equipos con realidades distintas, pero con una urgencia compartida: demostrar que pueden sostener una idea cuando el calendario empieza. En la Liga MX no siempre gana el que juega mejor; suele ganar el que entiende mejor el momento.

San Luis y Chivas están justo ahí, frente a un partido que no promete fuegos artificiales, pero sí consecuencias. Y en este torneo, eso suele ser mucho más importante.

También lee: Dos partidos, tres puntos | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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El Cronopio

El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado hubo un importante movimiento editorial en San Luis Potosí dirigido por un selecto grupo de intelectuales preocupados por la cultura potosina; así aparecieron revistas como Estilo, Letras Potosinas, Cuadrante, Jueves Literarios, Revista de la Facultad de Humanidades, Archivos de Historia Potosina, entre otros, que recogieron importantes escritos culturales y que dieron vida a libros de importancia histórica local, como la memoria de Francisco Estrada padre, titulada Recuerdos de mi Vida y el libro conmemorativo por el centenario del Himno Nacional, publicados en los cincuenta a través de la UASLP.

En 1954 se publicaría el libro Vida y Obra de Francisco González Bocanegra con motivo del centenario del Himno Nacional, de la pluma del padre Dr. Joaquín Antonio Peñaloza, que participaba en algunas de las revistas y publicaciones mencionadas. En 1998 se editaría la segunda edición de este libro, ahora dentro del marco de festejos por el setenta y cinco aniversario de la autonomía universitaria, edición que estuvo a cargo de Jesús Rivera Espinosa y del propio padre Peñaloza. Esta edición agregaba otros poemas inéditos recopilados en ese periodo entre los cincuenta y los noventa.

El libro mencionado es uno de los mejores esfuerzos por difundir la obra de González Bocanegra y aún puede conseguirse en la Librería Universitaria de la UASLP a costo bajo, pues debe de andar en la friolera de ochenta y cinco pesos. Una buena forma de conocer a este personaje y disfrutar sus poemas y escritos realizados principalmente en la década de los cincuenta decimonónicos.

González Bocanegra vivió treinta y siete años, muriendo en 1861 sobreviviéndole su esposa y dos de sus hijas, una de ellas tomaría los hábitos y otra se casaría dejando descendencia del insigne poeta. En el libro el padre Peñaloza repasa la vida del poeta desde su nacimiento en San Luis Potosí, el destierro voluntario de su familia a Cádiz en España debida a la expulsión de españoles del país al formarse la República, su regreso a San Luis y su partida a la ciudad de México donde comenzaría su obra literaria. El padre Peñaloza divide su vida de acuerdo con sus aportaciones literarias, así nos habla de su faceta de poeta, de orador, de dramaturgo, de funcionario público, de narrador

, entre otros; además de su etapa de vida en San Luis Potosí.

El libro recoge, además, la recopilación de su obra, con sus poemas, sus escritos, sus ensayos, sus reportes como censor de obra de teatro. De esta forma es una buena forma de conocer la obra de este potosino que trasciende en el mundo de las letras al ser el autor de la letra del Himno Nacional, uno de los mejores poemas cívicos creados a nivel mundial.

Su estatua, retirada de la glorieta que lleva o llevaba su nombre, ya no sé, ha quedado relegada a un costado de la glorieta un tanto perdida, como ahora es la obra de González Bocanegra que es poco a nada conocida, al igual que la relegación de la estatua a Manuel José Othón otros de los importantes hombres de letras que colocan a San Luis en la historia de las letras mexicanas.

Así que, hágase de este libro, si no lo ve en las estanterías, solicítelo a ver si lo sacan de las bodegas de la librería universitaria.

Ante la ausencia de homenajes en los aniversarios de su nacimiento, como sucedió hace dos años que se cumplieron doscientos años de su natalicio el 8 de enero, el mejor homenaje que podemos hacer a este ilustre potosino es mantener su obra viva a través de la lectura.

También lee: Pedro Miramontes Vidal y su faceta de escritor científico | Columna de J. R. Martínez/Dr. Flash

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#4 Tiempos

La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.

Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.

En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.

Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.

Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.

Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.

Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.

Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.

Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.

Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.

«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.

 

Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud

Lee también: Otro año de mi vida | Columna de Carlos López Medrano

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