octubre 30, 2026

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#4 Tiempos

Que cada quién cargue sus cubetas | Columna de Jorge Saldaña

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TERCERA LLAMADA

 

Para retratar la forma en que las autoridades de San Luis están abordando el tema de la crisis hídrica, una buena sugerencia sería una foto en la que aparezcan juntos el gobernador Gallardo, el alcalde Galindo y el rector de la Universidad Autónoma, Zermeño, disparándose como niños chisguetes con pistolas de agua. Todos contra todos.

Lo malo es que no son niños, son adultos con las más altas responsabilidades, y en su juego de mojarse para ver quién deja más salpicado al otro, se les van a evaporar los chisguetes, la ciudad, la gobernabilidad y la credibilidad centenaria. Los calores están fuertes.

Olvidan los juguetones que la escasez de un recurso tan básico no tiene culpables, al menos vivos, que tengan nombre y apellido y es absurdo disparar en ese sentido.

Se les escurre a los juguetones que buscar en el de enfrente y señalarlo como responsable de la crisis, no es una medida que genere espontáneamente el líquido.

O que el intercambio de “Boletinazos” entre los palacios, no arregla una válvula, ni prende un pozo.

Poner a cuestionables empresarios convertidos en presidentes de cámaras y a diputados federales en una esgrima declarativa contra senadoras, síndicos y líderes de partidos, no da agua para lavar los trastes.

En el torbellino del día a día, pierden de vista que el plan emergente, los estudios y hasta las voces e ideas contrarias al respecto, deberán ser avaladas genuina y exclusivamente por los ciudadanos cuando vean resuelto el problema junto a sus grifos dando agua y no antes.

Querer ganar la percepción desde ahora, es como querer anunciar el marcador final antes de los penalties.

En el mismo sentido va eso de tomar la postura de la UASLP, queriendo adornarse diciendo que tienen la solución en las manos a través de la evolución, reedición y elaboración de estudios especializados que han realizado tanto por décadas que recientemente.

Qué bueno que la tengan, pero sacar su última versión a la luz cuatro meses después de que se planteó y se socializó al máximo el problema “E-mer-gen-te” de 2023 pues…

Eso parece además de pomposo y trasnochado, francamente irrelevante para resolver la urgencia, la del diario, la de unas 100 mil casas.

Cierto y comprobable que la universidad lleva 55 años haciendo contribuciones de altísimo valor para la sociedad en el tema del agua.

Y ni se duda ni se regatea un solo renglón de lo presentado públicamente el lunes por el multidisciplinario y experto Grupo Universitario del Agua.

Tampoco se pone en tela de juicio que la sectorización propuesta como solución a mediano plazo reduciría en un 15 por ciento el desperdicio de tan valioso recurso.

Mucho menos se duda que el agua que extraerán de pozos que hoy se encuentran en proceso de excavación, puedan presentar niveles de contaminación, pero… ¿Por qué no lo dijeron antes como para encontrar mejores zonas de mantos acuíferos?

También es justo decir que es fehaciente, real y contundente lo que expuso la Máxima Casa de Estudios al respecto, y es que históricamente los gobiernos municipales (únicos responsables y ejecutores) habían sido de plano socarrones, necios, corruptos, ignorantes, omisos o todas las anteriores con las contribuciones universitarias, sin embargo, aunque en el pasado hayan sido relegadas sus investigaciones, la responsabilidad social le obliga a la UASLP seguir elaborándolas y entregándolas, así como lo hicieron, a toda la sociedad con generosidad genuina. La soberbia institucional y la actitud de púlpito inatacable ¿en qué es útil?

Las medallas, los abucheos o los aplausos son lo de menos, y en todo caso, la sociedad siempre ha reconocido y reconocerá la contribución académica al mismo tiempo que condena severamente a los gobiernos que han sido omisos.

Por cierto un breve paréntesis: consta que fue caprichoso y enteramente casual que empatara el día de la presentación universitaria con la llegada del “día cero”, y la mejor prueba está en que ni unos ni otros tenían cómo saber la fecha de la llegada del oficio de la Conagua anunciando el día en que acabaría el bombeo.

En resumen y en economía: agua no hay, la que hay está contaminada, el Realito tomará meses para que vuelva a bombear el recurso y eso ni siquiera es el principal o único problema.

El recurso vital (odiosos lugares comunes) sufre de una pésima e histórica distribución, la red desperdicia, el agua tampoco tiene las mejores condiciones químicas para su consumo, la extracción, venta, tratamiento y desigualdad de acceso para unos y otros ciudadanos es patética y en el colmo, tomarla sin filtrar hasta esta bajando la capacidad intelectual de los niños, asunto gravísimo.

Mientras tanto, las estrategias del Ejecutivo, el gobierno municipal y la UASLP parecen jalar cada una por su lado (todas válidas, pero inconexas unas con otras).

¿Qué hacer? Pues que agarre cada quién sus cubetas, pero las acarreen para el mismo sitio.

Las soluciones académicas presentadas no están presupuestadas financieramente y aunque viables y deseables, no responden a la urgencia de poner agua en las casas de los potosinos ya, mañana.

Sus soluciones implican meses y meses, quizás más de los ocho meses que durará la reparación de la fallida presa y más de lo que tome al municipio sortear el álgido momento hasta recuperar los más de 460 litros por segundos ausentes (Y ya llevan poco más de la mitad recuperados en compensación).

Tampoco parece buen momento, en términos de solución social, que se fomente y genere un clima de enfrentamiento entre las autoridades.

Eso de nada y a nadie sirve.

Borrar a un probable rival político aprovechando un escenario de escasez líquida puede ser estratégico y rentable políticamente, pero saldrá carísimo el pleito porque en si mismo no abona a la tranquilidad y paz social que esta administración estatal ha logrado.

Tomemos en cuenta que la falta de absoluta de agua sí saca a la gente a las calles y paraliza la ciudad. Nadie desea ese escenario, ni resuelve el qué ponerle a la lavadora para asear la ropa, abre la regadera o llena el tanque de la taza del baño.

Es momento de dar golpes de timón y, por lo menos mientras dura la contingencia hídrica, cancelar todo pago de la CEA a Aquos El Realito.

Ni modo, hasta que la Conagua termine la reparación y hasta que Aqualia repare o de plano haga otro acueducto, no se contemple regresar al abusivo contrato. Cortar con la empresa solamente está en manos de gobierno a través de la CEA y del gobierno federal depende en exclusiva la reparación a la presa.

Tampoco debería Interapas en los próximos meses pagar un solo centavo a Aqualia sencillamente porque no se recibirá ni un litro.

Mientras tanto la clase empresarial (que parece estar poco más que extraviada) sus los líderes patronales, industriales y comerciales, podrían aportar mucho más que opiniones empapadas de babas.

Podrían por ejemplo empezar por pagar el agua que deben, esa que usan para sus procesos productivos, la que usan y no está tratada porque les sale más cara, esa que extraen de sus pozos que no comparten o de plano la que disfrutan simplemente porque los gobiernos anteriores les han condonado graciosamente los recibos.

Los ciudadanos y vecinos todos, tanto los que vivimos en las 59 colonias en las que se repartirán pipas cada cuatro días en diferentes horarios, como los que estamos conectados a la red, tenemos que ser conscientes del uso medido y restringido mientras dure la emergencia.

Los clubes sociales como el Deportivo, La Loma, Club de Golf, Campestre de Golf, Club dos mil y otros que tienen pozo, deben voluntariamente durante la crisis, compartir el beneficio de sus concesiones con todos los potosinos e inyectar de su recurso prestado a la red de toda la ciudad, misma de la que han obtenido tantos y tantos beneficios, de lo contrario, enfrentarse a la requisa que no es otra cosa que se les obligue a hacerlo advertidos que de negarse, podrían perder por completo la concesión, su permiso, su privilegio.

Si alguien tiene hoy las puertas abiertas con el presidente y su gabinete federal así como con las cámaras de diputados, y con casi todas las dependencias involucradas, es Ricardo Gallardo.

Si alguien tiene relaciones y comunicación directa con los poderes en la capital del país y el extranjero construidas durante su trayectoria profesional, es Enrique Galindo.

Sí alguien es reconocido, querido y muy altamente respetado en la comunidad académica nacional se llama Alejandro Zermeño.

¿Por qué en lugar de dispararse chisguetes de agua con pistolas de juguete no unen esas capacidades de gestión? No en beneficio de sus trayectorias, ni de sus futuros, sino en beneficio de la ciudad y el de las próximas generaciones. (Ya quieran poquito a la ciudad no?)

Algo que los une es que los tres reconocen el agua como derecho humano, pero igualmente deberían reconocer un poco su responsabilidad y comportarse como estadistas en la oportunidad que tienen para hacerlo y jueguen aunque sea por una vez, en equipo.

Para terminar, y en la feroz ignorancia de quien esto escribe así como mi conocida ausencia de sentido común, solo diré que así como un deseo, me hubiera gustado ver que el gobierno estatal, municipal, la universidad, los tres poderes, todos los alcaldes de la Zona Metropolitana, las cámaras empresariales, los industriales y la sociedad civil contemplaran hacer un pacto:

Un convenio de todos, en el que se resuelva a través del plan emergente municipal la urgencia de todos los días, pero al mismo tiempo se buscase con entidades nacionales e internacionales, civiles y públicas, los recursos, los 3 mil o 5 mil millones que hacen falta para resolver el problema de fondo, en el corto, en el mediano y en el largo plazo.

Un pacto temporal en el que los mejores técnicos universitarios honorariamente se aboquen a trabajar como funcionarios del organismo intermunicipal para asesorar en el campo y todos los días tanto el plan inmediato como en la planeación y ejecución de su plan multidisciplinario.

Un plan en el que, por voluntad (y si no por decreto) los que tienen agua concesionada la sumen a los que no tienen y se recuperen mucho más pronto los litros perdidos.

Un acuerdo amplio en el que se plantee la reestructura del Interapas, se integre al resto de los municipios o de plano se desintegre el organismo, pero mientras tanto, se le apoye para contener y enfrentar el acarreo de agua por colonia y por horarios, se acelere la perforación, se ubiquen nuevos y mejores lugares de extracción y se consiga el recurso suficiente para pagar a los ejidatarios los espacios de las presas jamás concluidas de El Palmarito y Las Escobas que tanta falta hacen.

Que funcione El Morro, que sea autosuficiente financieramente Tanque Tenorio, que se rehabiliten las plantas tratadoras, que se exija a los desarrolladores usar y tratar el agua en cada proyecto y por ley la industria solamente use agua tratada.

¿Será muy difícil aún unir todos esos esfuerzos?

Las autoridades, todas, llaman a la solidaridad de los ciudadanos. ¿Por qué no empiezan a ser solidarios entre ustedes?

A nadie vendría mal dar ejemplo nacional de tres buenos estadistas emprendiendo una acción conjunta, responsable y de enorme valor e impacto social del más grande nivel.

Agarren…agarrémos pues, cada quién nuestra cubeta.

Quiero terminar esta entrega, Culto Público, con un cuento, uno muy corto y de trágico e inesperado final:

Uno que relata la historia de tres niños que se encontraron un perro deshidratado. El primero quiere darle agua de la llave y de inmediato, el segundo lo criticó porque el agua no está limpia y presume de tener la solución, pero en su casa que está lejos, y que además quitará la sed del perro en unos meses (porque así debe ser según él). El tercer personaje les hace ver a ambos lo equivocado que están, les propone ayuda, unas jarras de agua grandes y hasta medidas contra la deshidratación de los perros permanentes, siempre y cuando solo lo haga él y los demás se hacen un lado, lo que también llevaría tiempo.

¿Cómo acabó la historia?

No lo sé, porque mientras se pusieron de acuerdo los niños, el perro se les murió de sed.

Hasta la próxima.

Atentamente:

Jorge Saldaña

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Acento Ajeno

La alcancía sin fondo de Margarito | Columna de Haniel Valdés

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ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

Dice Shakira, “tiene nombre de persona buena, claramente no es como suena”. Nombre de flor, pero actuar de mala hierba. Mientras el Estado amplía las rutas gratuitas y de calidad, para los potosinos, las empresas que operan el otro, el caro y de pésima calidad, dicen que no les alcanza y necesitan duplicar el precio del pasaje.

Margarito Terán, representante del sector camionero, que nunca ha usado el transporte público para moverse, solo para llenar sus bolsillos, por eso no sabe el pésimo servicio que prestan, pide tarifa récord y dinero público sin explicar qué pasó con el aumento de este año ni con los camiones nuevos que el Estado ya entregó al sector.

En enero, Margarito Terán pidió subir el pasaje de 12.50 a 15 pesos. El Estado le autorizó 13.50. Nueve meses después vuelve con una cifra que ya no es petición sino ultimátum: 23 pesos por viaje, 2,797 millones del erario y la amenaza de que el sistema “va a colapsar por inercia”.

Veintitrés pesos son 70% más que la tarifa vigente y 53% más que los 15 que el propio Terán decía indispensables hace diez meses. Si 15 eran la salvación en enero, ¿qué cambió para que ahora cueste ocho pesos más?

Hay un dato que Terán omite. Ese mismo enero, el 12, el gobernador Ricardo Gallardo entregó 100 camiones nuevos con una inversión de 266 millones de pesos en financiamientos. Son 2.66 millones por unidad. Al ritmo de ese precio, renovar las 768 unidades de la iniciativa costaría unos 2,043 millones. Faltarían casi 750 millones para llegar a los 2,797 que piden. El resto cubriría déficits de operación, un margen de 15% de utilidad para los concesionarios y las pérdidas de la pandemia. Es decir: dinero público para garantizarles ganancia.

Tampoco está claro qué pasó con los camiones ya entregados. El Gobierno presumió 100 en enero; en octubre, la SCT habló ante el Congreso de “más de 70 unidades urbanas” renovadas. Nadie ha dicho cuántos circulan, en qué rutas ni quién paga el financiamiento. Antes de pedir más, habría que rendir cuentas de lo que ya se dio.

Yo, usuario del transporte público de la capital, debo ser un desafortunado, solo una vez subí a una unidad de las nuevas, al parecer las rutas 53, 21, 30, 27, 10 y 5, que son las que utilizo con frecuencia, no recibieron la dicha de contar con los nuevos camiones, porque he conocido autos clásicos más modernos que los camiones que suelen llevarme por la ciudad.

La flota vieja no es una sorpresa. Terán dice que 882 unidades

ya debieron salir de circulación. La Ley de Transporte Público no permite camiones de más de 10 años, y renovarlos es obligación de quien tiene la concesión, no del usuario. En 2015 el padrón registraba mil 174 unidades; hoy hay mil 203. Once años después, el parque casi no creció, y tampoco se renovó. Y en mayo, el propio Terán reconoció que de mil 200 unidades autorizadas solo circulaban unas 800.

Hay una concentración que pesa. Cuatro empresas controlan 36% del padrón y diez, 61%. El dinero público llegaría sobre todo a quienes ya tienen más peso. Una de ellas, Tangamanga, enfrenta una denuncia de Ciudadanos Observando por mantener suspendidas tres rutas de su concesión.

El diputado Héctor Serrano lo dijo claro: las concesiones “son potestad del Estado, no propiedad de los concesionarios”. Quien explota un bien público no puede presentarse a pedir rescate cuando el negocio le sale mal.

Terán tiene razón en algo: los costos de operar suben. Pero una industria que pide más tarifa, más subsidio y más tiempo, sin ofrecer metas, plazos ni auditoría, no pide apoyo: pide un cheque en blanco.

Los costos suben, pero el respeto a la vialidad, la buena educación y atención por los conductores de las unidades, la limpieza de las mismas y el respeto a sus horarios y paradas, disminuyen.

La SCT debería preocuparse más por velar que las unidades de transporte urbano cumplan con aquello por lo que reciben dinero público, ofrecer un transporte de calidad. Pero primero y más fácil, cerrarle la boca y pararle los pies a este señor que ya parece alcancía, solo pidiendo dinero para guardar y no para emplear en lo que se necesita. O mínimo, salir con urgencia a desmentir sus falacias y exigirle resultados.

Lo mínimo que el usuario merece antes de pagar un peso más es saber cuántos de los 100 camiones nuevos circulan, un plan de renovación con fechas, rutas que realmente operen y cuentas abiertas sobre qué se hizo con el aumento de este año. Sin eso, los 23 pesos no son un precio. Son una factura sin desglose.

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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