agosto 3, 2021

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#4 Tiempos

Los infiernillos de gobierno y el beso del diablo | Columna de Óscar Esquivel

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Columna Óscar Esquivel

Desafinando

Olvidar para crecer, quedarnos como estamos

 

Lo que alguna vez fue nuestro, podría volver a serlo, es como olvidar lo que se tenga que olvidar, aun cuando los recuerdos queden sin lastimar. La palabras escritas quedan, son ideas del autor, algunas quedarán, otras se olvidarán y aquello que parezca lo que pensamos, nos quedará como aprendizaje, concordarán nuestro espíritu. Lo que es: para algunos las ideas son importantes, para otros son ridículas.

Cometeríamos un atentado contra nuestra inteligencia si todas las razones de las ideas, nos las apropiáramos. Entonces caeríamos en la confusión de no ser quienes quisiéramos ser.

Existen hombres que pretenden mover un yunque sólido de acero tan solo con la mente. Obvio, la gente lo llamará loco. En cambio, un hombre lleva cuerdas y hasta pide ayuda para mover aquella pesada mole, entonces es aplaudido y lo llamarán inteligente.

Entonces, nosotros los humanos pretendamos olvidar lo que en su momento dañó la esencia del país, causa rabia e indignación y no permite generar paz y felicidad. En sus enseñanzas,  Aristóteles mencionaba: “la más necesaria de todas las ciencias es olvidar el mal que alguna vez se aprendió”, “El olvido es señal de menosprecio, por lo tanto causa enojo”. Todas las cosas y causas son caducas, el principio y el fin se pudieran observar, si no nos aferramos a permanecer en un sitio. Olvidar eso hará que nos comportemos con un conducta digna, a cada uno se nos asigna o nos asignamos una responsabilidad en nuestro ámbito. Olvidar lo que en su momento funcionó es difícil, pero si algo dejó de enseñanza, tomémoslo, guardémosle y olvidemos la insistencia que fue lo mejor.

 

LOS INFIERNILLOS

Olvidar no significa borrar del todo el pasado, solo ayudará a replantear estrategias, pero de una cosa sí estamos seguros, en un gobierno tan complejo como el mexicano, cada sexenio tiene sus exaltaciones inyectadas por la adrenalina de alcanzar el poder, una droga que excita los sentidos y todos se creen que lo saben todo.

Andrés Manuel López Obrador llegó a cumplir lo prometido, y todo mundo se asustó. Bueno, para los más ricos: aeropuerto cancelado. Bien a bien las dudas existen del cómo o por qué, las razones solo las conocen los del poder y se cumplió. El tren maya, ¿necesario turísticamente?, digamos que sí. ¿Para la movilidad de todos?, es la duda ya que se convierte en proyecto regional: un diablillo con los Zapatistas como estorbo.

La guerra contra el huachicol: 118 inocentes palomitas que se dejaron engañar, al olor de la gasolina y al sabor del dinero. Ese es hasta ahora el resultado.

Tomas clandestinas todos los días, una fuerza pública que no se da abasto combatiendo a los ladrones de la delincuencia organizada, como también vigilando a los otros ladrones, dentro de la pulverizada Pemex, un diablo muy astuto, hábil y demoledor tiene a la petrolera mexicana al borde de un abismo.

El presidente y el equipo mantienen vigilancia continua, pero, ¿varios generales para un asunto como este?  Los operadores lentos o ignorantes no les quitan trabajo a sus jefes.

La pugna por la Guardia Nacional: ¿quienes serán los ángeles guardianes del orden y promotores de la paz?, simplemente avanza poco, mientras los demonios y ángeles de Luzbel, mantienen a raya a la población, con tanto homicidio, secuestro, trata y otros tantos inombrables delitos.

Con los infiernillos se construye el infierno mayor, los demonios que ahora se siente perseguidos se resguardaban en su infiernillo personal, donde resguardaron, repartieron y desmembraron la riqueza nacional, pero AMLO, en mi opinión debe mesurar el uso de la daga vengadora y atizar con “modo” a los infiernillos. Las consecuencias comienzan a observarse y podrían ocasionar un verdadero infierno.

Con una aceptación del 80% de la población, en su manera de llevar la política del país, ese músculo de tanto golpear podría cansarse y después resentir la contraofensiva, el poder desgasta y es muy difícil recuperarse.

 

SAN LUIS DE LOS ÁNGELES

Olvidar, a los potosinos nos cuesta mucho trabajo. Somos una sociedad reacia a cambiar, porque no olvidamos, sea para bien o para mal, evolucionamos económicamente bien en algunas regiones como la ciudad y sus alrededores, pero hacia el interior, continúa creciendo la pobreza. Más de la mitad de la población potosina es pobre. ¿Será acaso, que tenemos herencia para no olvidar? En lo político quienes nos han gobernado, con algunas excepciones provienen del linaje de los gobiernos de los años 60, las mismas caras, los mismos apellidos con los mismos resultados.

Si menciono lo económico es porque la aportación del gobierno es muy pobre, poco entusiasta y eficiente.

El gobernador Carreras anunció hace dos años la construcción del brazo del distribuidor Juárez. Con la resistencia de la sociedad, lo llevó a cabo, autorizando el proyecto más caro, con recursos que regresó la automotriz Ford y con los fondos suficientes. Hoy solo se observan trabajando ocho obreros: las constructoras no les pagan a proveedores, la obra prácticamente detenida. Se le hizo un llamado a la cordura para que ese dinero se empleara en dar solución al tramo a la Zona Industrial de la carretera 57, y ahora él mismo se lamenta su equivocada decisión.

Las noticias corrieron que fue abucheado Juan Manuel Carreras en el evento con López Obrador en el municipio de Cedral. Sí lo abuchearon y ni las manos metió, pero corren rumores que los hábiles operadores con que cuenta el gobernador, solicitaron a presidentes municipales de la región que llevaran “porra” a favor del gobernador… se cree que no hicieron su chamba.

Con el beso del diablo, se le olvidó al gobernador que para mantener al PRI en la gubernatura del estado es necesario no haber impuesto a sus mismos “diablillos políticos” ¿No tendrá el jefe político quién le informe de la situación con la militancia y líderes en los municipios? Tal vez no les guste investigar a las fuerzas vivas con que contaba el Revolucionario.

El abanico de aspirantes a la gubernatura se le abrió más a Carreras, tres de oposición y uno del PRI, el beso del diablo está dado.

Nunca olviden: el ser auténtico implica sacrificio, pero tiene sus recompensas.

Nos saludamos pronto.

 

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#4 Tiempos

Dos escritoras potosinas y sus novelas históricas | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Después que Fernández de Lizardi publicara la primera novela en latinoamericana, el periquillo sarniento, en las primeras décadas del siglo XIX, el cubano Félix Varela, considerado como uno de los padres de la patria cubana, publicaba Jicoténcal que sería la primera novela histórica escrita en español.

A partir de entonces una gran cantidad de escritores han cultivado este género histórico en su trabajo narrativo. San Luis Potosí no ha sido la excepción para este tipo de trabajo y en la actualidad contamos con un par de ejemplos de escritoras que han incursionado en este género. A Estas escritoras les une el hecho de ser mujeres, del amor a su tierra, del interés por la historia regional, su rescate y difusión y por el placer de hacer narraciones. Las potosinas en cuestión son Sonia Saucedo Aguilar y María Concepción Nava Muñiz.

Con su trabajo han puesto en escena personajes y acontecimientos históricos que desde su pluma han novelado historias de la zona media y del altiplano potosino. Así, Ciudad del Maíz y Matehuala han sido los escenarios de sus historias que recrean acontecimientos de siglos pasados.

Otra característica de estas escritoras es la ausencia de apoyos y trabajos editoriales en el estado que cobijen este tipo de esfuerzos. Lo que es una constante en nuestro medio. Así, instituciones culturales y académicas sufren de esta debilidad en el terreno editorial. Lo anterior no ha sido un obstáculo para que estas escritoras hayan publicado con su propio esfuerzo una serie de libros que las colocan en el escenario cultural del estado.

Sonia Saucedo Aguilar, quien estudió sociología y que combina sus actividades con la escritura, ha escrito una saga de amor y nobleza situada en Ciudad del Maíz, que lleva el título de “dos razas y una nobleza”. Trilogía cuyo tercer volumen, fue terminado en el año 2018. En esta historia Sonia Saucedo recrea las leyendas y tradiciones de los ricos hacendados, los indios pames, despojados de sus tierras y los italianos que fundaron la colonia en Ciudad del Maíz, en torno a la historia de amor que protagonizan Isabel Moctezuma y Aldo Ferruli, pasando lista a una serie de importantes personajes de la vida política, y militar del estado, como los descendientes del emperador Moctezuma, o Francisco Barragán que llegó a ser Presidente de la República. En el fondo el interés de la autora es dar difusión a la historia de su tierra y en especial la de los italianos que fueron despojados de sus tierras por la influyente familia de los Diez Gutiérrez. Así, en la novela podemos recorrer parte de la historia de los pames y los movimientos pre revolucionarios sucedidos en aquellas tierras potosinas.

Por su parte María Concepción Nava Muñiz, originaria de Matehuala, S.L.P., estudió arquitectura y es especialista en patrimonio cultural. Ha escrito varias obras y entre ellas algunas narraciones históricas como su más reciente libro “oro, pasión y expiación”, donde recrea la vida de Dolores Huerta Careaga, una mujer que sobresalió a las mujeres de la época, previó su solvencia económica, tuvo dos maridos ricos y conoció a Miguel Baigén, del que se enamora locamente, y del que fue capaz de pagar el peso del hombre en lingotes de oro.

Ha escrito las obras: Matehuala una ciudad que agoniza; Matehuala corazón de la guachichila. Retablos barrocos potosinos, Rutas culturales de San Luis Potosí, ciudad virreinal y decimonónica y Un prócer matehualense que habla de la vida de Zeferino Flores, que promovió obras importantes como el acueducto de Laureles a Matehuala, que aproximadamente en 1770 puso a este lugar como una de las primeras ciudades de la república mexicana que tenían agua potable. Como se aprecia en los títulos, la historia regional de Matehuala se ve reflejada en sus libros y los personajes matehualenses forman parte del protagonismo en sus más recientes libros de narrativa.

Con su trabajo estas escritoras, nos proporcionan una vía amena para conocer sobre la historia de Ciudad del Maíz y Matehuala. Felicitamos a estas mujeres emprendedoras y agradecemos el interés por la historia de sus respectivas tierras potosinas y su esfuerzo por difundirla y acercarla al público en general.

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#4 Tiempos

#Editorial | Nueve años de La Orquesta y Jorge, el reportero que puso un medio

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Por: Luis Moreno

El primero de agosto del 2012, La Orquesta arrancó operaciones: era Jorge Saldaña sentado frente al monitor de su propia computadora de casa, en una oficina prestada. En aquel momento, Jorge cumplía con esa labor, quiero suponer, como un acto de amor propio, pues las circunstancias lo habían dejado marginado del juego público como a muchos otros que creyeron en Fernando Toranzo y luego fueron traicionados.

Conocí a Jorge unos meses antes de esa primera publicación, durante una fiesta en la que luego de que nos presentaran dio una locuaz y genial explicación de por qué, gracias al desayuno, la conquista estadounidense sobre México nunca sería posible al 100%. Recuerdo de manera general el discurso, pero mejor sería que algún día Jorge lo cuente.

Así es Jorge, un loco que cae en la casilla de la genialidad y que, como a todos, a veces le gana el loco al genio.

A Jorge, la historia del periodismo potosino debe reconocerle ser un pionero de los medios indie (usando un término de la época en que nos conocimos), pues, como a él mismo le gusta decir: La Orquesta es el primer medio de comunicación que no estuvo respaldado por una gran fortuna, que no sirvió como brazo armado para resolver en la arena pública los problemas de grupo de ricos y que no se anda con la mojigatería de decirse objetivo (creo que la neutralidad es un valor sobre estimado e imposible de acercar, porque ¿quién es dueño de verdades absolutas?).

Durante estos nueve años, La Orquesta ha tenido muchas configuraciones tanto en su esquema de trabajo como en el equipo que lo ejecuta, a veces ha sido más grande y ambiciosa de lo que Jorge pudo imaginar, para luego contraerse. Personalmente, lo veo como una larguísima curva de aprendizaje que nunca va a concluir. Pero estoy seguro que todos quienes trabajamos en ella intentamos tuvimos ratos de brillantez, sacada en buena medida por convección con el talento de Jorge.

Estos vertiginosos 9 años, han servido para que La Orquesta se demuestre a sí misma que es un medio de verdad. Una supervivencia tan prolongada hoy es garantía de permanencia.

Nuestro país y San Luis Potosí, en lo particular, viven una época de cambios que nos emociona ver y narrar, hemos sido testigos de la caída de muchas falsos pilares sociales y esperamos que se derrumben otros tantos. Ahí estaremos para tratar de interpretar el por qué de las cosas.

Por lo pronto, al culto público, le agradezco su paciencia y felicito a todas y todos mis compañeros que han militado en La Orquesta, muy en especial a Jorge, el reportero que puso un medio.

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#4 Tiempos

Crónicas de un voto anulado | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

Ayer, como todos los domingos, desperté algo tarde, tomé café, leí algunas columnas y atendí mis rigurosos planes de hacer absolutamente nada por el resto del día hasta que llegara el momento de la noche en que me dispongo a escribir esta opinión.

Particularmente, el día de ayer tenía pensado no salir a votar en la consulta popular por los motivos que ya había expuesto en este espacio hace algunas semanas y por otros que se fueron sumando desde entonces. También había decidido que dedicaría estas líneas al —me parece— bobo, patriotero e injustificado linchamiento mediático que recibieron las jugadoras mexicanas de softball que dejaron en la basura parte de sus uniformes olímpicos.

Para bien o para mal, mis planes se interrumpieron cerca del mediodía, hora en que uno de mis hermanos me pidió que lo acompañara a vacunarse. Ya de vuelta a casa pasamos por enfrente de la mesa de votación de la consulta, que para sorpresa de nadie se encontraba absolutamente vacía salvo por los seis vecinos y vecinas funcionarias de casilla. Nos seguimos de largo.

Una vez en casa, con muchas preguntas y sin respuesta cierta a ninguna de ellas, sentí la inmediata necesidad de acudir a la mesa de votación y sufragar; al menos para vivirlo en carne propia y no solo a través de los testimonios de otros pocos. Decidido a participar, aún sin saber exactamente en qué sentido, me replanteé los tres posibles escenarios: votar por el «no»; votar por el «sí»; o anular mi voto.

Primero descarté votar por el «no» por razones que para este punto espero que sean obvias; quiero suponer que realmente todas y todos estamos de acuerdo en que los fenómenos de violencia, corrupción y abuso tienen que detenerse, investigarse, repararse. Aunque, claro, también me parece completamente válido y razonable votar «no» a semejante pregunta.

Descarté también votar por el «sí» porque, de nuevo, se trata de una pregunta que no tiene ni pies ni cabeza, es decir, no tiene ningún cauce procedimental definido.

También porque lo que sea que vaya a suceder después pudo haberse realizado sin la consulta y sin todos los costos que representó; la Corte lo menciona muy claramente en la sentencia: se trata de facultades discrecionales, o sea, pueden activarse cuando exista la voluntad para hacerlo. Además porque el gobierno y sus aliados promovieron esta consulta desde la mentira y la desinformación mañosa, repitiendo mil veces el cuento de los “juicios a expresidentes” y otra sarta de falsedades.

Sobre la anulación de mi voto, consideré que al menos para mí ello representaría una buena opción para participar en este ejercicio sin caer en las dinámicas obstinadas de los extremos del oficialismo y de la oposición, que, sin ningún plan, sólo llaman a votar por votar, o a contradecir por contradecir.

Anular también representaría una manera de aportar al total de votos necesarios para la obligatoriedad del resultado sin tener que votar por el «sí» y validar todo lo mencionado en líneas anteriores. No hace falta que lo digan, sé muy bien que los 37 millones de votos jamás se iban a alcanzar en estas condiciones. Sin embargo, la razón por la cual vale la pena sumarse a este ejercicio y buscar el resultado obligatorio es para respaldar a los colectivos de víctimas que ven en esta consulta una buena oportunidad para seguir luchando por la creación de comisiones de la verdad y de otros mecanismos dirigidos a atender fenómenos de violencia sistemática y no solo a hechos delictivos y
responsabilidades aisladas.

Bajo esas dos premisas —pensar la consulta desde el matiz, no desde la polarización sorda y simplona; y la necesidad de que sean las víctimas el centro de la discusión— acudí a la mesa cercana a mi domicilio a emitir mi opinión: una X grande rayada por toda la boleta. Ahora bien, de ninguna manera pretendo presentar mis motivos como correctos o más válidos que otros. Mientras no comprendamos que toda manifestación democrática que se realice de manera consciente —votar en cualquier sentido, o incluso no acudir a votar— es tan válida y respetable como cualquier otra, nuestros procesos deliberativos valdrán para muy poco.

Hay que decir que los votos emitidos por el «sí» o aquellos anulados que coinciden con el objetivo aquí descrito no servirán para nada si este ejercicio solamente inició y terminó el 1 de agosto. Pensar en esta consulta popular como un fin y no como uno de varios escalones es terriblemente equivocado; ante la pequeñez de este gobierno, los grandes esfuerzos de la ciudadanía tendrán que seguir siendo los que lleven la atención a lo más urgente: verdad, justicia y reparación para quienes han sufrido lo peor de nuestros gobiernos, incluido el actual.

El tiempo, el trabajo y la lucha invertida en los próximos meses definirán el verdadero resultado de esta consulta. Mientras tanto, vivir este primer ejercicio de democracia directa me deja —y supongo que a muchos y muchas más— decepcionado, con las ideas nubladas y buscando las respuestas que definitivamente no encontré mirando detenidamente y por varios minutos la tinta indeleble que marca mi pulgar derecho.

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