abril 3, 2026

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#PotoCine | Andrés Kaiser y el amor al cine de archivo

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Este fin de semana el cineasta de origen potosino obtuvo el premio Ariel por su largometraje documental “Teorema del Tiempo”

Por: Bernardo Vera

El pasado 9 de septiembre se realizó la entrega 65 de los premios Ariel, ceremonia que galardona a lo mejor del cine mexicano, y que en este año contó con una participación importante de potosinos nominados en diferentes categorías.

“Teorema de tiempo” es el largometraje documental realizado por Andrés Kaiser, uno de estos cineastas potosinos que obtuvo la estatuilla en un empate con “Dioses de México” (Helmut Dosantos, México-Estados Unidos).

El documental explora la vida de los abuelos de Andrés Kaiser mediante un registro de películas de 8 y 16 milímetros, postales y fotografías captadas por los propios abuelos. Un periodo de 90 años –desde finales del siglo XIX hasta la década de los ochenta– en la historia de esta familia de migrantes, que viajó de Suiza y se estableció en San Luis Potosí. En “Teorema de tiempo” se construye una película desde este enorme archivo, pero también se deja ver una revelación; el cine amateur producido por la familia Kaiser de forma casera.

“Una gran cantidad de ese material es una escenificación cinematográfica. Me encuentro ahí con pequeños cortometrajes que mi abuelo protagoniza como actor frente a cámara, y mi abuela dirige detrás de cámara. Empiezo a darme cuenta que lo que hay ahí es una historia de dos cineastas amateurs que pasaron gran parte de su vida, tiraron muchísimo material de cine, simplemente para contar historias con los medios propios. Filmaban en el jardín de su casa, tomaban a cualquiera que se dejara para hacer algún papel en sus pequeñas historias. Al final del día, después de muchos años me di a la tarea de darle orden a eso y lo que salió es una película que habla del amor por el cine”, mencionó el cineasta.

La realización de “Teorema de tiempo” no requirió días de rodaje, a diferencia de otros documentales. No obstante, los mayores esfuerzos se enfocaron en la digitalización y rescate del material de formato antigüo mediante un proceso que no lo deteriore y permita su visualización en la mejor calidad.

“Cuando yo comienzo este proyecto cerca del 2013, la tecnología para eso era muy limitada, la primera versión con la que yo edité la película era bastante limitada. Ya en el 2021, que decidimos pasar nuevamente todo esto por un escáner de última generación, la diferencia era abismal.

Realmente podías observar como el material era espectacular, como realmente, a pesar de que un 8 milímetros es un formato muy chiquitito, lo tenías en pantalla grande, en un formato de 4K, se veía espectacular”.

Con “Teorema de tiempo”, Andrés Kaiser explora la construcción de su cinematografía mediante el uso de material de archivo. Y a pesar de usarlo en su anterior filme “Feral” (México, 2018), y de integrarlo en su próximo proyecto cinematográfico, no está cerrado a usar este recurso como su estilo o sello personal, pues está interesado en explorar otros géneros y otras corrientes creativas.

“Yo nunca me propuse realmente ser un cineasta que trabajara el archivo, sino que simplemente me sentía muy atraído por el cine huérfano, de dominio público o el cine encontrado. El cine visto como un archipiélago; como la emoción que tienen los arqueólogos por descubrir alguna tumba, a mí me daba esa misma emoción al descubrir una lata de película”, confesó.

Para Andrés Kaiser, representar a San Luis Potosí en los premios Ariel es un acto que lo llena de satisfacción, especialmente en esta edición, que el jurado eligió dos filmes en la misma categoría: “Fue muy grato, que por lo menos en la categoría documental se hayan dado dos estatuillas. Lo poco que había en los Arieles de documentales, se logró sacar cabeza y ganar”, comentó.

Finalmente, invitó a la sociedad potosina a que asistan a los próximos festivales de cine que se realizarán en la entidad potosina, como “Rodando Film Fest”, el Festival Internacional de Cine de San Luis Potosí, o el de la Universidad.

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Siete altares, siete copas: La fe y la sed. Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

 

Es jueves, siempre lo es.

En San Luis Potosí, el jueves no es un día de la semana, es un estado de la conciencia. Es el momento exacto en que la piedra cantera comienza a exudar un sudor frío, una mezcla de incienso y aguardiente. Hoy, las puertas de los siete templos se abren de par en par para recibir a los que buscan perdón, mientras que, a pocos metros, las puertas batientes de las cantinas reciben a los que buscan olvido.

La tradición dicta siete paradas. Siete altares donde se expone el cuerpo de un Dios que sufre. Pero en este “primer cuadro” de la ciudad, la geografía del dolor es compartida. El parroquiano camina la misma banqueta que el devoto, y a veces, son la misma persona.

En ese cuadro delimitado en el que, por cierto, hay más estaciones para el alivio del cuerpo que para el alivio del alma. (7 Iglesias y al menos 25 bares).

El poeta y ensayista, Alfredo García Valdez, lo supo escribir con el mejor tino: “la cantina es espacio y tema, forma, ambiente, sujeto y paisaje, ese laboratorio donde el alma se descompone para volverse a armar”.

Es el templo lo mismo que de vividores que periodistas, que el del albañil que carga el mundo o del cirujano que sueña con salvarlo. Allí, la melancolía se corona con la misma solemnidad con la que se corona de espinas al que va camino al Gólgota.

¿Qué diferencia hay entre el pecador que se arrodilla frente a la imagen de la Virgen de los Dolores, que el hombre que se desploma sobre la barra de El Tampico, La Montaña, o el Banco?.

Ambos cargan una cruz. Cristo cayó tres veces, y en el suelo falaz de una taberna, ¿quién no ha besado el polvo, literal o figuradamente?

Las caídas en la cantina obligan a levantar el propio peso porque ahí se cae a solas, mientras el cantinero —ese sacerdote de a deshoras— oficia la misa del último trago.

La última cena se repite en cada ronda. “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre”, se traduce en el pan compartido y el vino que quema la garganta antes de que la tormenta estalle.

En las siete estaciones eclesiásticas, se recuerda el sudor de sangre en Getsemaní; en los siete bares, se suda el delirio de la derrota, del desamor, de la euforia y la tristeza perfumada de fiesta y del “sírveme otra” como si fuera el “hágase tu voluntad y no la mía”.

En la cantina también se comparte el vaso, la palabra, la herida y a veces la soledad

: La que se tiene o la que viene.

Observo la procesión silenciosa de la fe y la ruidosa procesión de la sed.

Aquí cerca de San Agustín las velas se consumen rezando por los pecados del mundo. El sacrificio del cordero.

En la cantina de más adelante, los vasos se vacían urdiendo poemas que nadie escribirá. Es el punto de encuentro definitivo: el santo sufrimiento.

Unos lo entregan a la divinidad para que tenga sentido, otros lo ahogan en el alcohol para que deje de tenerlo.

Me quedo con esa imagen: la ciudad dividida entre el incienso y el paseo por el duro adoquín en el suelo que conecta lo mismo iglesias que cantinas.

Siento una profunda admiración por la fe que mueve los pies de los creyentes hacia los altares y al mismo tiempo siento una profunda admiración por la impredecible condición humana de aquellos que, a pesar de la caída, piden (pedimos con fe) una última ronda antes de que el mundo se acabe.

Una ronda más antes de la traición. Una ronda más antes de lo que viene, y que con mayor o menor sufrimiento, más o menos espinas y caídas, también nos va matar: la vida.

Es lo mismo cuando el cantinero avisa que es hora de cerrar que cuando el sacristán apaga la última vela.

Todos, tanto los fieles borrachos como los piadosos pecadores- caminamos hacia la misma noche.

Porque hay noches en las que el alma pesa y no siempre se sabe rezar, por lo tanto…se bebe. En este jueves, que siempre lo es, la ciudad lo entiende sin decirlo. Nadie interrumpe, nadie corrige. Es un mismo tránsito, algunos con fe, otros con sed, pero todos con algo encima.

Dos “tradiciones”, una milenaria y otra mundana. Las dos que se encuentran no en la moral, no en el juicio, sino en esa condición profundamente humana que no distingue entre el altar y la barra: el dolor, la caída y la posibilidad, siempre incierta, de poder volver a levantarse.

Culto Público, en jueves, que siempre lo es, pero no tan santo no es tan distinta la oración que el trago, ni la cruz del vaso.

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SLP registra afluencia récord en Semana Santa

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La derrama económica podría acabar superando los mil 250 millones de pesos en todo el estado

Por: Redacción

En San Luis Potosí, la afluencia de visitantes para Semana Santa está superando las expectativas iniciales, generando ahora proyecciones de 800 mil turistas y hasta mil 250 millones de pesos como derrama económica.

Municipios con gran vocación turística como Ciudad Valles, Xilitla, El Naranjo, Aquismón y Tamasopo reportan llenos totales en parajes naturales y sitios emblemáticos.

Entre los puntos con mayor afluencia destacan las cascadas de El Meco y Minas Viejas en El Naranjo, los embarcaderos hacia la cascada de Tamúl en Aquismón, el paraje Puente de Dios

en Tamasopo y las cascadas de Micos en Ciudad Valles.

También sobresalen el Jardín Escultórico de Edward James, la Media Luna y Real de Catorce, que registran cifras récord de visitantes. 

De acuerdo con el área de Planeación de la Secretaría de Turismo (Sectur), del jueves 2 al domingo 5 de abril diversos destinos se prevé que alcancen el 100 por ciento de ocupación hotelera, además de una alta demanda en restaurantes y servicios como recorridos guiados.

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Ayuntamiento de SLP

Diego “El Cigala” conquista el Festival San Luis en Primavera 

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El cantautor español se presentó en la Plaza de Fundadores con un show lleno de flamenco, bolero y emoción

Por: Redacción

La Plaza de los Fundadores volvió a convertirse en el gran escenario cultural de San Luis Capital con la presentación del cantaor español Diego “El Cigala”, quien ofreció una noche cargada de flamenco, bolero y emoción como parte del Festival Internacional San Luis en Primavera. 

Ante una plaza completamente llena, el intérprete conquistó al público con un repertorio que incluyó canciones de autores mexicanos, latinoamericanos y españoles, interpretadas con la intensidad de su característico cante flamenco, que logró una conexión inmediata con los asistentes. 

Durante la velada sonaron algunos de sus temas más emblemáticos como “Lágrimas Negras”, “Piensa en mí” y otros boleros que forman parte de su repertorio internacional, provocando ovaciones y aplausos del público que acompañó cada interpretación en una atmósfera de fiesta y emoción. 

Antes de que iniciara el espectáculo, el alcalde Enrique Galindo Ceballos, acompañado de la presidenta del DIF Municipal, Estela Arriaga Márquez, entregó al artista español el colibrí, símbolo del festival, como reconocimiento a su trayectoria y a su participación.

La noche también destacó el talento potosino con la participación del ensamble de guitarras Sul Tasto, que abrió el escenario y dio muestra de la calidad musical local.

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