#4 Tiempos
Posverdad | Columna de Víctor Meade C.
SIGAMOS DERECHO.
La semana pasada, Donald Trump libró una vez más el juicio político abierto en su contra.
Se convirtió en el único presidente de Estados Unidos que ha tenido que enfrentar este procedimiento en dos ocasiones: la primera vez, por haber presionado a líderes políticos de Ucrania para que investigaran las actividades empresariales de Biden y su hijo en ese país; la segunda vez, por incitar a sus simpatizantes y votantes inconformes a una insurrección. De nueva cuenta, los votos en el Senado no han sido suficientes para condenarlo. Si bien es cierto que Trump ya no puede ser removido del cargo porque su periodo ya terminó, haber conseguido un resultado condenatorio hubiese tenido efectos significativos: quedaría imposibilitado de ocupar cualquier cargo público y perdería las pensiones y prerrogativas a las que tienen derecho los expresidentes.
Después de que cuatro civiles y un policía fallecieron en el violento ataque al Capitolio, todas las cuentas de redes sociales de Trump fueron bloqueadas por un periodo indefinido. Aunque ya ha quedado absuelto de las acusaciones, Twitter refrendó su postura y determinó hace unos días que Trump está permanentemente vetado.
Estos hechos significaron un montón de focos rojos para millones de usuarios de redes sociales a nivel mundial. ¿Es válido que una empresa privada bloquee permanentemente a alguien? ¿Qué pasa con la libertad de expresión? No es ningún secreto que toda la presidencia de Trump estuvo marcada por mentiras y por verdades a medias. El Washington Post ha realizado un recuento y estiman que durante sus cuatro años de mandato, Trump realizó más de 30,000 afirmaciones falsas o engañosas.
Las acciones que tomaron las redes, entonces, parecen estar un poco más justificadas. Ciertamente, las redes sociales no son un medio oficial de comunicación; ni Trump ni cualquier otro servidor público tienen dispensas o un trato preferencial. Quien desacate las políticas comunitarias —que aceptamos al momento de crear una cuenta— está sujeto a ser bloqueado.
¿Alguien podrá decir que su derecho a recibir información se ve limitado cuando eliminan la cuenta de Trump o de cualquier otra persona? En efecto, sí hay una limitación a nuestro derecho de recibir información, pero hay que precisar un par de cosas. Por una parte, es uno de nuestros derechos más fundamentales manifestar libremente nuestras ideas, sin que seamos perseguidos por ello. Por otra parte, tenemos también el derecho a buscar y a recibir información por distintos medios y de cualquier índole. De esta forma, el derecho a la libertad de expresión corre en dos sentidos: hay derecho a expresarse y hay derecho a recibir las expresiones de los demás. Así, la limitación desaparece cuando la información cruzó la barrera del discurso violento o del discurso basado en falsedades.
El lenguaje que utilizamos construye, en muy buena medida, la realidad en la que vivimos. Si la información que recibimos, difundimos y después traducimos en palabras es falsa, estaremos viviendo en una realidad distorsionada.
Sobre este fenómeno, se acuñó el término de «posverdad». Es decir, la posverdad describe la realidad creada a partir de mentiras que apelan a los sentimientos de las personas, apartándose de la razón y de la objetividad. La utilización de esta palabra repuntó su popularidad en el contexto del Brexit y de la oleada populista que golpeó con fuerza al continente hace aproximadamente cinco años, con personajes como Trump, Bolsonaro y López Obrador.
Ahora bien, la situación se torna más complicada al analizar el papel tan preponderante que han alcanzado estas empresas. Por el carácter inmediato y efímero del contenido que vemos en las redes, asuntos de este tipo difícilmente se pueden resolver en tribunales. La responsabilidad de asegurar que se cumplan las reglas del juego caen, naturalmente, sobre estas mismas empresas. Los peligros de que los gobiernos metan su cuchara en el tema son variados; los ejemplos de sobrerregulación sobran en los países orientales. De cualquier manera, en días pasados Ricardo Monreal presentó una iniciativa de ley para regular la operación de las redes sociales en México, sin embargo, la iniciativa se queda muy corta en varios temas. Precisamente, uno de ellos es la distinción que existe entre la libertad de expresión ejercida por personas comunes y por figuras públicas (pensemos, por ejemplo, en el presidente), aun siendo que el caso de Trump fue el que puso esta discusión sobre la mesa.
La libertad de expresión es un tema que ya ha sido ampliamente debatido y discutido desde hace muchos años. Se ha generado mucho conocimiento sobre el tema, aunque la variante que introdujeron las redes sociales no ha sido explorada a profundidad todavía. Mientras la moneda siga en el aire, las mentiras sobre las vacunas seguirán circulando por videos de WhatsApp y en Twitter se seguirán compartiendo realidades distorsionadas sobre el país. Al acecho están, también, las elecciones más importantes de la historia de la nación. Mientras todo esto sucede, la posverdad es la afronta que debemos combatir todos los días. Las redes son una ventana que permite observar pluralidad de la comunidad. Son, también, un lugar para la otredad y la confrontación.

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Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
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Acento Ajeno
Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.
Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.
“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.
Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.
La pregunta para México
Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.
Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.
Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.
Lo que corresponde
A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.
Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.
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