octubre 30, 2026

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#4 Tiempos

Peso Pluma o bailar al son que marque el algoritmo | Columna de Carlos López Medrano

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MEJOR DORMIR

 

He ganado dinero para comprar un mundo más bonito que el nuestro. Pero todo lo aviento porque quiero morirme como muere mi pueblo. Yo no quiero saber que se siente tener millones y millones. Si tuviera con qué, compraría para mi otros dos corazones. Para hacerlos vibrar y llenar otra vez sus almas de ilusiones. Y poderles pagar que me quieran a mí y a todas mis canciones.
—José Alfredo Jiménez, «Gracias».

El éxito abrupto de Peso Pluma levanta un rastro de suspicacia. En otros tiempos se requería de trabajo sostenido pare llegar a los grandes planos, o tener un padrino poderoso o que una concatenación de circunstancias obrara el milagro. Actualmente basta con la alineación del algoritmo, el favor de la industria que bendice a las figuras que se adaptan a sus designios. Lo sabrá quien, de un día para otro, vea inundadas sus redes con recomendaciones no pedidas que algún inocente considerará un hallazgo… igual que otras tantas millones de personas. El truco que ocurre con agendas políticas y causas espontáneas que se instalan en el colectivo mediante una sofisticada ingeniería social.

Videos, reels: Peso Pluma llora en concierto. Peso Pluma dedica unas palabras a su mamá. Peso Pluma agradece regalos de sus fans. Miles de visualizaciones y compartidos. Comentarios de sorna, muchos otros de elogio. Al fin alguien auténtico. Me gusta, es humilde; la está rompiendo del otro lado, qué orgullo; poniendo en alto el nombre de México, cabrones. Dicen, como si el muchacho estuviera recuperando Texas.

En la radio y la televisión surgieron los principales intentos de alinear las preferencias de la masa. Sobre todo en el siglo XX, cuando había pocas estaciones y canales. En principio, internet vino a dispersar los gustos. La facilidad para distribuir y producir música dejó nicho para todo. Llegó la proliferación de artistas y tantos subgéneros como peces en el río. Hay opciones para cualquiera. ¿Rap evangélico con reminiscencias simpsonianas? Lo tienes ahí al lado de la folkatrónica kawai.

No obstante, esto tenía que acabar. Las grandes corporaciones se han esforzado por reunificar a la audiencia por medio de las plataformas digitales. Las tendencias, las cadenas virales que llevan al nutriólogo a bailar para explicar una receta y a un contador para explicar cómo hacer tu declaración anual. Todos funcionales a lo que marcan las sugerencias, lo que está en boga. Lo que permita que tu ridículo tenga también un mayor alcance. Así se han formado las nuevas hegemonías del pop.

La impostada mexicaneidad de Peso Pluma se queda en la misma superficialidad de sus canciones y videos. Es un ornamentro como las botellas de Dom Pérignon colocadas en un desorden sumamente cuidado en la escenografía, igual que las bolsas con droga y las armas que intentan darle el aura de malote que el cutis de adolescente no da. El rostro de quien no ha padecido las consecuencias de aquello que escribe como travesura. Si quisiera dárselas de valiente debería ir al Colegio Militar. No aguantaría un día. El nacionalismo, oh, queda validado por Estados Unidos, la máxima aspiración. Aparecer en sus listas de popularidad y los programas estelares. Y ya, hasta ahí queda la bravata tricolor.

Su vertiente de corrido tumbado no es subversiva o antisistema por mucho que recurra a la estética edgy

de la ilegalidad, sino perfectamente asumible para las empresas, los políticos y los programas de chismes (Peso Pluma bien podría interpretar a un sobrino de la Pelangocha en un sitcom
de Jorge Ortiz de Pinedo
). Lejos de ser rupturista, es una variación del espíritu de la época. Está repleto de líneas análogas con otros tantos de su estirpe. Ella perrea sola / Ella baila sola. Las camionetas llevan clavo, pura metralleta / Tacomas blindadas, bien rugen el motor. Le gusta el perreo y bailar de cerca. Me encanta cuando bellaquea / Una gatita que le gusta el mambo, con todos los malos sale a bellaquear.

Peso Pluma está más cerca de Arcángel, Rauw Alejandro y Kodak Black que de los Cadetes de Linares y Chalino Sánchez. Hace falta sensibilidad para escribir “Es inútil” y “Me persigue tu sombra”, no ser un artista de la presunción que bebe de la fuente protestante más que de la tradición hispanoamericana. Hasta la fecha carece de los atributos que caracterizan justamente a los grandes compositores mexicanos que tiran de la soledad y el abandono, el carácter psíquico nacional aludido por Samuel Ramos: la autodenigración entremezclada con el sentido de inferioridad (de la que nace la contradicción de la vanagloria). Peso Pluma, en cambio, es indistinguible de decenas de artistas en otros idiomas y disfraces, al cabo dependientes del bling, la pandilla de edecanes y la ostentación. De ahí la compatibilidad de caracteres con lo que Jimmy Fallon pone cualquier otro día.

Al comparar las fiestas retratadas en los videos de, digamos, “Ella baila sola” y “Cómo me duele” de Valentín Elizalde queda claro el imaginario de uno y otro. Peso Pluma reivindica lo mexicano en la medida que le trae aplausos, pero su ideal se aproxima al de otras latitudes. Un subproducto cultural válido y previsible en un país tan complejo como el nuestro e interconectado con EE. UU. Pero por lo mismo sería absurdo tomarlo como estandarte de la tradición mexicana. Puedes imaginar los ojos de pistola que José Alfredo, hinchado y rojo de la cara, le tiraría al muchacho caguengue en una cantina de Dolores, Hidalgo.

Las críticas a Peso Pluma han sido contrarrestadas con acusaciones de clasismo, el manual de víctima enfundada en Burberry y el mal gusto de Hublot. Otra es que los ataques corresponden a la incomprensión propia de gente gagá que ya fue. Quizá. Quizá sea mejor estar lejos de letristas tan poco dotados que en vez de decir “Los paquetes van bien forrados”, tienen que recurrir a la malformación para forzar la rima “Y bien forrados los paquetes van”. Toda una carrera así. “De todo ya pasé” en lugar de “Ya pasé de todo”. “Con un buen cigarro me relajo yo” en vez de “Me relajo con un buen cigarro”, porque la mente no da para más. Música simpática y con algún acierto, mercancía auspiciada por el establishment. No me la vendan como mucho más.

 

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Correo: [email protected]

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Acento Ajeno

La alcancía sin fondo de Margarito | Columna de Haniel Valdés

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ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

Dice Shakira, “tiene nombre de persona buena, claramente no es como suena”. Nombre de flor, pero actuar de mala hierba. Mientras el Estado amplía las rutas gratuitas y de calidad, para los potosinos, las empresas que operan el otro, el caro y de pésima calidad, dicen que no les alcanza y necesitan duplicar el precio del pasaje.

Margarito Terán, representante del sector camionero, que nunca ha usado el transporte público para moverse, solo para llenar sus bolsillos, por eso no sabe el pésimo servicio que prestan, pide tarifa récord y dinero público sin explicar qué pasó con el aumento de este año ni con los camiones nuevos que el Estado ya entregó al sector.

En enero, Margarito Terán pidió subir el pasaje de 12.50 a 15 pesos. El Estado le autorizó 13.50. Nueve meses después vuelve con una cifra que ya no es petición sino ultimátum: 23 pesos por viaje, 2,797 millones del erario y la amenaza de que el sistema “va a colapsar por inercia”.

Veintitrés pesos son 70% más que la tarifa vigente y 53% más que los 15 que el propio Terán decía indispensables hace diez meses. Si 15 eran la salvación en enero, ¿qué cambió para que ahora cueste ocho pesos más?

Hay un dato que Terán omite. Ese mismo enero, el 12, el gobernador Ricardo Gallardo entregó 100 camiones nuevos con una inversión de 266 millones de pesos en financiamientos. Son 2.66 millones por unidad. Al ritmo de ese precio, renovar las 768 unidades de la iniciativa costaría unos 2,043 millones. Faltarían casi 750 millones para llegar a los 2,797 que piden. El resto cubriría déficits de operación, un margen de 15% de utilidad para los concesionarios y las pérdidas de la pandemia. Es decir: dinero público para garantizarles ganancia.

Tampoco está claro qué pasó con los camiones ya entregados. El Gobierno presumió 100 en enero; en octubre, la SCT habló ante el Congreso de “más de 70 unidades urbanas” renovadas. Nadie ha dicho cuántos circulan, en qué rutas ni quién paga el financiamiento. Antes de pedir más, habría que rendir cuentas de lo que ya se dio.

Yo, usuario del transporte público de la capital, debo ser un desafortunado, solo una vez subí a una unidad de las nuevas, al parecer las rutas 53, 21, 30, 27, 10 y 5, que son las que utilizo con frecuencia, no recibieron la dicha de contar con los nuevos camiones, porque he conocido autos clásicos más modernos que los camiones que suelen llevarme por la ciudad.

La flota vieja no es una sorpresa. Terán dice que 882 unidades

ya debieron salir de circulación. La Ley de Transporte Público no permite camiones de más de 10 años, y renovarlos es obligación de quien tiene la concesión, no del usuario. En 2015 el padrón registraba mil 174 unidades; hoy hay mil 203. Once años después, el parque casi no creció, y tampoco se renovó. Y en mayo, el propio Terán reconoció que de mil 200 unidades autorizadas solo circulaban unas 800.

Hay una concentración que pesa. Cuatro empresas controlan 36% del padrón y diez, 61%. El dinero público llegaría sobre todo a quienes ya tienen más peso. Una de ellas, Tangamanga, enfrenta una denuncia de Ciudadanos Observando por mantener suspendidas tres rutas de su concesión.

El diputado Héctor Serrano lo dijo claro: las concesiones “son potestad del Estado, no propiedad de los concesionarios”. Quien explota un bien público no puede presentarse a pedir rescate cuando el negocio le sale mal.

Terán tiene razón en algo: los costos de operar suben. Pero una industria que pide más tarifa, más subsidio y más tiempo, sin ofrecer metas, plazos ni auditoría, no pide apoyo: pide un cheque en blanco.

Los costos suben, pero el respeto a la vialidad, la buena educación y atención por los conductores de las unidades, la limpieza de las mismas y el respeto a sus horarios y paradas, disminuyen.

La SCT debería preocuparse más por velar que las unidades de transporte urbano cumplan con aquello por lo que reciben dinero público, ofrecer un transporte de calidad. Pero primero y más fácil, cerrarle la boca y pararle los pies a este señor que ya parece alcancía, solo pidiendo dinero para guardar y no para emplear en lo que se necesita. O mínimo, salir con urgencia a desmentir sus falacias y exigirle resultados.

Lo mínimo que el usuario merece antes de pagar un peso más es saber cuántos de los 100 camiones nuevos circulan, un plan de renovación con fechas, rutas que realmente operen y cuentas abiertas sobre qué se hizo con el aumento de este año. Sin eso, los 23 pesos no son un precio. Son una factura sin desglose.

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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