octubre 21, 2026

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#4 Tiempos

Pecado original | Columna de Juan Jesús Priego

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Aquel día, él y ella tuvieron lo que suele llamarse «un serio altercado». Es verdad que ya antes habían tenido muchos otros igual de serios, y que cada vez que los tenían acababan arrojándose lo que encontraran a mano, desde vasos, platos y sillas, hasta frascos, floreros y libros. La diferencia entre este altercado y los anteriores estaba, sin embargo, en que la ruptura ahora sí parecía ser definitiva y total. «¡Esto se acabó!», dijo ella subiendo las escaleras que llevaban a su cuarto mientras braceaba desesperadamente para no ahogarse en el mar que iban formando sus lágrimas en el suelo. «¡Es claro que se acabó!», dijo él, tomando una maleta, llenándola con lo que encontraba a mano y haciendo chirriar, ya en la avenida, las llantas de su automóvil.

A los doce días de aquel «penoso incidente», la esposa telefoneó a su madre para suplicarle que viniera a pasarse con ella una temporada. ¡Se sentía tan sola, tan deprimida! Mas la buena señora no llegó sino una semana después, es decir, hasta el día número diecinueve de aquella dramática separación. Cuando hubo transcurrido exactamente otra semana, ocurrió algo tan sorprendente como inesperado, y es que el marido pródigo volvió al hogar trayendo de los lugares por donde anduvo una cara muy larga y muy hinchada, símbolo inequívoco de cualquiera de estas dos cosas: de haber dormido mal o de haber bebido bien. Mientras introducía la llave en la cerradura, se encontró con la novedad de que ésta había sido cambiada y que para entrar a su casa tenía necesariamente que llamar a la puerta. Y ya se estaba arrepintiendo de haber regresado cuando oyó que una voz le preguntaba algo desde el interior: era su suegra, que preguntaba:

-¿Quién es?

Tan pronto como la buena mujer vio que era su yerno, al abrir retrocedió espantada e hizo el ademán de esquivar un golpe (¡tan grande era la fama que su hija le había creado de golpeador!). Viendo aquel gesto ridículo, el joven esposo preguntó ofendido:

-¿De qué tiene miedo, señora? ¿De que le pegue? No tenga miedo. ¿Es que acaso la quiero a usted?

El esposo tenía razón: sólo los que nos quieren pueden hacernos daño. Los otros, no; los otros son inofensivos: sus palabras apenas nos alcanzan; ante sus gritos o sus amenazas podemos pasar de largo, hacer caso omiso o taparnos los oídos, como hizo Ulises en el país de las sirenas. «La verdad  es que nadie puede herirnos –reconoce Jorge Luis Borges en el prólogo a su Elogio de la sombra-, salvo la gente que queremos».

¡Qué poder tienen sobre nosotros las palabras de estas personas! Una, una sola de ellas puede levantarnos o hacernos morir de pena. Y si Borges tenía razón al decir lo que dijo, no se equivocaba François Mauriac (1885-1979) cuando afirmó mucho antes que aquél: «Ser amado es hacer sufrir».

Pero, ¿qué tiene que ver el amor con el sufrimiento? Mucho, pues amar a alguien es hacerlo sensible a nuestras pasiones y causarle a veces, por tanto, un gran dolor. Y no por maldad, no, sino porque al amar a ciertos seres los tenemos en nuestra mano –o nos tienen ellos en la suya- y cada movimiento de ella nos afecta –o los afecta- para bien o para mal. Sí, sólo aquellos que nos quieren pueden verdaderamente hacernos daño.

Los primeros golpes, las primeras heridas, ¿no las recibimos en casa siendo niños? Quizá por no haber hecho nuestros deberes, o por negarnos a ejecutar quién sabe qué tarea que era imposible dejar para mañana. De modo que las heridas que siguieron a aquellos primeros golpes, es decir, nuestros traumas de hoy, aunque nos duela reconocerlo, no se los debemos –como sucede a menudo en los cuentos infantiles- a hadas malévolas o a gnomos infernales, sino a padres o hermanos, tíos, abuelos o primos que decían querer sólo nuestro bien, es decir, a seres que nos amaban. Una vez conocí a un muchacho que le decía a su hermano menor:

-Si no me consigues diez pesos, diré que te vi haciendo esto y lo otro.

-Pero si yo no he hecho nada de eso –respondía el pequeño casi a punto de echarse a llorar.

-No importa, de todos modos lo diré. ¿Crees que no puedo hacerlo? ¡Entonces verás cómo te va!

Y el niño robaba, literalmente robaba, para conseguirle dinero a su hermano y no ser acusado de algo que no había hecho. ¡Ah, pero una vez que aquél fue mordido un día por un perro rabioso, el hermano mayor lloraba cual si la víctima hubiera sido él! ¿Quién puede calcular el odio de que es capaz un corazón que ama? ¿Quién de cuánto amor es capaz un corazón que odia?

Y los mismos padres, ¿no han recibido los golpes más dolorosos de sus hijos que de sus enemigos? «¡Es que ese viejo…!», oí que decía una vez alguien de su padre. Como confesaba la esposa del gobernador de San Petersburgo en una novela de Ricarda Huch (1864-1947), la novelista alemana, a veces parece que «los hijos están aquí para vengarse de nosotros. Los hijos son los únicos seres con los que actuamos de forma completamente desinteresada, y por eso son los únicos que de verdad pueden destruirnos».

Recuerdo que cuando nació el hijo de mi hermano, mi padre se apresuró a cargarlo y a decir en alta voz como quien dice algo muy gracioso:

-Vaya, vaya, por fin nació mi vengador.

¿Por qué el amor ha de ser siempre temblando, por qué ha de hacer siempre llorar? Que alguien me conteste esta pregunta. Y si al responderla no habla, aunque sea de pasada, del pecado original, pensaré que se ha quedado en la superficie, o que simple y sencillamente está jugando. Algo malo debe haber en el hombre para que allí donde ponga la mano –o el corazón- cause siempre  un estropicio.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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