#4 Tiempos
Mis cuatro cuatro | Apuntes de Jorge Saldaña
Amigos de los cuartos pisos con cuatro escalones, hijos de mis 44 abriles: Nada más por hoy (para que no se mal acostumbren) escribiré bien y bonito.
Inundado en dopamina (gracias) y bailando un vals con la vida, luego de hacer las paces con la misma, me permito (porque casi todo me permito) a escribirles sobre lo menos importante que he escrito y es de la mía.
Que de algo sirva (como en alguna otra ocasión he dicho) tener un medio, para publicar en él lo que venga en buena gana.
En cuarenta y cuatro abriles he aprendido poco, si es que entiendo un poco de la vida.
Me falta tanto, ignoro tanto, que se llega al grado que me inspira mi desconocimiento enciclopédico. Es la única forma que encuentro para conocer todo lo que desconozco (bendita seas ignorancia, que al darme cuenta de lo que sé, me permites deslumbrar todo lo que no).
De eso poco que sé, les comparto cosas solo de mi último año:
Aprendí a estar solo como nada más la pandemia nos enseñó a todos. Vivir en “Mi cárcel” fue doloroso, pero educativo.
En mi desquehacer pandémico puse videos de cómo hacer malabares, no aprendí nada, pero me entretuvieron harto.
Eso sí, de malabares financieros ¡me hice experto! (Gracias estúpido año) Me las vi negras, me las vi moradas, le sufrí como cualquiera y como nadie.
Puse una nueva empresa de gel alcoholizado (sí, así la puse). Buenas ventas gracias a mis hermanos de la vida, mis compañeros, mi familia, mis sobrinas, mis clientes y hasta uno que otro invitado.
Bien raro: A mí el alcohol siempre me había quitado dinero y en la pandemia… él me lo dio a mí. Qué ironías.
Me conocí profundamente en este año y dolió.
Me enamoré perdidamente, como nunca, como un loco… y también dolió.
Me intoxiqué de amor (y de otras cosas también) y la “bajada” costó.
Aprendí en el paso a los 44 que sé amar muchísimo, que soy capaz de lo magnánimo y lo despreciable al mismo tiempo, y aunque el odio pasó por mi lado lo ignoré. Sí, sí odié, pero poquito. Por ejemplo me odié (poquito) a mí mismo.
Odié permitir que se revelaran mis más horribles monstruos, que al principio me sorprendieron, pero domestiqué luego y hoy los uso yo a ellos y no al revés. Son mi motor que no había descubierto. Puedo decir que yo soy su kriptonita y no ellos la mía.
Aprendí que los cables en el cuello no sirven para nada.
Aprendí que soy capaz de, con puras palabras, herir aún a los más amados.
Viví cosas nunca an tes vividas. Hice amigos imaginarios y enemigos que nunca imaginé. Ni modo, a ambos los amo.
Descubrí que el mejor aval para pedir prestado es el antecedente de haber pagado.
Supe que el dinero en efectivo es el mejor antidepresivo, pero también comprendí que es muy efímero, y no el único remedio a la mano.
Supe que no importa que lleves 30 años conduciendo, la gen te te criticará por siempre por una sola vez que hayas chocado.
¡¡También conocí una playa nueva este año!!
Hermosa, coqueta, divertida, ruidosa y profunda. La disfruté tanto, al grado que no volveré nunca.
Me ofendió un Bostezo, pero me revivió una Risa greñuda envuelta en murmullo.
Ando, como no creía, otra vez acompañado de uno de mis tatuajes vivos.
Aunque celoso y enojado, supe reconocer que vale más ver feliz a los demás que estando contigo no lo sean.
Viví una elección, que de tan de cerca la sentí propia. Amigos ambos y no niego a ninguno, por el contrario.
Olí a la muerte cuando llegó a arrebatarme a mi abuela de mis manos. ¿Que hacía? Ella siempre gana: Trae guadaña y a uno lo agarra emocionalmente esperanzado, pero sobre todo desarmado.
Vi irse a muchos este año. Adiós a todos y abrazo a los que nos quedamos.
Tuve COVID 3 días. Justo cuando creía que ya nada me tumbaría y que ya la había “librado”, el bicho me hizo pensar en lo importante. Gracias bicho. No vuelvas nunca y con nadie. Me levante también de ese virus.
De mis “sólidas debilidades” mejor ni hablo, solo les digo que ya no las sufro, sino las disfruto.
Hice un curso, escribí un cuento, dediqué un poema, conocí nuevos amigos y amigas, desconocí a otros tantos, volví a agarrar mi guitarra, estuve a punto del colapso nervioso y temblando, pero también reí como un transtornado reviviendo amores que llegaron del pasado.
Fui a conciertos, canté, bailé, grité, chiflé y por fin lloré. Todos muy bien.
Me compré un sombrero, regalé un reloj, adopté a un perro, leí Salvar el Fuego, La tregua, Noveccento, el Extranjero, La Llama doble y también otros cuentos dedicados que resultaron ser puro cuento.
Dediqué canción y me dedicaron.
Bailé a besos con el pasado. Besé a bailes con el presente.
Entrevisté al presidente, al gobernador, al alcalde, al autor y al señor que me atiende en el Oxxo.
Me conocí y me desconocí.
Gané mucho más de lo gastado y gasté más de lo merecido. Invité a todos, pero también pedí fiado un cigarro, levanté cuentas, vendí carros, almorcé en avión y cené nada. Todo me hizo provecho.
Hoy doy gracias porque en este año y los otros 43, siempre estuve acompañado aún en mis domingos más solitarios.
Celebro a mis sobrinas, a mis padres, a mi hermana, a mis Orquestos.
Celebro cada segundo que me han regalado.
Agradezco a ustedes su atención.
Caray… pensándolo bien no hay queja, sí fue un buen año.
PD: Lleven su veneno al autor del Quijote 10 pm. Solo recibirán un abrazo.
Los abrazo.
Jorge Saldaña, el de los 44.
#4 Tiempos
Hagamos Fan Fest, eso lo paga el pueblo | Columna de Haniel Valdés
Acento Ajeno
La clase política potosina parece estar de acuerdo en una sola cosa: es hora de pelearse. Sin embargo para coordinarse y ahorrar dinero público, para cumplir promesas de campaña o terminar las obras conjuntas, para dialogar como adultos o políticos maduros, serios, profesionales, en lugar de andar tirando piedras con cuanta pregunta lanzan mis colegas del gremio, para eso: “no señor, no tenemos tiempo”.
El Mundial de 2026 está dejando una imagen que resume buena parte de la relación entre el gobernador Ricardo Gallardo y el alcalde Enrique Galindo: dos Fan Fest en la misma ciudad, financiados con recursos públicos distintos, promovidos por gobiernos distintos y dirigidos exactamente al mismo público, los potosinos.
Por un lado, el Gobierno del Estado adquirió un paquete de derechos de transmisión para llevar los partidos a San Luis Potosí, Soledad, Ciudad Valles y Rioverde. Por otro, el Ayuntamiento capitalino firmó sus propios acuerdos para organizar transmisiones en Plaza del Carmen.
La pregunta es inevitable: ¿era realmente necesario dos fan fest en la capital del estado?
Porque más allá de los argumentos políticos o administrativos que cada autoridad pueda presentar, el resultado práctico fue que dos gobiernos sostenidos por los mismos contribuyentes terminaron desarrollando estructuras paralelas para ofrecer exactamente el mismo servicio: que los ciudadanos vieran partidos del Mundial en espacios públicos.
Pantallas, logística, promoción, personal operativo, actividades complementarias y derechos de transmisión. Todo por duplicado.
Hasta ahora, ninguna autoridad ha transparentado completamente cuánto costaron los derechos de transmisión en cada caso. Se especula que mientras el Ayuntamiento capitalino gastó unos 11 millones, el “tetrapack” estatal superó los 60 millones.
Estas cifras pueden o no ser ciertas, pero lo que sí se conoce es que tanto el Ayuntamiento como el Gobierno del Estado comprometieron millones de pesos en contratos relacionados con sus Fan Fest destinando recursos para un mismo esquema de transmisiones mundialistas, solo que en dos plazas distintas.
El problema no es que existan eventos para acercar el Mundial a la gente. Eso puede justificarse perfectamente. El problema es la ausencia de coordinación institucional.
¿Alguien analizó cuánto habría costado un solo gran Fan Fest respaldado por ambas administraciones?
¿Alguien calculó cuánto dinero público se habría ahorrado compartiendo infraestructura, producción y permisos?
¿Alguien explicó por qué era mejor tener dos proyectos compitiendo entre sí en lugar de uno complementario?
La impresión que queda es incómoda: la rivalidad política terminó pesando más que la eficiencia administrativa.
Mientras los discursos oficiales hablan de unidad, promoción turística y convivencia familiar, las decisiones muestran otra cosa. Muestran dos gobiernos empeñados en demostrar quién podía organizar el mejor evento, aunque eso implique gastar más recursos públicos de los necesarios.
Yo veo dos niños pequeños, organizando su cumpleaños y peleados por ver quien hace la fiesta más linda. ¿El problema? Como los niños son de la misma familia, el dinero sale de la misma bolsa y los invitados son exactamente los mismos “amiguitos”.
El Mundial dura unas semanas. Las consecuencias de gastar sin coordinación permanecen mucho más tiempo.
Porque el dinero utilizado para financiar proyectos paralelos no pertenece ni al gobernador ni al alcalde. Pertenece a los ciudadanos.
Y los ciudadanos tienen derecho a preguntarse si realmente era indispensable pagar dos veces por lo mismo.
También lee: Educar en el siglo veintiuno es un acto de fe, no solo de vocación | Columna de Haniel Valdés Velázquez
El Cronopio
El incansable escrutador del cielo, Enrique Chavira Navarrete | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
El 5 de junio de 1925 nace en la Ciudad de México Enrique Chavira Navarrete, el incasable escrutador del cielo; personaje que representa el renacer de la astronomía mexicana moderna. Heredero de los pioneros mexicanos de la astronomía que formaron los establecimientos para el estudio de la disciplina, entre ellos los potosinos Valentín Gama y Rodolfo Jurado y, muy especialmente de Joaquín Gallo quien le enseñó a observar y dar seguimiento a cuerpos celestes en el Observatorio de Tacubaya donde ingresó Chavira a trabajar, para luego pasar, al entonces naciente, Observatorio Nacional de Tonantzintla en Puebla, siendo de los astrónomos que iniciaron actividades en aquel lugar en 1943.
Su labor sería pionera al llevar a la astronomía observacional y a explicar que sucede en los fenómenos celestes que fue un paso significativo de la astronomía para usos prácticos que se realizaba en México a la astronomía moderna en el país, con el uso de nuevos instrumentos con los que contaría el Observatorio de Tonantzintla, como la cámara Schmidt, convirtiéndose en uno de los grandes observadores del cielo. El Observatorio de Tonantzintla se convertiría en uno d ellos principales centros de astronomía a nivel mundial, donde se descubrieron una buena cantidad de objetos celestes, participando en ello Enrique Chavira.
En los setenta, cuando yo estudiaba física en San Luis, visitamos el INAOE que había asumido ese nombre a principios de los setenta al extenderse el observatorio de Tonantzintla a las áreas de electrónica y óptica que se agregaban a la de astrofísica, el Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica, conocimos a Enrique Chavira quien nos mostraba parte de la instrumentación telescópica que contaba esa institución, posteriormente al ir a continuar mis estudios a Puebla, fui compañero de la maestría en física de su hija Elsa Chavira, de quien ya hemos comentado en esta sección, y visité varias veces su casa además de encontrarlo seguido en el INAOE; entre las visitas a su casa, una de ellas de varios días pues estaba convaleciente y la familia de Elsa me albergó, descubrí que Enrique Chavira era un estudioso de las arqueología, y que había recopilado una buena colección de objetos prehispánicos propios de la región cholulteca donde estaba alojado el INAOE , mismos que estudiaba con ahínco.
Enrique Chavira es uno de los pilares de la astronomía observacional en México, que lo llevo a ser integrado como investigador en 1952 del Observatorio Astrofísico Nacional de Tonantzintla (OANTon), destacando en la identificación y clasificación de galaxias y estrellas azules gracias a su preparación en análisis espectral.
Entre sus descubrimientos observacionales se encuentran, el de una supernova en la región de Sagitario, el registro del quasar Ton256, que en el nombre lleva las siglas del observatorio de Tonantzintla, el objeto extragaláctico más lejano observado por la Cámara Schmidt de Tonantzintla y del Cometa Haro-Chavira en 1954 en la región del Toro. No es de extrañar que aparezca en el par de novelas de Elena Poniatowska que le dedicó la escritora al Observatorio de Tonantzintla donde trabajaba su esposo Guillermo Haro, compañero de Enrique Chavira.
A lo largo de más de cincuenta años contribuyó a la colección de más de 15 mil placas astrofotográficas del INAOE, sucesor del OANTON. La colección de placas astrofotográficas de la Cámara Schmidt de Tonantzintla que fue reconocida oficialmente en 2015 en el programa Memoria del Mundo de la UNESCO, cuestión que ya no pudo ser testigo Enrique Chavira Navarrete, pues su muerte ocurrió el 23 de noviembre del año 2000 en la Ciudad de Puebla donde radicó en todo ese tiempo.
Sus grandes descubrimientos y la intensa labor en pro de la astronomía mexicana le valieron diversas distinciones, diplomas, cédulas reales, medallas al mérito académico y el nombramiento de Investigador Emérito en el INAOE.
Enrique Chavira, el gran astrónomo observacional, pasa a la historia como uno de los pilares de la astronomía mexicana moderna.
También lee: La enseñanza de matemáticas para la vida, Emma Castelnuovo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
#4 Tiempos
Gallardo manejó, Claudia le leyó el mapa | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Culto Público, hijos de la forma y el fondo:
Les traigo la primicia. Hace unas horas estuvo aquí en la capital la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Así. Sin aviso previo. Sin discurso. Rompiendo por completo — y si no me equivoco, por primera vez en su mandato — la forma de acudir a sus giras de fin de semana.
Los eventos a los que vino son, por donde se vea, guiños tiernos: premiar a un equipo de fut femenil en la Politécnica e inaugurar una cancha de futbol en Santa María del Río. Nada que ver con el estilo de sus giras. Y eso dice mucho.
La presidenta comenzó a visitar gobernadores. Y que el primero haya sido el potosino habla de la importancia que le da la mandataria a este estado de cara a la próxima contienda.
No dio discurso — seguramente algunas palabras a las premiadas y a los usuarios de la cancha —, pero su sola presencia dijo mucho más que cualquier micrófono encendido.
En los traslados estuvieron solo ella y el gobernador. Ni siquiera hubo chofer: manejó Gallardo. Y yo les apuesto, sin haberlo visto, que no hablaron del clima ni del partido México contra Corea.
Temas que sí tocaron, a mí juicio: la llamada Ley Serrano, la narrativa nacional construida sin contexto sobre la persecución a “voces críticas” — por fin la presidenta supo la calaña de personas a las que organismos internacionales defendieron con tanto ardor — y la realidad de fondo de ese asunto. Si hubo regaños, que bueno. Si se puso cada cosa en su lugar y en justa dimensión pues qué mejor.
En lo político les dejo dato para que ustedes le den mejor interpretación:
Nadie de Morena ni de Bienestar fue enterado. En Santa María del Río ni despertaron a la presidenta municipal — que es de Morena — y se enteró de la visita de Sheinbaum cuando apenas se andaba haciendo un huevito para el desayuno. Memo Morales y Rita tampoco estuvieron enterados, hasta donde se sabe.
Esos no son descuidos. Eso es mensaje.
Preguntas que dejo en el aire, porque yo no sé nada y ustedes sabrán leer mejor:
¿Comenzó la presidenta a hacer acuerdos rumbo al 27?
Si es así, se le aplaude que los haga en persona. Los mensajes encriptados y los “te mando decir con gestos” caen gordos.
¿Vino a conceder la “Excepción Ruth” estatutaria para amarrar la alianza Verde-Morena de cara a la gubernatura?
¿Vino a decirle al gobernador — no a preguntarle, ojo— cómo se va a llamar el candidato?
¿O ya quedaron en jugar a las venciditas uno contra el otro y buena suerte?
Yo por mi parte no sé nada. Yo apenas estaba echando baño para ir a misa de una en Tequis.
Buen domingo a todos y todas.
Yo soy Jorge Saldaña.
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