octubre 21, 2026

Connect with us

#4 Tiempos

Los santos lugares | Columna de Juan Jesús Priego

Published

on

LETRAS minúsculas

Me gusta ir a los templos antiguos y quedarme en ellos lo más que puedo. Me gusta su olor, su penumbra, su silencio. Son como un vientre en el que uno se encuentra a salvo de las tormentas de la ciudad y de la vida.

Al entrar a estas viejas construcciones es como si uno se hubiera ido a vivir a una isla en la que nadie pudiera encontrarnos, ni siquiera los que nos buscan con insistencia. Que nos esperan: ya regresaremos; que nos dejen un momento con nosotros mismos y con Dios: ya nos volveremos a ver. Ahora nos encontramos en un universo donde se vive sólo de lo esencial.

Aquí el ruido de la calle se apaga y el tumulto de los pensamientos se aquieta, pues lo santo que en este lugar mora exige silencio y reverencia.

Las rodillas, siempre firmes y rígidas, se doblan en gesto de veneración. En la oficina uno está siempre sentado o de pie, pero aquí nos arrodillamos. Es el único lugar donde el hombre puede arrodillarse sin sentirse ultrajado. Arrodillarse afuera sería cobardía; aquí es adoración.

Conforme se adentra uno en este mundo misterioso, los movimientos de nuestro cuerpo van tornándose menos bruscos y nerviosos, el corazón recobra su ritmo natural, la respiración se tranquiliza y el estrés disminuye. Es como si hubiéramos tomado una píldora para los nervios y ésta nos hubiera hecho efecto al instante.

Aquí el tiempo queda relativizado, si no es que detenido. La imagen sagrada que nos observa desde su nicho inalcanzable está en ese preciso lugar desde hace 100 años, o 200. Y al sentirnos alcanzados por su mirada dulce o terrible damos menos importancia a los movimientos internos de nuestro reloj.
Esta mirada nos interroga acerca de las cosas verdaderamente importantes y exige una respuesta.

¡Qué relativo nos parece lo urgente en el banco de un templo, qué sin importancia! Pareciera que únicamente desde aquí es posible ver las cosas en sus justas dimensiones.

Los que dicen no ir nunca a un templo, no saben lo que se pierden.
Cuando se entra en él no distraídamente, como quien va a un lugar turístico, sino en una actitud de profundo respeto ante lo santo, verá pronto cómo su mente se aclara, su corazón se serena y su voluntad se hace más fuerte. ¿Quiere usted tomar una buena decisión, una decisión justa? Vaya a un templo, quédese allí unos momentos –sin ver el reloj, apagando su celular, abandonándose a la atmósfera que en él se respira-, y vea después lo que sucede.

Sobre cosas serias, no decida usted en su escritorio, o viendo la televisión, o fumándose un cigarro; haga mejor lo que hizo Viktor E. Frankl (1905-1997), el famoso psicólogo vienés, cuando tuvo que decidir si quedarse en Austria acompañando a sus padres, que tarde o temprano irían a parar a un campo de concentración, o irse a Manhattan, donde le esperaba una vida llena de éxitos, pero lejos de sus padres y con el remordimiento de haberlos abandonado justo en el momento en que más era necesario estar con ellos.

Era el año de 1942, en Viena. La segunda guerra mundial se hallaba en su momento más dramático; los judíos eran despojados de todo y conducidos a lugares de los que no se volvía; el doctor Frankl, pues, se hallaba ante un serio dilema: ¿irse a América o quedarse en Europa?

«Cubrí con mi portafolios la estrella amarilla que tenía que usar en mi abrigo -cuenta en su autobiografía- y me senté una noche en la catedral de Viena.

Había un concierto de órgano y pensé: Siéntate, escucha la música y considera todas las preguntas. Descansa, Viktor, pues estás muy distraído. Entonces me pregunté a mí mismo qué hacer. ¿Debía yo sacrificar a mi familia por el bien de la causa a la que había dedicado mi vida, o debía sacrificar esta causa en bien de mis padres? Cuando uno está confrontado con esta clase de preguntas, uno ansía una respuesta del cielo… Cuando terminó el concierto, dejé la catedral y me fui a casa.

Ahí, sobre el aparato de radio, estaba un pedazo de mármol. Le pregunté a mi padre qué era eso. Él era un judío piadoso y lo había tomado del lugar donde estuvo la sinagoga más grande de Viena. Esta piedra fue parte de las tablas que contenían los diez mandamientos. En la piedra estaba grabada en dorado una letra hebrea. Mi padre me dijo que la letra aparecía solamente en uno de los
mandamientos, en el cuarto, que dice: Honra a tu padre y a tu madre [Éxodo 20, 12].

Eso era el signo que necesitaba. Decidí permanecer en Austria y dejar que mi visa americana caducara».

Si Viktor Frankl no se hubiese planteado la pregunta en la catedral de Viena, ¿habría encontrado la respuesta que tanto anhelaba en aquel bloque de mármol, o lo habría tomado por una simple piedra sin importancia?

En el templo el corazón se hace más sensible y se preocupa de las únicas cosas verdaderas.

¿Qué más podemos decir en torno a este lugar sagrado? Que allí es seguro encontrar a Dios. Si buscas desesperadamente a un hombre, ¿a dónde vas a ir a buscarlo? ¿Caminarás sin rumbo por las calles de la ciudad para ver si la casualidad te hace dar con él? ¿No te informarás más bien dónde vive e irás allá a buscarlo? Pues bien, con Dios sucede algo similar. Y no porque Él no esté en todas partes, sino porque el Señor mismo dijo así: «He escuchado la oración y la súplica que me has dirigido. Consagro este templo que has construido para que en él resida mi nombre por siempre; siempre estarán en él mi corazón y mis ojos» (1 Reyes 9,3).

¿Quieres tener la certeza de que Dios escuchará tu clamor? Ya sabes lo que tienes que hacer. ¿Quieres sentirte visto por Él? Ven: en el templo están sus ojos.

Lo digo una vez más: los que dicen no ir nunca a un templo, no saben lo que se pierden.

Lee también: Una ciencia muy triste | Columna de Juan Jesús Priego

Continue Reading

El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Published

on

EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

Lee también: María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano

Continue Reading

Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

Published

on

Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

También lee: Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

Continue Reading

El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Published

on

EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

También lee: El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Continue Reading

Opinión

Pautas y Redes de México S.A. de C.V.
Av Cuauhtemoc 643 B
Col. Las Aguilas CP 78260
San Luis Potosí, S.L.P.
Teléfono 444 2440971

EL EQUIPO:

Director General
Jorge Francisco Saldaña Hernández

Director Administrativo
Luis Antonio Martínez Rivera

Directora Editorial
Ana G. Silva

Periodistas

Diseño
Karlo Sayd Sauceda Ahumada

Productor
Fermin Saldaña Ocampo

 

 

 

Copyright ©, La Orquesta de Comunicaciones S.A. de C.V. Todos los Derechos Reservados