noviembre 5, 2026

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#4 Tiempos

La UASLP: el parte de guerra | Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES 

 

No, no hubo ni habrá regreso a la normalidad. Eso sería imposible. Después de la guerra o se reconstruye, o se aprende a caminar sobre las ruinas. Tras las semanas de una batalla intensa se regresó a clase, se recuperaron los espacios y se apaciguaron los frentes, pero no, la UASLP y su historia ya se escriben en otro capítulo. La Universidad ya no es la misma.

El episodio del viernes 17 de octubre al lunes 3 de noviembre será la herida de guerra que se llevará en el rostro el doctor Zermeño no solo para los años que le restan al frente de la centenaria institución, sino para el resto de su vida.

Los tambores de guerra ya resonaban en algunos corazones azul dorados antes de la detonación del viernes 17. Son antecedentes que, aunque no lo parezcan, importan, y es que no todos los miembros del Consejo Directivo Universitario estaban de acuerdo con la diplomacia y prudencia (para algunos interpretada como tibieza y miedo) con la que el rector alertó de las consecuencias de un impago por parte de gobierno del estado.

El argumento de la inteligencia y altura institucional de Zermeño fue sólido para algunas alas del CDU sobre todo tras la advertencia precautoria respecto a que por ninguna cantidad, se pondría en riesgo la vida de algún miembro de la comunidad.

En Palacio de Gobierno coincidieron. No había necesidad de enfrentamiento callejero, ni se deseaba, no obstante las contradicciones empezaron a brotar. Una cosa era lo que le daban como argumento al gobernador y otra muy distinta lo que probaron públicamente los medios al tener a la mano el convenio entre el Gobierno del Estado y la Federación.

Por más vueltas que le dieron a la madeja discursiva el hilo se les atoró en el cuello y por fin se tuvo claro -lo que ya era claro- pero que se resistían en Palacio a aceptar: que su secretaria de Finanzas estuvo siempre equivocada, el convenio es inatacable, contundente en las fechas, explícito en las cantidades, y firmado a tiempo. A maromas, se llegó a la realidad.

Junto al gobernador, quien supo leer la circunstancia fue el secretario general de Gobierno, Guadalupe Torres Sánchez, que llamó al equipo rectoril para comenzar el juego de a ver quién jalaba más la cuerda. El colmo de estos enfrentamientos fue cuando de emergencia se llamó a Zermeño una vez más a Palacio y le dieron la instrucción que, de los acuerdos, sería gobierno quien tomaría la palabra para hacerlo público.

Entre un vaivén de anuncios, y la decepción de algunos por interpretar que se cediera el control del tema al Palacio de Madero, al final no hubo mayor avance que el reconocimiento de la deuda en líquido, con retortijones discursivos que no faltaron.

Se juntaron los ingredientes: el jaloneo, un impulso latente de salir a las calles apenas contenido, el peso de una opinión pública que volteaba a ver como enemigo al gobierno por deudor y algunas salpicaduras de manifestación pública en Estomatología y Economía. Hubo condiciones, hubo antecedentes y vino la bomba: un detonante inesperado que cambió la narrativa.

Para el viernes 17 por la noche, el rector estaba enterado de un incidente grave y flojamente atendido: en las oficinas de la FUP en la Facultad de Derecho, tres amigos en la peda (porque eso eran) cometieron lo que se investiga como una violación que deberá investigarse y castigarse hasta las últimas consecuencias.

Entonces el escenario de la deuda dejó de tener espectadores. Fue un intermedio violento a una obra trágico dramática.

Los tambores de guerra se batieron, y es que (asunto que todavía no se explica quien esto escribe en más de 25 años de reportero…o mejor dicho sí me explico…) en media hora el expediente de una denuncia penal por violación llegó a dos redacciones, la del periódico Reforma y la del nuevo medio El Mañana de San Luis.

Lo ocurrido la tarde noche de ese viernes, entre chelas, churros, denuncia y su publicación, licuó todos los ingredientes para que se desatara un enojo contenido, y de lo que se alimentan las masas enardecidas es de tener un enemigo, aunque sea uno equivocado y así fue: en menos de lo que se destapa una cerveza, el enemigo no era gobierno ahorcándolos financieramente, sino la rectoría –esta y otras- a las que se les cobró la deuda profunda y dolorosa del acoso, del agravio añejo y nuevo contra sus alumnas, del inmenso rencor guardado en cientos de historias, todas repugnantes.

Con la venda en los ojos de la pena física, moral y emocional la turba se lanzó a las calles y con ello se abrió la ventana para los pescadores de agua turbia.

El rector tomó decisiones, y echó mano de lo que su autoridad le permite, pidió la renuncia del director de la Facultad de Derecho así como de la titular de la comisión que atiende esos casos, sin embargo no está entre sus facultades aprehender a presuntos violadores, tema estrictamente en manos de la Fiscalía.

Enviar ese mensaje costó algunos días. Si lo que los manifestantes exigían era la aprehensión del victimario, era a la fiscal a la que debieron exigirle pero no… para entonces (y tras una ausencia cuestionable del día de la crisis de Zermeño) ya se había metido Morena, ya se habían metido los porros del pasado a través de gorilas amaestrados y encapuchados “rompelotodo” que no responden a causas, respondieron al caos enfermizo de la cabeza de pseudo líderes que se creen todavía con feudos en la uni, y sí, también se metieron los grupos comandados por acomedidos, que sin mayor sustancia pensaron que harían un favor al gobernador generando desmanes.

Por la oficina del gobernador ni del secretario general no pasó ni se tomó una decisión violenta ni se fomentó la crisis. Al contrario, aunque eso no significa que se tomaron decisiones por la libre en otras oficinas de Palacio y que a nombre del mandatario se hayan liberado órdenes (asunto por demás grave).

Me atrevo a decir y sostener lo anterior porque el gobernador calcula, y si se mete en algo sabe por dónde salirse, es jugador de ajedrez con alma de tahúr: mide la jugada, pero lanza los dados.

Porque si desde Palacio de Gobierno se hubiera fraguado el asedio, los destrozos y la toma del Edificio Central, entonces hubieran tenido táctica, estrategia, una ruta de batalla, un segundo y tercer paso, pero no fue así.

Hacer enemigo público a Zermeño por ocurrencia es un asunto efímero, inútil y contraproducente para su gobierno con su discurso de paz y gobernabilidad, si a caso la afrenta entre rector y gobernador se hablaba en el idioma de tiempos y dinero, no de fuerza.

Pero con la crisis en las calles, las facultades tomadas y la información desarticulada, la única forma de reencauzar la narrativa y hacer que la turba estudiantil volteara a ver a la Fiscalía era anunciar que ya se había detenido al principal responsable.

Me consta que la UASLP tuvo la información sobre la aprehensión una noche antes, pero la desaprovechó y fue hasta el día siguiente que el gobernador la anunció muy temprano y con ello el panorama cambió.

(Cuestionable en cierta medida que el gobernador haya anunciado lo que le correspondía a la Fiscal, pero también es una prueba más de que el gobernador quería desactivar el conflicto y no fomentarlo)

El IFSE y otros personajes quisieron figurar aprovechando el conflicto, e incluso algunos medios dieron voz a personajes doloridos por su falta de pericia para hacer negocios. Todo eso fue pura paja y ganas de hacer el ridículo unos minutos.

Si gobierno (o mejor dicho los acomedidos del gobierno) no planearon el siguiente o los siguientes pasos, los arrimados de Morena (que no todo el partido, sino dos de sus integrantes más visibles), pues mucho menos. A los encapuchados porriles pues no se les puede pedir más, es suficiente darles su banana.

En adelante y por lo que responde a la universidad, hay que reconocer que se llevó todo el resto del parte de guerra y ganaron de todas, todas en el tablero instalado:

No se dejaron como Cuba, ni se agacharon a ningún imperio propio o externo. Resistieron como las viejas murallas y desplegaron estrategia, control de daños, y certezas.

Aunque muchos hubiéramos querido ver al rector Zermeño defender su castillo tomado, por suerte o estrategia evitó ser expulsado y exhibido públicamente y un día después de la tormenta salió de forma elegante, sin estridencias a hablarle a la sociedad y a su comunidad.

Se exhibió a los intrusos de los tres tipos, se blindó al alumnado con el uso de las credenciales, se hicieron acuerdos con cada facultad y de ahí se generó un documento público, salieron rápido a mostrar a una comunidad buena y resistente, bloquearon el flanqueo oportunista del IFSE al que volvieron a batear y por si fuera poco, gobierno les dio fecha de pago.

Hace mucho que no veía una operación así, con soldados que saben cuando sí y cuando no disparar.

¿Se llevaron una cicatriz en el rostro? Sí, pero de esas que dan honor. ¿Equivocaciones en el camino o de interpretaciones? También, pero nadie es perfecto y no es lo mismo ver los toros desde la barrera.

Si bien en términos de estrategia la UASLP pudo rehacerse y actuó con mayor habilidad, tras la tormenta no hay ganadores, ni perdedores, hay sobrevivientes, renacimiento y reconstrucciones.

Se le atribuye a Octavio Paz la frase “la muerte es la gran reconciliadora; todo lo que la vida separa, la muerte lo une” (muy acorde además a este mes de la celebración a la muerte).

La Universidad Autónoma de San Luis Potosí, tuvo que morir un poco para renacer, los templos se reconstruyen. Solo así se logran nuevos acuerdos con su comunidad, solo así se curan las heridas del pasado y se pueden desprender de la idea de que son una isla.

La universidad debe aprovechar para replantearse y reconocer que necesita aliados, no solamente enemigos, y no por interés sino por generar comunidad, porque el conocimiento y la verdad no sirven si no están al servicio del crecimiento de toda la sociedad a la que se debe y al mismo tiempo pertenece.

La autonomía no los convierte en una isla y mejorar los puentes de comunicación con otras instituciones no los hace vulnerables. Son sólidos y ya lo demostraron. El rector y el gobernador no son rivales aunque insistan (o les hagan creer a uno y a otro) que deben usar sus trajes de villanos necios. 

La Máxima Casa de Estudios existe y ha existido gracias a una relación simbiótica con la ciudad y con el Estado. No se entiende a la ciudad y al Estado sin la UASLP y viceversa.

La universidad sobrevivió a una tormenta perfecta, gobierno hizo lo suyo con las capacidades a su alcance, y la comunidad, como todo el que vuelve de la guerra, no es la misma, pero sigue de pie y respirando, están en clase, las actividades continúan y eso también es un modo de vencer.

Las preguntas que no se ha hecho y urge plantear son: ¿Cómo se evitará una situación similar, de presión económica, para los próximos meses entre gobierno y UASLP ? ¿En qué términos se firmará el convenio 2026 entre Federación y Estado? ¿Cómo se blindará la Universidad para que con los 4 mil millones de presupuesto con los que cuenta, pueda administrarse de forma tal que no tenga que estar en aprietos decembrinos ni tenga que estar rogando al Estado por la liberación de los recursos?

Por lo demás, (que no es lo de menos) en alivio y combate a los dolores y heridas profundas en materia de acoso y seguridad, además de todos los acuerdos ya tomados, ya están por arrancarse foros de consulta. Seguramente habrá buenos resultados, que siempre serán perfectibles. Lo que no se puede soslayar es que  por más sólidos que sean, estarán a merced de la kriptonita de todas las normas: la imprevisible condición humana. Esa que nadie prevé, esa que detona un conflicto físico, simbólico, institucional, histórico y moral cualquier viernes por la tarde.

Jorge Saldaña.

BEMOLES

GALLARDO Y GALINDO

En otros temas y aprovechando la frase Octaviana pacezca, también tuvieron que morir un poco los egos y los ataques entre el Gobierno del Estado y el Ayuntamiento capitalino. Ayer enviaron ambos mandatarios un mensaje de concordia en la sesión solemne de Cabildo a la que acudió el gobernador Gallardo. Ambos ganaron tiempo. Es muy temprano para autodestruirse.

¿LO TOPAS?

Pregunta para Carlos Arreola: ¿Quién es Luis Raúl Hernández Herrera?.  Estaré muy al pendiente amigo porque ha despertado mi interés tanto el changuito como en su entrenador.

HALLAZGO

Para los muy interesados en los recursos propios de la UASLP, me encontré en la página de transparencia de la propia universidad, fechas, montos, cheques… También encontré que hay un despacho externo que los audita. Si los del IFSE gustan, les mando los links.

También lee: Gobierno y UASLP: sus enemigos se saborean los bigotes | Apuntes de Jorge Saldaña

El Cronopio

Juan José Ortega, director cinematográfico matehualense | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En las primeras décadas del siglo XX un buen número de potosinos van a la Ciudad de México a continuar su formación y su desarrollo profesional. La mayoría sobresalen en las actividades que se realizan, como lo muestra la nutrida membresía de la Academia Potosina de Ciencias y Artes formada por potosinos que radican en la Ciudad de México, donde la mayoría ocupan puestos de importancia en la vida cultural mexicana. Entre estos personajes se encuentra el camelense Juan José Ortega García que destacaría en la industria cinematográfica en la época de oro del cine nacional a la que se incorpora en la década de los treinta siendo otro de los potosinos pioneros en el cine mexicano.

Juan José Ortega García nació en Matehuala, San Luis Potosí, el 27 de octubre de 1904, donde inicia su educación primaria la que tuvo que suspender, para proseguirla de manera autodidacta, para contribuir al sostenimiento de su familia. La familia se traslada a San Luis Potosí y continúa su formación autodidacta, entre ellos el oficio de mecanografía, lo que le conduciría a iniciarse en el periodismo en 1925 colaborando en el periódico Acción de San Luis Potosí, del que sería su subdirector en 1928 y, director en 1932 del periódico potosino Vanguardia. Fundó en el Bajío un par de periódicos: el Diario del Centro en Aguascalientes y El Globo en León, Guanajuato. Colaboró como corresponsal en los periódicos Excélsior y El Universal.

Juan José Ortega García, director cinematográfico matehualense

Al llegar a la Ciudad de México para integrarse a la Comisión de Irrigación en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas inicia su carrera en el cine dirigiendo documentales oficiales, Irrigación en México y Gigantes de Piedra. Al dirigir estos largometrajes comprendió que su carrera sería el cine y se adentra dirigiendo su primera película en 1939, Sendas del Destino, donde actúa, entre otros, Eduardo Arozamena, en una trama que se desarrolla en la presa La Angostura en Sonora, reminiscencia de sus primeros largometrajes, la cual fue financiada de su propio peculio y con aportación de la Comisión Nacional de Irrigación, donde laboraba Ortega García.

Sendas del Destino sería su ópera prima de, al menos 42 películas que dirigió

, realizando también coproducciones internacionales, con Cuba, Venezuela, Colombia y Perú. Entre las películas que dirigió se encuentran: La mujer legítima en 1945, con Isabela Corona; La insaciable de 1947, con María Antonieta Pons, con un guion escrito por el propio Juan José Ortega incursionando así en el guionismo; Cuando el alba llegue, en 1950, con Meche Barba; Lodo y armiño, de 1951, con Armando Calvo; Cuentan de una mujer, en 1958, con Marga López; En carne propia, de 1961, con Joaquín Cordero; Pacto de sangre, en 1966, con Manuel López Ochoa, entre otras.

Entre los melodramas, género preferido de Juan José Ortega, filmados en Cuba se encuentran: la comedia musical filmada en 1953 en La Habana, intitulada Me gustan Todas con Adalberto Martínez Resortes; en 1954 las cintas, Frente al pecado de ayer y Yo no creo en los hombres, protagonizadas por Sarita Montiel; en 1956 dirige No me olvides nunca, con actuaciones de Luis Aguilar, Rosita Fornés y Olga Guillot.

En la década de los sesenta dirige la serie de películas tipo westerns de Leonardo Moncada, serie de cinco películas estelarizadas por Joaquín Cordero, basadas en una serie radiofónica cubana. En esa década Ortega comienza a dedicarse a la distribución de películas creando la distribuidora Compañía Cinematográfica Mexicana y Productora Mexicana de Películas. Es propietario también de Producción Fílmica de México y Películas y Videos Internacionales, todo ello en los ochenta.

Recibió varios reconocimientos a su carrera cinematográfica, como productor, director, guionista y distribuidor actividades que siguió después del periodismo, donde sería también pionero en el periodismo potosino del siglo XX. Juan José Ortega García murió en la Ciudad de México el 27 de diciembre de 1996.

Lee también: Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino

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Acento Ajeno

La alcancía sin fondo de Margarito | Columna de Haniel Valdés

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ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

Dice Shakira, “tiene nombre de persona buena, claramente no es como suena”. Nombre de flor, pero actuar de mala hierba. Mientras el Estado amplía las rutas gratuitas y de calidad, para los potosinos, las empresas que operan el otro, el caro y de pésima calidad, dicen que no les alcanza y necesitan duplicar el precio del pasaje.

Margarito Terán, representante del sector camionero, que nunca ha usado el transporte público para moverse, solo para llenar sus bolsillos, por eso no sabe el pésimo servicio que prestan, pide tarifa récord y dinero público sin explicar qué pasó con el aumento de este año ni con los camiones nuevos que el Estado ya entregó al sector.

En enero, Margarito Terán pidió subir el pasaje de 12.50 a 15 pesos. El Estado le autorizó 13.50. Nueve meses después vuelve con una cifra que ya no es petición sino ultimátum: 23 pesos por viaje, 2,797 millones del erario y la amenaza de que el sistema “va a colapsar por inercia”.

Veintitrés pesos son 70% más que la tarifa vigente y 53% más que los 15 que el propio Terán decía indispensables hace diez meses. Si 15 eran la salvación en enero, ¿qué cambió para que ahora cueste ocho pesos más?

Hay un dato que Terán omite. Ese mismo enero, el 12, el gobernador Ricardo Gallardo entregó 100 camiones nuevos con una inversión de 266 millones de pesos en financiamientos. Son 2.66 millones por unidad. Al ritmo de ese precio, renovar las 768 unidades de la iniciativa costaría unos 2,043 millones. Faltarían casi 750 millones para llegar a los 2,797 que piden. El resto cubriría déficits de operación, un margen de 15% de utilidad para los concesionarios y las pérdidas de la pandemia. Es decir: dinero público para garantizarles ganancia.

Tampoco está claro qué pasó con los camiones ya entregados. El Gobierno presumió 100 en enero; en octubre, la SCT habló ante el Congreso de “más de 70 unidades urbanas” renovadas. Nadie ha dicho cuántos circulan, en qué rutas ni quién paga el financiamiento. Antes de pedir más, habría que rendir cuentas de lo que ya se dio.

Yo, usuario del transporte público de la capital, debo ser un desafortunado, solo una vez subí a una unidad de las nuevas, al parecer las rutas 53, 21, 30, 27, 10 y 5, que son las que utilizo con frecuencia, no recibieron la dicha de contar con los nuevos camiones, porque he conocido autos clásicos más modernos que los camiones que suelen llevarme por la ciudad.

La flota vieja no es una sorpresa. Terán dice que 882 unidades

ya debieron salir de circulación. La Ley de Transporte Público no permite camiones de más de 10 años, y renovarlos es obligación de quien tiene la concesión, no del usuario. En 2015 el padrón registraba mil 174 unidades; hoy hay mil 203. Once años después, el parque casi no creció, y tampoco se renovó. Y en mayo, el propio Terán reconoció que de mil 200 unidades autorizadas solo circulaban unas 800.

Hay una concentración que pesa. Cuatro empresas controlan 36% del padrón y diez, 61%. El dinero público llegaría sobre todo a quienes ya tienen más peso. Una de ellas, Tangamanga, enfrenta una denuncia de Ciudadanos Observando por mantener suspendidas tres rutas de su concesión.

El diputado Héctor Serrano lo dijo claro: las concesiones “son potestad del Estado, no propiedad de los concesionarios”. Quien explota un bien público no puede presentarse a pedir rescate cuando el negocio le sale mal.

Terán tiene razón en algo: los costos de operar suben. Pero una industria que pide más tarifa, más subsidio y más tiempo, sin ofrecer metas, plazos ni auditoría, no pide apoyo: pide un cheque en blanco.

Los costos suben, pero el respeto a la vialidad, la buena educación y atención por los conductores de las unidades, la limpieza de las mismas y el respeto a sus horarios y paradas, disminuyen.

La SCT debería preocuparse más por velar que las unidades de transporte urbano cumplan con aquello por lo que reciben dinero público, ofrecer un transporte de calidad. Pero primero y más fácil, cerrarle la boca y pararle los pies a este señor que ya parece alcancía, solo pidiendo dinero para guardar y no para emplear en lo que se necesita. O mínimo, salir con urgencia a desmentir sus falacias y exigirle resultados.

Lo mínimo que el usuario merece antes de pagar un peso más es saber cuántos de los 100 camiones nuevos circulan, un plan de renovación con fechas, rutas que realmente operen y cuentas abiertas sobre qué se hizo con el aumento de este año. Sin eso, los 23 pesos no son un precio. Son una factura sin desglose.

También lee: Gallardo renueva transporte público urbano

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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