octubre 14, 2026

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#4 Tiempos

La nostalgia y el amor | Columna de Juan Jesús Priego

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Un amigo mío me enseñaba hace poco una estadística según la cual, en Estados Unidos, la mitad de los matrimonios que se celebran cada año terminan en divorcio.

-Pues no vayamos tan lejos –le respondí sin espantarme-. Aquí mismo, en San Luis Potosí, los números no difieren gran cosa. Ahora bien, ¿quieres saber por qué es esto así?

Mi amigo se me quedó mirando como en espera de que continuara.

-Mi teoría es muy sencilla –proseguí-, tan sencilla que podría desilusionarte, y se basa en la presunción de que los novios se ven demasiado hoy en día.

-¿Y eso qué tiene de malo? –mi amigo, por supuesto, me tiraba a loco, o por lo menos estaba a punto de hacerlo-. ¿Es que no es bueno que los novios se vean? ¡Yo, cuando era joven, no tuve la oportunidad de ver mucho a mi novia!

En esto las nuevas generaciones han sido mucho más afortunadas que la nuestra…

-Sí, es bueno que se vean, pero no tanto. Observa con detenimiento a una parejita de preparatoria. ¿Qué es lo que hacen ella y él? Estar juntos todo el día.

Apenas salen de la escuela, y ya van por la calle del brazo diciéndose cuánto se quieren; por lo demás, esto ya se lo habían dicho unas diez veces en el día durante las clases a través de sus teléfonos celulares, ora llamándose el uno al otro, ora enviándose breves y calurosos mensajes.

Muy bien –continué-, ya están fuera de esa prisión que, dicen, es su escuela. Ahora caminan durante una hora, más o menos, hasta que llegan -¡por fin!- a la casa de ella. La distancia, a paso regular, bien pudiera recorrerse en la mitad de tiempo, y hasta en menos, pero como se detuvieron cada veinte pasos para darse un beso, ya sabrás. Una vez llegados a su destino, él la invita a sentarse unos minutos en la banqueta, y allí se quedan hasta la hora en que empieza a dar sus primeras rondas el velador de la cuadra, hora en que finalmente -¡vaya, ya era tiempo!- se separan (suponiendo, claro está, que se separen). Pero no ahí no acaba aún la jornada, no, señor. Porque llegando a su casa él tomará nuevamente su teléfono y se pondrá a chatear con ella hasta que el sueño los venza y se vayan a dormir para recomenzar al día siguiente el ritual completo.

¿Qué se dicen estos jóvenes durante todo ese tiempo que están juntos?

¡Misterio! Nadie lo sabe, salvo ellos, pero no lo dicen. ¡No se dan vacaciones ni siquiera los domingos! Y, así, cuando llegan al matrimonio, están más que aburridos el uno del otro. ¡Se han visto tanto, se han tocado tanto que ninguna de sus caricias o de sus palabras les resultan ya novedosas! Nada nuevo hay que descubrir ni nada original que declarar. ¿Y cómo quieres tú que las uniones sean durables en semejantes circunstancias?

En amor no hay que decirse todo de una vez; aquí es necesario dosificarse.

Sören Kierkegaard (1813-1855) comparó a los que se aman con esos predicadores que deben administrar su sermón a la hora del servicio religioso; he aquí lo que dijo el filósofo danés en ese bellísimo libro que es su Estética del matrimonio: «No disponemos sino de un cierto número de textos: si nos empeñamos en predicarlos todos el primer domingo, no sólo no queda nada para el resto del año, sino ni siquiera para el primer domingo del mes siguiente. Se debe, mientras sea posible, guardar el uno para el otro un cierto misterio; y en la medida en que ambos se revelan poco a poco, han de utilizar cuanto sea posible las circunstancias fortuitas, de modo que la revelación sea relativa, susceptible de varias interpretaciones. Hemos de guardarnos de toda saciedad y de todo empalago».

En el amor hay también rituales, progresiones y pasos; como dice el zorro al Principito, «hace falta ser muy pacientes. Te sentarás primero un poco lejos de mí, de esta manera, en la hierba. Yo te miraré por el rabillo del ojo y tú no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca». Sí, es necesario no apresurarse demasiado, o, como sigue diciendo Kierkegaard, «no considerar a la amada como definitivamente conquistada, sino como quien debe ser conquistada sin cesar».

Digámoslo de otra manera: el amor necesita silencio y ausencia, pues es en este espacio vacío, por llamarlo así, cuando de verdad se anhela al otro. La nostalgia, mi querido amigo, es cosa esencial para el amor.

He aquí una regla que yo considero fundamental: ni tan ausentes que abandonemos, ni tan presentes que atosiguemos. Y, por si no lo sabes, hay también una estadística que dice que, cuando el marido se jubila, una gran cantidad de parejas empiezan a tambalear. ¿La razón? Es muy sencilla: la esposa se cansa de ver a su marido todo el día allí, sentado en su sillón, leyendo el periódico y entrometiéndose en todo. «¿Qué haces, querida?», le pregunta, y ésta, que ya se había acostumbrado a disponer de una o dos horas para estar consigo misma, se siente al borde del colapso. Si quisieran salvar la situación, tales maridos harían bien en irse a vender pepitas a la Alameda para que su mujer no los vea todo el tiempo con las piernas estiradas. ¡Que se ausenten, que se ausenten, aunque sea poco, aunque sea unos mil metros durante unas cuantas horas!

Ausencia y presencia: he aquí dos cosas sumamente necesarias para el amor. Quizá hoy sobre presencia y falte ausencia; sobren caricias y falte nostalgia; sobren palabras y falte silencio. Nunca como hoy los novios se habían besado tanto y nunca, tampoco, se habían sentido tan inseguros respecto al futuro de su relación…

Mi amigo se me quedó mirando. Y entonces sonó un teléfono celular –no recuerdo si el suyo y el mío- y nos prometimos seguir platicando sobre este mismo asunto tan pronto como la vida nos volviera a juntar.

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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