agosto 5, 2026

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#4 Tiempos

La muerte del profesor Montag | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Imagine que está usted enfermo y que ignora la gravedad de su mal. Sus  amigos y parientes, para consolarlo, le dicen que no es nada, que todo fuera como eso, que ya verá cómo se pone bueno: en fin, cosas así. Sin embargo, recientemente ha descubierto que su médico, al hablar con sus hijos –con los hijos de usted, claro está- baja mucho la voz y adopta poses misteriosas. Ah, si todo estuviera tan bien como dicen, ¿por qué ese afán de formar conciliábulos detrás de las puertas, por qué esos bisbiseos que, pese a todo, usted alcanza a escuchar? ¿De qué hablan sus parientes, qué se dicen unos a otros? Apenas sale el médico de su habitación –estamos hablando de la suya, no lo olvide-, todos los de la casa empiezan a agruparse en círculos y a decir cosas como en clave, lo cual le da a usted muy mala espina. «¿Es que hay algo que éstos tratan de ocultarme?», se pregunta sin saber qué pensar.

Pero un día de tantos –seguimos con las suposiciones-, hurgando entre los papeles que reposan desordenadamente sobre un viejo escritorio, descubre el siguiente texto redactado nada menos que por su propia esposa: «Después de larga y penosa enfermedad, ha fallecido nuestro amado padre y esposo, el profesor doctor honris causa Wolf-Gerhard Montag». Por supuesto, ese doctor honoris causa del que habla el texto es precisamente usted. Diga la verdad: ¿qué sentiría?

Pues bien, esto fue lo que descubrió un día de 1990 el profesor Wolf-Gerhard Montag en Viaje a Trieste, la novela del escritor alemán Harmut Lange. Mientras se recuperaba de una dolorosa operación y deambulaba sin rumbo por las habitaciones de su casa, el profesor Montag pudo descubrir que los que lo rodeaban, en espera de su muerte, habían tomado ya todas las medidas pertinentes al caso y organizado el funeral.

Piense usted en lo que pudo haber sentido este pobre hombre al leer aquel papel. Como pudo, hizo de tripas corazón y se mantuvo en silencio. Pero he aquí que unos días más tarde descubrió, también en la biblioteca de su casa, este otro texto en forma de carta, listo para ser enviado a algún familiar lejano -por supuesto, también estaba firmado por su señora esposa-: «Ten presente –decía la nota- que cada letra cuesta veinticinco marcos (entonces eran todavía marcos) y que una lápida decente no se obtiene por menos de treinta mil. También habría que pensar si no conviene reducir las esquelas y, por lo menos, eliminar el honoris causa. Aquí cada sílaba resulta cara, y, ¿quién da importancia a semejante título? Además, a la esquela grande del Frankfurter Allgemeine tendría que contribuir toda esa gente, y si nosotros, como tú dices, reunimos treinta y cinco nombres y cada cual paga cien marcos, quedaría cubierta una parte del gasto».

El profesor Montag, al leer aquello, quiso morirse allí mismo, pero no de la enfermedad, sino de la pena. Pero eso no era todo, pues la carta continuaba así: «Esquela/imprenta: 10.000 marcos; entierro/tumba: 8.000 marcos; otros gastos: 3.000 marcos; total: 21.000 marcos». Todo estaba calculado, todo previsto. Lo único que faltaba era la fecha del deceso, pero ésta, claro está, era una de las pocas cosas que no dependía de la familia; no obstante, esposa e hijo se habían apalabrado ya con el dueño de una imprenta de la ciudad y éste se había comprometido solemnemente a tener listas las esquelas para el día en que ellos dijeran y a respetarles el precio establecido de antemano.

¡Qué familia más previsora! Sí, muy previsora, pero la verdad es que el profesor, además de morirse él, quería matarlos a todos. ¡Con qué desparpajo hablaban estos idiotas de marcos, entierros y coronas de flores! Pero no les cuento el final por si alguien, alguna vez, da con un ejemplar de esta novela bella y terrible y se decide a leerla.

¿Qué es lo que nos choca de esta previsión, por qué la sentimos irreverente y fuera de lugar? ¿Qué es lo que en ella nos parece insoportable? ¡Habían matado al profesor antes de tiempo! ¿Es que no era posible un milagro, un giro de esa rueda de la fortuna que es la vida?

Los demás han muerto para nosotros no cuando sabemos que se van a morir –pues esto es algo que de alguna manera todos saben-, sino cuando esperamos su muerte. Es esta espera impaciente la que nos parece intolerable, inhumana, patética.

La muerte, por más que parezca irremediable, para que sea una muerte humana, debe ser siempre inesperada. Se debe querer luchar contra ella, pese a todo; debe siempre sorprendernos y, a ser posible, hacernos llorar. En la historia que acabamos de contar  es la aceptación anticipada de ella lo que nos parece trágico.

Desde que leía esta novela –Viaje a Trieste-, pido siempre silencio a los que hablan en torno a las camas de los enfermos graves. De oír alguna palabra inconveniente, de notar algún gesto de previsión, éstos podrían llegar a creer que su familia no sólo sabe algo de su muerte, sino que incluso secretamente la espera. Hay que guardar silencio aun con aquellos que parecen ya no escucharnos. El hombre es un mar, y por más sereno que nos parezca en la superficie, nada sabemos de las corrientes que se agitan en su interior.

Dijo una vez en el transcurso de una conferencia la doctora Elisabeth Kübler-Ross: «En la proximidad de una persona inconsciente no se debe hablar más que de cosas que esta persona pueda escuchar, sea cual fuere su estado. Es triste lo que a veces se dice en presencia de enfermos inconscientes… También es necesario que sepáis que si os acercáis al lecho de vuestro padre o madre moribundos, aunque estén ya en coma profundo, os oyen todo lo que decís, y en ningún caso es tarde para decir lo siento, te amo, o alguna cosa que queráis decirles» (La muerte: un amanecer).

¡Y vaya que esta mujer, que esta doctora sabía de lo que hablaba: había visto morir a 20.000 personas a lo largo de su vida y más de una conclusión había sacado de todo esto!

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#4 Tiempos

El pionero de la música electrónica en América Latina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Uno de los trascendentes desarrollos artísticos y científicos potosinos lo son los pianos metamorfoseados desarrollados por Julián Carrillo, únicos en el mundo y que abriera la puerta a un nuevo universo musical. Los pianos, diseñados dando importancia al esquema práctico del propio piano, o sea sin cambiar la disposición de las teclas, fueron diseñados para poder tocar en tercios, cuartos, hasta dieciseisavos de tono, conformando así una serie de quince pianos que fueron presentados en la Feria Internacional de Bruselas en 1958 donde obtuvieron la medalla de oro.

Previamente Carrillo había diseñado y transformado un piano comercial de alta calidad a piano de tercios de tono, cambiando por completo el cuerpo del piano, el arpa que daba paso a tener un piano en tercios de tono, lo cual fue desarrollado a finales de la década de los cuarenta del siglo XX.

En este importante diseño del piano de tercios de tono, participó un joven que se haría camino en el mundo de la música y de la tecnología, Raúl Pavón Sarrelangue que pasa a la historia de la música mexicana como el pionero en la música electrónica en América Latina.

Por el lado musical, Raúl Pavón estudiaría guitarra con el célebre guitarrista Andrés Segovia y en Milán, Italia y en Colonia, Alemania, música electroacústica. Posterior a su participación el piano de tercios de tono, continuó su trabajo en nuevos diseños y construcción de guitarras y sintetizadores.

En el ámbito de la ingeniería y tecnología Raúl Pavón se formaría en el Instituto Politécnico Nacional egresando de la licenciatura en ingeniería en electrónica y comunicaciones en 1954, graduándose como ingeniero en radiocomunicación y electrónica con un diplomado en computación, continuando sus estudios superiores en electrónica en Milán, Colonia y París.

Su formación, así, estuvo ori entada a la música y la ingeniería lo que le permitiría unir esas disciplinas en sus futuras contribuciones en la música electroacústica de la que sería pionero en América Latina destacando además como compositor e investigador.

En 1964 construyó el primer sintetizador hecho en México, el Ominifón, uno de los primeros sistemas de sintetizador didáctico, que anticipó la idea de la tecnología musical como herramienta educativa y creativa.

En el Conservatorio Nacional de México fundaría en 1970 el Laboratorio de Música Electrónica junto a Héctor Quintanar, con quien colaboró en los primeros conciertos de música electrónica y electroacústica realizados en México. En 1976 dedicándose por completo a la música electrónica y al desarrollo del Icofón, instrumento de imagen y sonido electrónicos para el cual compuso las obras Suite icofónica (1983), Fantasía creacionista (1985), Una antifantasía (1986), Fantasía de la muerte (1987), Fantasía abstracta (1989) y Fantasía cósmica (1984), algunas de las cuales pueden escucharse por Youtube.

Publicó el primer libro sobre el tema de la música electrónica en 1981, intitulado La electrónica en la música y en el arte, editado por el Centro de Investigación y Documentación Musical Carlos Chávez (CENIDIM).

Raúl Pavón Sarrelangue, que tuvo relación con una de las aportaciones potosinas al mundo, nació en 1928 y falleció en el 2008.

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Corredor Humanitario

Trump pausa ataque a Irán; Teherán niega acuerdo sobre Ormuz

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Donald Trump

El presidente de Estados Unidos aseguró que suspendió una ofensiva militar para dar espacio a un acuerdo, pero el gobierno iraní rechazó que exista cualquier pacto y advirtió que responderá si es atacado

Por: Redacción

El conflicto entre Estados Unidos e Irán entró el fin de semana en una nueva fase de incertidumbre, luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciara la suspensión de un ataque militar previsto contra Irán con el argumento de abrir una ventana para un acuerdo diplomático. Sin embargo, Teherán negó que exista cualquier negociación o pacto sobre la reapertura del estrecho de Ormuz.

Trump afirmó que decidió detener la ofensiva tras conversaciones con aliados de Medio Oriente y expresó su expectativa de alcanzar un acuerdo “rápido”. Entre las condiciones planteadas por Washington se encuentran la reapertura del estrecho de Ormuz y el abandono del programa nuclear iraní.

La respuesta iraní llegó pocas horas después. El gobierno de Teherán calificó de falsas las declaraciones del mandatario estadounidense y aseguró que no existe ningún acuerdo con Washington

. Además, reiteró que el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado mientras continúen las hostilidades de Estados Unidos.

El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, sostuvo que su país responderá a cualquier nueva agresión, mientras medios cercanos a la Guardia Revolucionaria respaldaron la postura oficial y descartaron cualquier negociación en curso.

La tensión en la región se mantiene elevada después de cinco meses de enfrentamientos entre Estados Unidos, Israel e Irán, un conflicto que ha afectado el tránsito marítimo en el Golfo Pérsico, el mercado energético y la estabilidad de Medio Oriente.

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Acento Ajeno

Las murallas de Chapultepec | Columna de Haniel Valdés

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Acento ajeno

Por: Haniel Valdés Velázquez

La ciudad de las piscinas a desnivel, los puentes verdes y las licencias gratuitas, tiene un nuevo debate público, que lo mismo puede parecer ataque político vestido de periodismo ciudadano.

Resulta que a muchos cochistas les molestan los nuevos topes de la Avenida Chapultepec, porque autos volaron sobre ellos en su primera noche. Los quejosos voladores aducen a través de reportes, que aún los topes no estaba bien señalados; lo cierto es que quien va a la velocidad permitida, no sale volando.

Por primera vez una obra vial a nivel de la calle ocupa portadas y titulares en los medios, porque para los ingenieros viales o expertos de turno la solución siempre es que el peatón suba y baje 200 escalones de horribles estructuras de hierro o que los autos sigan a 100 km/h sobre un puente o paso a desnivel.

No soy un experto en ingeniería urbana, por lo que no pretendo entrar en detalles técnicos de si está bien o mal hecho, por eso me centro en los debates que quieren forzar las páginas de Facebook que se llaman medios de prensa.

Pocas veces he visto medios cuestionar la constante construcción de estructura cochista que lejos de mejorar la movilidad, como dicen los boletines oficiales, tienden solamente a favorecer la velocidad.

¿Quién se acuerda de los peatones? ¿Quién piensa en el que quiere cruzar la calle sin tener que subirse a un gigante de hierro de más de 6 metros de altura? Antes de que lo invada un pensamiento clasista, whitexican o retrógrado y termine llamando “pobre” al que camina, tómese los 30 minutos que tarda en cada semáforo para respirar y léame con la mente un poco menos cerrada.

Las primeras quejas llegaron porque no había señalética para avisarle a los conductores que había una barda en medio de la calle, pero la mayoría de los que piden la señal con el aviso son los mismos que, a propósito, no ven las que sí están, esas que indican un máximo en la velocidad, o ser cortés con los peatones que intentan cruzar.

Señales faltan más, como una que indique para qué o quién es el carril central de Chapultepec, que en realidad nadie lo sabe a ciencia cierta, otras en toda la ciudad, las que avisen que la ciclovía no es para que se estacionen autos de los negocios de Carranza o Himno Nacional.

La Avenida Chapultepec tiene varias señales que indican que el límite de velocidad es de 50 km/h, algunas casi borradas -ahí te encargo, Ayuntamiento- pero en los videos que circularon de autos voladores, en ninguno de los casos, la velocidad del vehículo estaba por debajo del límite permitido

.

Sí hubo un fallo grande por parte de las autoridades viales municipales que no anunciaron a tiempo el tope y no colocaron la señal hasta que ya estaba listo el muro de los tormentos.

Sigue existiendo tardanza por parte de estas mismas autoridades para repintar o rescatar las señales que no solo ahí, sino en toda la ciudad, están mal pintadas, opacas, mal colocadas o tapadas por árboles.

Los medios que compartieron videos, que criticaron al gobierno municipal, que incitaron al odio de conductores hacia peatones (como si eso no fuera pan de cada día), ¿por qué no acompañaron sus post con un “circule con cuidado”, “cumpla con lo establecido”, “respete al peatón”?

A mis colegas de los medios: falta para el 2027, no empecemos desde ya a querer caerle mejor al que todavía no saben si va a seguir en el poder, hagamos periodismo útil, no crítica en busca de likes. 

Conductores: respeten al peatón. Peatones: no usen el móvil mientras cruzan las calles, ni intenten ganarle al semáforo. Ciclistas: hay solo 3 ciclovías, pero usémoslas correctamente. 

Autoridades: hagan su trabajo, pero háganlo bien, y no descuiden lo que hicieron antes por centrarse solo en obras nuevas.

Gobierno estatal: la obra municipal es para que las personas se sientan más seguras entrando a un parque bajo su cuidado, para evitar accidentes en una calle, de una ciudad que también es parte del estado.

Gobierno municipal: no se apresuren por hacer cosas solo de cara a la contienda electoral, échenle ganas y háganlas bien, respeten los tiempos, informen oportunamente a los usuarios de las vialidades.

Ya aprovechando, revisen las señales de tránsito de la zona, que necesitan mantenimiento, y luego dense una vuelta por la ciudad: hay banquetas que son estacionamientos, hay ciclovías intransitables, hay peatones en riesgo porque los conductores no siguen el reglamento.

En pocas palabras, bajemos todos la velocidad… en todo, hay topes.

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Opinión

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